Nota del autor: Me temo que soy bastante ajena a esta pareja de esta forma, así que desconozco su dinámica. Sin embargo, me atrevo a decir que conozco mucho de ellas por separado. Las he trabajado realmente bastante.
Me gusta pensar en este one-shot como una excepción, porque realmente rompe las reglas y algunos planteos que yo sigo al momento de crear universos. Me costo bastante, pero estoy convencida que valió la pena. Espero.
Una excepción excepcional muy excepcionante para mí.
Pero, como ella diría, las reglas se hicieron para romperse, como los edificios… o la gente.
-De luces y cañones-
"Se me hace difícil creerte cuando me dices que te de la mano, porque estoy cayendo y solo puedo esperar que me agarres antes de tocar el suelo"
Lux había apagado todas las luces de su cuarto.
La luz de la luna que entraba por su ventana llenaba el lugar de colores fríos esa noche y ella no podía evitar sentirse de la misma forma.
Aun recordaba las cadenas en sus muñecas. Lo frio del metal sobre su piel que, de alguna forma, no llegaban a ser tan gélido como las palabras que le había dedicado su tía Tianna esa tarde.
Nunca esperó que su familia se tomara bien lo de su magia cuando llegara el momento, pero las cosas salieron tan mal y tan rápido que apenas si había tenido tiempo de decirle a sus padres un avergonzado "Lo lamento" antes de que las miradas acusatorias de todos cayeran en ella y se la llevaran, tratándola como una traidora y una terrorista de Demacia.
Cuando su familia intervino por ella creyó que lo harían por el amor que le tenía, aun viéndola con cariño y compresión, pero luego de que Tianna dictaminara su punto de vista frente a todos, ni siquiera Garen la pudo ver a los ojos.
Ahora, ya no estaba encadenada, pero habían cerrado la puerta con llave, como si se tratara de una celda y ya no más su habitación, mientras escuchaba las palabras molestas de los mayores de la familia en la sala de abajo.
—Nunca debí hacer magia— confesó mientras se dejaba caer a un lado de la cama, sentándose y apoyando su espalda en uno de los bordes—. Hubiera sido mejor para todos que me comieran los lobos.
Levantó una de sus manos a la altura de su rostro, y sin hacer esfuerzo, la hizo brillar, solo un poco, apenas unos puntos de luz que se movían por su piel.
Le hacían cosquillas al mismo tiempo que la reconfortaban.
Era como respirar para ella. La magia vivía en cada célula de su cuerpo, cada gota de sangre que corría por sus venas. Sabia que no tenia alternativa. Aun si quisiera negarlo y tratar de apagar la luz en su ser, no podría.
De repente, recordó las palabras de uno de sus mentores al narrarle una anécdota. Luchaban contra una bestia que acechaba en las oscuridades de un recinto cercano, matando al ganado y atormentando a las familias. Al cazarla, y matarla, descubrieron que se trataba de uno de los hermanos mayores de una familia del lugar. Todo el tiempo él había sido el monstruo, o por lo menos así contaban esa historia.
"Hay quienes prefieren morir antes que ser lo que realmente son."
Se lo dijeron para que pudiera comprender como era de valientes entender lo malo, débil o perjudicial que uno podía llegar a ser para Demacia y elegían morir o el exilio en vez de quedarse y arruinar las cosas para sus familias.
Pero para ella esas palabras significaban otra cosa.
El mayor de sus miedos se había cumplido, su magia, la que tanto había cuidado y tratado de entender durante todo ese tiempo, había sido usado en contra de Demacia. Lastimado a miles y herido a tantos.
Las personas estaban enojadas con ella y les había dado todas las razones para que así fuera, pues ella había decidido vivir con lo que era.
No lo negaba, no luchaba contra ella misma, no trataba de apagarse, simplemente se mantenía oculta, creyendo, inocentemente, que con eso bastaría.
Que, si no hacia ruido y no molestaba con su brillo, las personas la dejarían vivir como era, sin tratar de cambiarla y, con el tiempo, llegarían a aceptarla.
Entonces, ya no tendría que aguantar su respiración al caminar, como si solo se le estuviera permitido respirar de a pequeñas bocanadas, sufriendo y anhelando esconderse para tomar todo el aire y darse fuerza para salir y nuevamente sentirse asfixiada.
Sufría todas las noches por lo que era y cada día que pasaba entendía mas esa frase de su mentor.
—Pero yo quiero vivir— confesó para sí misma, sintiéndose miserable—. No, fui mucho más pretenciosa que eso… yo amaba… amaba…— comenzó a decir mientras volvía a sentir que se ahogaba desde su garganta—. Yo amo ser mágica.
Sentía algo en su pecho tomar un peso muy denso, pero antes de que pudiera terminar de asimilarlo algo la puso en alerta.
Inmediatamente, casi por reflejo, se cubrió con un escudo en el mismo momento que algo explotaba en la habitación.
Ahora su pecho ya no latía dolorosamente, sino que de forma acelerada por el sentimiento de peligro e incertidumbre.
Se resguardó como pudo detrás de su cama y, cuando tuvo el valor, asomó su cabeza para ver como toda la pared que daba a los jardines ya no estaba.
Sintió los pasos de alguien adentrándose. Una enorme sonrisa brillo antes de que ella pudiera distinguir todo el rostro que tenía en frente.
—Pero… ¡¿Qué crees que estás haciendo, Jinx?!— preguntó enojada, poniéndose de pie para enfrentar a la otra—¡Casi me matas!
—La clave está en la palabra "casi", rubita.
—¡Volaste en pedazos la pared de mi habitación! — señaló y ambas miraron hacia el exterior donde unas lechuzas se hicieron escuchar en la noche mientras el viento les pegaba a ambas.
—Yo quería usar la puerta, de verdad.
—¡¿Qué?!
—Vi las noticias. Disté una buena fiesta, y no me invitaste.
—… ¡¿Cómo es posible que consideres esa masacre como una fiesta?!
—Pero la diste tú ¿No es así?
—¡Yo no…! Agh… ¡¿Qué haces aquí?!
—Estaba cerca y pensé en pasar a saludar.
—¡¿… cerca de Demacia?!
—Hoy estas un poco mas intratable de lo normal.
La frustración de Lux tuvo que esperar, pues escuchó los pasos detrás de ella. Muchas personas se apresuraban en la puerta de su habitación, llegando al piso al que estaban.
—¡Lux! — escuchó una voz familiar, notablemente enojada—. Traigan las llaves ¡Abran de inmediato esta puerta! ¡Que no se te pase por la cabeza hacer nada, jovencita!
—Alguien está en problemas ¿Eh? — jugó Jinx con sus palabras.
—¡Ya estaba en grave problemas antes de que llegaras!
—¡Yeah!
—¡No! ¡No! ¡No es bueno! ¡Malo, Jinx! ¡Estaba en graves problemas, como algo malo! — trató de explicar, tratando de borrar la sonrisa de la chica, pero no lo logró.
—Lo sé.
—¡¿Lo sabes?! ¡¿Qué es lo que sabes?!
—¡Quédate donde estas, Lux! ¡No intentes nada raro! ¡Abran esta puerta!
—Que estabas en problemas— explicó con simpleza Jinx— oh, bueno… lo asumí cuando pedí verte y los guardias de la entrada de la ciudad quisieron… reducirme. Pero estaba confundida ¿Sabes? Siempre todos quieren reducirme, del verbo "Matarme", pero esta vez parece que tu nombre y lo que tu hiciste era peor… genial.
—¡No es…! Agh… ¿Qué quieres?
—Bueno, como una experta en problemas, graduada de la mas alta academia con especialización en el tema.
—¡¿Qué?!
—No, en serio, tengo una licenciatura inclusive, puedes confiar en mí, tengo el diploma pegado en la pared de mi habitación.
—¡Jinx!
La aludida solo sonrió y le extendió una mano.
—Te sacare de aquí…—dijo sin más— del "Problema malo" … vamos.
En ese momento la puerta se abrió de un golpe y varios guardias entraron, apuntando con sus lanzas a donde ambas estaban.
La sonrisa de Jinx cambio de inmediato y, antes de que Lux pudiera hacer algo, ya había metido sus manos en sus bolsillos y tirado varias granadas a donde estaban.
La zona explotó, llenando todo de fuego, haciendo que los hombres retrocedieran.
—¡No! ¡No, Jinx! ¡Me estas metiendo en un peor problema!
—¿En serio?
Lux la analizó aun molesta, pero entonces recordó las esposas y la caminata con estas puestas, donde todos parecían haberse olvidado de que la conocían.
Esperaba por un juicio donde sabia que todos la observarían con rechazo, miedo y hasta odio. No había tenido ni una sola mirada de cariño en esos días y, las personas que antes habían jurado amarla y protegerla, no se animaban a dirigir sus ojos a ella.
Pero los brillantes ojos violáceos de Jinx estaban allí. Sonriéndole, no con cariño ni ternura, pero de una forma familiar, de alguien que te reconoce y le da gusto, a su única y extraña manera.
—¡Quédate en tu lugar! — gritó la adalid de Demacia, apuntando a Jinx con un cetro, pero antes de que pudiera hacer algo, Lux la amarró con sus ataduras— ¡¿Cómo te atreves?!
—No quiero lastimarlos— trató de razonar con ellos, pero ya podía ver a los demás poniéndose en guardia.
El fuego de las granadas comenzaba a bajar, en nada los tendría a todos encima de ellas.
—Y no voy a lastimarlos— les aseguró al tiempo que llevaba de poder su mano y tiraba un haz de Lux que encandilo todo el lugar.
Cuando esta bajó, ni los guardias ni la familia Crownguard encontraron a las chicas en la habitación o en las cercanías.
—De hecho… tú puedes volar— comentó Jinx, sintiéndose incomoda en su skate volador, haciendo equilibrio mientras Lux se abrazaba de su cuello y trataba también de mantenerse con ella en el aire.
—Preferiría no hacerlo y usar mis poderes lo menos posible.
—… ¿Por qué?
—Porque… porque no.
—Pero que respuesta mas bien justificada. Me has convencido ¡No! ¡Mas que eso! Me has trasformado, convertido. Nunca más voy a discutir ningún punto de vista que tú-
—Cállate.
Jinx rio al ver la cara molesta con la que se le decía lo último. La maga trató de sostenerle esa expresión, pero su pie hizo un mal apoyo, resbalándose de la superficie.
La rubia se quedó viendo hacia abajo, las luces de Demacia iluminando cada calle esa noche, donde habría caído de no ser porque Jinx la había tomado de la cintura, atrayéndola y sosteniéndola hasta que apoyara de nuevo sus pies en el skate.
Para cuando levantó su vista pudo encontrarse con el rostro de Jinx aun riéndose de todo, para luego solo quedársela viendo con una enorme sonrisa, la misma que su rostro no pudo evitar imitar al cabo de unos segundos.
Un sonido extraño hizo que ambas cambiaran su expresión a una de perplejidad. Jinx miró hacia abajo y pudo ver una luz roja que se encendía y apagaba al mismo tiempo que un timbre que con los segundos parecía ahogarse.
—¿… Estás segura que no quieres volar? — preguntó la de Zaun.
—Bastante segura.
—Se que eres casi imbatible en debates ¿Sí? Y no creo poderte sacar el invicto, pero tendré que insistir en que recapacites esta vez.
—¿Qué? ¿Por qué? ¿Qué sucede? — preguntó rápidamente.
—Bueno, veras… cuando me fui a dormir anoche ¡Juraría que puse a cargar esta cosa con su cargador! ¡De verdad! ¡Lo enchufe y todo!
—¿Eh?
—Pero solo enchufé la parte del skate… nunca me di cuenta que estaba desconectado del otro lado.
—¡¿Esta cosa se quedó sin batería?!
—No, claro que no ¿Quién saldría a volar por kilómetros con un skate volador con la batería a medio cargar? Claro que no.
—¡Jinx!
—Oh, vamos ¡¿Nunca te pasó a ti?!
El artefacto paró todos los circuitos y ambas comenzaron a caer mientras se deslizaban hacia adelante.
—¡Ahí! ¡En el campo de trigo! ¡Ve ahí! — indicó Lux señalando las afuera de la ciudad.
—¡¿Cómo quieres que haga eso?! ¡¿Pidiéndole a la gravedad que me haga un favor?! ¡¿Le digo que se lo pagare luego?!
Lux gruñó con gran frustración. Miró hacia abajo y notó que ganaban velocidad, a este ritmo, aun si llegaban al bulto de paja que estaba en el campo, se lastimarían de gravedad.
Respiró con profundidad y luego abrazó a Jinx, tratando de que no se notara lo que estaba haciendo, pero volando en ultima instancia.
El skate cayó antes entre la paja y luego ambas, rodando por ella hasta caer al suelo. Quedando una a la par de la otra boca arriba.
—Sí volaste.
—No volé.
—… sí lo hiciste.
—No lo hice.
—… volaste.
—…agh… volé.
Lux escuchó la risa de Jinx y perfiló su rostro a un lado, viendo como la otra no tenía ninguna intención de levantarse. Ella también se sentía cansada y no parecía que nadie fuera a molestarlas en donde estaba, por lo que optó por simplemente mirar hacia arriba y quedarse allí.
El cielo esa noche estaba desbordado por las estrellas, que hacía que su color oscuro en algunos sectores pareciese de un azulado un poco mas claro.
Había contemplado la misma noche desde su ventana hace solo un tiempo atrás, y sin embardo, ahora le parecía una imagen totalmente diferente.
Suspiró al recordar todos los problemas en los que se había metido sin prácticamente hacer nada.
Las miradas de rechazo, las palabras sin cuidado y el sentimiento de culpa que pesaba en su cabeza, hicieron que el escenario poco a poco perdiera de nuevo su brillo.
Extendió su mano, como tantas otras veces había hecho, hacia arriba. La magia volvió a correr por su piel, iluminando de pequeños puntos brillantes su dorso, como si se trataran de otras estrellas que ella siempre había tenido al alcance de sus manos.
Sus pensamientos se vieron interrumpidos por la intromisión de la mano de Jinx en escena, con su guante de tela oscuro sin dedos y con las uñas pintadas de colores brillantes, pero al mismo tiempo de esmalte gastado.
—Son como hormigas con linternas— dijo mientras tocaba con su dedo índice uno de los puntos en la piel de Lux— ¡Como luciérnagas mas bien! Aunque definitivamente más pequeñas.
—¿Luciérnagas?
—Sí… Tú debes de ser como un foco gigante. Oh, tu definitivamente eres un foco gigante deambulante para todos esos bichos.
—¿Qué? — se extrañó Lux, dejando de mirar su mano para ver a Jinx de costado, la chica seguía muy concentrada en su magia como para notarla.
—Apuesto a que a veces caminabas por la calle y ¡Pum! Te golpeaba una mosca o te tragabas los mosquitos— comentó mientras se volteaba esta vez para que la otra le contestara.
—¡Claro que no! — contestó, pero la idea también le dio gracia, riendo mientras se lo reclamaba.
—Esos pobres bichos se deben sentir atraídos como idiotas por esas luces— siguió profundizando en su idea, mientras volvía a ver la mano aun elevada de la chica—. No como si se los pudiera culpar de algo… son tan bonitas.
Jinx extendió mas su mano hasta que todos sus dedos se pusieron en contacto con el dorso de Lux.
—Ah, estaba equivocada… no eres como un foco— comentó sintiendo extraña—. No quemas para nada… no, no se siente como si me estuviera quemando, solo se siente… cálido… y bonito.
Lux volvió a dejar caer su rostro al lado, contemplando como la de Zaun ahora sonreía de forma mas calmada contemplando aun su nuevo descubrimiento. Al girarse, se descubrió siendo observada por la demaciana y esto solo hizo que su sonrisa se hiciera mas grande mientras cerraba sus ojos.
—¿Tienes hambre?
—Mmm, sí, creo que tengo hambre de repente— confesó la rubia, sentándose y viendo aun su mano, para luego apoyar ambas en el césped y observar los alrededores, dándose una mejor idea de donde estaban—. Me siento mejor… y eso me da hambre ¿Tiene algún sentido lo que digo?
—Creo que sí— concordó la otra, también sentándose y parándose, para luego ofrecerle la mano y ayudarla a imitarla—. Escuche decir que enfermo que come no muere… o algo asi… ¿Estabas enferma?
—… no lo sé… creo… se sentía parecido.
—¿Mmm?
—Nada.
—Tendremos que caminar. Te odian en los alrededores así que deberemos alejarnos aún más.
—Ah, ya veo.
—¡Eres bastante popular ahora, rubita! — exclamó como si fuera algo que celebrar— ¡Debes presumir mas tu fama de villano!
—No lo creo.
—¡Vamos! ¡Te enseñare!
—¿Cómo me enseñaste a meterme y salir de los problemas con tu carrera de grado?
—Exactamente. Te enseñare— dijo mientras se ponía en marcha, Lux la siguió sin saber que más hacer—. Primero, para ser un buen villano-
—Ni siquiera estoy segura de que tu seas un villano realmente.
—Me ofendes como no te das una idea.
—Ya… perdón, enséñame.
—Necesitas una risa malévola— dijo mientras ponía sus manos con la palma mirando hacia arriba, curvando sus dedos y riendo como desquiciada, solo para cortarlo abruptamente y mirar a Lux— ¿Viste? Toma nota.
—… esto va a requerir más de una clase.
—No te preocupes, tomate tu tiempo ¡Debes sentirlo! Respira con el diafragma. Trata.
—No me siento con muchas ganas de-
—¡Ríete!
—¡¿De qué?!
—Oh, claro, bueno… puedo contarte un chiste, me sé uno excelente sobre un patito racista y una familia humilde bien bronceada de Shurima.
—… tengo tanto miedo de preguntar.
—Solo ríete.
—Agh…— se quejó mientras aun sostenían la marcha por el campo.
Puso sus manos, imitando a Jinx y, aun sintiéndose avergonzada por lo que iba a hacer, trató de imitar su risa, pero hasta para ella misma esta sonó muchas escalas mas normales y hasta tímida.
—¡Eso estuvo muy bien! — felicitó de inmediato la de Zaun
—… ¡¿De verdad?!— preguntó sin poder creerlo, pero de alguna forma sintiéndose entusiasmada también.
—De verdad, ahora… la frase que dice un villano antes de matarlo a todos.
—Pero yo no quiero matarlos a-
—¡Esta bien! ¡Esta bien! Exagere para tus parámetros, lo sé— la interrumpió no queriendo perder la inspiración que traía—. Una frase antes de tus ataques.
—Aquí gritamos por nuestra nación cuando atacamos y batallamos.
—… seria irónico que gritaras Demacia mientras matas demacianos… aunque tiene su tonó de gracia, de hecho.
—No matare demacianos.
—Claro… aun así piensa en otra cosa que gritar.
—Pues… ¿Qué gritas tú antes de atacar?
—Bueno… ¡Boom! O ¡Raketa-ta-ta-ta-ta-ta! O ¡Kaboom!
—¡Esas ni siquiera son frases, Jinx!
Llegaron al primer pueblo luego de cruzar el campo de trigo. El aroma a estofado en el aire les hizo dirigir sus pasos justo en frente de una cantina pequeña cuyas mesas estaban ubicadas afuera, al aire libre.
Solo por unas cuantas monedas podían tener un cuenco lleno de lo que se servía. Jinx compró por ambas, dejando que Lux se sentara alejada de todos, aun temiendo ser reconocida, pero nada ni nadie las molesto durante la cena.
Lux sabía que había muchas cosas que Jinx podía hacer bien, pero pocas tan bien como distraer la atención hacia ella y sus ocurrencias.
Por mas que la mente de la rubia le exigía pensar en todas las consecuencias que llevaba haber escapado y estar ahí esa noche, no podía preocuparse.
Podía tratar, pero la voz de Jinx penetraba con mas insistencia y de forma directa en sus pensamientos. Sus ocurrencias le exigían la totalidad de su concentración para poder entender el punto o dirección en el que la tiradora quería llegar, y a ese lugar, no existía el espacio para la culpa o el pesar por sus acciones.
No fue hasta que Jinx la dejó por unos minutos, para poder encontrar donde dormir esa noche, que sus preocupaciones la alcanzaron nuevamente y, una vez la encontraron, no la soltaron más.
—Esperó que registres estos en tus notas como la primera noche de tu nuevo yo como villana— dijo la de Zaun mientras pisaba con fuerza el techo de paja de un viejo y abandonado molino hidráulico, lugar donde habían decidido pasar la noche.
Lux también pisaba el techo de paja, tratando de nivelar la zona para que fuera un buen lugar para recostarse. La noche era templada así que no tendrían problemas mayores con dormir en la intemperie.
—No creo que sirva como un villano tampoco, Jinx.
—¿Por qué no? Yo creo que tienes mucho potencial.
—Me… ¿Halagas? — terminó diciendo sin saber como tomárselo—. Pero creo que solo lo piensas porque crees que mi magia es muy fuerte.
—Lo es.
—Claro… pero he decidido que nunca más la usare.
—¿Qué? ¿Por qué? Eso es estúpido— dijo de inmediato, totalmente convencida de ello—. Tú no haces cosas estúpidas. Eres Lux, eres inteligente— dijo poniendo sus índices en la cabeza, tratando de señalar su cerebro—. Déjame las cosas estúpidas a mí, se me da bien, tú sabes eso.
—Ya no quiero usar la magia, las consecuencias son muy grande y lo estaría haciendo a costa de cosas… y personas… que no quiero perder.
—Pero tú eres un mago— insistió sin entender aun lo que la otra decía— Lo dice tu descripción de campeón.
—Jinx…
—Claro que también dice que eres soporte… y eso es bastante debatible… aunque yo creo que-
—¡No importa lo que tu creas! — la interrumpió, mirando con molestia— ¡O lo que yo crea! Nosotros somos insignificante ante la historia de mi nación o las normas que la rigen y sus valores… y yo… no quiero ser… no quiero ir contra ellos. Yo no quiero… no quiero ser así y tener que-
—¿Genial?
La palabra no tuvo sentido por varios segundos pese a ser de lo más sencilla, obligándola a mirarla a los ojos para tratar de entender.
—¿Qué?
—Tú no quieres ser genial ¿Eso es lo que estás diciendo? — puntualizó Jinx, pero solo obtuvo una mirada confusa de la otra—. Porque eso es lo que eres, tú y tu magia… ambas son muy… geniales… ¿Por qué quieres dejar de ser así?... suena tan estúpido.
En todo ese tiempo la palabra "genial" nunca había ido de la mano con lo que ella conocía de magia. Quizás, en el interior de su ser, ella lo creía así, algo bueno, pero ahora, de repente, podía darle un nombre a como se sentía cuando la magia vivía en ella.
—¿Tú… tú crees que esto… esta cosa… es genial? — preguntó la rubia aun teniendo toda su atención en la de Zaun.
—Bueno… ¡Sí! — contestó finalmente, convencida en su totalidad, hasta poniendo una cara graciosa por creer que estaba diciendo una obviedad.
—Yo también lo creo… ¡Yo también creo que es genial!
—Sí, lo sé, es lo que digo. No entiendo porque me discutes algo tan- ¡¿Por qué estás llorando?!
—No quiero cambiar, no quiero, no quiero.
Jinx se sintió horriblemente incomoda en su lugar, viendo sin saber que hacer mientras la chica se ahogaba en sus lagrimas y se refregaba el rostro con los puños cerrados, tratando de limpiarse el rostro.
—¡Deja de llorar! ¡Agh! ¡Que terrible es esto! ¡¿Que hago?! ¡¿Qué hago?!— comenzó a preguntar viendo por el molino— ¡Deja de llorar! ¡Te lo advierto! ¡Voy a golpearte y así te daré una buena razón para estar llorando! ¡¿Me escuchaste?!
—Eres solo… una idiota…
—¡Lo sé! ¡Lo sé! ¡Lo lamento!
—No lo lamentes… estoy feliz.
—¡¿… que?!
—Estoy feliz.
—Entonces… estas más averiada de lo que creía— admitió y pudo escuchar a la rubia reír entre sus manos, ya logrando recuperar su compostura.
—Estaba llorando porque estaba feliz.
—Oh… ¡Puedo entender eso! — comunicó con una luz en su rostro que indicaba la resolución—. Como cuando te Ries un montón y comienzas a lagrimear… me pasa, me pasa.
—Esto no es algo diferente… pero, supongo que se parece un poco, sí.
—Pero no estaba tratando de ser graciosa para que te rieras— admitió con honestidad, esperando a que la otra la mirara—. Lo dije en serio… lo de creer que tú y tu magia… estaban bien.
—Lo sé, gracias… gracias, Jinx.
—¿De verdad necesitas que alguien como yo te recalque esa obviedad?
—Lo sé… debí verme muy estúpida diciendo esas cosas ¿No es así?
—Bastante estúpida… nada a como la Lux que me da discursos de dos horas tratando de convencerme del daño ambiental que hago con mis bombas. Es decir, es estúpido que trates de convencerme, pero te juro que te ves inteligente cuando te pones a justificarlo.
—¿Ah? Por lo menos me escuchas, bien…
—Me cautivaste cuando dijiste lo del osito bebé separado de su mamá por el derretimiento de los glaciales.
—¿Ese cuento es lo único que te quedo de todo lo que te dije?
—Estuvo entretenido… le faltaron juegos de azar y explosiones, pero estuvo entretenido.
Jinx se durmió a los pocos segundos de que se acomodara en el techo de paja, tan rápido y de una manera tan profunda que aun hacia sonreír a Lux al verla.
Era evidente para la rubia que no conseguiría conciliar el sueño, así que intercalaba su mirada con el cielo estrellado y su palma, haciendo brillar su magia en ella, ya no sintiéndose mal por tenerla o con culpa por pensar que era "genial".
Ahora solo podía sonreír mientras sentía el cosquilleó en su palma, sabiendo que lo que le habían dicho sus tutores era cierto.
"Hay quienes prefieren morir antes que ser lo que realmente son."
Y ella no sería uno de ellos nunca.
Se giró para quedar perfila a Jinx y vio como el rostro de esta parecía luchar contra algo, pues su nariz se movía de un lado a otro, cada vez más como si estuviera a punto de despertar.
Lux acercó su dedo índice, iluminándolo con su magia, viendo la pequeña rama que molestaba el rostro de la chica y corriéndola. La expresión de Jinx se relajó y mostro una sonrisa, Lux la imitó y le tocó la punta de la nariz con su dedo.
Las cosas que aun estaban desordenadas en su mente, impidiéndole pensar con la claridad que comúnmente traía, comenzaron a acomodarse, poco a poco, pero sin pausa, haciendo que creyera que de ahora en más podría volar con mas facilidad de lo ligera que comenzaba a sentirse.
—¿Estás segura de esto?
—Sí.
—Te quieren muerte allí.
—Aun debo enfrentar a una corte para que decidan eso, Jinx. Y de verdad debo hacerles frente a mis problemas.
—Pero a los aburridos demacianos de verdad no le gustan los villanos.
—Aunque todo lo que hablamos sobre los villanos fue bastante interesante, creo… creo que no me quedaría tan bien ese papel como a ti.
—Lo sé, yo de verdad me luzco ¿No es así?
—Totalmente.
Lux volvió a sonreírle, ya quedando a pocos kilómetros del primer fuerte de la capital. No podrían avanzar mucho mas sin meterse en problemas, así que detuvo sus pasos.
—Quizás no te maten de primeras, pero seguro te encerrarán y las ratas harán un buen nido con tu cabello.
—Gracias por los ánimos, Jinx.
—Perdón, quiero decir, la rata que se logre hacer con tus cabellos, será la rata mas enviada de todas las ratas.
—…
—Tendrá una ratonera realmente sedosa y brillante, será una rata Sharpay o algo así.
—Sí, tienes razón… quizás me encierren.
—Y si te encierran será realmente difícil rescatarte… ustedes tienen como unos pájaros gigantes de mal carácter. No les caigo bien, lo sé.
—Se que puedes pensar en algo para ayudarme… de nuevo— confesó la rubia, convencida de ello, poniéndose de frente para finalmente despedirse.
—Sí, soy mas ingeniosa que un par de gallinas doble pechuga flotantes.
—Sé que lo eres.
—Está bien, pero… ya sabes, practica tu carcajada del mal.
—Lo hare mientras esté encerrada, seguro eso hará que los guardias me respeten más.
—O sientan mas lastima por ti al momento de vigilarte y te pasen una ración extra de pan en el almuerzo… beneficios, solo beneficios.
—Gracias, Jinx— terminó diciendo, alejándose mientras caminaba hacia atrás y ya la de Zaun no la siguió.
—¡Sabes que bromeaba con eso de rescatarte ¿No es así?!— le gritó haciendo que se detenga.
—¿Ah sí?
—Sí, eso también seria estúpido— admitió la tiradora—. Tú no necesitas que te rescaten. Lo sabes ¿Verdad?
—Sí, es verdad.
—Así que, si te encierran, sencillamente no seas estúpida, y sal… ¡Volando!
Lux sonrió más ampliamente, cerrando los ojos y asintiendo.
—Eso hare.
—Es lo que digo, no me necesitas.
—No, no te necesito al rescate, así que no te preocupes, Jinx. No te necesito para nada.
Las palabras hicieron reír a la de Zaun, diciéndose la una a la otra palabra que solo ellas podían entender diferente a lo que los demás podrían llegar a comprender nunca.
—Y aunque no te necesite, ven, por favor… porque amaría que estes ahí de nuevo para mí.
