Lo llamaron la Noche de la Furia…

Los cuatro Reyes de la Noche habían sido convocados en Theros Obsidia…

Durante ese día, las nubes de tormenta se congregaron sobre la torre y un silbido llenó el aire… Como la respiración de una bestia furiosa que observase el suelo conteniéndose para no morder.

Esa tarde, cuando el sol se ponía tras las nubes, entre los extraños gemidos y aullidos del viento, los cuatro generales de Izrador hicieron acto de presencia.

Habían sido convocados por el dios de nuevo, pero, esta vez, había algo diferente. No habían aparecido en los niveles superiores de la torre, donde el espíritu del dios los aguardaba. Sino que los había hecho atravesar la ciudad entre la plebe. Aquello era una humillación.

Los habitantes atrancaron las puertas y se escondieron temblorosos, sin atreverse siquiera a mirar a los tres jinetes atravesando las calles.

Llegaron ante las puertas de Theros Obsidia y descabalgaron. Sus pies tocaron el humilde suelo de la ciudad que rodeaba la torre. Y, en ese momento, el cuarto Señor de la Noche, anunció su presencia con un bramido. Toda la roca, sobre la que se alzaban la ciudad y la torre maldita, retumbó y la gargantuesca dragona surgió de su refugio en el acantilado. Se lanzó al cielo como un enorme murciélago y ascendió hasta la cúspide de la torre, donde se aferró con sus cuatro garras. Los rayos cayeron a su alrededor, empequeñecidos por su grandiosidad, mientras ella rugía en respuesta.

La población de la ciudad se escondió tras sus puertas cerradas… y no rezaron. Ninguno quería llamar la atención de un dios furioso en esas circunstancias.

Y, cuando los cuatro Reyes de la Noche alcanzaron la cámara donde moraba el espíritu del dios, la locura se desató. Izrador gritó, furioso...

Todos en la ciudad, desde los Legados de más alto nivel a los sirvientes más humildes, se llevaron las manos a los oídos tratando de detener ese sonido lleno de palabras no entendibles. Pero ese grito estaba en sus huesos, en sus cuerpos, en sus almas… y solo pudieron encogerse y llorar.

En el interior de la torre negra, donde la voz del dios reverberaba, las corduras empezaron a ser arrancadas.

Nadie entendía las palabras que gritaba pero, de alguna manera, todos supieron que Izrador quería la inmediata extinción de las razas con sangre faérica y la conquista de los pueblos libres que quedaban. Se le había acabado la paciencia con sus sirvientes….

En algún momento se hizo el silencio.

Unas horas más tarde, algunos recuperaron sus mentes lo suficiente como para ponerse en pie, temblorosos, y observar las consecuencias. Muchos habían perdido sus mentes y otros tantos habían muerto con muecas desencajadas de terror. Sirvientes, guardias, mercenarios… E incluso Legados de muy diferentes rangos…

Curiosamente, hallaron a una de las aprendices escondida en un recodo de los pasillos, tras unos sacos estratégicamente colocados. Todavía se encogía cerrando los ojos y tapándose los oídos.

Se llamaba Erisad y a todos les sorprendió encontrarla viva. Y cuerda…


*Legado nombre con que se conoce a los sacerdotes de Izrador.


Inspirado por la campaña para Midnight (setting para D&D) de La Corona de la Sombra. Pero, parte del título, me temo que se parece bastante poco...