Capítulo 2: Reconocimientos y pérdidas – parte 2

Decir que sus padres no estaban contentos con lo que había pasado en la cafetería era quedarse corto. Ese soplón de Manny se las pagaría más tarde. Tuvo que soportar una hora de sermones sobre lo peligrosos que eran los depredadores… especialmente los zorros. Y lo peor… sus padres les pidieron a sus hermanos mayores que la cuidaran en la escuela. ¿Cuidarla? Habría soportado que les dijeran que la "vigilaran"… pero, ¿"cuidarla"? No necesitaba que la cuidaran.

¡¿Por qué no estaban convencidos de que podía cuidarse tras haber enfrentado a Gideon ella sola?!

La próxima vez que viera a Gwen le daría una lección por robarle a sus amigos Jaguar y Bobby. Les demostraría a sus padres… ¡No, no, no…! A absolutamente todos que podía darle su merecido a un zorro mayor y más grande que ella. Eso les demostraría que no era ninguna bebita llorona… y que nunca lo sería.


Al día siguiente…

Judy caminaba lentamente hacia el salón de clases. Había logrado escabullirse del autobús y escapar de sus "cuidadores". Alias… hermanos mayores que solo hacían lo que sus padres les decían como excusa para molestarla.

Muy pronto finalizarán las clases, pero la verdad Judy no estaba muy emocionada. No tendría a dos de sus mejores amigos para disfrutar de las vacaciones. Aún si le daba una lección a Gwen… ¿qué garantía tenía de que volverían a ser sus amigos? ¿Y si se ponían del lado de Gwen? ¿Y si se volvían brabucones al igual que la zorro? No quería tener que lastimarlos también.

Y ahora que lo pensaba… ¿qué quiso decirle Bobby con eso de que "Gwen era la única que los había defendido"? ¿Defendido de qué? ¿De apodos como "mordelones", "colmilludos" y "zarpudos"? Sí, a ella tampoco le gustaría ser llamada por apodos, pero solo eran palabras. Y la gran mayoría de las presas eran, honestamente, "demasiado cobardes" como para provocar a un depredador. ¿Qué tanto daño puede hacerle una presa a un depredador?

Miró al frente y vio a Hugo caminando por el pasillo en dirección contraria. Hugo no solo era un zorro que iba en un salón diferente al suyo, era el hermano menor de Gideon. Desde que los conoció a Judy siempre le había intrigado lo diferentes que eran. Gideon era tan tonto como un tronco hueco, mientras su hermanito era muy inteligente; incluso una vez lo había visto leer libros de 6° grado, según Hugo, "porque los libros de 3° grado eran muy aburridos". Gideon siempre estaba tratando de asustar a otros niños, mientras Hugo era muy calmado y siempre caminaba con la cabeza baja, como pretendiendo que nadie lo viera. No eran exactamente amigos, pero en muchas ocasiones habían hablado amistosamente durante el recreo e incluso lo había invitado a jugar con ellos.

Judy lo saludó cuando pasó junto a ella… pero el zorrito solo bajó aún más la cabeza y apresuró el paso. ¿Por qué la ignoraba? ¿Acaso tenía miedo de que le pateara la nariz como a su hermano? ¿O estaba enfadado con ella por lo que le hizo a Gideon? Bueno… más tarde hablaría con él en el recreo. No iba a permitir que las mentiras de Gideon le hicieran creer a Hugo que ella lo pateó sin un motivo. No permitiría que tuviera de su lado a uno de los pocos zorros decentes que conocía.

En realidad… "el único zorro decente que conocía". Para ser más exacta… Hugo era uno de los únicos tres estudiantes de su escuela que eran zorros. Dos desde la "desaparición" de Gideon. ¿Tal vez se sentía solo ahora que su hermano no estaba? No sabía como se llevaban los hermanos… aunque nunca había visto a Gideon ser un bravucón con su hermanito, tampoco lo había visto ser amable con él…

Su pensamiento fue interrumpido por el parloteo proveniente de su salón. Al entrar vio a la mayoría de los presentes alrededor de un conejito de pelaje marrón dorado. Era Dylan. Un pretencioso que se creía la gran cosa solo por tener las mejores calificaciones en clase de gimnasia; como si fuera posible reprobar cuando tu padre es un atleta y además entrenador de preparatoria. Judy rodó los ojos y se sentó en su pupitre tratando de ignorar el parloteo. Seguramente Dylan estaba presumiendo un nuevo juguete, tal vez mencionaba por décima vez que "había corrido 1000 kilómetros esa mañana antes de desayunar", o algo así… Al menos eso pensó hasta que Sharla se le acercó.

-"Judy, estás cambiando las cosas…"- dijo la oveja con una sonrisa. -"Inspiraste a Dylan a enfrentarse a un zorro"-.

-"¿Qué?"-.

-"Lo que oyes… Dylan se enfrentó a un zorro, y salió lastimado también, pero logró ahuyentarlo con su valentía"-.

Judy se volvió a ver a Dylan y se dio cuenta de que efectivamente tenía el brazo derecho vendado; el cual presumía a sus compañeros. Judy se levantó apresuradamente de su lugar y se aproximó al grupo, con Sharla siguiéndola de cerca.

-"… y entonces… ese zorro me dio un zarpazo…"- exclamó Dylan mientras hacía el gesto de arañarse su propio brazo.

-"¿Quién era el zorro?"- preguntó Judy abruptamente.

No había muchos zorros en esa zona de Madrigueras. Sin duda no sería difícil identificar al responsable. De hecho, hasta podría ser su primer caso policial real si resultaba que a Dylan lo había atacado un zorro adulto. Era perfecto… es decir, claro que era horrible que un mamífero adulto lastimara a un cachorro, pero, de ser así, esto sin duda les demostraría a sus padres… y a todos… que si ya tenía dotes de policía con 9 años, cuando creciera sería el mejor conejo policía de la historia. La primera de toda la historia.

Dylan la miró fijamente con los ojos muy abiertos. Al parecer era una pregunta que no se esperaba. Todos a su alrededor lo miraron, esperando su respuesta.

-"P-pues… fue…"- balbuceó.

-"¿Cómo era?"- preguntó Judy. -"¿Lograste verlo bien? ¿Qué tan grande era?"-.

Los ojos de Dylan se movían entre Judy y el resto de sus compañeros, que habían comenzado a murmurar entre ellos; con renovada curiosidad sobre el atacante debido a las preguntas de Judy.

-"¿Era un cachorro o era un adulto?"- preguntó Judy.

-"Pues…"-.

-"Si temes que pueda volver a lastimarte, te aseguro que…"-.

-"¡No tengo miedo de los zorros! ¡No me da miedo ningún salvaje!"- gritó Dylan.

Todos contuvieron el aliento.

-"Eso no se dice…"- dijo un conejito del grupo.

Así como era ofensivo que otros mamíferos le dijeran "tierno" a un conejo, decirles "salvajes" a los depredadores era un insulto mayor.

-"Así los llama mi papá… y lo hace porque eso es lo que son"- respondió Dylan.

-"Aún no respondes ninguna de mis preguntas… no puedo permitir que ese zorro continúe libre luego de que lastimó a un conejo"- dijo Judy.

-"¡Fue Gwen! ¿¡OK?!"- casi escupió Dylan.

Los alumnos jadearon sorprendidos. A esto le siguieron más murmullos…

-Sabía que era mala…-.

-¿Qué haremos si viene por nosotros también?-.

-Esa brabucona es peor que Gideon…-.

-"Entonces tenemos que decirle a Director"- dijo Judy, corriendo hasta su mochila para tomar un cuaderno y un lápiz; justo como lo había visto en serie de televisión. -"¿Puedes dar más detalles? ¿Como el dónde, cuándo, cómo…?"-.

No era lo que esperaba, pero sin duda podría darle su merecido a Gwen por robarle a Jaguar y Bobby. No notó que Dylan parecía cada vez más irritado.

-"¡Ya le di una lección yo mismo, ya no volverá a molestar a nadie! ¡Mi papá siempre dice que aún si eres un conejo, debes saber poner a los depredadores salvajes en su lugar!"- gritó Dylan, levantándose para salir del salón.

Judy trató de seguirlo, pero tropezó con Bobby y Jaguar. Estos no dijeron nada… solo salieron apresuradamente del salón también. La conejita asumió que irían al baño o algo así. No pudo ir tras Dylan debido a la llegada de la maestra… la Señora White. Una vieja coneja gruñona que sustituía a la Señorita Coney; su dulce y comprensiva maestra que estaba de licencia por maternidad. Desde el primer día, la Señora White dejó en claro que no toleraba retrasos, travesuras o protestas. Castigaba a quienes llegaban tarde, aunque fuera por menos de un minuto, obligándolo a permanecer de pie en una esquina del aula con un libro en la cabeza… y hasta prohibía salir al recreo a toda la clase si un solo alumno le llevaba la contraria o se quejaba.

Judy no estaba de humor para tratar de lidiar con ella. Tendría que buscar a Dylan, y convencerlo de hablar con el director, luego.


Finalmente sonó el timbre del recreo… Judy prácticamente saltó de su asiento y salió del salón… Buscó por los pasillos… les preguntó a unos maestros… Incluso le pidió a un par de sus hermanos que buscaran a Dylan en los baños de niños. Y nada. ¿Dónde estaba…?

Lo encontró cuando pasó junto a una ventana que daba al patio. Por supuesto… El lugar más obvio.

Ahí estaba Dylan, presumiendo nuevamente su vendaje. Y a pocos metros estaba…

¡Gwen Wilde!

Se estaba aproximando a él. Judy se apresuró a la puerta que daba al patio.

Afuera, Gwen se acercó a Dylan; los otros niños se apartaron al ver a la zorro mayor.

-"Vaya, con que aquí está el otro conejito valiente"- dijo Gwen con sarcasmo mientras se cruzaba de brazos.

Dylan pareció paralizarse por un segundo, pero se volvió a ver a sus compañeros y se esforzó por poner rostro enojado.

-"Me sorprende que vinieras… ¿Quieres que pateé tu cola peluda de nuevo?"- la amenazó levantando los puños y dando saltitos como un boxeador listo para atacar.

-"No gracias… acabo de cepillarla… pero en fin… oí lo que dijiste sobre mí…"- respondió Gwen sin dejarse impresionar.

Judy se interpuso entre ellos.

-"¡No dejaré que lo lastimes!"- le gritó a Gwen. -"¡Le diremos al Directo lo que hiciste y te expulsarán como a Gideon!"-.

Gwen rodó los ojos; como si estuviera harta de escuchar algo por milésima vez.

-"¡No necesito que me proteja una niñita!"- gritó Dylan, empujando a Judy agresivamente.

La conejita no llegó a tocar el suelo, gracias a que había aterrizado en brazos de Gwen. En cuanto se percató de ello, Judy se apartó rápidamente y la miró a los ojos… ¿Un zorro que lastima a un conejito de repente salva a otro de caer? ¿Por qué? La multitud de mamíferos a su alrededor (entre ellos Sharla y Gareth) parecía igual de confundida.

-"Antes de que me acuses con el Director y me expulsen…"- comenzó a decir Gwen. -"¿Qué tal si primero comparas mis garras con el zarpazo de su brazo? Es decir… si es que realmente tiene un zarpazo"-.

-"Pues claro que lo tiene…"- exclamó Judy; como si fuera a ella a quien acusaba de mentirosa.

Judy forcejeó con Dylan y le arrancó la venda del brazo. Quedándose con la boca abierta por lo que vio…

Dylan no tenía ningún zarpazo. Su brazo estaba "rasurado" y su piel erupcionada. Judy lo reconoció al instante como el procedimiento para cuando un mamífero toca hiedra venenosa; se rasuraba el pelaje para evitar infecciones y que fuera más fácil curar la erupción.

Todos comenzaron a burlarse de Dylan al verle el brazo…

Gwen simplemente se alejó con aire de satisfacción. Judy la miró irse, no muy segura de cómo reaccionar. Un zorro resultó ser inocente, y un conejito resultó ser un mentiroso.

¿Debería disculparse con Gwen…?

¿Aun cuando ella le había quitado a sus amigos…?

Apenas pudo escuchar como Dylan le juró entre dientes que "se las pagaría", antes de salir corriendo para huir de las risas.


Los siguientes días estuvieron llenos de drama, confusión, discusiones, debates y problemas… Sobre todo, discusiones.

Hasta donde supo Judy por sus padres; que lo habían escuchado de boca de vecinos y padres de sus compañeros de salón…

El mismo día que Judy había expuesto a Dylan como un mentiroso, los rumores de que "Gwen había atacado a un conejo" llegaron hasta los oídos del Director. Siendo el mamífero razonable que era, citó tanto a los niños como a sus padres en su oficina esa misma tarde. La madre de Dylan aclaró que su hijo había tenía un incidente con hiedra venenosa; incluso la enferma de la escuela pudo corroborar que lo que tenía el conejito era una simple erupción. El Director se disculpó sinceramente con los padres de Gwen y les prometió que ninguno de sus estudiantes sería castigado o expulsado basándose en rumores; pero necesitaba corroborar los hechos.

El Director sugirió que Dylan fuese castigado por el resto del ciclo escolar por iniciar un rumor que pudo haber sido un mayor problema de no haber sido desmentido a tiempo. No permitiría que ningún estudiante se burlara de algo tan serio como "una lesión física". Y el padre de Dylan literalmente explotó. Argumentando que su hijo no había hecho nada malo… "que solo intentaba ayudar a librar a la escuela de esos salvajes"…

Hasta Stu y Bonnie no estaban de acuerdo con las palabras del padre de Dylan. Aunque era más porque mentiras como la de Dylan podrían quitarle credibilidad a las presas que eran legítimamente atacadas por depredadores agresivos, que por importarles el imparto que una mentira así podría tener en el estudiante acusado falsamente. Y fue lo que trató de decirles Judy, pero continuaron insistiendo que "un depredador puede defenderse solo"… pero nadie protegerá una presa si miente sobre ser atacada; citando una tal fábula de "el corderito que gritaba lobo" (nadie cree a un mentiroso ni siquiera cuando dice la verdad).

Además, aunque se había demostrado su inocencia, las cosas no iban bien para Gwen. Los niños presas le gritaban en los pasillos, le arrojaban bolas de papel, estropeaban sus cosas… incluso algunos compañeros presas de Judy mencionaron que sus padres hasta estaban considerando reunir firmas para que Gwen fuera expulsada; ya fuera por apoyar a Dylan y a su padre… o simplemente por querer un zorro menos en la escuela.

Judy trató de cuestionar la doble moral en esto: ¿Cómo es que un zorro tiene que ser castigado aún cuando se ha demostrado que es inocente, pero hay quienes apoyan a un conejo que ha mentido?

-Que no hiciera nada malo en esta ocasión en particular no significa que sea un zorro bueno- fue la respuesta de Stu.


Una semana después del incidente con Gwen y Dylan… el conejito acorraló a Judy en un pasillo.

-"Te odio, Judy…"- dijo entre dientes. -"… mis padres se van a separar y es todo por tu culpa…"-.

-"¿Pero qué-…?"-.

Judy no pudo acabar la pregunta porque Dylan le pateó una pierna con fuerza. Judy se arrodilló y se abrazó la pierna dolorida. Se mordió el interior de la mejilla, luchando por contener las lágrimas…

-"Llora, niñita tonta… esto es solo el comienzo"-.

Dylan se alejó por el pasillo dando pisotones.

-No… no voy a llorar…. No voy a llorar… no voy a darle el gusto…- pensó Judy.

Desde entonces, Dylan molestó a Judy cada vez que tenía la oportunidad. Al parecer, los padres de Dylan habían decidido divorciarse definitivamente luego de una discusión sobre el castigo de su hijo por su mentira. Según un hermano mayor de Dylan (MUCHO más agradable) que era amigo de una hermana mayor de Judy, la pareja no se llevaba bien desde hacía bastante tiempo y esto se veía venir a kilómetros, pero eran discretos frente a sus hijos menores… al menos hasta el incidente, cuando la madre de Dylan finalmente tuvo suficiente de su esposo. Pero Dylan insistía en que "todo fue por culpa de Judy". Que si no hubiese intervenido como lo hizo aquel día… sus padres seguirían juntos.

Judy no consideraba justo que Dylan la odiara. Lo único que había hecho fue quitarle la venda del brazo. Él había mentido y metido en problemas a un mamífero inocente. Aun así, Dylan se negó a escuchar a una "abrazadepredadores".


El último día de clases finalmente había llegado… y sería su última oportunidad de hablar con Gwen. Al menos antes de las vacaciones; no había garantía de volver a verla el próximo año. Lamentablemente, tener que lidiar con el constante hostigamiento de Dylan no le dejó espacio para buscarla.

Caminando hacia el autobús de regreso a casa, Judy logró ver a Jaguar a Bobby. Supuso que sus padres habían estado recogiéndolos desde que comenzó el escándalo por el incidente con Gideon. Tal vez podría hablar con ellos antes de que se fueran. Se excusó con el conductor diciendo que había olvidado algo y se apresuró a alcanzar a los felinos. Estaban en compañía de Gwen, quien montaba una tricicleta con canasta. Al ver a Judy, los felinos se subieron a la canasta y trataron de convencer a la zorro de irse de ahí, pero ella les insistió que prime escucharan lo que la conejita tenía que decirles.

Judy quería entender el "por qué"… ¿Por qué habían dejado de hablarle y qué quisieron decirle en la cafetería aquel día?

Resulta que sus padres les habían aconsejado que no hablaran con Judy; al menos hasta que las cosas se calmaran. Conocían a Stu y Bonnie de las reuniones de padres y sabían muy bien que no iban a querer que algún otro depredador se acercara a su hijita luego de lo ocurrido. Stu y Bonnie eran conocidos por su firme creencia de que los depredadores continúan siendo peligrosos.

Al principio, Jaguar en particular, no quiso creer lo que sus padres le dijeron: "que luego de lo ocurrido con Gideon, Judy se volvería tan prejuiciosa hacia los depredadores como Stu y Bonnie". Judy quiso defender a sus padres; eran familia y los amaba… pero sabía que Jaguar y Bobby tenían razón respecto a sus prejuicios. Ambos felinos quisieron darle tiempo de superar lo que pasó con Gideon… pero luego de lo que dijo en la cafetería: "que podían defenderse solos por ser depredadores"… Eso los ofendió mucho. ¿Cuándo comenzó a escuchar a sus padres?

Judy aún no comprendía. Fue entonces cuando Gwen decidió intervenir:

-"Claro que no lo entiendes, eres una presa. No sabes nada de la realidad que deben vivir los depredadores en un pueblo de presas. A donde sea que vas sabes, siempre hay alguna presa al pendiente de tus garras y colmillos. Es en verdad incómodo. Y más que te vean con mala cara, aunque no has hecho nada"-.

-"Solo por levantarle la voz a una presa, te tachan de agresivo. Mis padres más de una vez han tenido que bajar la cabeza y soportar insultos, porque siempre hay presas que los observan esperando el momento para validar sus prejuicios"- dijo Jaguar.

-"¿Cómo pueden defenderse los depredadores, si eso solo les traerá problemas?"- preguntó Bobby.

-"Nunca lo vi así…"- dijo Judy, sorprendida.

-"Pues no…"- acotó Gwen. -"Porque no tienes nada contra los depredadores, pero tampoco eres capaz de detenerte a pensar como es estar en la piel de un depredador…"-.

-"¿Y qué me dices de Gideon…?"- preguntó Judy; sin poder evitar pensar que Gwen trataba de justificar a Gideon.

-"Ese tonto fue uno de los depredadores que lo único que hacen es dar mala fama a su especie y a otros depredadores. Déjame adivinar: crees que porque es un zorro al igual que yo… debo de apoyarlo y estar de acuerdo con lo que hizo. Ahora dime: ¿tú siempre estás de acuerdo con otros conejos?"-.

Judy se quedó callada. Avergonzada de no haber considerado algo así antes.

En cuanto a cómo se hicieron amigos de Gwen… Tras el incidente de Gideon, por consejo de sus padres, mantuvieron distancia de Judy y de otras presas, por ello prefirieron caminar a casa en vez de tomar el autobús. En el camino, unos carneros mayores de otro salón intentaron meterse con ellos. Por suerte Gwen estaba cerca en su tricicleta y pudo sacarlos de ese aprieto. Desde entonces ella los defendía de toda presa que quisiera molestarlos solo por ser depredadores. Los llevaba a la escuela, y los llevaba a casa a cambio de nada… por lo cual sus padres estaban agradecidos.

Gwen nunca fue una bravucona, realmente nunca había lastimado a nadie que no intentara lastimarla primero… pero por ser una zorro, la mayoría asumía que ella había iniciado las peleas.

Judy creyó que podrían volver a ser amigos, con todo aclarado. Pero Bobby y Jaguar no estaban de acuerdo. No la odiaban, pero les ha mostrado una faceta que no creyeron que tuviera, y honestamente les desagradaba. Para ellos, su amistad no tenía arreglo.

-"Creímos que eras diferente"- dijo Bobby.

-"¡Soy diferente…!"- exclamó Judy.

-"Entonces, ¿por qué ya no hablas con Hugo?"- preguntó Jaguar.

-"Adivinaré… Crees que porque es hermano de Gideon está del lado de su hermano"- dijo Gwen. -"¿Acaso apoyarías a tus hermanos si hicieran algo muy malo?"-.

Judy se quedó sin palabras. De hecho, siempre tenía muchos desacuerdos con sus hermanos. Los amaba mucho, pero no podía estar de acuerdo con ellos en todo.

Sin más que decir, Gwen se alejó, llevándose a los felinos con ella. Judy solo pudo verlos partir. Los gritos de conductor del autobús la sacaron de sus pensamientos. En el camino Judy reflexionó sobre lo ocurrido y llegó a una conclusión: "el confiar ciegamente en lo que sus padres le habían dicho sobre los depredadores le había costado su amistad con Bobby y Jaguar". ¿Estaba enojada con sus padres por meterle esas ideas en la cabeza? Sí… ¿Los odiaba? No… Ella era culpable de repetir sus palabras sin medir las consecuencias. Sus padres realmente no sabían como eran los depredadores, solo creían saberlo.

-No volveré a confiar en nada de lo que ellos crean saber sobre los depredadores- pensó.


Madrigueras estaba formado en su mayor parte por campos abiertos y granjas. Las más antiguas tenían el mayor número de hectáreas; como la granja Hopps, construida poco antes de la fundación del barrio rural.

Con los años, Madrigueras se había expandido para albergar a las numerosas familias de conejitos y unas cuantas especies más. Es decir "presas", ya que los depredadores no eran muy bienvenidos hasta la proclamación de los derechos depredadores. Pero eso era otra historia. Además de granjas, Madrigueras contaba con lo que se podría llamar una "pequeña ciudad", formada por edificios de no más de tres pisos, pequeños negocios y tiendas de todo tipo; especialmente de alimentos, obviamente no podía faltar desde algunos hospitales... hasta un humilde cine.

Pasando la ciudad, se encontraba "Bunny Valley", una comunidad privada donde residían los pilares de la comunidad y las familias más adineradas. Entre esas familias se encontraban los Lappin. Dueños de una hermosa finca con un gran jardín. Dentro, asomándose por una ventana, se encontraba un solitario conejito belier o lop; un conejo con orejas caídas.

-"Alexander…"- lo llamó una voz masculina.

El conejito miró sobre su hombro y vio a su padre esperándolo en la puerta de su habitación.

-"El receso terminó. Es hora de volver a las clases"- le indicó el conejo vestido de traje.

-"Sí, papá…"-.

El conejito se apartó de la ventana y se aproximó a la puerta. No podía escapar de sus clases privadas, aún en el último día del ciclo escolar. Alexander y su padre caminaron lado a lado por el pasillo alfombrado. Entonces el conejito levantó la vista para preguntar algo.

-"Papá… ¿Por qué no puedo ir a la escuela como los otros niños?"-.

A pesar de haber escuchado esa pregunta al menos una docena de veces esa semana, el padre se limitó a suspirar antes de responder suavemente.

-"Supongo que ya es tiempo de decírtelo"-.

El padre tomó la pequeña mano de su hijo y lo guio hasta una puerta de roble finamente tallada. Si no mal recordaba el pequeño, se trataba del despacho de su padre. El lugar donde él y sus hermanos tenían estrictamente prohibido entrar, en especial cuando su padre estaba ocupado trabajando o no se encontraba en casa. El padre sacó una llave del bolsillo de su caso, la giró en la cerradura y abrió la puerta. El conejito apenas podía creerlo, estaba a punto de entrar en el despacho de su padre por primera vez. Una vez dentro, el conejito observó frenéticamente en todas direcciones. Además de lo típico como un gran escritorio de madera y una gran silla, junto con una gran ventana detrás de estos, muebles para archivos y un par de macetas con plantas… había una gran cantidad de fotografías y cuadros colgados en los muros. Su padre lo acercó a un cuadro bastante antiguo; seguramente el primero en ser pintado.

-"Esta es una lección de historia que no puede encontrarse en ningún libro…"- dijo el padre, ansioso por comenzar.

La riqueza de la familia Lappin inició como un pequeño negocio de reventa de productos caseros; especialmente mermeladas y jaleas, fundado por Arthur Lappin, uno de los primeros habitantes de Madrigueras. Con el tiempo, arduo trabajo y mucho empeño, el negocio se había convertido en una pequeña pero exitosa compañía fabricante y distribuidora de mermelada. Los granjeros que solían proporcionar los productos terminados y listos para su venta, se convirtieron en proveedores de las frutas y vegetales necesarios para la elaboración.

Por tradición, el hijo mayor era el que más posibilidades tenía de encargarse de la compañía familiar alcanzada una determinada edad; a menos que algún hijo menor demostrara ser más apto o que el hermano mayor se encontrase incapacitado. Precisamente eso había ocurrido con su tío. Connor Lappin estaba destinado a ser el próximo jefe… pero un "incidente" obligó a su hermano Henry a tomar su lugar.

-"… El punto es… que no quiero que a ti o a tus hermanos les pase lo mismo que a su tío"-.

El conejo adulto contempló el cielo despejado por la ventana, permitiéndose un momento para perderse en los recuerdos de su juventud; los viejos tiempos con su hermano y sus amigos. Al menos hasta que su pequeño hijo le jaló de la manga de su traje para llamar su atención.

-"Bien… Ahem… Respecto a otro asunto…"- prosiguió Henry, prefiriendo cambiar un poco el tema. -"Ya que el negocio familiar inició gracias a los granjeros, para nosotros los Lappin ellos no son sólo proveedores, socios o empleados, sino que son nuestros amigos"-.

-"¿Qué pasa con los Hopps…?"- preguntó Alex inocentemente. Últimamente había escuchado mucho ese apellido en boca de su tío y de su padre.

-"¿Cómo decirlo…?"- meditó Henry antes de responder. -"Nuestras familias fueron de las primeras que habitaron esta región antes de que se fundara Madrigueras, y han mantenido el contacto por décadas… Pero los Hopps nunca se han interesado en asociarse con nuestro negocio. Por supuesto, eso no quiere decir que nuestras familias no se lleven bien"-.

-"¿Y por qué no son socios también?"- preguntó Alex. -"… El tío Connor siempre dice que las zanahorias de los Hopps son de las mejores que hay y que se podría hacer una mermelada deliciosa con ellas"-.

-"Hay, Connor…"- suspiró Henry por lo bajo. -"Los Hopps insisten en que son felices con su pequeño negocio familiar. Por tanto, debemos respetar su decisión"-. Henry se arrodilló para estar a la altura de los ojos de su hijo. -"Recuerda esto, Alexander: No se puede obligar a alguien a que cambie de opinión, lo máximo que puedes hacer es hablar, intercambiar ideas… y esperar que lo haga por voluntad propia… Sino… Bueno… no todos pueden estar de acuerdo en todo"-.

-"Ok, papá…"-.

Sin el conocimiento de padre e hijo, una pequeña figura los observaba desde la puerta entreabierta, frunciendo el entrecejo.

-Alex, Alex, Alex… ¡Siempre Alex!- un pensamiento furibundo.