Capitulo 2: Una nueva escuela.

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Las mañanas de Ling Bo empezaban muy temprano, a esas horas podía entrenar sin tener que preocuparse por el tiempo, sin embargo el simple acto de abrir sus ojos a las cuatro de la mañana era suficiente motivo para que ella no quisiera hacerlo ¿y quién no? Por esa razón, a modo de castigo por su pereza, coloca ruidosas alarmas en diferentes puntos antes de acostarse y obligarse a salir de la cama al día siguiente.

Con un rápido movimiento de su mano apagó la primera de las cinco alarmas, con algunos quejidos se quitó las sabanas de encima dejando ver su pijama de oso panda con gorrito incluido y salió de la cama rascándose el trasero.

Soltó un largo bostezo y encendió las luces, las paredes de su habitación estaban repletas de posters y carteles del mundo de las artes marciales, películos, series, videojuegos, etc, incluso tenia figuras de acción en un estante y muchas otras más en un baúl a los pies de su cama, tardó tres horas en poner su cuarto en condiciones.

—Lo dije antes y lo digo ahora, levantarse a esta hora es un asco —La albina se quitó el gorrito y paso sus dedos por su alborotado cabello, eso combinado con sus ojos cansados le daban un aspecto terrible.

Apenas terminó esa oración las cuatro alarmas restantes se activaron al unisono creando así una ruidosa sinfonía, ella suspiro con desgano.

—Este día estará lleno de cosas nuevas, así que me esforzare el doble esta mañana para que este día sea el doble bueno —Ling apagó las alarmas con un renovado estado de humor.

Se puso la misma ropa que usó para meditar la noche anterior, se lavó la cara en la cocina, comió un par de frutas y salió al patio para comenzar sus ejercicios matutinos. Pudo instalar la mayoría de su equipo de entrenamiento, incluidas las barras que usaba para hacer gimnasia.

Comenzó con una sesión de Tai chi, esto relajaba su cuerpo, preparaba sus músculos y también la ayudaba a entrar en el "modo kung fu" como le gustaba llamarlo, después le siguieron unos calentamientos y luego estiramientos, la misma rutina de siempre.

Una vez sintió que su cuerpo estaba listo se acercó a un muñeco de madera, estaba modificado para practicar el arte marcial que ella misma creó, aunque su estilo todavía seguía siendo una "obra en proceso".

Mientras golpeaba el muñeco de madera se preguntaba cómo le iría en su primer día en su nueva escuela, en china tuvo muchos problemas para encajar, no poseer casi ningún rasgo asiático y su cabello blanco la hicieron sentir fuera de lugar, y en consecuencia no socializó mucho que digamos, sin mencionar las "diferencias" que tuvo con sus compañeros de clase, el profesorado y hasta con los directores.

Luego de cuatro horas su madre la llamó desde la ventana que daba al patio, con una última acrobacia bajó de las barras y entro a la casa, vio que su padre ya se encontraba en la cocina haciendo el desayuno.

—Buenos días Ling Bo ¿dormiste bien? —dijo Lincoln al verla entrar.

—Buenos días papá. Sip, dormí como un bebe —respondió la albina bebiendo el jugo que Sid le dio.

—Será mejor que vayas a prepararte Ling, tienes menos o menos una hora y media antes de que las clases comiencen —informó Sid revisando la hora en su reloj.

—Bien, iré a ducharme ahora mismo —

—Mientras tanto me encargaré de tu almuerzo, por ser tu primer día en tu nueva escuela haré tu favorito —añadió Sid sacando algunos ingredientes del refrigerador.

—¡¿Enserio? ¡Kung futástico! —Exclamó felizmente Ling.

Salio corriendo en dirección al baño y diez minutos después ya se encontraba desayunando con sus padres lista para la escuela. Trató de arreglar su cabello pero como este parecía tener vida propia fue inútil, vestía una camisa blanca manga larga, pantalones de mezclilla y zapatos negros, su inseparable mochila azul estaba a su lado.

Sus padres hablaban con ella de algunas cosas que debía tener en cuenta en su nueva escuela, como la diferencia cultural, la forma en que funcionaban las escuelas americanas, y sobretodo ...

—Y nada de peleas ¿entendiste Ling? -

—Si mamá pero ¿Y si alguien me ataca? -

—En ese caso puedes defenderte, pero sin herir a nadie, no queremos más quejas sobre ti —demandó Sid con autoridad.

—Recuerda Ling Bo, las mejores peleas ...

—Son las que evitamos, ya lo sé —completó Ling con algo de fastidio.

Le molestaba que sus padres la trataran como una buscapleitos, ella sabia perfectamente que las artes marciales solo eran para defenderse o proteger a alguien, sus maestros se lo reiteraron cada vez que ella se metió en problemas, no fue su culpa que en las escuelas a las que asistió todos fueran unos idiotas.

—Bueno Ling es hora de irnos —anunció Sid al ver la hora—. ¿Tienes todo lo que necesitas?

—Sip, mi almuerzo está en mi mochila, el dinero igual, tengo el horario de clases y el número de las aulas, también hice copias solo por si acaso —respondió.

—Perfecto —Sid acarició el cabello a su hija, le gustaba que estuviese tan bien preparada.

Su madre la llevó en el auto ya que todavía no habían arreglado el asunto del autobús escolar para que este pasara a recogerla, fue un viaje de unos treinta minutos, cuando llegaron la albina bajó del auto primero.

—Ahí estás, mi vieja enemiga —musitó Ling viendo el gran edificio de tres pisos que se alzaba frente a ella, según le comentó su padre la secundaria royal woods fue remodelada, por lo que era más grande que antes.

Una multitud de chicos de mas o menos su edad hablando o riendo transitaban por todo el establecimiento, reconoció a los típicos grupos sociales como los góticos, nerds y deportistas. Ya que era su madre la que atraía las miradas, especialmente de los chicos, pudo comprobar que parecer americana le resultaría beneficioso.

—Jejeje perfecto, si esto continua así esa tranquila vida escolar que mencionan mis padres será un hecho -

En su última escuela tuvo más enemigos que amigos por su aspecto, los rumores y la mala reputación que le precedía, podría cambiar eso en Royal Woods si usaba el método correcto.

—Bien Ling en marcha, tengo que solicitar el servicio de autobús y luego pasar por el supermercado —Sid caminó a paso veloz hacia las puertas del instituto.

—¡Espera! —Gritó repentinamente asustando a Sid.

-¡¿Qué?! ¡¿Pasa algo?! -

De su mochila sacó una gorra roja y se la puso, su madre la miro confundida.

—Es para ocultar mi cabello y evitar ser el centro de atención —explicó Ling con orgullo, que quisiera hacer amigos no significaba que quisiera cincuenta pares de ojos sobre ella.

—Es broma ¿cierto? es largo y tan blanco que el sol lo hace brillar, solo Arruinarás tu cabello con esta cosa —Sid le quitó la gorra ganándose una queja de la albina—. Ademas cómo conseguirás un novio con esa mentalidad ¿eh?

—Pero yo no quiero tener novio, son molestos, te asfixian, dicen cosas vergonzosas y- ¡Mamá no me ignores, ma! —Ling vio indignada a su madre quien siguió caminando con una sonrisa.

Por dentro el edificio lucia muy bien cuidado, cientos de casilleros decoraban los largos y limpios pasillos, varios anuncios llenaban unos tablones en las paredes, había mucha más gente que afuera y por ende más ruidoso y concurrido.

—Bueno amor aquí nos despedimos, si necesitas ayuda con algo o te sientes perdida puedes pedirle ayuda tus primas -

—¡¿Mis primas están aquí?! —La alegría golpeó a la preadolescente de forma inmediata.

—Sorpresaaa ~ —canturreo Sid sonriendo.

—¡Kung futástico! —Festejó—. ¡Oooh ya quiero verlas!

—Lupa, Lacy y Liby. Pregunta por ellas en el receso, seguramente no dudarán en darte una mano -

—¡Increíble, gracias mamá nos vemos luego! —Le dio un beso en la mejilla y salió corriendo al salón de su primera clase del día.

—Esta niña, solo espero que no arme un alborotó —murmuró Sid viendo a su hija casi caer al girar en una esquina.

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La campana de inicio de clases ya había sonado y Ling no podía encontrar el dichoso salón de clases ¡el lugar era inmenso! Aparte le dieron ganas de ir al baño a medio camino y tuvo que buscarlo también, tenía que llegar al aula 54 y acababa de pasar el aula 140, estaba perdida, muy perdida.

Cuando por fin dio a su destino gracias a un conserje que encontró por ahí vio la puerta cerrada y se podía escuchar a una mujer hablando del otro lado.

—Excelente trabajo Ling, tu primer día en una nueva escuela y llegas tarde —se regaño a sí misma.

Tocó la puerta un par de veces antes de abrirla lentamente y asomar su cabeza, la maestra al verla frunció el ceño.

—Pero miren quien se digno a aparecer, tu debes ser mi nueva alumna, llega treinta minutos tarde señorita Loud —estableció la profesora cruzándose de brazos.

Era una mujer pelinegra alta y delgada que usaba lentes, era linda pero se notaba de lejos lo estricta que era.

Genial me tocó una amargada —se quejó en chino para que nadie la entendiera —. Lo siento mucho maestra, es que me perdí.

Ling se rio nerviosamente esperando a que le creyera, la maestra la miro fijamente por unos segundos antes de soltar un suspiro e indicarle a que pasara.

—Alumnos, ella es Ling Bo Loud su nueva compañera, por favor hagan que se sienta bienvenida —La presentó la mujer.

Sus compañeros, un grupo de veinticinco chicos y chicas, la miraron expectantes. Le pareció curioso que sus compañeros en esa clase eran una mezcla de todos los grupos sociales que había visto antes de entrar.

—Hola a todos, como dijo la maestra mi nombre es Ling Bo pero pueden llamarme simplemente Ling, es un gusto conocerlos —saludó haciendo una pequeña reverencia, esperaba que su acento no les pareciera chistoso.

Sus padres le ayudaron para que no fuera muy marcado, pero el día que llegaron al país la señorita que los atendió en un restaurante aguantaba su risa mientras tomaba su orden, no se ofendió ni nada, pero fue muy vergonzoso.

Para su alivio la mayoría le devolvió el saludo amigablemente, también llegó a oír algunos comentarios como "Es muy linda ¿verdad?", "Mira su cabello, es como el de la chica del club de literatura" o "Habla un poco raro, es extranjera ¿cierto?"

En eso vio con asombro que una de sus primas estaba en uno de los pupitres de atrás saludándola con una alegre sonrisa, Ling hizo lo mismo al instante.

—Veo que ya notó que hay otra Loud en esta clase, puede sentarse junto a ella, joven Turner ¿cambiaría lugar con la nueva señorita Loud? -

—Si maestra —el chico sentado junto a su prima recogió sus cosas y se sentó en otro pupitre.

Rápidamente se acercó al lugar ahora vació y se sentó, no sin antes agradecerle al chico por cederle su lugar.

—Hola prima Liby —saludó tomando una de las manos de la castaña entre las suyas.

—Bienvenida a Royal Woods Ling —Liby le dio un ligero apretón mostrándose muy feliz.

Tenía unas ganas inmensas de abrazar a su prima, esta era la primera vez que podían interactuar físicamente, lo mismo con las demás, pero no era el momento adecuado.

Prestando atención a lo que explicaba la maestra pensó que ese día no seria tan horrible después de todo.

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—Ugh… esto es una pesadilla ¿Cuándo nos dejarán salir de aquí? —La albina apoyaba su barbilla sobre sus manos con evidente aburrimiento—. Si paso un minuto más en este lugar voy a morir.

Ling Bo no odiaba muchas cosas en su vida y se sentía muy orgullosa de eso, pensaba que no era bueno para el cuerpo tener esa clase de sentimientos por algo o por alguien, por lo que siempre optaba por tener una opinión neutra sobre cualquier cosa la mayoría del tiempo. Sin embargo, si había algo que ella no soportaba aparte de la pizza y el picante era la escuela, cada segundo que pasaba dentro de una de estas "prisiones" era increíblemente tortuoso para Ling.

Le costaba mucho concentrarse durante las clases, era como si su cerebro no le interesara nada que no fueran artes marciales. Además no era la estudiante más aplicada del mundo, apenas y podía arreglárselas para no reprobar, casi todos sus profesores en china se quejaron de ella casi que a diario por esto.

—Vamos Ling, quita esa cara de estreñida, solo aguanta una hora más y podremos salir a almorzar —le susurró Liby.

—¡¿Una hora?! No inventes —lloriqueo Ling dejándose caer sobre el escritorio de su pupitre.

—¿Sucede algo señorita Loud? —

Esa pregunta le hizo levantar la cabeza topándose con su maestra justo al lado suyo mirándola con reproche, ni siquiera la sintió acercarse, la mujer imponía respeto e intimidaba, eso tenia que admitirlo.

—N-no profesora no sucede nada de nada, es más la clase esta siendo muy interesante, siento que estoy aprendiendo mucho jejeje —

Detrás de su maestra vio cómo Liby se cubrió la cara con una mano negando con la cabeza, podía jurar que escuchó un leve y suave "¿pero qué hiciste Ling?" de parte de su querida prima ¿había dicho algo malo?

—Oh ¿enserio? Entonces no le importara resolver todos los ejercicios de la pizarra ¿verdad? —La profesora señaló la pizarra con una sonrisa.

Ling miró la pizarra y casi se le sale el alma por lo que vio, diez problemas de matemáticas esperando a ser resueltos, su peor materia. Se puso más pálida de lo que ya era cuando la maestra puso una tiza frente a su cara, sudó frío.

—¿Nos haría el honor de mostrarnos lo que ha aprendido hasta ahora señorita Loud? —

Los ojos de su maestra le decían que si se negaba definitivamente estaría en problemas, así que derrotada tomó la tiza y se levantó de su lugar.

Estúpida álgebra ¿para qué la aprendemos? Nunca sirve para nada —refunfuñó usando su idioma natal mientras caminaba hacia la pizarra.

—¿Dijo algo señorita Loud? —

—No maestra no dije absolutamente nada —contestó Ling nerviosamente.

Como era de esperarse quedó en ridículo frente a toda la clase, recibió un fuerte regaño de la maestra y regresó a su lugar.

—Detesto la escuela —musitó Ling estrellando su frente contra la mesa de su pupitre.

Tal y cómo dijo Liby una campana sonó un par de horas después anunciando el almuerzo.

—¡Al fin libre! —exclamó Ling felizmente saltando de su asiento —. Pero antes…

Rodeó el cuerpo de Liby con sus brazos, dejó salir un suspiro al sentir la calidez de su prima y su rico olor a canela, la susodicha se sorprendió un poco pero correspondió el gesto dándole unas palmaditas en la espalda.

—Desde que las conozco he soñado con hacer esto, nunca pensé que se haría realidad —Ling se acurrucó un poco en el hombro de su prima.

Liby solo se limitó a acariciarle el cabello, ella también estaba feliz de tenerla con ellos.

—¿Ella está bien? —preguntó uno de sus compañeros.

—Si, descuiden, ella es mi prima y esta es la primera vez que nos vemos en persona —explicó Liby al ver lo confundidos que estaban sus compañeros y maestra—. Le pudo la emoción es todo.

La clase y la hasta maestra sonrieron enternecidos por la escena una vez entendieron el contexto.

—Aaah eres tan suave como lo imagine —comentó Ling con una boba sonrisa, apretó su abrazo sin notar que Liby empezó a ponerse morada.

—L-ling… ¿sabes lo que pasa cuando... aplastas un tubo de pasta dental? —preguntó la castaña con esfuerzo.

—Si ¿por? —

—Mi cabeza será la tapa si no aflojas —confesó, el aire ya le empezaba a escasear.

— ¡Ay no, lo siento! ¿te encuentras bien? —Ling dejó ir a su prima sintiendo el calor en sus mejillas.

—No te preocupes, más bien gracias por acomodarme la espalda jejeje —bromeó Liby sacando le una risa a Ling.

Al salir del salón hicieron una parada en el casillero de Liby, necesitaba algunos materiales para su próxima clase.

—Oye prima Liby ¿podemos ir a ver a la prima Lacy? Quiero pasar a saludarla —

—Claro, de paso podemos invitarla a almorzar con nosotras —propuso Liby—. Ha estado estresada por sus entrenamientos, será bueno para ella relajarse un rato.

—¡¿De veras?! ¡qué bien! —festejó—. Invitemos a la prima Lupa también.

—¿Qué yo qué? —

—¡Aaaah! —

Lupa apareció repentinamente detrás de Ling, Liby se asustó pero Ling al exaltarse lanzó un veloz codazo, la gótica pudo evitar el golpe dejándose caer de trasero y la puerta del casillo a su lado fue destrozada, con el corazón a mil por hora soltó una maldición.

Ling vio a la gótica sentada en el suelo con la espalda recargada en el casillero que ella golpeó, miraba su codo que estaba a unos centímetros de su cabeza con algo de miedo, de no haber reaccionado a tiempo su cara hubiera terminado como la puerta de ese casillero.

—¿Prima... Lupa? —

—Qué cuentas Ling —contestó Lupa ahora mirando a su prima—. Recuérdame nunca joderte de alguna manera ¿de acuerdo?

—Prima Lupa… ¡prima Lupa! —

Ling no tardo en levantar a Lupa del suelo y aprisionarla en un poderoso abrazo llenó de cariño, Lupa por su parte sintió cómo sus huesos crujieron debido a la fuerza ejercida. Ling lo mantenía en secreto pero Lupa era su prima favorita, amaba todas sus primas y primo, pero a Lupa le tenía un cariño especial, le encantaba hablar con ella y era la que más la conocía.

—A mi también me da gusto verte —Declaró Lupa a punto de desmayarse por la falta de oxigeno.

Ya en la cafetería luego de pasar por Lacy, la cual también recibió uno de los "tiernos" abrazos de Ling, comían los dumplings de carne que Sid le preparo a su hija mientras mantenían una amena platica, eso era otro sueño cumplido para Ling.

La ojiazul apartó la vista de sus primas por un momento solo para ver que un chico era molestado por un grupo de cinco a unos pocos metros, se toqueteaban su almuerzo, le daban empujones y lo golpeaban en la cabeza de vez en cuando, él solo cerraba los ojos temblando de impotencia.

—Oigan ¿Quiénes son ellos? —preguntó Ling mirando la escena.

Sus primas vieron en la misma dirección que ella.

—Oh… idiotas que se creen los dueños de la escuela —respondió Lupa con molestia mordiendo otro dumpling.

—Esos de ahí son solo algunos, el grupo es más grande —añadió Liby continuando con su almuerzo—. Es mejor no meterse con ellos.

—Liby tiene razón tratar con ellos es un fastidio, todavía recuerdo la broma que le jugaron a todo el equipo de futbol… y yo estaba en él en ese momento —La deportista tuvo un pequeño escalofrió al recordar aquello.

—Si causan tantos problemas ¿por qué nadie los detiene? —No podía creer que en su primer día se toparía con el tipo de personas que tantos problemas le habían causado.

—Por su maldito líder, todo el que intenta pararles los pies termina siendo destrozado por él, y a eso añádele que algunos de ellos son hijos de personas que prácticamente mantienen este lugar —explicó Lupa.

—Hasta ahora nadie a podido vencerlo en una pelea, incluso le temen fuera de la escuela —dijo Liby—. Con él y sus padres protegiéndolos hacen lo que quieren cuando quieren, nunca reciben su merecido.

—Así que mejor mantente alejada de ellos Ling, quien sabe lo que te harían —advirtió Lacy.

Ling quiso ir a salvar a ese chico, se levantó de su lugar y estuvo a punto de hacerlo, pero entonces lo recordó, todas esas veces que decidió ignorar a sus padres y usar sus puños, la vergüenza que les hizo pasar cada vez que el director de turno los llamaba para informarles de su expulsión, la humillación de que ellos se disculparan con los matones que ella golpeó.

Si ayudaba al chico inevitablemente se metería en una pelea y todo eso se volvería a repetir, no podía y no quería hacerles eso de nuevo, no ahora que su padre cumplió su deseo de estar cerca de su familia otra vez.

Aunque iba en contra de su política haría lo mismo que todos en ese momento, nada, ignoraría lo que estaba pasando y seguiría con su vida.

Ling volvió a sentarse con evidente fastidio.

—Buena decisión, sabemos que no te gusta quedarte sentada mientras… eso pasa —comentó Lupa apuntando al chico—. Pero es mejor a que te suspendan en tu primer día aquí.

—O que te expulsen, los tíos se enojarían mucho contigo si eso pasa —dijo Lacy.

—Por ahora mantente tranquila, acaban de mudarse y seguro tus padres tienen mucho en que pensar —aconsejó Liby.

—Si, yo tampoco quiero causarles más molestias —Ling reanudó su almuerzo pero su comida ya no le supo tan bien.

El almuerzo continuo sin más inconvenientes, al regresar a clases la escena del chico siendo molestado se repetía en su cabeza como un disco rayado, se sentía horrible, obedeció a sus padres y quería seguir haciéndolo pero… ¿estaba bien ignorar esa clase de abusos?

«Proteger al indefenso... y acabar con los malos», Ling recitó su credo en su cabeza, ese que juró seguir hace ya muchos años, cuando apenas y podía golpear sin tropezarse—. Pensé que sería sencillo hacer eso.

Luego de unas horas las clases terminaron, estaba frustrada, estresada, le dolía la cabeza y tenía hambre, al salir se despidió de sus primas con otro abrazo y espero a que Sid llegara a recogerla.

Mientras esperaba comprobó otra cosa que su padre le contó de Royal Woods, los atardeceres eran hermosos, en eso vio al mismo grupo de chicos de la cafetería salir del edificio, levantaban las faldas de algunas chicas como si fuera lo más divertido del mundo.

—Así que también son pervertidos, ugh son de lo peor —El claxon de un auto llamó su atención, su madre había llegado.

—Hey cariño ¿Qué tal tu día? —saludó Sid cuando Ling subió al auto en el lado del copiloto.

—Bien… creo —contestó con cansancio recostándose en el asiento luego de abrocharse el cinturón de seguridad.

—¿Crees? —

—Te cuento cuando lleguemos a casa —

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En la cena Ling contó cómo le fue quitando la parte del regaño de la profesora, no quería otro regaño, hasta que llegó a la parte de los matones.

—¿Y tú que hiciste? —inquirió Lincoln, conocía a su hija y lo que tendía a hacer en ese tipo de situaciones.

—Nada —contestó.

—Pero tu querías hacer lo contrario ¿cierto? —Sid vio la expresión triste de su hija.

—Yo pude haber ayudado a ese chico y simplemente... lo ignore, como todos en esa cafetería —Admitirlo solo la hizo sentir peor.

—Lo sé cariño, créeme que no nos enorgullece decirte que no hagas nada cuando esto pasa —Sid acarició la suave mejilla de su hija, Ling ronroneó al sentir la sedosa mano de su madre—. Pero te estamos agradecidos porque esta vez nos escuchaste.

—Ling Bo… nosotros sabemos que no toleras ese tipo de situaciones, pero golpearlos no solucionó nada antes... y me temó que tampoco ahora —añadió Lincoln.

—¿Recuerdas cuantas veces tuvimos que cambiarte de escuela en china? No podemos darnos ese lujo aquí, casi todo nuestro dinero se fue en esta mudanza, necesitamos recuperarnos, encontrar trabajo y establecernos por completo —explicó Sid.

Ling solo asintió y terminó de cenar, no se sentía con ánimos para nada por lo que le dijo a sus padres que se iría a su cuarto a descansar.

—Amor ¿crees que este bien? —Le preguntó Sid a Lincoln viendo a su hija retirarse.

—Claro que estará bien, es hija nuestra después de todo —afirmó Lincoln con orgullo.

—Es por eso que me preocupo —dijo Sid con un suspiro, solo dios sabe lo que se le puede ocurrir a su hija para hacer "justicia".

—Deberíamos hacer algo para subirle el ánimo —

—Si tal vez… bueno cariño te toca lavar los platos, me voy a la cama —Sid le dio un beso en los labios y salió del comedor.

Lincoln vio todo lo que ensució para hacer la cena, era bastante.

—Cómo mi señora ordene —con un suspiro se dispuso a hacer su tarea.

Tumbada en su cama Ling se preguntaba que haría su héroe e ídolo Bruce Lee en aquella situación, miraba el gran poster de dicho hombre pegado en el techo justo encima de su cama, le servía de motivación cuando despertaba algunas veces.

—Seguro les hubiera pateado el trasero a todos ellos —musitó la albina.

Con esas palabras cerró sus ojos dejando que Morfeo hiciera su trabajo.