Pitch asintió. "Cuando lo encontremos, lo confrontaremos". Miró a todos a la vez. "Haremos que todo esto acabe".
Pero de un momento a otro la habitación le dio vueltas, la vista se le nubló y las voces de los otros se oían como a través de un tubo. Quiso dar un paso hacia adelante. Hubiera caído de no ser por la mano en su pecho que lo ayudó a recobrar el equilibrio. Cerró los ojos por un minuto y se concentró en la presión que esa mano ejercía. Cuando el mundo recuperó estabilidad, abrió los ojos y vio que esa mano era de Jack.
"¿Estás bien?", lo oyó preguntar.
"Sí... Solo algo cansado, es todo".
Hada, curiosa, se acercó a examinarlo un momento.
"No entiendo", dijo esta. "Has estado asustando niños por horas, ¿no deberías de sentirte mejor?"
Pitch negó con la cabeza.
"Esto es diferente. Cuando asusto el miedo ya está ahí, yo lo traigo a la superficie. Ahora...", frunció el ceño. "Es como si tuviera que ponerlo de nuevo yo mismo, es llenar algo que está vacío. En vez de alimentarme estoy usando mi propia energía". Suspiró. "Solo necesito absorber miedo".
De no haber estado tan agotado, el Coco habría notado las miradas nerviosas que compartieron los Guardianes entre ellos. Sin embargo, Jack sí los vio.
El espíritu de pelo blanco los observó entre molesto y confundido. Tuvo que recordarse que no sabía toda la historia que había entre Pitch y los Guardianes, pero... Ya lo habían visto con los niños, el rey de las pesadillas no era una amenaza (sonaba extraño, pero así era), además ellos mismo le estaban pidiendo que asustara y ahora que él lo necesitaba para recuperarse, ¿intentarían impedírselo?
En ese momento Jack sintió como Pitch apoyaba una mano sobre la suya, que aún estaba sobre el espíritu de sombras. El mayor le dirigió una mirada agradecida y una pequeña sonrisa antes de apartar su pálida mano de su pecho. Sintiendo lo cálida que estaba su mano ahora y el contraste con el resto de su piel constantemente fría, el espíritu del invierno se preguntó brevemente si no habría incomodado al otro. Luego volvió a prestar atención a la conversación actual.
Pitch, por su parte, ya se había dado cuenta de lo inquietos que se habían mostrado los Guardianes al escuchar que él necesitaba miedo. Como fuera, hacía tiempo que no se sentía tan débil y él sería inútil de ese modo.
"Escuchen", les llamó la atención. "Sé que es lo que están pensando". Levantó una mano con su palma en dirección a Conejo para callarlo antes de que empezara a protestar. "Aunque esté débil, puedo sentir su miedo. Solo necesito salir por un rato para… Recuperar mis fuerzas. Y créanme: Hacen falta más de un par de horas para crear otra Edad Oscura".
Los demás espíritus se quedaron callados, aún poco convencidos.
Pitch rodó los ojos, más cansado aún. Estaba por volver a hablar, pero Jack se le adelantó.
"Yo puedo acompañarlo", dijo.
"¡Ja! ¿Tú?", exclamó Conejo sarcástico. "¿Y qué harás cuando enloquezca y te ataque?"
El Coco estaba por contestar, pero...
"¿Y qué te hace pensar que lo hará?", contestó Jack a la defensiva.
"¡¿Y tú por qué crees que no lo hará?!", respondió perplejo el Guardián de la esperanza.
Pitch... honestamente tenía la misma duda.
Fue Sandy quien intervino, metiéndose entre los dos espíritus, empezó a dibujar formas sobre su cabeza. Los señaló a Pitch y a Jack y formó un reloj despertador sobre su cabeza. Lo hizo moverse como si sonara. A continuación, se señaló a sí mismo y a sus compañeros.
"Entonces... ", empezó Jack, frunciendo el ceño. "¿Dices que nos vayamos por unas horas y que si no volvemos nos irán a buscar?".
Meme asintió felizmente.
"De acuerdo", concordó Norte. "Cinco horas debería ser suficiente". Miró a Pitch en busca de confirmación. Este asintió en respuesta.
"¿A dónde irán?", preguntó Hada.
El Coco pareció pensarlo un momento. "A un pueblo al norte de Francia".
"Allí aún es de día", comentó la guardiana ladeando la cabeza confundida.
El otro solo se encogió de hombros. Después miró a Jack, alzando una ceja inquisitiva. "¿Listo?". Extendió una mano para que el otro la tomara. El espíritu del invierno lo hizo sin titubear.
Pitch tiró de él, poniendo su otro brazo alrededor de sus hombros. Ambos cayeron a las sombras debajo del globo.
Todo se volvió negro. Cuando pudo ver otra vez, Jack se encontró parado en medio de un mar de gente. Sintió un aroma dulce en el aire. Escuchó una música alegre y... ¿Risas? Miró una vez más para confirmar lo que ya sabía. Entonces volteó a Pitch, sin entender.
"¿Qué hacemos en un parque de diversiones?".
Pitch le sonrió divertido y rodó los ojos en falso fastidió. "Ya te dije, necesito miedo".
Jack también rodó lo ojos a modo de juego, imitando inconscientemente los gestos del otro. "Muy bien, señor rey de las pesadillas", contestó haciendo que el otro se riera por lo bajo. "¿Y cómo vas a obtenerlo de aquí?".
El Coco lo miró a los ojos y Jack vio como estos eran completamente dorados, un notorio contraste con el resto de su persona. "Esa, Jack, es la parte divertida". Le dirigió una sonrisa cómplice que le dio escalofríos.
Pitch echó un vistazo a su alrededor. Asintió para sí al encontrar lo que estaba buscando y reforzando el agarre que todavía tenía sobre los hombros de Jack, lo transportó consigo una vez más hasta aparecer al lado de una enorme construcción de madera y metal que se extendía metros y metros hasta el cielo, solo para bajar dando giros y vueltas sobre sí una y otra vez. El espíritu del invierno estaba seguro de que era una de las montañas rusas más grandes que había visto.
"El carro está casi lleno. Seguro está por arrancar", le informó Pitch, soltándolo de su agarre. "Vamos", le indicó. Se lo notaba de mejor humor.
Jack lo siguió hasta los carros. El rey de las pesadillas fue hasta uno de los últimos y se sentó cerca del final, en el respaldo de uno de los asientos. Jack se sentó junto a él.
"¿No deberíamos meternos en los carros? Yo puedo hacer que el viento me lleve, pero estoy seguro que hasta tú lo pasarías mal si te cayeras de esa altura".
En respuesta las sombras que se removían junto a Pitch se enredaron alrededor de sus cinturas, asegurándolos a ambos al carro. "Tal vez no crean en nosotros, pero aun así es incómodo sentarse con una persona atravesándote".
"La verdad que no entiendo estos juegos", comentó Jack. "No les veo lo divertido".
"¿No te asusta la altura?", preguntó Pitch por su parte.
"No... Bueno...", el joven ladeó la cabeza, confundido. "Siempre voy volando de un lado a otro...". Dejó la oración a medias, distraído viendo a los niños que hacían fila, impacientes por subirse a un carro.
Cuando el espíritu del invierno volvió a mirar al de sombras, lo descubrió observándolo con los ojos entrecerrados, pensativo, pero también divertido. Jack tragó en seco.
Pitch extendió súbitamente su mano abierta hacia Jack, sobresaltando al muchacho que solo lo miró sin comprender.
"Cayado", dijo el mayor a modo de explicación, pero también en forma de comando.
"¡¿Qué?!", exclamó el otro abrazándose a su bastón sin pensar.
"Puedes hacer que el viento te lleve volando".
"Sí..."
"Y tu poder viene de tu cayado".
"¡Eso ya lo sé!", Jack aún estaba nervioso.
Pitch sonrió entretenido con la actitud defensiva del otro. "Si sabes que puedes volar, no te asustarás en una montaña rusa. ¡Arruina toda la diversión!".
Jack lo miró incrédulo, pálido. "¡¿Quieres que me mate?!"
Ahora sí, el Coco no pudo contener la risa. "Vamos, el juego está por empezar", lo animó.
El joven de pelo blanco se sentía considerablemente preocupado por una serie de razones. Primero, estaba a punto de acompañar al rey de las pesadillas a un viaje en montaña rusa, un escenario ya bastante surreal de por sí. Segundo, el Coco le estaba pidiendo su cayado, la fuente de su poder y sin él existía la posibilidad de que quedar estampado contra el piso si por alguna razón (por ejemplo, Pitch siendo un psicópata) las sombras que lo sujetaban se aflojaban y lo dejaban caer. Y tercero, pero no menos alarmante, él estaba dispuesto a dárselo.
Justo cuando los carros empezaban a andar, y cuestionándose lo último de su salud mental, Jack le cedió su preciado cayado a Pitch, que solo sonrió aún más ampliamente y... ¡¿Esos son colmillos?! Oh, cielos...
Un cosquilleo se apoderó de su estómago y Jack sintió un sabor amargo en la parte de atrás de su boca. Miró al frente. Subían y subían. No terminaban. ¿Qué tan alto iban a ir? Pensó en estirarse y quitarle a Pitch su cayado, pero estaba paralizado. Una pequeña parte de su mente analizó el hecho de que sentados en los respaldos estaban un poco más alto y más expuestos que los demás. El resto de su cerebro estaba en alerta total.
Llegaban a la cima. Tal vez no fuera tan malo. Era un juego de niños, ¿qué tan malo podía ser?
Por poco se le salieron los ojos. ¡¿En qué momento llegaron tan alto?!
Lentamente el carro siguió avanzando. Paró un segundo y todos tuvieron tiempo de analizar perfectamente la caída.
Pitch sintió la anticipación que irradiaban las personas a su alrededor, incluido el miedo crudo que emanaba Jack.
Este último empezó a respirar agitado, mente en blanco, boca seca y...
"¡AHHHHHHHHHHHH!"
Todos gritaron al unísono mientras caían.
Jack miró a Pitch. Este estaba reclinado hacia atrás, sintiendo el viento y riendo a carcajadas. Tuvo un momento para pensar: ¿Qué clase de loco se ríe de esto?, antes de darse cuenta de que él también se estaba riendo.
Alzó los brazos, confiado, habiendo comprobado que las sombras lo sostenían. Gritó y rio, y volvió a gritar. Miro a los niños y adultos en los demás carros. Algunos también reían y gritaban. Otros estaban paralizados. Alguien en el último vagón vomitó todo lo que comió.
Cuando el viaje terminó, Jack sentía su pecho subir y bajar velozmente. El corazón le latía en los oídos, tenía todo el pelo revuelto (bueno, más que de costumbre) y la cabeza le daba vueltas. Con todo junto, no podía borrar esa enorme sonrisa de su rostro.
Pitch saltó del respaldo del carro y aterrizó limpiamente en el suelo. Jack lo siguió.
"¿Y?", preguntó el mayor, arqueando una ceja e inclinándose un poco sobre él con una sonrisa socarrona.
"¡Estuvo increíble!", respondió el menor, gesticulando con los brazos entusiasmado. "Fue muy divertido, Pitch. No fue para nada como volar. Estaba...", miró al mayor y le devolvió la sonrisa. "Me sentía aterrado".
"Mhmm", asintió el otro satisfecho.
"¿Y qué haremos ahora?", Jack estaba experimentando un subidón de adrenalina.
Pitch rio por lo bajo antes de contestar. "Bueno, tenemos unas cuantas horas y toda una feria llena de juegos. Luego... ¿Qué te parece una película?"
"¿Una película?"
"Sí, hay un cine no muy lejos de aquí, así que los otros sabrán donde estamos si algo pasa", el humor de Pitch pareció decaer ante la mención de los Guardianes, claramente fastidiado por la mera noción de ser monitoreado. Sacudió la cabeza ligeramente y volvió a sonreír. "Siempre tiene una gran variedad de películas de terror".
Pasaron un par de horas de ese modo, yendo de juego en juego. Pitch llevaba el cayado de Jack cuando se subían a las atracciones, devolviéndoselo al bajar.
No todos los juegos a los que iban eran como la montaña rusa. A insistencia de Jack entraron a la casa de los espejos y pasaron por varios puestos del tipo de tirar aros y derribar botellas, ayudando a niños y adultos por igual a ganar, distrayendo a todo testigo mientras arreglaban los tiros, asegurando a varios concursantes el premio mayor.
En una ocasión en que una niña quería el premio principal y debía derribar una pila de latas, los dos espíritus notaron que estas estaban pegadas. Jack no podía aceptar eso. Si esa niña quería ese peluche de camaleón gigante con ojos saltones (aunque a él le pareciera de lo más raro), ¡lo iba a tener! Y así, Jack se escabulló por detrás del puesto y tiró las latas justo cuando la pelota de la niña las golpeó. Y si Jack congeló los calzoncillos del encargado del puesto cuando este a regañadientes le entregó el peluche a la niña, insinuando que ELLA había hecho trampa... Bueno, culpen al calentamiento global o lo que sea. Jack estaba muy enojado con ese hombre, solo la risa de Pitch lo distrajo. La sangre le subió a las mejillas. Miró fijo sus pies, avergonzado.
"No-no le digas a Norte".
"¿Decirle qué?", preguntó con falsa inocencia, solo para sonreírle una vez más con complicidad.
Vagaron un poco más por la feria antes de decidir ir finalmente al cine. (Tristemente, la casa de sustos solo abría en temporada de Halloween, así que no formó parte del tour).
Allí, tal y como Pitch había prometido, había una extensa variedad de películas de terror y suspenso.
El Coco animó a su acompañante a elegir una. Este escogió una sobre un espectro que atormentaba a una familia.
Entraron a la sala unos minutos antes de que empezara la proyección. Jack notó que la mayoría de los presentes eran parejas.
Ellos se sentaron en unos asientos vacíos cerca del medio.
Cuando la película empezó, todos parecían estar pasándola bien. Tras unos 20 o 30 minutos de reproducción empezaron los primeros gritos.
Algunos, al típico estilo de las parejas, se acurrucaban en su acompañante cuando se asustaban, mientras el otro aprovechaba para abrazar a su compañero con más fuerza.
Jack debía admitir que la película empezaba a ser un poco más de lo que él esperaba. Suponía que siendo él mismo un espíritu, la idea de un espectro malvado no lo asustaría tanto. Luego lo pensó mejor y, considerando que él era en realidad la prueba de que eso podía pasar, empezó a mirar a su alrededor buscando distraerse.
"¿Asustado?", le susurro Pitch con tono burlón.
"Para nada", contestó Jack, porque el orgullo es lo primero, aunque la persona que te lo preguntó pueda sentir tu miedo a kilómetros de distancia.
Pitch solo se rio de su miseria mientras Jack seguía desviando la vista de la pantalla.
Fue entonces cuando vio a una pareja en particular, un chico y una chica. Ella estaba echa una bolita en su pecho, haciendo lo posible por no ver la película. Ahora, eso de por sí no era nada raro, fue el chico lo que llamó la atención del espíritu. A simple vista, el muchacho tenía un brazo alrededor de su novia, mientras con el otro se sostenía la cabeza, aparentemente aburrido. Pero si mirabas con cuidado te dabas cuenta de que los dos dedos con los que sostenía su cabeza estaban en realidad manteniendo sus ojos cerrados.
Jack no pudo evitar la sonrisa traviesa que alcanzó sus labios. Tenía una pequeña idea.
"Oye, Pitch", susurró, aunque nadie podía escucharlos. El nombrado volteó. "Mira esto".
Así, Jack se elevó con cuidado por sobre los asientos y, yendo hasta la pareja que había estado viendo, llamo una brisa gélida con su cayado. Miró la pantalla y esperó a que el espíritu de la película apareciera. Entonces hizo que la brisa recorriera toda la columna del muchacho, desde la base hasta la nuca, sobresaltándolo y obligándolo a abrir los ojos de repente, justo a tiempo para encontrarse cara a cara con la imagen sangrienta y gangrenosa del fantasma en primer plano.
El muchacho soltó un grito agudo que hizo reír a su compañera. Él la miró indignado por un momento antes de empezar a reírse también. Eso hasta que ambos recibieron varios "Shhhh" de los demás espectadores. Entonces ambos volvieron su atención a la película.
Jack los miró enternecido por un momento antes de volver con Pitch.
"Nada mal", le dijo el mayor, haciendo que Jack se sintiera algo orgulloso porque, en serio, no todos los días un experto en aterrorizar a los demás te felicita por un susto bien dado.
"¿Y bien?", le dijo el peliblanco con una ceja alzada y una sonrisa entre engreída y juguetona. El otro enarcó una ceja indicándole que continuara. "Eres el Coco", le dijo entonces. "Muéstrame lo que puedes hacer".
Pitch volvió a mostrar otra sonrisa llena de colmillos. Desafío aceptado, pensó, y se disolvió debajo de los asientos.
Apareció de vuelta en la cabina de proyección. Manipulando sus sombras delante del proyector, empezó a hacer algo similar a las sombras chinas. Al principio todos pensaron que era parte de la película, pero... Algo estaba mal. Las sombras empezaron a moverse, comiendo la pantalla. A esta altura, el miedo era tal a causa de la película y la gente estaba tan paranoica que todos vieron las sombras de Pitch moviéndose en olas por los costados de la sala hacia la pantalla. Más empezaron a aparecer en los ojos de los personajes y a oscurecer la escena donde era de día. La poca luz que había en la sala empezó a disminuir hasta apagarse por completo. La pantalla pasó a ser negra. El lugar se llenó de murmullos confusos. Los susurros se convirtieron en exclamaciones cuando las sombras empezaron a tomar formas de insectos y criaturas rastreras que se subían por las piernas de la gente.
Una sola luz al frente y al centro reveló una masa amorfa y oscura. De repente la negrura cayo al suelo como una gruesa cortina y espíritu de la película apareció en "carne y hueso" frente a la audiencia. Abrió la boca tanto que podría haberse tragado a una persona y dejó salir un chillido tan agudo que rompió todas las lámparas, incluida la única luz que había prendida.
Pálidos, todos gritaron aterrorizados, saliendo de la sala tan rápido como pudieron, buscando escapar hacia la luz del día.
Jack siguió a la multitud y se encontró con el Coco en las puertas del cine. Se lo notaba contento consigo mismo, había logrado asustar un número considerable de personas en tiempo récord. Jack debía admitir que había sido divertido. Una parte de él sentía algo de culpa, pero las personas agitadas por la corrida, riendo y dándose palmadas en la espalda borró de inmediato esa sensación. Al fin y al cabo, ellos habían ido allí buscando un buen susto, ¿no?
Pitch y Jack caminaron hasta un callejón al costado del cine y el Coco los apareció de vuelta en la sala del Globo.
N/A: Son siempre bienvenidos comentarios, críticas (constructivas y sin odio por favor), pensamientos, sugerencias y quejas porque tardo mucho en subir otro cap.
