-¿Pasa algo? -preguntó Luka mirando atentamente a Chloé, quien lo había rechazado otra vez. Apartándose cuando el intenso volumen de los dos aumentaba. Las manos de Luka debían apartarse y Chloé sencillamente no quería que la tocaran. No quería que la toque.

Pensó que estaba en sus días, la había dejado estar, pero ¡Ya habían pasado dos semanas! Y su lejanía lo estaba lastimando.

-¿Acaso quieres terminar?

Un día preguntó, cuando la melodía de los dos que sonaba tan fuerte, otra vez, se interrumpió abruptamente, El fuego que ardía en su cama se apagaba como si hubiera una fuga de agua en su camarote.

-No, como se te ocurre-expresó enfadada-Eso es ridículo, absolutamente, ridículo.

Sin embargo, seguía impidiendo que la toque.

-Vamos a terminar.

-¡¿Queee!? ¡¿Por que dices semejante cosa!?

-Me ocultas algo -su voz calma poseía un tinte de angustia.

Chloé apretó sus puños, al ver sus ojos sabia que le estaba dando un ultimatum y confesó-: Tengo estrías.

-¿Solo eso?

-¡¿Solo eso!? ¡Son asquerosas! No quiero que las veas, no quiero que las toque.

Luka estiró su mano, rozó la punta de sus dedos y la incitó a acercarse.

-Quiero tocarte, quiero verte.

Su novia seguía resistiéndose.

-Son realmente feas, muy feas.

No obstante luego de suaves palabras, la mujer pronto cedió, entre besos y caricias, pudo ver y rozar esas famosas estrías 'feas'

-Son como cuerdas de guitarra -aseguró sin vacilación- Me gustan.

Porque cuando las tocaba, Chloé dejaba salir de su boca un armonioso sonido que Luka amaba oír, y que deseaba escuchar hace semanas.