-Entonces, déjame ver si entendí, estás diciendo que no puedo ser rey hasta que no me case con una princesa-

-Sí, tienes que buscar una princesa o nunca podrás ser rey- sentenció el consejero Roderich al joven príncipe de las tierras heladas.

- Bien, no tengo opción, iré a las tierras cálidas a buscar a la princesa que vive ahí, han dicho los forasteros que es muy bonita, deberá ser sencillo hallarla y simplemente abrazarla para que se una conmigo hehehe-

-Puede ser, pero no aseguro que sea de tu agrado-

-Mmm... No me importa, solo quiero ser rey- empezó a tomar su capa y fue acercándose a la salida pidiendo su caballo y suministros.

- ¡Iván! -

-Estaré bien, gracias Roderich- se montó en su caballo y emprendió el trote de este en búsqueda de su princesa.

-Como te explico que la princesa de las tierras cálidas es un hombre...- susurró mientras veía como el príncipe se alejaba cada vez más.

Mientras en reino de las tierras cálidas de la Gran Bretaña, el luto por el fallecimiento del príncipe Alfred Nieves solo tardo un día, el monarca Arthur no parecía estar triste o en duelo, el solo estaba teniendo su vida normal, ese día como de costumbre tomaba su respectivo baño rejuvenecedor al mismo tiempo que disfrutaba de su té chino, miraba la taza y la delineaba con los labios las orillas - No debería preguntarlo porque ya se la respuesta, sin embargo, me siento con la necesidad de hacerlo. Tecito, tecito, ¿dime quien es el hombre más sexy y hermoso del mundo? -

El viejo hombre del té se hizo ver en la taza, dando un largo suspiro miró al rey -¿Es enserio?, bien... eres ..¿eres? - cerró los ojos el chino meditando su respuesta.
-Bien, eres ¿quién? - dijo un poco desesperado Arthur.

-Estoy seguro de que no eres tú, es ...Alfred Nieves- sonrió -Aquel chico de los ojos color cielo y cabellos rubios, aquel jovencito que pronto tendrá la edad de un hombre-
- ¡Imposible!, ¡yo mismo lo mande a matar! -

-Pues ahora está de babysister en el bosque aru~, hahaha es tan tierno con los niños, en fin, me tengo que ir y por favor... ¡ya déjame en paz anciano! -

El chino del té desapareció.

-¡Antonioooooo!-

El rey está furioso, saber que Alfred nieves seguía vivo y no ser el hombre está sexy del mundo era algo que no toleraría, debía matar por el mismo al joven.

-¿Qué sucede majestad? - pregunta preocupado acercándose a la tina del baño.

-¿Podrías explicarme por qué Alfred Nieves no está muerto como te pedí? -

Antonio se llevó las manos en la boca - ¿Como es posible eso?, yo lo mate...-

-¿Te aseguraste que estuviera muerto? - alzo una ceja acercándose desnudo al chico castaño.

-S-Si...-

-¿Qué tan muerto?- le jaló de la solapa.

-Muy muerto..-

-Muy muerto hee...- lo empujó al suelo, saliendo desnudo de la tina para tomar su bata -Antonio te voy a enseñar que es en realidad matar a alguien, no quería mancharme las manos, pero en vista de tu ineptitud, tendré que hacerlo-

Salió así del baño y fue hacia su habitación a tomar su libro de hechicería para principiantes -Veamos, algo sobre como matar a un novicio rebelde...-Ojeaba el libro hasta encontrar la página correcta - Como matar a un cerdo salvaje, bueno no es lo que buscaba, pero podría servir-

El sirviente se quedó en la puerta observando a su rey mientras estaba concentrado leyendo su libro de hechizos.

-Antonio...necesito algo que coman los cerdos-

-¿Cerdos? -

-No cuestiones y ve por algo comestible, algo que le guste a Alfred Nieves-

-Si majestad- el chico fue a la cocina y tomó la primera cosa que vio, de todos modos, Alfred nunca le decía no a nada que fuera comestible. Regresó con la fruta en la mano y se la entregó a Arthur, quien ya tenía un pentagrama en el suelo, dejo la manzana en el suelo en medio del dibujo y recitó lo siguiente.

-Magia linda, magia adorada que esta manzana sea hechizada y que quien la coma caiga en una muerte cómoda y solo el beso de un príncipe pueda romperlo- al termino de esas palabras el pentagrama brillo al igual que la manzana, el hechizo estaba hecho.

-Majestad...- murmuró el castaño tragando seco por aquel conjuro.

Arthur sonrió y tomó la manzana en sus manos riendo de forma macabra - Tráeme mi capucha negra, iré al bosque-

Gruñón terminaba de hacer una corona de flores, se había estado quejando al hacerla, pero no quería quedarse atrás de sus hermanos quienes le habían regalado cosas a Alfred Nieves. Amoroso le regalaba besos y frases muy románticas, dormilón le regalo un gatito, valiente le dio una mini arma, por si se encuentra en peligro, sensato le hizo postres junto a escandaloso y tontín le dio una de sus tazas. Por ello terminó de armar su corona de flores, aunque había terminado todo lastimado de sus manos.

Se levantó del suelo y corrió hacia la puerta donde Alfred Nieves cargaba a su gemelo Tontín dándole mimos, aquello le hizo ponerse celoso.

-Oh..¿gruñón?, ven aquí...- Alfred bajó al pequeño y se agachó a la par del otro niño.

-Lovino: ¡¿Q-qué me ves bastardo?!- le entrega la corona de flores -Lovino: ¡Es para ti idiota! para ver si así te ves más lindo tonto- suelta la corona y corre hacia la sala donde estaban los demás.

Nieves se quedó mirando la corona-¿Gracias? - la tomo colocándosela en la cabeza.

-Feliciano: Woau!..te ves muy lindo ve~..-

Sensato se acercó a la puerta mirando al príncipe -Ludwig: Majestad debemos irnos ahora a buscar provisiones, se quedará aquí-

-¿De verdad no puedo ir con ustedes? -

-Kiku: No, por su seguridad majestad, debe quedarse en casa, nosotros volveremos y le traeremos todas las frutas silvestres que quiera-

-Está bien, no te preocupe por las frutas solo quiero que vuelven pronto-

-Francis: Volveremos pronto cariño, no desesperes- le besó la mano y salió de la casa, todos iban pasando uno por uno hasta estar todos afuera.

-Gilbert: Descuide príncipe, ¡mi grandioso yo volverá a su presencia en menos de lo que crea! -

El príncipe solo se despidió de ellos con el brazo y entró a la casa.
Pasaron algunas horas desde que los niños raros se fueron a conseguir provisiones, poco a poco se acostumbraba a la vida del bosque.
Se quitó la corona de flores de su cabeza admirando el detalle de las manitas de gruñón, era el más tierno de todos, cada uno tenía su peculiaridad y los quería por eso.

Repentinamente la puerta fue golpeada, Alfred se asomó en la puerta - ¿Hola?-

Un niño con una capucha negra estaba parado con una canasta y dentro de ella tenía una sola fruta.
-¿Gruñón?-

-No... -contesto ese pequeño -Mi nombre es vanidoso ...hehehe- levantó la cara con una sonrisa.

Al príncipe se le hizo familiar el niño, esos ojos, esas cejas, en algún lado lo había visto.

-¿Qué te trae por aquí niño?- comentó con dulzura.
-Veras...me he perdido un poco del camino y me falta por regalar esta manzana que tengo para poder volver a casa o irán a regañarme, por ello me acerque a esta casa a regalarla- tomó la fruta y la puso frente al rubio.

Nieves lo tomó en su mano y sonrió -Esta bien, yo la tomaré, ¿ahora podrás volver a casa seguro? -

-Si, ahora cómela-

-Bueno, pensaba comerla después-
-¡No!, ¡Tiene que ser ahora!- gritó y frunció el ceño.

-¡Ah! ¡Está bien!, ¡la comeré ahora!- suspiró y acercó la fruta a su boca, era la primera vez que Arthur entendía porque Alfred era el joven más hermoso del mundo, sus labios rosas y carnosos se aferraron a la fruta mientras sus dientes se encajaban en la firmeza de la manzana, cuando se alejaron de esta el jugo fue limpiado por esa lengua coloreando sus labios a un tono más carmesí como la misma fruta.

Tragó el pedazo de manzana y abrió sus enormes ojos azules frente a Arthur quien empezó a reír transformándose lentamente en su forma real.

Alfred Nieves se desvaneció.

-Kiku: ¡Alejese de él!- corrió el niño hasta ponerse de frente al desconocido apuntándole con su katana.

Los pequeños habían regresado a casa para encontrar esa escena.

-Hahahahahaha... hagan lo que hagan Alfred Nieves está muerto y ahora soy el hombre más hermoso del mundo-

-Gilbert: estas equivocado cejón, el más hermoso del mundo soy yo-

-¡¿Que estás diciendo?!- iba a darle un golpe cuando gruñón y tontín lo jalaron para salvarlo.

-Lovino: ¡No le hagas daño bastardo! - dijo mientras empezaba a llorar -Lovino: idiota mataste al príncipe feo ¡maldición! - abrazaba a su gemelo.

Sensato y Amoroso levantaron la cabeza del príncipe tratado de reanimarlo, pero no tuvieron éxito.

-Francis: ¿Qué le hiciste a Alfred Nieves anciano? - frunció su ceño.

-Hahaha...jamás despertara, solo con el beso de un príncipe, hahaha pero nadie de ustedes es uno-

Los niños se miraron entre ellos y vieron a su joven príncipe.
-Ludwig: no te saldrás con la tuya-

El rey se hecho a reír mientras se alejaba -Ya lo hice pequeños gusanos- diciendo eso corrió hacia el bosque, valiente quiso ir tras él, pero fue detenido por sensato, no eran rival para ese rey vanidoso.

Por ahora los 7 miraron al príncipe en círculo, había muerto.

/PD: Dormilon se la paso durmiendo en todo este capítulo/