24 de julio 1998
ㅤLa radio comenzó a fallar produciendo ese horrible sonido de interferencia que tan frecuente era en las películas de terror y que, para mejorar el ambiente, encajaba a la perfección con la noche en las Montañas Arklay.
—Dios— murmuró John cerrando la radio.
Sadie Scott, periodista del The Times Raccoon sonrío ante el nerviosismo de su amigo — tranquilo.
—Joder Sadie, ni si quiera sabemos que buscar.
—Rogers sólo quiere que cubramos la noticia. Es decir, hacemos un par de fotos de la zona y estaremos en casa antes de lo que imaginas.
El no respondió y continuó conduciendo el silencio. Sadie suspiró antes de volver su mirada a la ventanilla.
— ¿Te acuerdas de Kurt? — preguntó John volviendo la vista hacia su compañera
—¡Por Dios, John! — se quejó — No quiero hablar de desapariciones ahora mismo...
—De acuerdo, sólo digo que podríamos hacer las fotos ya. Nadie notaría la diferencia de esta zona y una más adentro.
—No podemos hacer eso, si Rogers se enterara...
—No se enterará, Rogers no ha estado en las montañas en su vida. Y menos a estas horas de la noche — ante el silencio de su compañera continuó — míralo así, en menos de dos horas estarías jugando a los dardos con ese policía con el que hablas.
—¿Te refieres a Ryman?—preguntó incrédula — solo he hablado con él por lo de las desapariciones además, ¡ tú estabas conmigo!
John río provocando que se marcaran más las arrugas de su cara. John no tenía hijos o mujer, rondaba los cuarenta y se pasaba las tardes bebiendo con sus amigos en el bar, pero era un gran camarógrafo y desde que Sadie había entrado en el periódico él la había ayudado a cubrir todas las noticias — sólo bromeaba, pero mírate las mejillas.
La chica quiso responder pero el estruendo de lo que parecía disparos los acalló — ¿¡has oído eso?!
—¿Eran disparos?— preguntó John volviéndose de nuevo hacia su compañera que miraba aterrorizada hacia todos lados
—¡Cuidado!— gritó Sadie señalando hacia el frente
Pero fue inevitable, John no pudo maniobrar bien y acabó atropellando a algo que se cruzó con el vehículo provocando que perdiera el control del coche y se estrellara contra uno de los árboles.
—¿Estás bien?
—Sí, pero ¿qué cojones era eso? — masculló John quitándose el cinturón de seguridad
—No lo sé, parecía un animal.
—¿Por qué un animal iba a venir directo hacia el coche? Parecía que quería derribarlo.
Sadie se encogió de hombros mientras observaba todo el humo que salía del capó — creo que esto no va a arrancar.
El hombre intentó poner en marcha el coche, pero como había predicho la chica, este no parecía querer arrancar por lo que soltó un gruñido — fantástico— habló antes de salir del coche.
—¿Qué haces?— preguntó alarmada la pelirroja asomándose por la ventanilla— ese animal podría seguir por ahí, vuelve al coche.
—Tendremos que ver si arranca o no, ¿o quieres quedarte toda la noche aquí?
Sadie se acurrucó en el asiento, inconforme. Estaba claro que John tenía razón, pero había algo en todo aquello que le ponía los pelos de punta.
¿Qué clase de animal corre directo a un coche?
Está claro que puede cruzarse en el camino... pero esa cosa negra venía de frente. Ojalá hubiéramos estado grabando.
—Está empotrado contra el árbol— habló John observando el destrozo del capó, este había dado la vuelta hasta situarse en la puerta del copiloto donde podía tener una mejor visión del impacto.
Una ráfaga de disparos volvió a escucharse desde la lejanía— ¡ Joder, John, vuelve al coche! — gritó Sadie pero este no tuvo tiempo a responder esa cosa negra que había ido directo al coche apareció de la nada, lanzándose contra la pierna de John que gritó de dolor.
Se trataba de un enorme perro negro pero había algo párticular en él, tenía trozos de piel arrancados, sin hablar de la agresividad con la que mordía la pierna de John que había comenzado a sangrar descontroladamente.
—¡John!
El hombre trató de zafarse del perro, pero este no parecía querer soltar su pierna. Aterrorizada Sadie abrió la puerta del copiloto lo más fuerte que pudo golpeando al perro que soltó la pierna de John para caer a un lado. Fue un segundo lo que tardó en volver a enderezarse aquella criatura y observar a la joven que vio la intención del perro de saltar sobre ella, por lo que cerró de nuevo la puerta lo suficientemente rápido como para que este se estampara contra ella.
—¡Dios mío! — gritó moviéndose hacia el asiento del copiloto al ver que el perro no se daba por vencido y golpeaba sin cesar la puerta — ¡John, ¿estás bien?!
John no contestó.
Sadie trató de arrancar de nuevo el coche, que parecía no querer hacerlo.
Por favor, arranca, por favor.
Tras el tercer intento el motor pareció reaccionar y Sadie echó el coche hacia atrás, aún con el perro golpeando el vehículo. John se arrastraba lejos del perro observando como su compañera había arrancado el coche, esta maniobró hasta quedar frente al perro y se lanzó contra él aplastándolo contra otro de los árboles. Bajó del vehículo y corrió en dirección de su compañero que intentaba levantarse del suelo, está lo ayudó.
—Está claro que ya no va a ir— comentó John observando el coche
—¿Estás bien?
—Sí, sólo me ha mordido. Pero duele como el mismísimo infierno.
Sadie examinó el bosque hasta que vió unas pequeñas luces en la lejanía— ¡Ahí! — gritó señalando la dirección — ¿Crees que puedes caminar?
Antes de que pudiera contestar, el perro que estaba aplastado contra el árbol comenzó a retorcerse — ¿Cómo cojones está vivo? — gruñó el hombre
—Olvídalo, vamos— se apresuró a decir al ver como probablemente el perro conseguiría zafarse del coche.
Ambos comenzaron a caminar hacia la mansión que se escondía en las Montañas de Arklay, sabiendo que probablemente el perro consiguiera llegar hasta ellos si no se apresuraban.
