Ante la luz del alba esbozó su última sonrisa como capricho para su querida hermana mayor, aunque su corazón se rompía en pedazos viendo cómo el resplandor de sus ojos se perdía.
La pilar flor, soñó con ver a su hermana crecer fuera de esta realidad tan llena de sangre, muerte y de oscuridad. Con sus últimas palabras le externó esos deseos. En la realidad que conocemos Shinobu buscó venganza, escondió el resentimiento de su corazón detrás de una sonrisa pasiva y constante, esperando el momento de hacerle pagar.
Pero aquí, tomando sus manos entre las de ella y abrazandola con fuerza, le miró y no pudo mentirle de ninguna modo, no encontró razón para negarse en cumplir este, que sería el último deseo de su hermana.
— Vive tu vida y se feliz— le indico con dulzura Kanae acariciando su mejilla.
— Pero tú...
— Nada de lo que hagas cambiará lo que ha ocurrido, no quiero que termines en este mismo camino— dijo la pilar flor, una lágrima aperlada se deslizaba por su mejilla.
El corazón de Shinobu se contrajo y con amargura presionó sus ojos, respiró profundo y afirmó con su cabeza.
Kanae sonrió por última vez.
Habían pasado años de aquel acontecimiento, Shinobu Kochou vivía en un pueblo cercano con un sanatorio, dónde con sus conocimientos herbolarios ayudaba a las personas a tener una mejor calidad de vida. Sus esfuerzos habían traído la cura para varios padecimientos que se creían incurables.
Pero se dice que no se puede huir del pasado, por qué este termina alcanzandote, esa noche, aquella noche de luna llena Shinobu lo entendió.
Todo comenzó con un aleteo, el graznido de un ave que ella recordaba de lo que fue su vida en otros tiempos. Ina congregación de ellas significaba presagio de un desastre, ella sabía de los seres que se ocultan en la oscuridad y que la mayoría de las leyendas que se cuentan tienen un origen terriblemente peor. La presencia de tantas de ellas sobrevolando el cielo de manera tan errática significaba que los cazadores de demonios estaban presentes. Las aves era mensajeros y si tantos de ellos estaban juntos solo podía ser por un razón.
— Kochou- sama...— murmuró una voz ahogada a sus espaldas.
Una chica, una de las tantas huérfanas a las que le había dado asilo iba herida de la frente con sangre brotando de esta, sujetando a rastas el cuerpo apenas con vida de otra de ellas.
—...ayudanos— suplicó mientras caía de rodillas.
Shinobu la acogió antes de que ella y la chica inconsciente se desvanecieran.
— Tienes que hacer un esfuerzo, sé que es difícil, pero debes levantarte, tenemos que salir de aquí— señaló Kochou con nerviosismo en su voz.
Un cuerpo salió expulsado desde la oscuridad, golpeó con fuerza el piso y derrapó aún varios metros presa del impulso. Tambaleante se puso de pie aferrándose a modo de bastón a la katana entre sus manos, los motivos de su haori se observaron por la luz de la luna y pudo reconocerlo al instante.
— Kochou...— murmuraron sus labios mientras uno de sus ojos que aún podía abrir se abrió entre la sorpresa.
¿Por qué de entre todos ella tenía que estar aquí?.
A pesar de que había dejado el cuerpo de cazadores de demonios, Giyuu siguió frecuentandola, consolándola pues entendía su pérdida. El tiempo pasó y entre sus misiones y emergencias médicas, se daban un tiempo para pasar tiempo juntos, comiendo con ella o recibiendo su correspondencia. Aunque el pilar del agua generalmente no solía responderle.
Parte de él le había entristecido cuando se fue, pero comprendía que para ella había sido lo mejor.
— ¡Corre!— exclamó Tomioka.
Unos terribles carambanos de hielo salieron expulsados hacía él, atravesandole el hombro, generando que un quejido saliera de su boca..
El hashira del agua ahogó su dolor y presionó sus dientes adoptó posición de pelea e interceptó en el aire a su atacante.
— Respiración de agua séptima postura: gotas de lluvia penetrantes.
La precisa puñalada le despojó al demonio que lo atacaba de uno de sus brazos y le originó un corte profundo en el pecho. En respuesta aquella criatura de la noche solo reía maniáticamente como si le fuese divertido.
— Levántense niñas, por favor— suplicaba Kochou con cierta desesperación.
La que se encontraba inconsciente reaccionaba de pronto y entre las fuerzas de las dos se ponían de pie.
— No permitiré que se escapen, terminé de jugar contigo— sentenció el demonio levantando con su mano regenerada un abanico que al balancearlo, creaba una helada ventisca.
— Aliento de agua cuarta postura: golpe de marea.
Una rafaga de agua surgía entonces en modo defensivo repeliendo su ataque y conteniendo su avance.
Kochou se vio impulsada a alejarse, después de todo ya no era una cazadora, no llevaba una espada con ella y no podía emplear ninguna técnica así contra él, no tenía manera de poder lidiar contra un demonio y menos contra uno poderoso.
Conocía a Tomioka más que nadie, sabía de sus capacidades y fuerza, entendiendo que su rival tendría que ser una de las lunas superiores para tenerlo así, además de que era evidente de que está no era su primera batalla, seguramente él y aquel chico del que solía hablarle, habían peleado juntos pero en este momento estaba solo, tenía que al menos intentar ayudarle.
— Sigan adelante y no moren atrás, yo las alcanzo— ordenó Shinobu.
Tomioka apenas se mantenía en pie bloqueando tan solo con su cuerpo su avance, sin fuerza para realizar ningún ataque más. Con una fuerza descomunal fue arrojado de una patada lejos de allí, el demonio entonces dirigió la vista hacia la chica. Esbozó un perverso gesto de sorpresa cubriendo su boca con sus manos aplaudiendo luego.
— Está es la más agradable de todas las sorpresas, un verdadero regalo— indicó la luna superior.
Shinobu lo vio con desconcierto, pero sin dar tiempo a otra reacción en un pestañeo esté había ido hacia ella y la había sujetado del cuello y manos.
— Ese broche tuyo es encantador, me hubiera fascinado devorar a quien lo portaba, años atrás, aquella cazadora hubiera sido una delicia.— declaró cinicamente.
El estómago de Kochou se revolvió, emergió de ella una rabia que creyó había desaparecido con el sanar de los añ esas palabras cobraron sentido en su mente, por la familiaridad del demonio al ver el prendedor en su cabello.
Era él, ese maldito bastardo había matado a Kanae.
— Mi nombre es Douma.— le murmuró al oído.
— Déjala en paz, tu adversario soy yo— espeto Giyuu forzandose a ponerse de pie.
Douma con un gesto de fastidio alzó una de sus manos para atacarle, soltando a la chica ligeramente y solo sosteniendola con una de sus extremidades. Shinobu aprovechó dicha distracción en aquel demonio para poder ó su mano a uno de sus bolsillos hasta sujetar un par de ampulas de cristal.
En un movimiento rápido las estrelló en la cara del demonio, permitiendo de esta forma que ambos líquidos se combinaran en su rostro. Douma ofuscado por ta acto que no pudo anticipar, la soltó abruptamente molesto.
—Ese patético ataque solo provocará que yo prolongue tu agonía— le sentenció con una sonrisa malévola.
— Shinobu vete, un ataque como ese no servirá— indicó Giyuu buscando llegar a ella.
— Tomioka-san, concluí que por más poderoso que sea un demonio, todos poseen una debilidad palpable, de lo mismo que les da su fuerza—explicó sonriendo Shinobu.
Las mínimas marcas en el rostro de Douma resultantes del cristal estrellandose en su rostro se regeneraron. Una vez que las heridad desaparecieron, la luna superior dos se inclinó para tomarla de nuevo.
—La escopolamina es un alcaloide de origen vegetal, obtenido de las semillas de las plantas de los géneros Datura y Brugmansia, en esencia es suero de la verdad— explicó Shinobu— ¿Quién te envió, demonio?
Douma intentó contener sus palabras en su garganta, asfixiarlas para que no pudieran surgir. Tensó su quijada y a pesar de sus grandes intentos por guardar silencio, cinco palabras surgieron. asi condenandolo. La sangre, ese mismo veneno que le hacía invencible corriendo por sus venas lo traicionó, debido al nombre que había pronunciado. De su mismo cuerpo brotaron garras y dientes lo destrozaran lentamente y provocando que gritara por tal agonía. Shinobu retrocedió hasta llegar con Tomioka.
— Pronunció su nombre... lo obligaste a hacerlo— dijo Giyuu sorprendido.
— Con su capacidad regenerativa el efecto funcionaria solo un momento, fue cuestión de suerte.
Giyuu la abrazó con fuerza y ella se refugió en sus brazos, ella había ganado su propia batalla en ese momento, por azares del destino la habían llevado a consumar aquella venganza después de todo.
El alba aún estaba lejano y en las lejanías la batalla que lo decidía todo continuaba, Tomioka sin embargo al verla sana y salva entre sus manos se aventuró a soñar que todo iría bien.
