En esta historia les transporto a un crossover con pokemon, donde Giyuu tiene un problema, pero confía en que Shinobu esté allí siempre para él.

Shinobu, descendía de un salto de la pared desde donde se encontraba espiando cierta conversación luego de confirmar sus sospechas, meneo la cabeza mientras que su compañero Butterfree, sobrevolaba a su alrededor.

— Confiaba que lo hubiera superado para este momento— afirmó la chica mientras comenzaba a andar acariciando un poco a su Pokémon.

Las personas del otro lado de la reja eran el profesor de la región Oak investigador conocido de la región. Entre sus tareas y como tradición, darle un Pokémon inicial a los niños al cumplir diez años para que comenzarán su aventura, la otra persona era la hermana Giyuu Tomioka, lo cuidaba ahora que sus padres estaban lejos.

Había llegado el esperado día. Tomioka al fin tenía la edad para acompañar a la chica que había vuelto al pueblo solo por esa razón.

Pero al final, al momento de escoger quien es quien lo acompañaría, Giyu simplemente no había podido.

— Por eso nadie quiere jugar contigo Tomioka- san— afirmó la chica con cierta burla en su voz.

Un chico de pelo negro alzó la mirada con un palpable gesto de tristeza dibujado en su rostro, estaba oculto entre unos arbustos cerca de su casa.

—Kochou...

— Sigues teniendo miedo de ellos, desde aquel incidente que tuviste siendo más pequeño ¿Verdad?

Tomioka sintiéndose avergonzado bajo la mirada y luego afirmó.

Teniendo unos tres años de edad en un descuido, un niño entusiasta y emocionado salió hacia la hierba alta buscando aventuras, sin entender los peligros que esto podía suponer, para cuando lo encontraron estaba asustado y con unos cuantos raspones luego de huir de un Nidorino salvaje malhumorado, desde entonces le tenía miedo a los Pokémon.

En libros, artículos y programas Giyuu había aprendido sobre aquellas criaturas maravillosas que le rodeaban en el mundo, tenía mucha intriga por ellos y como todo niño, la ilusión de emprender su viaje, más si significaba poder alcanzar a Shinobu.

Pero tener enfrente hasta el más pequeño y alegre de ellos le evocaba a ese terrible recuerdo de su infancia. Justo así había ocurrido el día de ayer.

— Lo siento— indico el niño ensimismandose.

— Esa actitud no es propia de tu cumpleaños, más cuando yo tengo el regalo perfecto para ti— afirmó Kochou con su acostumbrada sonrisa.

Tomioka la miró de reojo sin levantar del todo la cara.

— Puedes confiar en mí ¿Verdad?

Ella le extendió su mano y este sin dudarlo la estrechó.

Tomioka confiaba en ella más que en nadie, iría dónde le dijera y haría lo que le pidiera, confiaba tanto en ella que no le temía al Pokémon mariposa que siempre la acompañaba, por qué sabía que este era su amigo y ella jamás permitiría le hiciera daño.

Por ahora, habían avanzando fuera del pueblo hasta el bosque próximo. Entre los árboles, los arbustos y senderos estaban rodeados de esas criaturas, pero él buscaba lucir calmado frente a ella.

— ¿Qué hacemos aquí?— preguntó Tomioka con la voz algo temblorosa.

— Allí espera tu compañero ideal— afirmó la entrenadora dándole un ligero empujón hacia dentro de una pequeña cueva.

Giyuu miró por encima del hombro ella sonreía, eso le dió confianza.

Anduvo algunos pasos cuando escuchó unos pasos apresurados, un agudo alarido en sus espaldas para luego encontrarlo frente a él.

Ambos gritaron al unísono, ambos se encogieron escondiendo su rostro con las manos, pero sólo uno de ellos comenzó a llorar.

Tomioka observó al curioso ser, estaba más asustado de lo que el niño hubiera podido estar, no era posible que esté le hiciera daño, por el contrario necesitaba protección. De sus conocimientos adquiridos por los libros lo reconoció como un Sobble, un pequeño anfibio color azul elemental de agua, pensó en que aunque eran tímidos y solían comportarse así este era aún más temeroso, sin pensarlo, casi sin darse cuenta, se acercó para rodearlo en sus brazos y el pokemon instantáneamente se sintió reconfortado, ambos se observaron entendiendo su conexión.

— Sabía que se entenderían, ese Sobble es igual a ti, lo supe en cuanto lo ví, tiene un gran potencial, pero no podía alcanzarlo por qué era subestimado— indicó la chica para luego lanzarle una pokebola a sus manos.

Tomioka la puso frente a él, el Pokémon la tocó y con un resplandor rojo entró en ella.

— Gracias.—respondió Giyuu esbozando una sonrisa.

Él confiaba en Shinobu más que nadie, por que ella lo conocía más que cualquiera.