Listado de advertencias:

1. Gracias al cielo, Yu-Gi-Oh! Es propiedad de Kazuki Takahashi, porque de haber sido mío… Mejor ni les cuento.

2. Historia y capítulos tan cortos como mi tiempo para escribir, como puede ser la vida misma, como, de hecho, mis ganas de vivir, y como se supone que deben ser estas notas pero yo de necia me pongo a filosofar. En fin…

3. Las madrugadas, un servicio de café del Dukin Donuts y el cansancio de una semana con cuarenta horas trabajadas suelen ser las únicas variables a mi favor al momento de escribir, así que no se alarmen ni crean sufrir dislexia si algún error de dedo asoma por aquí o por allá.

4. Seto me descompuso las neuronas, ni Bruce Willis es tan duro de matar.

5. ¡Millones, billones, trillones de gracias por leer semejante disparate! ¡Los amo!


Capítulo 1.

—La prueba de ADN que aplicamos a los restos encontrados en el lugar del hecho resultaron positivas. Mi más sentido pésame… Ni el piloto ni el joven Kaiba lograron sobrevivir.

La oración se replicó en Mokuba cual disparo a quemarropa. Se derrumbó en el suelo con los ojos atónitos, apretando la tela de la camisa en la zona del pecho como si de verdad le hubiera perforado una bala.

Isono, a un costado suyo, trazó un paso hacia delante, acercándose a tientas.

—No…

Lo escuchó mordisquear la palabra mientras sus propias lágrimas escurrían bajo sus gafas oscuras.

—Joven Mokuba…

— ¡No!

El muchacho se levantó con tal sobresalto, que Isono dio un pequeño respingo.

— ¡Mi hermano no puede estar muerto, Isono! ¡No! ¡NO!

El rostro enrojeció por la convulsión de sus emociones. Las venas palpitaban en su garganta por la fuerza de sus gritos, y algunas hebras de su cabello azabache quedaban atrapadas entre sus dedos cuando tiraba de ellos en su estado de crisis y absoluta negación.

—Yo mismo revisé todo antes de…

— ¡Entonces explícamelo, Isono, explícame por qué estalló! ¡Explícame por qué el médico legista acaba de decir que mi hermano no sobrevivió! ¡Explícamelo, Isono! ¡Necesito una maldita explicación!

El guardaespaldas recibió sus reclamos, así como las patadas y trompadas que le siguieron, sin siquiera una murmuración.

Lo único que lo diferenciaba del joven Mokuba, eran los años, que a paso firme le habían enseñado a desenvolverse de cara con ese tipo de situación.

Mokuba continúo hasta desfallecer en sus brazos, e Isono siguió la recomendación del galeno de llevarlo a la mansión a descansar. Indicó transportarlo de forma clandestina por la salida trasera del edificio, mientras él se ocupaba en el resto de los trámites.

Lo de mayor esfuerzo no sería solo enfrentar el duelo por la pérdida del señor Kaiba, sino las consecuencias en cadena con su deceso.

En tanto él estaba allí, con la indigestión del trago amargo por la noticia, la prensa se aglutinaba en la entrada de la institución, en busca de las mismas respuestas que el joven Mokuba exigía en su dolor.

El helicóptero del accidente tenía las siglas de la corporación, la marca de agua con que el CEO etiquetaba todas sus propiedades, por ello la prensa no había tardado en hilar la primicia cuando se hizo la llamada a los organismos de socorro.

El médico legista lo condujo a la sala donde podía retirar las pertenencias halladas en el périto, retirándose luego con la promesa de buscar los documentos que debía firmar para que le fueran entregados.

Al acercarse a la mesa, lo único que había quedado de la característica gabardina blanca era el microchip con las siglas KC, y el relicario manchado de sangre con la fotografía de Mokuba como la prueba definitiva de que todo era real, de que sí era Seto Kaiba quien había muerto.

Isono metió la mano en su saco, extrayendo el celular de su bolsillo interior.

—Afirmativo, la operación sucedió con éxito.