Mokuba sintió la sangre drenarse a sus pies al recibir de Isono el relicario. Lo puso en su cuello con la estela de dos gruesas lágrimas en su rostro, las que secó de un tirón combinando a su vez una gesto de hondo sufrimiento.

—Joven Mokuba, yo...— intentó consolar el de gafas oscuras.

—Sígueme.

Cumplió la orden sin cuestionar lo mordaz que la percibió, cruzando la sala de la lujosa propiedad hasta llegar al laboratorio personal del señor Kaiba, cuyo hermano menor ocupó su lugar frente al ordenador con varios monitores interconectados.

—Si me lo permite…

—No, no te lo permito. —Por un momento, escuchó la voz del señor Kaiba superpuesta a la de Mokuba—. Necesito que abundes con respecto al itinerario de mi hermano el día del accidente.

Desvió la mirada de los monitores y paró de teclear para dedicarle una mirada torva.

Isono suspiró.

—En horas de la mañana, el señor Kaiba me ordenó revisar el estado de su helicóptero antes de partir al consenso con las autoridades administrativas de la ciudad.

—Mi hermano me comentó de forma vaga que la citación se hizo con el propósito de tratar la medida de que, para poder registrarse como residente de la ciudad, sea necesario registrar el Deck por partida doble. Insistió en resolverlo solo, motivo por el cual yo no asistí.

— Así es, circula el rumor de que algunas de las personalidades con la misma influencia del señor Kaiba llamaron esa medida un abuso de poder.

— ¿Abuso de poder, dicen? ¡Más inútiles no podían ser! —Indignado, dio un golpe al escritorio—. Fueron ellos quienes pidieron a mi hermano diseñar el sistema de registro al ciudadano prometiendo una fortuna en ganancias. Seto, sin embargo, rechazó el dinero, la única condición que impuso fue esa, que cada residente debiera registrar el Deck a la par. Aceptaron felices de haberse ahorrado tan exorbitante cantidad de dinero, ¿y después se reúnen para cuestionarlo? ¡Son unos…!

Enmudeció a la brevedad de un segundo y abrió los ojos en desmesura.

—Joven Mokuba, ¿está usted bien?

— ¡Fueron ellos, Isono! ¡Ellos conspiraron para matarlo!

—Es una acusación demasiado peligrosa.

— ¡Piénsalo! El accidente sucedió justo el día del consenso. Además, como bien dijiste, para ellos mi hermano tenía excesivo poder, comenzaron a verle como una amenaza para mantener su control en esta ciudad. Una lucha de poder e intereses es lo que ha puesto fin a la vida de mi hermano. No un "accidente".

—Conociendo al señor Kaiba tanto como él me lo permitió… Sí, es razonable su planteamiento. No obstante, necesitaría la evidencia para demostrarlo.

— ¿Y para qué crees que estoy aquí? ¿Qué estamos aquí?

—Comprendo sus sentimientos, joven, pero es demasiado riesgo al que se expone. Nos referimos a personas de la misma influencia e índole de su hermano mayor. Con él llegaron al extremo de asesinar, no quiero imaginar lo que procedería con usted.

—A mí no me tocarán un pelo.

Le sorprendió la firmeza en su voz, mas no le fue ajena en absoluto. Teniéndolo de frente una vez más, allí sentado se le figuró igual de astuto e imponente que su hermano mayor. Hasta entonces convino reflexionar que Mokuba, si bien parecía eclipsado por la sombra de su hermano, en quien se concentraban todos los reflectores, poseía su propio brillo, uno que incluso él mismo había subestimado al punto de llegar a reconocerlo allí, cuando resplandecía en su cara por las circunstancias y no por una razón más genuina.

—El objetivo en la mira es la Corporación Kaiba, el nicho tecnológico que supone conforme a sus aspiraciones de mantener el dominio de todo. Si yo muero, la KC perdería el único en sucesión para continuar con su legado. Mi hermano era el pez gordo, yo soy el pequeño, por lo cual debieron anticipar que, sin Seto, yo sería un títere fácil de manipular.

Compuso una risilla que le sonó a ironía, en sincronía con las lágrimas iniciando su cauce, no les dejó alcanzar su barbilla empleando el dorso de la mano.

—A esta hora deben estar pensando que no hago más que llorar a mi hermano. Y sí, lo voy a llorar por el resto de mi vida, pero no ahora, no hasta que tenga la justicia que merece.

— ¿Y si solo fue un accidente? ¿Ha estudiado por igual esa posibilidad?

— ¿Un accidente? ¿Tratándose de mi hermano?— Volcó sarcasmo—. ¡Ay, por favor! Yo te voy a definir qué es un accidente: es la mejor manera de ocultar un asesinato. De modo que nuestro primer paso será todo lo concerniente a ese 'consenso'.

Al guardaespaldas lo invadió el miedo a la incertidumbre. Mokuba estaba jugando con un fuego que de partida en partida lo podría dejar chamuscado, pero no solo era su nueva figura de autoridad, sino también el hermano menor de Seto Kaiba.

No serviría de nada puntualizar los límites o aseverar las consecuencias, ya que irrespetar los límites así como no temer a las consecuencias era ya una marca de sangre en los de apellido Kaiba.


Pequeño apunte de Katsura: Lo relativo a "registar el Deck para registrarse como residente de Ciudad Dominó" no me lo estoy inventando, lo dice Aigami en un fragmento de la película DSOD. Eso solo demuestra que Seto está más loco que mi propia imaginación. X'D

En esta parte de la historia, mi propósito era mostrar que Seto no es la única persona 'influyente' en Dominó. Puede que sí sea la más influyente, pero no la única, por lo menos a mi parecer.

¡Millones de gracias por leerme!