No soy dueño de Naruto, ni de Danmachi.
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Capítulo 7 – Fragmento.
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𖣘
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La habitación repleta de libros donde se encontraba el shinobi estaba llena de un profundo silencio, si tu oído era lo suficientemente afinado podrías escuchar el sonido de las respiraciones e incluso el latir del corazón.
Aunque, en estos momentos se escucharían dos respiraciones en lugar de una.
Susamaru estaba descansando plácidamente sobre la cama del rubio, ya había tratado cualquier herida que pudiera haber tenido.
En estos momentos Naruto estaba metiendo en sellos todo lo que lo pudiera relacionar con el tipo de la máscara, los sellos de almacenamiento con cientos de cosas fueron hasta la parte más alta de su armario, para Susamaru sería imposible encontrarlo por accidente ahí.
El rubio seguía ordenando el lugar, nunca se preocupaba por visitas ya que fuera de Hephaestus que siempre le decía a el mismo cuando iría dudaba que alguien fuera a visitarlo sin aviso alguno.
Sus manos movieron las varias cosas sobre la mesa, las decenas de libros repletos de sus conocimientos desaparecieron, aunque a diferencia de cualquier otro objeto sellado estos hicieron brillar por un segundo varios intrincados y dorados sellos en su espalda.
La sensación de cosquilleo acompañó el desaparecer de los libros, el chakra era algo magnífico.
Si lo pensaba nuevamente, en estos momentos estaba en un lugar lleno de algo tan similar al chakra pero al mismo tiempo tan diferente.
Para un Shinobi el uso del chakra era algo que se instruía desde la academia, que en manera general es el uso y el equilibrio de la energía física con la energía espiritual.
Como el Yin-Yang creando un equilibrio para utilizar cualquier tipo de Ninjutsu.
En este mundo había algo similar, una energía denominada Mente era lo necesario para utilizar magia.
La mente era lo más cercano a la energía espiritual.
Naruto pensó unos segundos antes tomar asiento en su mesa, con un chasquido de dedos apareció una pluma cuando lo invocó, su mano izquierda fue hasta el cajón para tomar un libro en blanco.
Después de un largo tiempo era hora de volver a escribir.
La pluma se remojó en el bote de tinta sobre la mesa, esto sería divertido.
Pasó el tiempo, el sol se había comenzado a poner, habían pasado varias horas desde que habían salido de la mazmorra, las páginas del libro anteriormente blanco puro se habían convertido en recipientes para información.
Su gasto de chakra aumentaba a cada página que escribía después de todo la tinta estaba hecha a base de esta energía.
El sueño estaba llegando a su cuerpo con más intensidad que antes, cuando sus párpados comenzaron a sentirse tan pesados como la misma adamantita supo que era hora de irse a dormir.
Se levantó de su mesa con lentitud no sin antes hacer desaparecer el libro.
Sus pasos lo guiaron hasta el sofá en la sala donde cayó de golpe quedando dormido casi al instante.
Lo último que vió antes dormir fue a Susamaru moverse en su cama.
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Susamaru abrió los ojos dejando ver sus brillantes perlas ámbar, la palma de su mano tocó lo que cubría su cuerpo, una manta azul claro estaba sobre ella protegiéndola del frío.
Sus ojos viajaron por el techo de la habitación, había un enorme remolino rojo dibujado por toda el techo, con lentitud intentó levantarse de la cama aunque el dolor recorrió su cuerpo haciéndola recostarse nuevamente.
Ahora lo recordaba, había estado en la mazmorra con Naruto, su mano derecha fue hacia su rostro para tocar su mejilla y sentir la venda que la cubría, el rubio la había hecho subir hasta la superficie peleando ella sola….
La chica de pelo negro sintió el sobre esfuerzo en sus brazos cuando los movió para quitar las mantas sobre su cuerpo.
Con dificultad y un dolor punzante en ambos brazos logró sentarse sobre la orilla de la cama, enorme fue su sorpresa al ver a Naruto completamente dormido sobre el sofá.
-"¿Hace cuánto se habrá dormido…?"- se preguntó en voz baja, había perdido la correcta noción del tiempo dentro de la mazmorra así que su mejor indicador de la hora es ver por la ventana.
El cielo tan naranja como las puntas de su cabello le dijo que la tarde había caído.
Ya era tarde, así que era hora de volver a casa, no quería molestar al rubio…
Su adolorido cuerpo intentó levantarse completamente para quedar de pie, aunque en el transcurso falló de manera enorme.
La miembra de la Familia Soma cayó de espalda sobre la suave cama, el dolor fue poco a como lo esperaba –"Bien… tal vez lo moleste un poco más"- susurró la chica de ojos rasgados.
Las mantas la volvieron a curbir su cuerpo cuando se recostó, sin mucho que hacer ya que seguramente se mantendría en cama durante bastante tiempo más por el rubio que se veía no tenía intenciones de despertar, decidió cerrar los ojos para empezar a pensar sobre todo lo que había ocurrido estos días…
Primero conoció al tipo con la armadura roja… ese mismo día se interesó por los pergaminos que le dio.
Un ligero sonrojo tiñó sus mejillas cuando recordó a su salvador…. La manera en la que derrotó fácilmente a todos esos Orc fue algo impresionante, aunque lo que más la dejó atónita fue la velocidad en la que ocurrió.
Ella conocía a la Princesa de la Espada, bueno… no de primera mano pero sabía de lo que ella era capaz, sus elegantes pero letales movimientos junto a su velocidad era algo que no dejaba ni siquiera reaccionar adecuadamente a los monstruos en la mazmorra.
Pero con el fue diferente, aún está presente el recuerdo de la sensación de frío que sintió cuando apareció.
Y de un momento a otro cortó haciendo desaparecer a todos los monstruos, fue cosa de un instante.
Después de su encuentro con su salvador conoció a Naruto, un Miembro de la Familia Hephaestus que a diferencia de los demás miembros que son herreros el era un recolector que traía algunos objetos de la mazmorra para que fueran trabajados por los demás miembros de la Familia.
Aunque esto no se lo contaría hasta su tercer encuentro…
Después lo encontró unas veces en la mazmorra cuando ella iba con un pequeño grupo de su familia aunque solo fueron pequeños saludos, después coincidieron en el mismo lugar, el bar donde los aventureros podían ir por un buen trago o por una buena comida ahí mismo lo conoció un poco más.
Y fue esa noche cuando se dio cuenta de algo.
Era muy fuerte.
Derrotó a dos miembros de la Familia Loki, entre ellos a Bete Loga, un aventurero nivel 5.
Eso le daba una idea acerca de su nivel… tal vez estuvo hablando con un nivel 4 o 5.
Su fuerza la hizo preguntarse algo.
¿El era el aventurero de la máscara?
Ese pensamiento la siguió durante un tiempo, aunque después de oír de algunos aventureros sobre el tipo de la máscara descartó la idea.
Por su encuentro con su salvador y lo que escuchó de la gente que logró verlo… el es alguien silencioso, alguien que nunca alarga una batalla, una persona que siempre termina las peleas en menos de un minuto.
Es alguien que puede estar a tu lado siguiéndote y no te darás cuenta a menos que el lo quiera, una persona que puede mezclarse con la misma sombra y desaparecer completamente… siendo su arma principal un sigiloso cuchillo
Y exactamente Naruto estaba por el otro lado de la moneda.
Era alguien que caminaba por el medio de los pisos sin cuidado alguno.
Sus ropas naranjas que combinaban con negro lo hacían resaltar aún más dentro de la mazmorra, la espada que el tenía hacía un ruido ensordecedor cuando realizaba un corte en cualquier monstruo con armadura que incluso parecía generar pequeñas andanadas de viento.
El estado con una Familia, su forma de pelear, el sigilo, la actitud, incluso su voz era diferente.
Susamaru dejo escapar un suspiro cuando despejó su mente de cualquier pensamiento.
Debería descansar, después de todo seguía herida.
Las mantas sobre su cuerpo le daban calor para la noche fría que se aproximaba.
Y cayó al mundo de los sueños.
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Hephaestus había terminado de hablar con una pequeña Diosa que conocía desde el mismo cielo.
Durante el Denatus le había pedido que le fabricara un arma a el único miembro de su familia, un joven de pelo blanco que según los relatos de la Diosa Enana es el mismo aventurero del Accidente del Minotauro.
Después de que le imploró durante unas horas finalmente accedió, aunque como cualquier arma tendría un costo.
La Diosa Enana de pelo negro con una familia en la que existía un único miembro cargaría con una deuda de 400 millones de valis.
Sentía un poco de pena por ella aunque en cuanto recordaba la deuda que tenía Naruto, una persona que tenía que valerse por si misma rápidamente se esfumó ese sentimiento.
En un lado de su fragua estaba una enorme caja con decorados metálicos, su tamaño llegando casi a el metro y ochenta centímetros, una abrazadera para cargarlo como si fuera una bolsa que estaba cubierta de cuero.
Ahora mismo sobre su escritorio estaba una carta sellada a nombre de Hephaestus, era algo escrito para Naruto… al fin y al cabo es alguien que la ha salvado en más de un apuros, entregarle gratis todos los minerales extraídos de la mina de un mes completo en el que estaba corta de dinero por algunos fallos que resultaron muy costosos fue algo que siempre recordará y por lo que estará agradecida.
Tomó la carta con cuidado y comenzó a caminar hasta la caja de madera, al abrirla unas telas de color blanco cubrían el arma en su interior, en la parte inferior un compartimento aún más pequeño donde se guardaban al menos 30 de los cuchillos que el rubio pidió fabricar.
Cuando metió la carta dejándola sobre las telas tuvo que soltar un suspiro al recordar todo lo que pasó durante la forja de la espada.
Habían comenzado siguiendo los planos que el rubio tenía preparados aunque con el paso de los días el resultado fue algo completamente diferente, de ser un arma de poco más de 60 cm terminó midiendo casi un metro y 50 centímetros.
Se les había salido de las manos aunque el rubio estaba de acuerdo y más que satisfecho con el resultado final.
De ser una espada llegó a ser algo más… ¿versátil?
Su nombre debería dar una idea.
-"Fragmento…"- susurró la Diosa Herrera recordando el nombre que el rubio le dio a su arma.
Cerró la caja después de unos segundos, no tardaría en llegar Hestia para comenzar a hacer el arma para el único miembro de su Familia.
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La noche había pasado sin problemas para Susamaru, el ligero frío había sido repelido por las mantas sobre su cuerpo, una vez amaneció y el sol empezó a bañar todo Orario con sus dorados rayos ella tuvo que despertarse por un olor delicioso que llegó a su Nariz.
Sus perlas ámbar brillaron un poco por las lágrimas mañaneras aunque con un una mano se restregó el ojo para quitarlas.
Olisqueó un poco el aire y sintió como el olor de la vainilla junto a algo dulce inundaba su sistema respiratorio.
Se levantó de la cama descalza y hasta que estuvo de pie se dio cuenta de algo.
Podía estar de pie.
¿Ya se había recuperado?, ciertamente no estaba completamente recuperada ya que podía sentir un ligero malestar en su pierna y en su hombro derecho.
Aún así pudo caminar por la casa del rubio guiada por el delicioso olor.
Después de dar algunos pasos y llegar a lo que parecía ser la cocina se encontró con Naruto arrojando lo que parecía ser un delgado pan al aire para después atraparlo con el sartén por la parte que se veía cruda.
Al dulce aroma de la vainilla se intensificó al mismo tiempo que el ruido de algo cocinarse llegó a su oído.
-"¿Oh? Buen día Susamaru"- la chica tuvo que sorprenderse cuando el rubio la llamó, no había hecho ningún ruido cuando venía hacia acá –"Escuché el ruido de las mantas"- dijo en rubio volteando a verla, su ojo azul que antes estaba cansado ahora brillaba con intensidad.
-"Veo que descansaste"- habló la chica viendo que las ojeras bajo el ojo del rubio habían desaparecido.
-"Bastante bien por cierto"- Dijo el rubio poniendo el Hotcake en el plato que estaba en la mesa.
Aún si era algo malo para preparar comidas comunes hacer buenos postres y desayunos era algo de lo que Naruto se enorgullece.
-"Toma asiento Susamaru"- La chica de pelo naranja obedeció sin ningún problema tomando.
-"Huele bastante bien"- halagó la sanadora, -"Espero y sepa igual"- dijo viendo al rubio poner el humeante plato frente a ella, sin esperar palabra alguna ella tomó el cuchillo y el tenedor sobre la mesa para cortar un buen pedazo de la torre de Hotcakes.
Naruto vió como Susamaru saboreaba su preparación, la mandíbula de la chica de puntas naranjas iba de abajo hacia arriba masticando.
-"¡Está muy bueno!"- una enorme sonrisa apareció en el rostro de Susamaru, Naruto le devolvió la sonrisa cuando la vio comenzar a comer lo demás.
El rubio sirvió su plato y siguiendo a Susamaru comenzó a comer.
Pasados los minutos ambos terminaron de comer suspiraron mutuamente, -"Volveremos a la mazmorra y regresaremos antes del Monsterphilia"- dijo Naruto haciendo que los ojos rasgados de Susamaru de abrieran como platos.
-"¿¡Estaremos tres días ahí?!"- Gritó la chica de los Temari con una expresión de horror en su rostro –"¿¡Porque?!"- preguntó casi saltando sobre el rubio.
Naruto tuvo que tomarla de sus hombros para sentarla nuevamente –"Simple, debemos conseguir dinero para el Monsterphilia"- habló el rubio soltando los hombros de Susamaru.
-"Pero…, no me lo puedo permitir eso…"- dijo bajando la vista, -"Mi deuda no se saldará nunca si sigo gastando en cosas así"-.
Naruto no pudo evitar sentir el cambio de ambiente,la llama en los ojos de Susamaru pareció que se había extinto.
Se acercó a ella, tomándola por sorpresa la levantó por la cintura por detrás de la silla, sus brazos subieron hasta quedar sobre sus costillas, -"Tranquila, por el dinero no te preocupes"- Sus palmas llegaron hasta los hombros de la chica masajeandolos.
Susamaru sintió como su cuerpo se relajaba, -"Ya has hecho mucho por mi Naruto"- dijo recordando las veces que le dejaba más de la mitad.
Soltando un suspiro Naruto cargó por sorpresa a la pelinegra –"Tómalo como un regalo de Maestro a estudiante"- dijo llevándola hasta la puerta –"Pero este día nos lo tomaremos libre"- dejándola frente a la puerta tomó una delgada chaqueta naranja con líneas negras recorriendo su espalda.
Susamaru no pudo dejar de ver el ojo azul profundo del rubio…. Ella no se consideraba afortunada por la vida que le tocó aunque por estos momentos de sentía agradecida.
-"Vámonos"- tomando la delantera el rubio abrió la puerta para que pasase la sanadora.
Susamaru tardó unos segundos en reaccionar aunque finalmente camino hacia afuera, eliminaría cualquier preocupación por hoy.
Cuando ambos estuvieron fuera comenzaron a caminar hacia el centro de la cuidad de Orario.
Disfrutarían estos días.
Y sin que ellos lo supieran estos días serían especiales para ambos.
Después de todo, era la calma antes de la tormenta.
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