Candy no pudo disimular su impresión al ver que era Albert.
—¿Se siente usted mal señorita Candice? ¿Quiere que la llevemos con el médico de la universidad? —preguntó el rector.
—No es necesario, solo no creí que mi tío solicitara un guardián exclusivo para mí, me parece algo exagerado, pero bueno, supongo que lo hace por mi bien —le sonrió levemente a Albert. Él tuvo que contenerse para no abrazarla. Él inclinó un poco su cabeza en señal de respeto.
—Bueno, ya se conocieron, es hora de que vaya a su aula señorita Candy, cualquier cosa que necesite estamos para servirle.
—Le agradezco señor rector.
Se estrecharon las manos, luego de eso Albert y Candy salieron de la oficina, los dos iban sonrientes por todo el pasillo.
—Pensé que no te volvería a ver.
—Te buscaría en cada rincón del mundo, hasta debajo de las piedras si fuera necesario.
—Tengo tantos deseos de besarte.
—Debemos ser prudentes, si alguien nos ve me sacarán de aquí y no podré estar cerca de ti.
Llegaron al salón de Candy y él se quedó afuera como un militar custodiándola. Albert se dio sus vueltas por el lugar para ubicar las cámaras de vigilancia y así llevarla donde estas no tuvieran cobertura. Candy se apresuró para ir a su lado, ni se despidió de sus compañeras cuando terminaron las clases.
Él le indicó el camino fuera del alcance de las miradas curiosas, aunque un hombre así no podía pasar desapercibido, era demasiado atractivo para las jovencitas. En un rincón se besaron, trataron de no ser tan impulsivos, las bocas sin control parecían que serían los últimos besos que se darían. Luego de apaciguar su sed él preguntó:
—¿A dónde irás ahora?
—De seguro el chofer de mi tío me está esperando. Para mañana le diré que tengo que ir a la biblioteca central, así podremos ir a algún sitio donde podamos estar solos.
—¿Será que no sospechen?
—Trataré de portarme bien, le prestaré atención a mi tío de todo lo que me explique en la oficina así no tendrá de que quejarse.
Se dieron otro beso, Albert la acompañó hasta el portón, pero trató de no exponerse, no quería llamar la atención de la persona que había ido por Candy.
Esa tarde Candy llegó contenta a la empresa recordaba los besos apasionados de Albert, antes de presentarse con su tío tomó dos tazas de café para mantenerse despierta a lo que él le explicara o le platicara. Su tío era un poco impaciente como para seguir capacitando a Candy con los aspectos legales de la compañía, por lo que le dijo al jefe del departamento jurídico que se encargara de ello, Candy intuía que sería vigilada por las cámaras por lo que estaba atenta, se aguantaba las ganas de bostezar y también se enterraba las uñas para que el sueño no la dominara. Después del martirio aprovechó para hacer su tarea mientras esperaba a su tío para regresar a su casa.
Ya iban en el auto.
—Veo que le estas echando muchas ganas a la capacitación, no sabes el gusto que me da saber que alguien tomará mi lugar cuando yo falte, muchas familias dependen de que la compañía se mantenga a flote, tú serás la responsable de todo —le sonrió al mismo tiempo que le medio apretó la mano,
Candy le sonrió, pero ya le empezaba a preocupar que le delegara esa responsabilidad, ella si quería terminar la carrera, pero luego dedicarse a su hogar que tendría con Albert.
—Tío quiero comentarte que me dejaron una tarea en equipo, por lo que mañana tendré que hacerla después de clases, en pocas palabras yo me iré sola a la oficina, no es necesario que me mandes a buscar.
Oliver se la quedó mirando serio tratando de encontrar en ella algo que la delatara, pero ella se comportó segura y le sostuvo la mirada por lo que él asintió.
—Está bien, tienes que ser estudiosa. Sabes Candy cuando tu padre me envió las fotos de su familia, al verlo junto a tu mamá y junto a ti sentí un poco de envidia; yo me dediqué a trabajar solamente ahora no tengo la calidez de un hogar, a alguien que me ame y a quien yo ame. Desconfié de todas las mujeres, creí que solo querían seducirme por mi dinero, ahora entiendo lo que dice la Biblia que el que halla esposa halla el bien y alcanza la benevolencia de Jehová. Daría la mitad de mis bienes por tener una familia como la de ustedes.
—Ay tío, todavía la puedes encontrar, todavía puedes tener tu propia familia.
—¿A mi edad? Ya todas mis fuerzas las dejé en mi trabajo, además ya tengo a mi predecesora frente a mis ojos.
Esa noche después de la cena, Candy tuvo que tomarse algo para dormir porque la emoción de que al siguiente día estaría con Albert no la dejaba conciliar el sueño.
—Buenos días ¿Y mi papá? Anoche no cenó con nosotros, ¿Por qué no ha bajado?
—Se fue temprano, al parecer está comprando el mobiliario de su oficina —contestó María seria, su esposo no le prestaba atención, tan solo hablaba de la oficina, ella comenzaba a aburrirse, porque no hacía nada, los sirvientes de la residencia se encargaban de todo. Ella empezaba a extrañar el modo de vida que tenían en Newport.
De nuevo Candy se fue con su tío hacia la universidad, esta vez él quiso bajarse con ella para conocer a quien la custodiaba, tan a tiempo encontraron al rector y se pusieron a charlar quitándole 20 minutos, por lo que decidió irse en seguida. Candy pudo respirar tranquila cuando lo vio partir.
Al salir de la universidad, Albert le dio las llaves de su auto para que lo esperara ahí mientras el entregaba su reporte, lo tenía que dejar un poco retirado de la escuela para que no se cuestionaran del porqué un simple vigilante era dueño de tan magnífico carro. Después de entregar el reporte fue rápido para encontrarse con Candy, ella lo esperaba acostada en el asiento trasero, había bajado un poco las ventanas para no asfixiarse. Le quitó el seguro cuando él golpeó la ventana.
—¿A dónde iremos?
—Quiero conocer donde vives —contestó Candy.
A ambos les latió el corazón con rapidez, todo podría pasar.
—La verdad quisiera pasear contigo, ir al cine, o a un restaurante.
—Es que si vamos a algún publico nos quedaran mirando.
—Tienes razón, yo vestido de vigilante saliendo con una hermosa jovencita vestida con ropa cara.
—Está bien, vamos al cine.
—Mejor primero a un restaurante.
Candy hizo una mueca, ella lo que tenía era sed, pero de sus besos, ni hambre le daba, pero bueno, esperaba que en el futuro su novio fuera más intrépido.
Hola, chicas, que dijeron, esa Tuty ya no va a actualizar sino hasta el año que viene ¡Pues no mi cielas! Aquí estoy de nuevo dando lata. Seré sincera no he finalizado el minino en Navidad porque no recibí el número de comentarios deseados. Me he vuelto demandante después de dedicarme a la Universidad y hacer un tiempito para actualizar. Hace poco presenté un examen terrorífico y para sacar el estrés me puse a escribir. Chicas Dios me las bendiga, esta es la única manera que puedo interactuar con ustedes, así que no sean tacañas en palabras y platíquenme como les ha ido. Nos vemos en la próxima actualización ¿Cuál será? El final del minino, el final de esta o la actualización de boca en boca.
