Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es SparrowNotes24, yo solo traduzco con su permiso.


Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to SparrowNotes24. I'm only translating with her permission.


Tres

St. Jude, el santo patrono de las causas perdidas, cuelga del cuello de mi madre. Ella da vueltas por la cocina, frotando el pequeño colgante y quejándose de su jodido hijo. Ese soy yo, por cierto, en caso de que pensaran que ella podría tener otro.

—Hablé con el Padre Thomas, y creo que deberías venir a misa conmigo el domingo. No has ido a la iglesia en mucho tiempo, desde que tu papá... —Ella articula la palabra funeral como si decirlo invocará su fantasma—, y es... bueno, es vergonzoso. Marjorie Reeves siempre pregunta por tu recuperación. —Ella dice recuperación entre comillas como si fuera un chiste—. Ella ama refregármelo en la cara. Horrible mujer. —Arruinar su vida social es la gran farsa de todo este desastre. Eso, y matar a mi propio padre.

—No puedo ir esta semana. O la siguiente. —O nunca.

Ella frunce sus labios como si hubiera pisado una pila de mierda.

—Eso es una lástima, Edward. Una gran lástima.

Cuando ella intenta expresar lo decepcionada que está conmigo, ella repite frases que mi padre hubiera usado, y baja su voz. Es cómico, en serio, pero intento no reírme. La gran razón de mi visita es saber qué ha estado haciendo Ally, no darle más munición con la cual atacarme.

—Lo siento, mamá. Quizás en otro momento.

Ella resopla y lleva su atención de vuelta hacia el pan que estaba amasando antes de que yo llegara. Ella golpea y bofetea la masa. Siento un poco de lástima por esta, siendo golpeada en mi lugar.

—¿Has visto a Ally recientemente?

—Sí. Ella toma tiempo de su ocupada vida para venir a verme. —Un gancho a mi mandíbula. No me molesto en explicar lo obvio, que estoy aquí.

—¿Ella volverá a la ciudad este fin de semana?

—Sí. Vendrá a cenar el sábado con Jasper.

—Cierto —digo, esperando la invitación. No llega.

Decido irme a la mierda con al menos un poco de mi buen humor intacto.

—Será mejor que ponga en marcha. —Me inclino y beso su mejilla; ella detiene lo que hace y besa el aire alrededor de mi oreja derecha.

—Cuídate.

Ella siempre me ha dicho eso. Al principio era afecto. Ahora, ella habla como si fuera un extraño que probablemente nunca volverá a ver. Supongo que eso es mi culpa.

~ACOY~

El pasillo ya está lleno, y lo único que hay para beber es café. Tomo una taza, de todas maneras, necesitando hacer algo con mis manos. Fumar no es una opción.

Maggie, una que viene hace mucho tiempo, ofrece un plato con galletas. Estas compensan por el café de mierda.

—Hola, extraño. ¿Qué te pasó la semana pasada?

—No pude venir —miento. No estoy seguro de por qué, pero no quiero que sepa que la cagué.

—De acuerdo, es bueno tenerte de vuelta. —Sus manos tiemblan mientras coloca el plato de vuelta sobre la mesa. Ella me nota mirarla—. Me ofrecí a hablar esta noche. No sé por qué, porque lo odio. Lo he hecho tantas veces, pero no se vuelve más fácil. Tú debías hablar la semana pasada, ¿cierto?

—Sí.

Ella se estira y quita una pelusa de mi hombro, preocupada.

—La próxima vez que lo hagas, si te es más fácil, solo habla conmigo. O con Emmett. Ignora al resto.

—Claro. —No hago ninguna promesa.

—Bien. —Ella da unas palmaditas en mi pecho—. Bien.

No hablaré voluntariamente a demasiadas personas aquí, pero Maggie es la única excepción. Ella me recuerda a un ave. Ojos redondos, piel y huesos dentro de ropa holgada, y un hábito por proteger a los nuevos. Ella tiene un hijo, en alguna parte. Ella no sabe dónde. Quizás algunos nietos también. Ella nunca los ha visto. Una lástima, porque ella sería la mejor abuela. Cuando está sobria, al menos.

Marcus, el líder del grupo, se nos une y rodea a Maggie con un brazo, su mano sobre su otro hombro. Él me ignora, entonces llama a que todos se sienten, recordándonos las reglas. Odio a este maldito condescendiente más que a todos.

Me apago hasta que Maggie se pone de pie.

—Hola. Soy Maggie. Todos saben esto, y saben que sigo siendo una alcohólica. No importa lo que haga, jamás puedo escapar de esa etiqueta. Es un jodido tatuaje.

Cuando la risa se apaga, ella cuenta sus historias. Siempre pienso que he escuchado lo peor, pero cada vez que ella se encuentra en ese atril, ella nos da otro vistazo al infierno. Usualmente peor que el anterior. Ella no lo hace ver lindo. En este, ella es golpeada y lastimada. Usada por dólares por sucios cabrones para correrse. Usada así ella puede comprar comida para su familia. Ella ha vivido un desastre pero no puede salirse.

—Así que, verán, reescribí algunas de mis etiquetas, o las escondí para que nadie las pueda ver. Pero no sucedió de la noche a la mañana, y no fue... no es fácil, porque algunas de ellas han estado allí por mucho tiempo, y otras... bueno, como dije... jodidos tatuales.

La cosa ridícula es que ella me busca después para asegurarse de que yo esté bien. Me siento como un fraude mientras ella se sienta en los escalones a mi lado y compartimos un cigarrillo. Ella me pregunta por mi trabajo, mis amigos, preguntas si hay alguna chica en mi mente, dándome esa sonrisa cómplice que nunca he recibido de mi propia madre.

—No ahora mismo —digo, disfrutando de estos personajes que jugamos.

—Estoy segura que ella se encuentra allí afuera para ti.

No puedo decir lo que quiero, que tengo una advertencia pegada, así que me río.

Ella lucha para ponerse de pie, así que le doy una mano.

—Te veré la próxima semana.

Me despido de Em, intercambiando mentiras sobre dónde iremos. Él irá a sentarse afuera de la casa de su ex, esperando que ella salga y hable con él—un ritual de jueves que a él se le escapó. Mis noches de jueves tienen el potencial de volverse un ritual también. Estamos tan jodidos como el otro.

Me vuelvo a sentar, esperando a que la última persona se vaya. Marcus cierra la puerta y camina a mi alrededor.

—Buenas noches, Edward. Espero que eso te haya ayudado.

Tengo que dejárselo en claro antes que él piense que estoy dispuesto a hablar.

—Ayudó tanto como una botella de Jack. —Saco mi teléfono, desestimando cualquier otro intento que él pueda tener. Él ronda por un momento y suspira, dejándome solo.

Hace más frío esta noche; sin la lluvia, puedo ver claramente dentro del restaurante. Vistazos de rojo mientras las otras chicas atienden las mesas. Pero ningún vistazo de ella.

Si me importara lo suficiente, podría sentirme como un cabrón, rondando solo para poder verla, pero las cosas dejaron de importarme hace mucho tiempo. Al menos eso es lo que las personas esperan. Bien puedo cumplir.

La barra está lo suficientemente ocupada que podría meterme y nadie lo notaría. Sé exactamente lo que necesito para calmarme, y no son cigarrillos ni soda. Aparto la mirada, calculando el número de días, horas, minutos desde mi última bebida. Los cálculos mantienen mi mente ocupada durante los pocos segundos que llevaría arruinar mi vida de nuevo.

La puerta de un coche se cierra y me saca de mi mente, llevando mi atención hacia el estacionamiento cruzando la calle. Un Tahoe negro se detiene inquietamente, el humo envolviendo sus manos alrededor de la oscuridad. El conductor está furioso, sus puños cerrados, sus acciones más fuertes que las palabras que no puedo descifrar. Estoy por pararme cuando escucho una voz femenina decirle que se calme.

Todo pensamiento sobre irme se esfuma. Es ella, y ella está igual de furiosa. Empuja su pecho, sus ojos salvajes, pero él atrapa sus muñecas y la sostiene en su lugar. Mi sangre hierve. Siento alivio cuando él tiene sentido suficiente como para no devolver el golpe, porque no estoy listo para ser descubierto aún. Ya tengo suficiente mierda como para añadir homicidio culposo a la lista.

Lo que sea que él dice, parece calmarla, sus voces casi desapareciendo. Me doy cuenta que este podría ser un novio. Es confirmado cuando él la empuja contra el coche y se inclina para besarla. Todo cambia y gira, reacomodándose a cómo pensé que esto saldría. Aunque el final nunca cambia.

No sé por qué sigo observando. Es retorcido, pero nunca he sido bueno tomando buenas decisiones. Me digo a mí mismo que si comienzan a follar, me iré. Soy salvado de esa decisión cuando ella le aparta la mano de su vestido y escapa de abajo de él. Él intenta tomarla de nuevo, pero ella se escabulle. Él no la ve limpiarlo de su rostro mientras se dirige hacia el restaurante.

Debería ser fácil sacármela de mi sistema después de eso, pero ella sigue aquí como una mala resaca. Los efectos de verlo tocarla sigue aquí también. No puedo ignorarlos, así que llamo a Duke's de camino a casa: pisos pegajosos, deportes a toda hora, y una pelirroja pasional que no hace preguntas.