Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es SparrowNotes24, yo solo traduzco con su permiso.
Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to SparrowNotes24. I'm only translating with her permission.
Seis
Mi papá solía bromear con que yo era todo o nada. Cien millas por hora o parado en seco. Cien veces al día. Él ya no bromea. No puede. No hay nada divertido en un paro cardíaco.
Comenzó con natación en el sexto grado. No podía simplemente competir, ganar un par de encuentros, disfrutarlo. Tenía que ser el mejor. Vivía en la piscina: temprano en la mañana, tarde por las noches. Todos los días, la adrenalina de competir, el reconocimiento.
Entonces llegó la secundaria y el fútbol. Nunca volví a una piscina. Mi vida estaba llena de entrenamientos, juegos, chicas, fiestas. Estuve eufórico desde el primer año al último.
Entonces llegó otro desafío, un título en Periodismo en UW. Descubrió mi deseo por la escritura. Dejé el balón y no lo volví a levantar. Aseguré el trabajo de mis sueños para el Times, luego Fox, y entonces la CNN. Persiguiendo el éxito, gané premios por aquí y por allí y terminé del otro lado del mundo. Mi valentía y mi talento por retratar las pesadillas en la vida real me enviaron directamente al infierno. Y sigo allí.
Era demasiado osado, demasiado imprudente, y entonces demasiado estúpido como para que me importara.
Por lo que el alcohol entró. Las drogas. Las mujeres. El alcohol. El alcohol.
Y, cedí ante ello. Cedí mi vida.
Ahora está ella.
Pero no tengo nada que dar. Y ella tiene todo para perder.
~ACoY~
El rostro en el espejo no soy yo. Al menos, no quien quiero ser. Sumerjo mis manos en el lavabo y salpico agua contra mi piel. El fuerte shock no tiene efecto. Luzco enfermo. Lo siento en mis huesos. Mis ojos están hundidos —una barba de una semana no puede esconder las sombras en mi rostro— y mi cabello está arruinado.
Había pensado que era intocable, pero la adicción tiene sus manos por todo mi ser.
Me inclino y enciendo la ducha, jalando mi camiseta por mi cabeza cuando comienza el golpeteo en mi puerta principal. No hay forma de que esté listo para la conversación, así que me quito el resto de la ropa y me meto bajo el agua. Dejo que el agua caliente me queme—es la única manera de traerme algo de vida.
Los golpes siguen haciendo eco en mi departamento una vez que termino. El ritmo oscila entre irritante y exasperante una y otra vez, dejándome saber quién es exactamente. Tomo una toalla y la froto sobre mi cabello, envolviéndola alrededor de mi cintura. Entonces, cuando lo he hecho esperar suficiente tiempo, dejo que el bastardo impaciente entre. El aire frío choca contra mi piel ni bien abro la puerta.
—Son las 7 a.m., Em... —digo y cuando él sonríe lentamente, añado—, en mi día libre.
Él pasa por mi costado, dejándose caer sobre el sofá y posando sus botas en mi mesa ratona.
—Ve a vestirte.
—¿Por qué? —Tengo planes hoy. Planes para pensar en qué diablos haré sobre la situación en la que me he metido.
—¿Estás ocupado? —pregunta, mordiendo los restos de una porción de pizza de anoche, o quizás la noche anterior. Mi departamento es un desastre.
—Sí.
—Mentiras. Vístete. Llegaremos tarde.
No me muevo ni un milímetro.
Él vuelve y levanta su dedo índice, usando los otros para contar.
—Uno, necesitas salir. Dos, necesitas salir. Tres, me lo debes.
—¿Cómo es eso? —pregunto, tentando mi suerte.
—¿En serio? ¿Quieres que dé toda la lista? Estaremos aquí todo el día. ¿Y por qué no has ido a trabajar?
Comienzo a crear una mentira, pero él no busca información—la sabe.
—Necesitaba un descanso.
—¿De qué?
—Carajo, ¿puedes dejarme en paz?
—No, E. No puedo. No estoy seguro de que sepas cómo funciona este apadrinamiento, pero cuando tienes problemas, me tienes que llamar. No desaparecer hasta que te encuentre y te lo saque a la fuerza. —Él no es un padrino malo. Simplemente nunca ha tenido que lidiar con alguien como yo.
—Estoy bien. —La mentira universal que le digo a cualquiera que le importa. Me lo digo a mí mismo regularmente.
—¿En serio? —espeta, echando un vistazo a la bomba en la que se encuentra. Hay demasiadas pistas como para ignorar. Las cajas de comida vacías, la ventana abierta hacia la escalera de incendio; él sabrá que hay colillas de cigarrillo como para llenar un pulmón contaminando la calle abajo. Las persianas cerradas, la cama deshecha. CNN sin parar. Se hacen la idea.
—Sí. No me vuelvas a preguntar, Em. Odio repetirme a mí mismo. —Él es demasiado bueno en molestarme, y me pone incómodo.
—No seas un cabrón —advierte.
—Lo mismo digo. —No estoy listo para compartir lo que ha pasado. Compartirla. Así que cedo y me visto.
Es solo cuando bajamos en Greek Street que me doy cuenta adónde vamos. Me detengo en seco.
—No es una buena idea, Em.
Él me ignora y sigue caminando, desapareciendo en el Gym Whitlock.
Permanezco allí por un minuto, esperando que él reaparezca—no lo hace. Maldigo por debajo de mi aliento y empujo las puertas.
Em se encuentra inclinado contra las cuerdas del ring, hablando con Riley. El ring está vacío, un par de guantes en el suelo.
—Edward. —Riley me saluda con cautela. Él es un reflejo de Jasper son la personalidad abrasiva—. ¿Estás para tirar unos puñetazos en el ring hoy?
Tengo la vívida imagen de él sosteniendo mis brazos por detrás de mi espalda, la sangre cayendo por la nariz de Jasper en el suelo de concreto.
—Depende de a quién puedo golpear —digo, mirando a Em.
—De ninguna manera. —Em sacude la cabeza y asiente hacia Riley—. ¿Tienes tiempo que gastar hoy?
—¿Para E? Siempre. —Él sonríe y sube y atraviesa las cuerdas—. ¿Estás listo? —Él me lanza los guantes y de mala gano los desato, prefiriendo mis nudillos desnudos. No está permitido. Aquí, por lo menos.
Ya puedo sentir la energía acumulada pesar en mis músculos, desencadenada por los aromas familiares de sudor y cuero. El golpe de guantes contra almohadillas, pies moviéndose contra el suelo.
Me quito las zapatillas, la camiseta, y me subo, aterrizando sobre el suelo elástico. Me coloco los guantes, flexionando mi cuello, mis muñecas, mi espalda, pantorrillas, y las plantas de mis pies. Mi cuerpo se siente tenso, pesado hasta que comienzo a moverme.
—¿Me vas a dar lo peor que tienes? —Los ojos azules de Riley se mueven en todas direcciones, tratando de leer mis tácticas.
—No podrías con ello, Ry. —Simulo ir por la izquierda, y él se aparta de mi camino; logro golpear su pecho.
—Ya lo veremos, ¿o no? —Él se agacha y va por mi estómago. Lo esquivo, y el golpe rebota en mis costillas. El dolor de viejas heridas es fácil de ignorar al impactar su mejilla con mi derecha.
Su sonrisa desaparece, reemplazada por determinación. Puede que esté fuera de práctica, pero no he olvidado nada. Copio su expresión y voy por el golpe final.
Peleamos hasta que mi cuerpo se encuentra empapado, mis músculos ardiendo. No me importa que estaré arruinado en la mañana. Disfruto de la adrenalina por horas después. Me hace sentir invencible. Y ese es el peligro de la adicción, por qué Em me arrastra a comprar pizza, se queda conmigo hasta que la adrenalina se va. Porque todo es posible hasta entonces. Todo.
~ACoY~
Tengo tiempo para un último cigarrillo antes de la reunión, así que me siento en los escalones al costado de la entrada, oscureciendo mi vista del restaurante en un intento por concentrarme en otra cosa. Los relámpagos se escuchan en el Sound. Me trae el recuerdo de mamá diciéndole a Alice que no debería tener miedo, que Dios estaba moviendo sus muebles. Y quizás lo esté. Quizás está haciendo lugar para mí. Sonrío amargamente ante la idea.
Diviso a Maggie entrando al edificio, pero no la veo a ella hasta que es demasiado tarde.
—Hola —dice ella, pausando frente a mí.
Levanto la mirada, sin dejar de pensar en sus piernas desnudas. Ella tiene puesto un vestido oriental corto y un abrigo grande. Un abrigo de hombre. Parpadeo un par de veces en caso de que las alucinaciones hayan vuelto, pero ella sigue aquí.
Llamarle a un taxi en vez de llevarla a casa esa noche fue mi obra de bien. Planeaba volver a las sombras, pero ahora ella está aquí. En mi espacio en blanco.
—Me recuerdas, ¿cierto? —Ella se balances sobre sus talones, cerrando el abrigo a su alrededor.
—Sí, te recuerdo —digo lentamente, y dejo que el humo se retuerza y oscurezca su rostro.
Ella se lame los labios, encuentra sus palabras.
—Te vi del otro lado de la calle y simplemente... quería decir... pensé que sería bueno si pudiéramos hablar. —Su discurso se apresura todo en el mismo aliento. La pongo nerviosa—. Quería decir gracias.
Su cabello está atado y retorcido hoy, el salvajismo se esfumó de sus ojos. Ella podría ser una persona diferente. Solo mi cuerpo reacciona igual que siempre.
—No me agradezcas —digo, y suena más brusco de lo que fue mi intención. Después de todo, soy un revólver andante; nunca me quedo sin balas.
Ella instintivamente da un paso atrás, luego dos. Tengo que apartar la mirada, su proximidad es demasiado.
—¿Por qué no? —Ella une sus labios en una línea, reaccionando al muro que estoy construyendo.
Me encojo de hombros, quedándome sin ladrillos.
—Porque sí.
—No puedes responder con porque sí.
—¿Por qué?
—Porque no estamos en quinto grado.
Tiro el resto de mi cigarrillo a un costado, observando el extremo estallar en la acera. Así como esta conversación.
Las personas comienzan a llegar para la reunión. Estas pasan por nuestro lado sin una palabra—ningún saludo. Así es cómo esto funciona alrededor de extraños.
—Actúas diferente.
—También tú. —O quizás ella no lo haga. Estar parada tan cerca de mí podría contar como suicidio.
Veo a Em detrás de ella. Su mirada se mueve hacia nosotros, estudiando la situación. Él frunce el ceño—una buena reacción.
Asiento en su dirección, quitando la atención de ella lejos de mí.
—Tengo que irme.
Ella escanea la escena, uniendo todas las piezas. No es un secreto la razón por la que las personas se encuentran aquí. Simplemente nos gusta fingir que lo es.
—Oh. Cierto.
Me pongo de pie y me cierno sobre ella.
—Te veré.
—Espera. —Ella toma mi brazo, esa mirada salvaje de nuevo. Solo que esta vez, la duda ha creado una pequeña arruga sobre su nariz—. Si cambias de parecer, trabajo en frente, en la Linterna Roja. Solo pregunta por...
Ella abre su boca, la primera letra de su nombre balanceándose por el borde de su lengua. Quiebro una de mis reglas, presionando mi mano sobre sus labios—atrapando su nombre.
—Hay una razón por la que es anónimo —digo.
Siento sus labios separarse, lista para cuestionarme, pero no me quedo a escuchar su respuesta. Volteo y me dirijo hacia el edificio.
¿Qué podría decir?
No quiero saber.
No te quiero.
No quiero.
Un nombre no es algo que cargas contigo, como un dólar, una foto en tu billetera, tu sobriedad. No es un objeto que puedes perder o deshacerte. Es un recuerdo vivo—una cicatriz permanente. Y ya he tenido suficiente de eso como para una eternidad.
UW: Universidad de Washington.
Ay, como nos tienen picadas por saber el nombre de la chica misteriosa, ¿no? jajaja. ¿Qué opinan de la vida de Edward? Ya supimos un poco más, pero nos hace falta más respuestas que ya vendrán jajaja
Buen sábado y gracias por leer :)
