Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es SparrowNotes24, yo solo traduzco con su permiso.
Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to SparrowNotes24. I'm only translating with her permission.
Once
Debería dejarlo pasar.
Olvidar que ella existe.
Pero eso sería como tratar de olvidar el sabor a ron y Coca.
Le doy otra semana. Es doloroso, y los días transcurren mientras el reloj se arrastra. Trabajo de más. Tyler me dice que vaya a casa. Voy a gimnasio en cambio. Riley me dice que tiene que cerrar. Camino por las calles, paso por el restaurante. La llamo, pero ella nunca contesta. Dejo un par de mensajes de voz, luego su teléfono es desconectado el martes.
Quizás ella no quiera saber nada conmigo, pero algo no se siente bien. No sé por qué o cómo precisarlo, pero se encuentra allí, y no puedo alejarme hasta saber que ella está bien. Estoy demasiado envuelto en la manera que ella me hace sentir como para fingir que es diferente.
Em me dijo que la olvidara y que siguiera con mi vida. Le pregunté cómo le iba eso a él. No hemos hablado desde entonces.
Empujo la puerta de La Linterna Roja, y me convenzo de ignorar las bebidas detrás de la barra—estoy buscando otro tipo de droga esta noche.
Una rubia de cabello rizado balancea una bandeja de botellas con una mano, como si no pesara nada. Me mira de arriba abajo cuando le pregunto si Bella se encuentra aquí.
—¿Quién pregunta?
—Un amigo.
—Bella no tiene amigos —dice, y no es con malicia, solo un mero hecho.
—No la he visto en un tiempo. —No debería dejar que me importara. Pero al diablo. Lo hago—. Estoy preocupado por ella.
Ella levanta la bandeja hasta la altura de su hombro.
—Bueno, me alegra que alguien lo esté. —Ella me estudia de nuevo—. Ella ya no trabaja aquí. Renunció la semana pasada.
—¿Renunció?
—Eso es lo que dije. —Ella voltea y deposita las botellas en una mesa de empresarios bulliciosos. Espero a que vuelva, y ella se toma su tiempo, poniendo a prueba mi determinación. Ella no tiene idea de lo lejos que iré.
Cuando regresa, luce molesta de que siga aquí. Apenas me mira pero suelta una pregunta mientras sirve copas de vino.
—¿Eres amigo de Sam?
—¿Quién es Sam?
Ella no da una respuesta a mi pregunta, pero se relaja un poco. Inmediatamente uno el nombre a Tahoe.
—¿Cómo se conocen?
—Pasamos el rato a veces.
—¿Tienes su número?
—Lo tenía, pero fue deshabilitado.
—Mierda. —Su respuesta solo añade más peso a mi preocupación.
Ella presiona sus labios entre sí y entonces baja la bandeja, tomando una servilleta de la barra. Me lo tiende con un bolígrafo.
—Escribe tu número aquí. Te haré saber si sé algo de ella.
—Dile que Edward la estuvo buscando.
—Lo haré.
Me paro afuera y enciendo un cigarrillo. Mis dedos ansían marcar su número de nuevo. Otro callejón sin salida.
Me lleva tres días más escuchar noticias de la rubia, y todo lo que obtengo es una dirección.
~ACOY~
La puerta del edificio de departamento está abierta. El pasillo está lleno de hojas y correo basura y una vieja bicicleta se encuentra apoyada contra la pared. Estudio los buzones en busca de un nombre para confirmar que estoy en el lugar correcto, y por un segundo, no puedo ver nada que encaje. Entonces, localizo el nombre que busco. S. Uley. Sam. Tahoe.
Debería pensar en esto. Cuando bebía, vivía en el momento, no tenía consecuencias. Me digo a mi mismo que soy consciente, pero no puedo quitarme los viejos hábitos. Se han vuelto parte de mi naturaleza. Descuidado. Desconsiderado. Impulsivo. Son la células inestables en mi cuerpo.
Subo las escaleras dos escalones a la vez.
A la 505 se le está cayendo la pintura y tiene un picaporte roto. La seguridad de que ella esté aquí es reemplazado instantáneamente por preocupación. Golpeo una vez, y la puerta se abre con un chirrido, un destello de un televisor visible en la oscuridad.
Digo el nombre de Bella y vuelvo a tocar, dándole cinco segundos antes de entrar por mi cuenta.
Ya he cruzado el umbral cuando ella responde, su voz ronca.
—Salgo en un segundo.
Doy un paso hacia atrás, al pasillo. Un pedazo de madera ha sido rasgado de la puerta, marcas negras en la parte inferior que podrían haber sido provocadas por una bota. No me gusta adónde mis pensamientos me llevan.
Cuando ella aparece, su cabello es un desastre. Estudio la camiseta grande que toca sus rodillas, las medias protegiendo sus pies de las baldosas. Ella luce suave—cálida y soñolienta. Por más tentador que es imaginar mis manos sobre ella, me concentro en el hecho que ella estaba en la cama a las 6:30 p.m. un sábado y lo que eso significa.
Sus manos vuelan hacia su pecho cuando me ve.
—Edward. ¿Qué estás...? ¿Cómo? —Envuelve sus brazos alrededor de sí misma, intenta cubrir su desnudez.
—Tu amiga en el restaurante me dio tu dirección.
Una puerta se azota en uno de los departamentos debajo nuestro, y el sonido hace que su confusión se convierta en miedo.
—¿Alguien te vio subir aquí?
Los pasos se alejan mientras quién sea que fuera baja las escaleras.
—No. ¿Por qué importaría si lo hubiera?
Ella se acerca y me toma, jalándome por la puerta. Con una última mirada hacia las escaleras, ella cierra la puerta, arrastrando una caja detrás de ella.
—¿Qué le pasó a tu puerta?
—Nada... no es importante —añade cuando ve mi expresión—. ¿Puedo ofrecerte algo de beber? —Ella tartamudea con la última palabra como la mayoría de las personas lo hacen cuando hablan con un alcohólico.
—No, estoy bien. ¿Qué le pasó a tu puerta? —vuelvo a preguntar, un perro con un hueso. Me estiro y giro el picaporte de un lado al otro. Simplemente gira, prendiéndose al aire dónde el pestillo debería estar—. Esto no es seguro. Cualquiera podría entrar.
—¿Cómo tú?
—Exactamente como yo.
Ella aparta la mirada y se adentra al departamento. Una copia del mío. Cama deshecha, prendas por todas partes, sin luz, TV a bajo volumen, ventana abierta hacia la calle ruidosa abajo. La única diferencia que el suyo huele jodidamente mejor.
—Supongo que la rubia no mencionó que te estaba buscando.
—¿Quién?
—¿La mesera de la Linterna Roja?
—¿Jessie? No. —Se sienta al borde de la cama, levanta sus piernas y envuelve sus brazos alrededor de ellas—. No he hablado con ella en semanas.
—Ella parecía estar preocupada por ti.
Ella muerde sus labios.
—Estoy bien. —Una mentira. Hace una pausa como si no puede decidir qué decir o hacer conmigo, así que le quito la decisión.
—No planeaba quedarme.
—Claro. Bueno... —Se encoje de hombros, y juega con sus medias, jalándolas sobre sus rodillas. Un segundo después, descansa su mejilla sobre ellas y me mira. Realmente me mira. Y la dejo. Quiero que me vea. Que vea mi interior. Que vea a través de mí.
—¿Por qué viniste? —Esta chica podría esquivar gotas de lluvia en una tormenta.
—¿Por qué renunciaste a tu trabajo?
—No lo hice.
—¿Fuiste despedida?
—Algo así.
—¿Y la puerta? —pregunto de nuevo. Necesito una respuesta para darme una razón sustancial para sacarla de este lugar. Para darle contenido a mi otro razonamiento. La necesito cerca de mí. La deseo.
—No es nada. Como dije.
Me inclino contra la puerta y me cruzo de brazos.
—Mientes. —Sus mejillas enrojecen, y tengo que ignorar la imagen que aparece en mi mente que la incluye a ella y la cama deshecha detrás de ella.
Se desenvuelve y se pone de pie, pasando sus dedos a través de su cabello con un suspiro.
—No necesitas preocuparte por mí. Estoy bien. Estaré bien.
—No estoy preocupado.
Ella no me cree, y no estoy seguro de hacerlo yo mismo.
Se acerca y estira una mano.
—¿Tienes un cigarrillo?
Le tiendo el paquete y ella toma dos, atrapando uno en sus labios y acercándose para colocar otro entre los míos. Estudio su rostro en busca de algo y nada. Insomnio, o uno de sus amigos, ha dejado crueles moretones en su piel. Tengo otra imagen entonces, una que aniquilo inmediatamente antes de que pueda escapar. Sobre nosotros acostados de costado frente al otro, llenando horas vacías, intercambiando historias y el uno al otro. Una mala idea. Una muy mala idea.
Bella se dirige hacia el balcón y gira la llave, dándole a la puerta una patada final para abrirla.
—Él realmente me matará si sabe que he estado fumando aquí.
Ambos fingimos no haber escuchado eso—su error accidental. Le dejo pensar que puede engañarme por un rato más y la sigo. Las personas no dicen cosas que no dicen en serio, incluso si piensan que lo hacen.
Parte de mí lo recibiría cuando llegue. Que me encuentre aquí y que tenga que lidiar con alguien suficientemente grande como para responder a los golpes. Siento entusiasmo ante la idea de mi puño y su rostro.
Me inclino contra el borde del balcón, y observo las farolas abajo. Bella se estremece y sopla el humo hacia el cielo. Me quito la chaqueta y se la doy incluso cuando ella sacude la cabeza.
—Póntela —insisto.
—Tendrás frío.
—Creo que puedo soportarlo.
Cubre sus hombros con ella, enterrándose en el cuero caliente.
—He estado pensando en ti, ¿sabes?
No sé qué decir, así que intento su táctica, observar las luces prender y apagarse en el edificio de departamentos enfrente. Cambio de tema.
—¿Ya has encontrado otro trabajo?
—No. Pero he estado buscando. Pronto conseguiré algo.
Ella miente con su entusiasmo, números marcados en bolígrafo rojo que nunca serán llamados, oportunidades sin seguir. He estado allí. Conozco las señales.
—¿Estás bien de dinero? —Espero una respuesta de lucha o huida, pero ella simplemente suelta una risa oscura y ahogada.
—Dinero, dinero, dinero. —Ella vuelve a reír, mirándome. Su expresión es igual a los ladrillos detrás de ella—. Hace al mundo girar. Excepto que quiero bajarme.
Vuelvo a mirar el tráfico. No puedo presionarla para conseguir las respuestas a las preguntas en mi cabeza. Siento que estamos balanceándonos en el borde de este balcón. No quiero inclinarme demasiado.
Sus ojos vuelven a mí de nuevo. Espera la inevitable preocupación, el interrogatorio. Cuando no llega, continúa como sabía que lo haría.
—Tomé prestado mucho dinero de Sam. —Apaga el cigarrillo contra el muro de ladrillos y entonces se estira sobre las puntas de sus pies y lo esconde en la canaleta. Su camiseta se levanta lo suficiente como para atraer mi mirada—. No puedo devolvérselo, así que estoy aquí y en dónde sea que él quiera, haciendo lo que sea que él quiera que haga.
Pienso en ellos en el coche. Sus manos sobre ella.
—¿Qué quiere que hagas?
Le he dado al gatillo y ella me lo devuelve.
—Nada como eso. No haré eso. —Se cruza de brazos.
—No dije nada.
—No fue necesario.
El sonido de una sirena se acerca, los destellos de luz a la distancia. Ella espera hasta que haya pasado, sus dedos deslizándose contra una grieta en la pared hasta llegar a su fin. No le deja más que hacer que hablar conmigo.
—Nos conocimos en la escuela. Dios, eso parece hace demasiado tiempo. —Sonríe y es suavizado por la idea de su pasado. No permanece por demasiado tiempo—. Muchas cosas han sucedido desde entonces y Sam estuvo allí. Siempre ha estado allí. —Se encoje de hombros como si esta razón fuera suficiente para que él estuviera aquí ahora. Desde donde estoy parado, no la es—. Él siempre ha estado metido en... cosas. Pensé que era emocionante, peligroso —comenta pero su mirada se mueve hacia la puerta. La furia despierta debajo de mi piel—. Pero las cosas cambian. Las personas cambian.
—No puedes quedarte aquí.
Ella sacude la cabeza y estira una mano hacia el picaporte.
—Es fácil decir eso para ti, Edward. Pero no tengo opción. —Entonces desaparece adentro.
Permanezco en el balcón unos minutos. Dejo que el calor se esfume de su orgullo. La encuentro en el sofá, pasando canales, sus ojos mirando nada.
—Te llevaré a dónde sea que quieras ir.
Ella agacha su cabeza, escondiendo su rostro de mí.
—No tengo donde más ir.
No puedo durar mucho tiempo manteniéndome a flote antes que la corrosión cubra mis buenas intenciones.
—Puedes quedarte conmigo... esta noche. Luego mañana, encontraremos una solución.
El asentimiento de su cabeza es casi imperceptible. Obtengo la respuesta que quiero, pero me siento indeciso entre el buen tipo que quiero ser y el tipo malo que soy. Estoy consiguiendo lo que quiero, después de todo.
¿Será buena idea?
Gracias por leer :)
