Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es SparrowNotes24, yo solo traduzco con su permiso.
Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to SparrowNotes24. I'm only translating with her permission.
Quince
La nieve ha inundado la ciudad de silencio. Hace que todo momento con Bella sea más ruidoso.
No hemos abandonado el departamento en dos días. Mi teléfono murió ayer; no me he molestado en cargarlo. Aunque parece que todo se ha detenido afuera de nuestra burbuja, sé que mi correo de voz estará lleno—Emmett, Mike, y si no tengo suerte, Alice. Pero Bella está haciendo tostadas francesas, sus piernas desnudas con mi vieja camiseta puesta, y la idea es olvidada.
Destellos de ella inclinada sobre mi sofá, montándome, debajo mío, de rodillas, su piel roja por mis pisos, traen mi mente de vuelta a la única carretera por la que parece correr. Intento jalarla hacia mí, pero ella me da un manotazo con una risita.
—Tiempo fuera.
No es un concepto que conozca.
Luego nos encontramos acostados en sábanas enredadas, atrapados en una bola de nieve. Ella voltea, cubriendo su desnudez con el edredón, metiéndolo entre sus muslos. Me mira con esa mirada suya. La que siempre anticipa una observación que no me gustará.
—¿Por qué no duermes?
—Lo hago, solo que no por mucho tiempo.
Sus dedos encuentran los círculos alrededor de mis ojos, presionando como si su calor convertirá el azul en rosa.
—¿Sobre qué sueñas?
—¿Acaso no es algo que haces cuando duermes?
—No siempre.
—Dime el tuyo y te contaré el mío —digo, esquivándola.
—¿Tienes pesadillas?
—¿Por qué preguntas eso?
Se encoje más debajo de las mantas, lejos de lo que sea que realmente quiere decir.
—¿Qué? —pregunto.
—Leí una de tus historias... de tus artículos. ¿Espero que eso esté bien?
Siento que soy yo el de las marcas rojas por un segundo. Me encuentro tan lejos de lo que era que ya no me reconozco. Pero no puedo distanciarme de mí mismo cuando las palabras están en blanco y negro, mi nombre adjuntado a sus bordes.
—¿Cuál?
—El de la última aldea. Los chicos y sus armas. Y lo que le pasó a ellos.
Intento separar la historia que conté de los recuerdos que tengo. Una es llevadera. La otra no pertenece en ninguna parte cerca de Bella. No pertenece en ninguna parte más que en el infierno.
—Esa —es todo lo que digo.
Ella asiente, sus ojos por encima de las mantas ahora. Sus manos se estiran hacia mí. Intento no apartarme.
Creo que la nieve está amontonándose sobre mí. Hace frío. Necesito calor. Su cuerpo ayuda pero solo una cosa tiene suficiente calor para quemar recuerdos como esos. Recuerdo ahora por qué bebía. Lo que podía hacer. Por qué no siempre era lo peor. Trago el deseo.
—Esas cosas debieron haberte afectado.
—No sería humano si no lo hicieran.
Ella ahora me mira como si me entendiera. Como si estuviera sumando mi tiempo en una zona de guerra con mi tiempo en AA y obteniendo el resultado que ella quería. Solo es una parte de la ecuación.
Lucho contra la urgencia de escapar y en cambio me entierro contra su piel.
—Ahora cuéntame uno tuyo.
Ella se toma tanto tiempo que creo que se ha quedado dormida cuando finalmente habla.
—Tengo un sueño recurrente. Sobre mi papá.
—¿Una pesadilla?
—Sí y no. —Sus dedos fríos de los pies se entierran debajo de mis piernas mientras se acurruca más cerca de mí—. Es... Él se encuentra allí, lo que quiere decir que es un sueño feliz hasta que despierto. Entonces es una pesadilla.
—¿Qué cambia?
Ella se saltea a la próxima pregunta.
—Él tuvo un accidente automovilístico. Hielo, neumáticos gastados, y roble de cien años no es una buena combinación.
—Lo siento —digo, sabiendo lo inútil que son esas palabras.
—Sueño que él está en mi graduación. Estoy tan nerviosa por subir al escenario, pero entonces lo veo en el público, y hace esta cosa que siempre hacía, como un guiño y un saludo militar, y entonces estoy bien. Subo, y está bien porque él está allí. Es irónico, en realidad.
—¿Por qué él murió antes de eso?
—Porque nunca me gradué.
Ella me mira entonces, tratando de encontrar algo en mi reacción antes de continuar. Es lo más cerca que he estado de comprender de qué está hecha esta chica en mi cama, así que encuentro su mano donde descansa sobre mi pecho y la cubro con la mía. Es todo lo que ella necesita.
—Reprobé mi último año, pero supongo que eso suena como si lo intenté. —Rueda sobre su espalda, mira al techo. Es una audiencia más fácil—. No lo intenté. Ni siquiera fui.
—¿En absoluto?
—No al final. Antes de eso, era popular y parte del equipo de atletismo. Tenía buenas notas y asistía a todas las fiestas.
Exactamente el tipo de chica que hubiera hecho mía si ella hubiera estado en mi secundaria. Lo hubiera cagado, y entonces esta sería un tipo de historia diferente.
—¿Qué pasó?
—Nada, en realidad. No hubo una razón. O quizás la hubo, pero no es algo por lo que puedas tenerme lástima.
—¿Por qué te tendría lástima?
—Si tuviera una razón para cagarla por completo, como problemas en casa o en la escuela, puede que intentes comprender o decirme que fue lo mejor que pude hacer. Pero no era infeliz. Mi vida en casa fue buena. Mi papá trabajaba y pasaba todo su tiempo libre conmigo o en la bolera. Él tuvo algunas novias pero ninguna por mucho tiempo. Creo que él era feliz, pero no miraba lo suficientemente cerca como para estar segura. Estaba demasiado ensimismada en mí misma, y entonces comencé a aburrirme. Quería más que ser popular y obtener buenas notas. Entonces Sam se mudó al pueblo. Él tenía sus propias reglas, y quería vivir por ellas. Para cuando él se graduó, la escuela no tenía nada para mí. No importó que mi papá y mis profesores me rogaron, gritaron, y suplicaron. No los escuché. No podía ver que si quería más para mí misma, todo lo que debía hacer era escuchar.
—Eras joven —digo, a pesar que parte de mí deseaba que pudiera haber estado allí para hacerla entrar en razón. La otra parte está celosa de su vínculo con ese cabrón. ¿Qué podría tener él para ofrecerle que la hiciera echar su vida por la borda? ¿Cómo su atracción pudo haber sido tan fuerte? Pero no puedo hablar. Eché por la borda la mía por mucho menos.
—Fui estúpida. Me suspendían regularmente, y mis notas eran horribles. No me importaba, porque iba a mudarme a San Francisco con Sam y trabajar en su bar. Era nuestro gran sueño. Pero entonces mi papá... bueno, para ese entonces, había cerrado todas las puertas con todos a los que le importaba. —Ella me mira como si chequeando que esté aquí. No me muevo. Esto es lo más de lo que la he escuchado hablar, y el reportero dentro de mí está aguardando su tiempo, juntando todo lo que puede antes de que ella se dé cuenta que soy la última persona en la que debería confiar. Feliz de que mis ojos estén en ella, continúa—. Cuando mi papá murió, hubo muchas deudas. Algunas de las que estábamos al tanto. Otras que no. No tenía forma de cubrirlas.
—¿Tu mamá?
—No tuve una. O solo tengo una idea de quién es. Papá juraba que me encontró sobre una caja de frutas. —Una pequeña sonrisa hacia la pared revocada—. Por los rumores y chismes que he escuchado con los años, ella era una cantante que él conoció en un restaurante local. Renée algo... No me importa. —Se tensa ante la mentira—. Se enamoró completamente de ella, solo que ella solía abrir sus piernas para medio pueblo hasta que se fue de este y dejó a papá con una recién nacida. —No sé si se da cuenta, pero sus mejillas realmente muestran cómo se siente al respecto—. Solía preguntarle a papá si realmente era de él. —Parpadea demasiado rápido como para mantener su sonrisa—. Dijo que nadie más podría ser responsable por mi terquedad. También tengo sus ojos.
—¿Has intentado contactarla?
—No quiero.
No quiero discutir que llamar a su mamá podría desacelerar las olas de soledad que irradian de ella. También podría matarla. Así que cambio de tema, girando sobre ella. Ella se abre a mí como si fuera el sol.
—Siempre podrías volver a la escuela.
Ella se mueve debajo de mí, cerrando los ojos bajo mi peso.
—No, no puedo.
—Sí puedes. —Desciendo hasta sentir su corazón latiendo dónde sea que nuestra piel se toca—. Puedes hacer lo que sea que quieras.
Sus ojos se abren.
—También tú.
Está demasiado cerca, así que la empujo hacia el espacio con el que puedo lidiar. Mis dedos se deslizan debajo de las sábanas, entre sus piernas, dentro de ella. Ella se mueve contra mi mano, sus pies resbalándose mientras intentan contener los temblores.
—¿Por qué me haces sentir así? —Ella gimotea y se retuerce debajo de mí.
Es fácil, quiero decir. Estás hecha para mí. Pero no puedo lidiar con esa jodida idea aún. La beso, es más profundo y desesperado. Más de lo que quería que significara. Mis muros están cayendo a mi alrededor.
Podría ser cualquier hora del día cuando despierto. El abrigo frío que la ciudad viste no me dice la hora. Los días y las noches se han fusionado en ella y yo. Estoy observando pilas de nieve ceder y deslizarse por la ventana del cuarto cuando hay un golpe a la puerta principal. Bella se mueve a mi lado. Dice mi nombre. El visitante inoportuno golpea de nuevo.
—¿No deberías responder a eso? —Ella es suave y rosa por el sueño, su cejo está fruncido, y su cabello es la pista de lo que hemos estado haciendo. Estoy tan exhausto, pero la atracción hacia ella crece. Me inclino y presiono mis labios sobre su hombro. Ella huele a sexo y azúcar.
Los golpes aumentan, y gruño contra su piel. Ella se aparta riéndose.
—Eso hace cosquillas. —Ella aparta las mantas, estirándose hacia el suelo en busca de sus prendas. Ignoro la puerta.
—Vuelve a la cama. —Mi pedido es interrumpido por el grito de Emmett.
—Edward. ¡Sé que estás allí! ¿Puedes contestar? Necesitamos hablar. —No hay humor en su pedido. No puedo lidiar con él así—. E, lo digo en serio. Por favor.
—Deberías hablar con él. Suena molesto. —Ella ya está apartándose de mí. Me estiro y envuelvo mi brazo alrededor de su cintura, jalándola de vuelta hasta que se encuentra presionada contra mí. Desnuda y cómo la deseo. Emmett escucha su chillido.
—Vete al diablo, hombre. Vete al diablo. —Su puño golpea la puerta, y entonces hay silencio sin contar el jadeo que Bella suelta cuando la tomo por detrás.
No me importa cómo él debió haber cruzado la ciudad para llegar hasta aquí.
O lo preocupado que debe estar por mí.
No pienso en llamarlo.
O al menos enviarle un mensaje.
No me importa.
No pienso.
Y eso es un defecto fatal.
