Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es SparrowNotes24, yo solo traduzco con su permiso.
Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to SparrowNotes24. I'm only translating with her permission.
Dieciséis
Bella desaparece una mañana mientras estoy en la ducha. Su nota sobre la encimera no me dice nada. Volveré pronto. No es suficiente como para detener mi mente de apresurarse a volver a su departamento, estrellándose contra la imagen de ella volviendo a Sam. Detengo el pensamiento antes que me ponga peligroso.
Tomo mi bolso del gimnasio y atravieso la nieve gris de camino a Whitlock's. Está tranquilo y el saco está libre para ir todas las rondas que pueda lidiar. Pierdo los guantes en algún momento, y es solo cuando mis nudillos están rojos que me detengo.
Sorprendido de que Riley no haya venido a provocarme, lo busco en la oficina del fondo, pero es Alice quien responde a la puerta. Ella tiene una pila de papeles en una mano, el teléfono atrapado entre su oreja y su hombro. Estoy sorprendido de verla pero ella me mira como si fuéramos extraños. Siento alivio cuando ella da un paso a un costado para dejarme entrar sin decir una palabra, en vez de regresar a una confrontación despiadada que está teniendo con quién sea que se encuentra del otro lado de la línea.
Ella estrella el teléfono con una maldición. Comienzo a arrepentirme de mis decisiones de hoy.
—Mucho tiempo sin verte. —Ella sigue furiosa, una mano en su cadera. Veo lo grande que se ha puesto. Su barriga un balón debajo de su suéter.
—¿Está todo bien? —Echo un vistazo al teléfono que ha hecho bien en permanecer en una pieza.
—Solo los imbéciles en el Tribune que hacen mi vida más difícil de lo que necesita ser.
—¿El Tribune?
—Están escribiendo un artículo sobre el gimnasio y nuestro programa para jóvenes criminales, pero no paran de cambiar las fechas y el ángulo de la historia.
—¿Hay algo en lo que pueda ayudar?
—Podrías escribirlo por mí.
Ella sonríe como si estuviera bromeando, pero la conozco mejor.
Me mantengo lejos de sus pinchazos.
—Puedo hablar con Lenny por ti. Él se encuentra en el área de deportes y debería ser capaz de enviar a alguien bueno.
—No te preocupes. Lo resolveré. —Me da la espalda y guarda lo que sea que necesita para evitar llevar la conversación por un callejón oscuro. Dejo que su ira descienda. Como siempre, ella no puede soportar el silencio por demasiado tiempo. La curiosidad empuja las palabras—. ¿Estás bien?
—Estoy bien —digo y le ofrezco media sonrisa en caso de que ella vaya a seguir siendo una perra.
—¿Supongo que no te has enterado?
—¿Enterarme de qué?
La forma en que se muerde el labio muestra sus nervios, y me aferro para lo que se viene.
—¿Has hablado con mamá?
Levanto mis cejas en respuesta.
—Eso creí. —Frunce el ceño y se sienta, descansando sus manos sobre su vientre. Un suspiro presenta la bomba—. Ella está organizando una exequias para papá.
—Qué amable de su parte. —Ali hace una mueca, e inmediatamente me siento mal.
—Ella quiere que digamos algo.
—¿Cómo qué?
—No hagas esto más difícil para mí, Edward. —Sus ojos brillan con furia, transformándola en nuestro padre. Las expresiones de él se reflejan en su hija. No muchas de ellas se encuentran en mí.
—Lo siento. —Tomo un bolígrafo y lo giro entre mis dedos para darme algo en qué concentrarme en vez de la ira creciente hacia mamá—. ¿Qué quiere ella que hagamos?
—Ella quiere que hable de papá o que lea un poema. No lo sé. —Descansa su cabeza contra la silla—. No sé qué decir.
Asiento, desde ya sabiendo que ella no será capaz de hacerlo. El recuerdo roto de su funeral se reaviva—Alice fue incapaz de hacer otra cosa más que respirar, e incluso eso fue difícil.
—¿Y ella espera que vaya?
Ella se encoje de hombros.
—Eso creo. ¿Estás seguro que no te ha llamado?
Pienso en los últimos días perdidos con Bella.
—Es posible. He estado ocupado.
—¿Con el trabajo?
—Sí —miento, sin estar listo para compartir.
—¿Crees que podrás ir? ¿Quizás decir algo... conmigo? —De repente es mi hermanita de nuevo.
Mi garganta se cierra. Uno de nosotros tendría que hacerlo, y seguramente ella no será capaz.
—No estoy seguro.
Ella levanta sus manos.
—No contestes ahora. Solo piensa en ello.
Rápidamente cambio de tema al preguntar cómo se encuentra Jasper. Ella me cuenta sobre desiertos constantes en países extranjeros, lugares tan familiares para mí como mi ciudad natal, las llamadas nocturnas, y mensajes de vídeo sin terminar, y los días que ella está contando para que él vuelva a casa, desapareciendo rápidamente en días hasta el día del nacimiento de su bebé. La ausencia de él lentamente está quebrando su caparazón. Ella tiene personas con las cual llenar los vacíos hasta que él esté en casa. En otra vida, probablemente hubiera estado allí para ella también, pero no en esta.
Pongo mi excusa para irme.
—¿Estás seguro de que estás bien? —Ella siempre tiene que chequear dos veces, como si compensando por no preguntar lo suficiente la primera vez. Como si yo no la hubiera cagado tanto si ella lo hubiera intentado con más fuerzas.
Bella es mi primer pensamiento e intento esconder el efecto de ella en mi rostro, agachando la cabeza y pasando mis dedos por mi cabello aún húmedo.
—Sí. Lo estoy.
Ella nota algo porque obtengo una sonrisa genuina cuando levanto la mirada.
—Bueno, es genial verte. —Se acerca y pellizca mi oreja, un recuerdo de momentos más simples para suavizar su recordatorio—. Piensa en lo de papá, E.
~ACoY~
Evito pensar en mi papá hasta llegar a casa, pero cuando Bella no se encuentra allí, es mi única compañía. Debería ser capaz de subir y hablar sobre un hombre que amé, pero al decepcionarlo de forma tan vital, no puedo evitar sentir que he perdido ese derecho. Mientras más intento imaginarme haciendo lo correcto, más me siento atraído a tomar las decisiones incorrectas. Decisiones que me trajeron aquí en primer lugar.
Me ducho para quitarme los restos del gimnasio. Limpiando el espejo cubierto de vapor, sigo las rutinas—cepillo mis dientes, acomodo mi cabello. No me afeito, añadiendo otro día de crecimiento. Bella me dijo que le gusta sentirla, todo lo contrario al afeitado Sam, lo que lleva mis pensamientos hacia ella. Ignoro lo que mi reflejo intenta decirme. Un cuento triste.
No hay nada más qué hacer que ir a trabajar. Difícilmente termino con la pila de mierda que he dejado acumularse. Mi mente se encuentra en otro lado. Con Bella. Con papá en un estacionamiento congelado. La única vez que lo he visto llorar. La última vez que lo vi. Palabras sin decir entre nosotros, cosas que nunca fueron dichas.
Me percato del hecho que es un jueves cuando el sol ya es solo un rumor. Llamo al número de Bella, pero ella no contesta. Estoy a punto de descarrilar cuando abandono la oficina, así que hago lo que sé y me dirijo hacia el centro, a AA.
Maggie está fumando afuera, como una polilla debajo de la farola. Su sonrisa se siente como el único calor en toda la ciudad.
—Hola, extraño. Benditos estos ojos viejos que te ven.
—¿Cómo están las cosas? —pregunto y me le uno, sacando mi propio cigarrillo.
—He estado peor —dice, sus ojos brillantes en un rostro demacrado. Todos están observándome, buscando señales por mi ausencia—. ¿Qué hay de ti? He estado preocupada.
—No deberías estarlo. Estoy bien, solo ocupado con el trabajo.
Ella me da la mirada "deja de mentirme".
—Conocí a alguien. —Una sonrisa sigue a mi confesión, iluminando la suya como un fósforo. No estoy completamente cómodo en la manera que Bella me hace sentir, así que le resto importancia—. Ella es una amiga.
—La chica de La Linterna Roja.
—Yo... —Entrecierro los ojos—. ¿Cómo lo supiste?
—Sé todo. Mi bisabuela era una bruja. —Se carcajea, y lo creo tanto como creo en el diablo que no para de repiquetear mis huesos. Me río con ella, apartándome de los rostros, algunos familiares y otros no. Casi me siento como un extraño.
—¿Em está adentro? —Señalo hacia la puerta. Adentro, las sillas están llenándose y puedo ver a Marcus al frente.
—No, no está aquí aún. Esperaba que él estuviera aquí contigo.
—No lo he visto en un tiempo. —Omito su visita a mi departamento. La culpa acelera mi salida—. Será mejor que entre. —Apago la colilla en la oscuridad y me dirijo hacia adentro, ignorando la introducción de Marcus mientras intento llamar a Em. ¿Qué mierda pasa que las personas que no contestan sus teléfonos? Venganza, supongo. Lo guardo en mi chaqueta hasta que ha pasado media hora y él aún no ha llegado. Aún no hay respuesta cuando vuelvo adentro. O en el autobús. O en la pequeña caminata hacia mi edificio.
Cambio de número e intento contactar a Bella cuando ella sigue sin estar en mi departamento. Con nada más que hacer, me voy a la cama, apago las luces y observo a las luces intermitentes en el echo de los coches que pasan. Intento asegurarme de que Em se encuentra bien. Que Bella está bien. Soy casi tan bueno convenciéndome de no hacer cosas como de hacerlas.
Estoy al borde de quedarme dormido cuando escucho la puerta. Bella sube a la cama, presiona su nariz fría contra mi espalda. Sus brazos me rodean, sus manos se deslizan por mi piel. Sus labios dejan besos y aliento cálido.
—Extrañé esto.
Volteo y le cuento sobre mi día. Le cuento sobre mi papá, la versión de contratapa que deja afuera las cosas buenas. Le cuento sobre Em y la exequias. Entonces, ella me hace olvidar de todo cuando se mueve sobre mí, su cabello suelto, su cuerpo caliente, sus palabras reconfortantes.
Es suficiente para llevarme al límite, y duermo profundamente por lo que parece ser la primera vez en casi un año.
Pero no es suficiente para prepararme para lo que sucede cuando despierto.
