Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es SparrowNotes24, yo solo traduzco con su permiso.


Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to SparrowNotes24. I'm only translating with her permission.


Diecisiete

—Esta es una llamada por cobrar de la Comisaría Este del Departamento de Policía de Seattle para Edward Cullen. ¿Acepta?

—...Sí.

Conectando.

—...

—Hola, ¿hay alguien allí?

~ACOY~

Remarco y soy pasado de un idiota a otro hasta que una mujer de la Comisaría Este atiende.

—Acabo de recibir una llamada por cobrar de alguien, pero colgaron. —Masajeo el dolor que se asoma por mi frente—. ¿Puede decirme quién fue?

—Espere. —Cubre su voz nasal y se toma su tiempo para volver a mí. Estoy trepando las paredes, pensando de una situación hipotética a otra mientras espero a que ella se apresure.

Después de varios balbuceos y golpes, regresa, aunque dudo que ella siquiera ha pensado en ayudarme.

—¿Tiene un nombre?

Suelto el aire por la nariz en un intento por desviar los insultos. Insultar a alguien que trabaja con la policía está por encima del nivel de a lo que me rebajaría—estando sobrio, al menos.

—No, no me dijeron o no estaría llamando. Fue hace solo dos minutos. —Me trato con muchos cabrones, pero si el primer contacto es una llamada de una prisión se pueden ir al diablo. Hay un nombre que sigue volviendo, sin importar lo equivocado y fuera de lugar que esté, ese es el que le ofrezco—. ¿Emmett McCarty?

—¿Cómo deletrea eso, señor? —responde, aburrimiento programado en su voz.

Logro decírselo sin añadir las letras extra V_E_T_E_A_L_D_I_A_B_L_O.

—Fue liberado —es todo lo que obtengo.

—¿Por qué? ¿Qué hizo?

—No puedo darle esa información, señor. ¿Eso es todo, señor? —Termina con un suspiro y masticando su chicle. Creo escucharla explotar un globo. Me contengo para no lanzar mi teléfono hacia el otro extremo del cuarto. Bella se me ha unido en el brazo del sofá, su ceño fruncido.

—¿Puede decirme si sigue allí? ¿Acaso necesita que alguien lo recoja?

—Lo siento, no puedo decirle eso.

Cuelgo e inmediatamente llamo a Em de nuevo. Aún no contesta. Imagino que su teléfono está muerto después de una noche en las celdas. ¿Qué demonios está haciendo? Tomo mis llaves mientras le cuento todo a Bella.

—¿Quieres que vaya contigo? —pregunta.

—Nah, solo necesito chequear que esté bien, luego volveré. —Me inclino y beso su mejilla, la preocupación retorciéndose en mi interior como una daga—. Te llamaré.

~ACOY~

Dicen que la probabilidad de ser impactado por un rayo es 1 en 3000. O de morir en un accidente automovilístico—bueno, eso depende de los riesgos que tomes.

La probabilidad de ser impactado por un tren—sal de las putas vías.

La probabilidad de ocasionar tu propia muerte—por favor, vea arriba.

~ACOY~

Para cuando llego a la comisaria, aún no estoy cerca de saber adónde ha ido Em. Incremento mis posibilidades al pedir un favor a uno de mis viejos amigos de borrachera. Un policía que sigue frecuentando los lugares que he exorcizado de mi interior. Pero Ben no había dejado que la adicción entrara a su cama. Aún no, al menos. La suya ya estaba llena con una hermosa esposa que no se merecía.

Él me devuelve la llamada mientras espero en los escalones, mis dedos congelados mientras fumo.

—Fue detenido por conducir bajo la influencia del alcohol en la 23.

—¿Estás seguro? —Espero estar escuchándolo mal. La idea de que Em recaiga hace que sude frío. Mi corazón late con una advertencia. Demasiado cerca de casa. El Em que conozco y la imagen que Ben describe no pueden ser dos caras de la misma moneda. Alguien está engañándome.

—Síp, sus niveles eran elevados. No estamos hablando de una botella o dos.

—Mierda. —Estrujo la colilla contra la nieve sucia de los escalones—. Mierda. —Soy elocuente cuando quiero serlo—. ¿En qué diablos él estaba pensando?

—¿Alguien del programa? —pregunta Ben. Escucho a su hijo chillar en el fondo, a Angela reír.

—Sí. Mi padrino —digo, y una corriente de remordimiento intenta derribarme, solo la culpa me aferra a mi lugar—. No tenía idea que él se encontraba tan cerca de esto.

—Sí, bueno, no sabemos lo que no sabemos.

—Gracias por esa semilla de sabiduría.

Ben se ríe, y puedo ver el encogimiento de hombros de tipo sabio que está haciendo.

—De nada. ¿Necesitas algo más?

—Nah, debo tratar de encontrarlo ahora.

—¿Tienes alguna pista?

Pienso en sus visitas de ritual a su viejo hogar.

—Sí, quizás. —Comienzo a dirigirme al estacionamiento—. Gracias por el dato. Te veré por ahí.

—Espero que no. —Se ríe de nuevo antes terminar la llamada.

No puedo comprender lo que está pasando sin la pieza perdida. Me lleva media hora salir del acogedor suburbio donde vive Rose: cercas blancas, jardines bonitos, y todo eso. El alivio cuando veo el coche de él en la entrada es mejor que el sexo. Las persianas bajas, aunque es casi el mediodía, pero vuelvo a mirar el coche de nuevo y me convenzo de que él se encuentra bien, o al menos está vivo. Bien es cuestionable. Me quedo por una hora hasta que he fumado mi paquete, luego voy a casa, devuelta a un departamento vacío. Llamo a Em varias veces más, pero su buzón está lleno. Mi razonamiento detrás de no golpear a su puerta, que ellos tienen mucha mierda de qué hablar, me detiene de no volver allí. Envío varios mensajes y espero. Espero a Em, y espero a Bella.

Para cuando ella vuelve, mi inquietud con la situación de Em ha sido dirigida hacia ella.

Le cuento sobre el estado de Em. Ella está más preocupada de lo que pensé que estaría, pero le digo que no se preocupe, que le estoy dando espacio con su familia. No le digo que estoy siendo un cagón sobre enfrentar el hecho que ignoré las llamadas de él, o peor, que no le abrí la puerta. No le pregunto a Bella dónde ha estado todo el día. Las potenciales respuestas ya han encontrado su camino debajo de mi piel como pedazos de cristal. Espero mientras ella se ducha, quitándolos uno por uno. El monstruo dentro de mí me dice que ella es mía. Mía. No de Sam. La necesito. No él. Yo. Me rasguña desde adentro. De la misma manera que ella lo hizo antes. La otra ella. Inflamable. Tóxica. Suicida. No me detengo a considerar las similitudes.

—¿Día ocupado? —Las palabras salen antes de que ella se dé cuenta que me encuentro sentado al borde de la cama.

Voltea su cabello, gotas de agua contra mi piel desnuda, y envuelve una toalla alrededor de su cabeza, tomándose su tiempo antes de estar lista para contestar.

—Tenía cosas que hacer.

—¿Cómo qué? —Escucho la posesión asomarse en mi voz como moho.

—No puedo vivir aquí para siempre, Edward. Tengo cosas que resolver. —Se ríe y me da la espalda—. También fui a buscar un trabajo.

—¿Dónde?

Ella gira, me estudia.

—¿Qué te pasa? ¿Estás bien?

Me apoyo sobre mis codos para dar la imagen de que me encuentro relajado.

—Nada. Solo preguntaba.

—Mmm —es su respuesta. Escucho lo que quiere decir. Y lo llevo demasiado lejos de nuevo, mostrándole lo mucho que me importa. O quiero. Tómalo cómo quieras.

—¿Dónde está el trabajo? ¿O es un secreto?

Ella camina hacia mí, subiéndose a la cama, sobre mi regazo, su piel aún mojada. Sus manos me empujan hacia atrás. Su sonrisa acelera mi pulso mientras la toalla a su alrededor se abre. Se agacha para susurrar en mi oído.

—No hay secretos.

Ella no es estúpida, ni tampoco yo. La técnica de distracción funciona por un minuto mientras mi cuerpo se ajusta al suyo.

—Dime entonces.

Ella sopla aire caliente contra mi cuello y presiona sobre mi pecho hasta estar sentada. La vista llena mi mente de ideas, alejando a mis celos.

—Es solo un bar. Es lo único que pude conseguir rápido.

—¿Cuál? —pregunto, aliviado cuando no tengo una historia con el que ella menciona. Hockleys. Y que ella no vaya con cuidado. Puedo lidiar que mencionen un bar, solo no me dejen entrar a uno. Y no me dejen entrar a uno donde Bella sirve los tragos. Estoy más duro que nunca entre sus piernas ahora, y ella gira sus caderas. No puedo mantener mis ojos abiertos o mis manos apartadas.

—No te molesta, ¿o sí? —pregunta, pero sé que a ella no le importa.

Sacudo la cabeza. No me molesta. Especialmente a la parte de mí que está aliviada de que pueda tener una razón genuina para volver a un bar. O que pueda engañarme con que lo sea.

—Para nada.

—Perfecto —ronronea, y entonces me quita las preguntas follándome.

~ACOY~

Me encuentro sentado en la escalera de incendios con un cigarrillo y mi teléfono. La llamada perdida de Em es casi tan buena como un trago de licor. Con las manos heladas, marco su número. Una voz femenina contesta. Pequeña, bajita, dudosa.

—¿Hola?

—Oh... hola, ¿este es el teléfono de Emmett? —digo, revisando el identificador de llamadas de nuevo. Su nombre está iluminado por lo que estoy 90% seguro de que es Rose, y su tono me está aterrando.

—Sí —dice, queriendo más.

—Eh... ¿está él por ahí?

—No, no está. ¿Quién es?

—Es Edward.

—Oh. —La comprensión la descongela un poco—. Soy Rosalie. Su... la esposa de Emmett, exesposa —me recuerda innecesariamente—. Vi las llamadas perdidas, así que llamé. Él te tiene en su teléfono como E —explica.

—¿Él volverá pronto? —Me arriesgo a anhelar.

Una pausa mientras ella susurra algo, cubriendo el teléfono. Lo imagino tirado en la cama junto a ella mientras ella intenta despertarlo. Es una imagen más fácil de la que está luchando por subir.

—¿Estás en Seattle ahora? —pregunta.

—Sí... —Cada tono que había tomado por cansancio se vuelve más claro y más oscuro en mi mente. Mi frecuencia cardíaca trepa más alto que la escalera de incendios.

—¿Puedes venir a la estación de policía, la comisaria este? —exhala, su tono ahogado.

—¿De nuevo? —digo y escucho la confusión cuando repite su pedido—. ¿Está todo bien? ¿Em está bien?

—¿Puedes venir? —Ella apenas está escuchando. Apenas respira entre pensamientos.

—¿Cuándo necesitas que vaya? —Ya estoy entrando por la ventana. Bella me mira desde su posición acostada en el sofá. Se sienta mientras me apresuro por el departamento para tomar mis cosas.

—Ahora, Edward. Ven ahora.