Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es SparrowNotes24, yo solo traduzco con su permiso.
Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to SparrowNotes24. I'm only translating with her permission.
Diecinueve
Cosas que esperamos saber:
- Su teléfono está muerto o perdido—esperamos que él no lo esté.
- Está gastando dinero—esperamos que no sea alguien más.
- Se encuentra en Seattle—esperamos, o sino no tenemos posibilidades.
Cosas que no sabemos:
- Todo.
Seis horas después
Mis latidos retumban en cada célula de mi cuerpo. Más fuertes que el bajo palpitando a través de las paredes. Más rápido que la ola de cuerpos sudorosos bailando en la pista. Se siente como una cuenta regresiva, como si estuviera quedándome sin tiempo. Escaneo la multitud y no obtengo resultados. Él tampoco está aquí. Lo he buscado por toda la ciudad, por más tiempo y con más energía que cualquier subidón. Nadie ha escuchado de él. Nadie lo ha visto. Él es el hombre invisible. Difícil de atrapar.
La culpa ha estado conmigo, siempre presente como un secuaz al cual no puedo alejar. Se pregunta qué y el sí. Quiero darle puñetazos hasta que se le caigan los dientes, hasta que corra sangre. No ayuda.
Ocho horas
Este es un juego de persecución. Damos vueltas, esperando conseguir el primer toque. Solo que no hay nadie a la vista. Solo suposiciones e intentos inútiles por intentar entender las motivaciones de un adicto. Motivaciones que debería conocer bien.
Damos ronda tras ronda. Hasta que caemos.
Diez
Adentro de The Blue Jay, el gastado empapelado está cayéndose de las paredes, un viejo cartel de neón titila sobre la barra. Necesita cuidado y amor, pero eso es algo que nunca encontrarías en este espacio. Labios magullados por besos, golpes, o ambos, es lo que usualmente ofrecen aquí.
Benny aún se encarga de la barra. Grande como un muro de ladrillos, peludo como un oso, me mira como si fuera un extraño. Supongo que lo soy. Este año, al menos.
—Hola, amigo —digo, y se percata de quién soy. Sirve un shot de Mezcal y lo desliza por la barra antes de que pueda detenerlo. Lo atrapo, el líquido se vuelca sobre mis dedos. Cuando me doy cuenta, mi mano está de camino a mi boca, la seco con mis jeans en su lugar. Le agradezco y lo vierto en el suelo pegajoso cuando él se da vuelta para guardar la botella en su lugar.
—¿Estás bien? —Toma un vaso y pasa un paño mugriento por su interior.
—Sí, pero no estoy aquí para mí. Busco a alguien más. ¿Conoces a Emmett McCarty?
Él se rasca el costado de su cabeza cubierta de rastas negras.
—No lo creo. ¿Debería?
Encuentro la fotografía que Rose me envió y le acerco mi teléfono. Él la mira por unos segundos más que un momento, como lo indicaría si no lo reconociera. Todos lo hacen. Supongo que si los policías quisieran encontrar a un asesino, sería el que apenas echa un vistazo a la foto, el quién ni siquiera lo intenta. Benny no. Él quiere ayudar, conocer a Em, pero tiene que sacudir la cabeza.
Mis pies se sienten cada vez más pesados mientras doy más pasos sin toparme con alguien que conozca a Em. Resulta ser que él no es como yo, rondando por la ciudad como una pistola de bengalas, flameantes, follando, y metiéndose en los recuerdos de las personas.
Desearía que él fuera más ruidoso en su destrucción. Una supernova, en vez de una estrella que se apaga así nunca puedes estar realmente seguro de que estuvo allí.
Doce
Tres bares más, dos clubes, seis hoteles. Muchos rostros me reconocen. Nadie lo ha visto. Tic, tic, tic. Buuum.
Dieciséis
Termino en dónde comienzo. Con Bella. Ella se encuentra sentada a mi lado sin decir nada. Mis manos están en mi cabello, mi cabeza agachada.
—No sé qué hacer.
—Haces lo que puedes.
—¿Lo hago?
—No eres invencible. Tienes que dormir.
—No puedo dormir. —Escupo su nombre como un enemigo.
—Necesitas descansar. Así puedes volver a salir mañana. Comenzar de cero.
—Eso es lo que las personas dicen cuando saben que el cuerpo ya está pudriéndose.
Su horror se escapa, un chillido en su garganta.
—Edward —dice mi nombre como una advertencia—. No digas cosas así.
—¿Por qué no?
—Porque tientas al destino.
—El destino es solo una palabra que las personas usan para hacerse sentir mejor cuando la vida los caga.
Ella aprieta los dientes para no responder lo que sea que realmente quiere decir.
—Estás exhausto.
Más bien decepcionado. Estoy buscando una pelea.
Un día después
Sigo mi propio camino. No dejé pistas, pero mi mente no me dejará olvidar.
El nuevo y renovado Amble Inn, quizás pensaron que no lucía lo suficientemente bien después de tener que limpiar mi vómito de las alfombras y las paredes.
Aces y Spades, un lugar del que sigo expulsado por daños a la propiedad. El portero lo recuerda, así que consigo que una chica con una apenas visible falda y labios rojos muestre la fotografía de Em adentro del bar. Ella no vuelve con algo más que una oferta para chupármela por treinta dólares.
Incluso chequeo el bar junto al estacionamiento vacío de Sixth and Beech, el último lugar donde mi papá me vio con vida.
Toma eso como quieras.
Cuatro días
Mientras más tiempo lleva desaparecido, más tiempo y más energía uso para buscar. No voy a trabajar. No voy a AA. No voy a casa. Bella me grita. Alice grita. Rose llora. Mike amenaza con despedirme. Sigo buscando.
Una semana después
Me estoy quedando sin ideas.
Dos semanas
Voy a AA. A buscarlo.
Encuentro a Maggie.
—Tienes que dejarlo volver por su cuenta.
—No.
—¿Por qué? ¿Qué crees que pasará cuando lo encuentres?
—No lo sé. Simplemente necesito encontrarlo.
Ella suspira. Es más pesado que la niebla cubriendo la ciudad. Incluso la maldita madre naturaleza hace todo lo posible para esconderlo de mí.
—A Emmett le gustaba que las cosas tengan... un orden —dice.
Sacudo la cabeza.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque hablaba con él, como hablo contigo, como hablo con todos aquí. Como tú también deberías.
—No quiero hacerlo —respondo antes de pensar, y entonces cambio de tema—. ¿Acaso él dio alguna idea de dónde iría?
—No, pero le gusta su rutina, así que supongo que, a pesar de que está derrapando, de alguna manera se aferrará a eso.
La reunión ya ha comenzado. No está Em, y nosotros tampoco.
—Entonces, ¿por qué él no está aquí?
Se pone de pie y descansa una mano sobre mi hombro, apretándolo con sus dedos frágiles y huesudos, más suave que un fantasma.
—Quizás lo está.
Termino mi cigarrillo, pensando en sus palabras. El estacionamiento está oscuro, todos los coches vacíos. El viejo restaurante de Bella está lleno, las ventanas llenas de vapor, las especias se aferran a la noche. El bar de enfrente vibra con la música, las luces como humo rojo y azul en la neblina. Inhalo la última calada de nicotina en mis pulmones, conteniéndolo para máximo ardor, esperando que haga su daño antes de expulsarlo a la noche. Entonces, cruzo la calle por primera vez desde Bella y abro la puerta de Jack's. Me lleva menos de diez segundos encontrarlo.
Le envío un mensaje a Rose. Mis manos están temblando. No puedo decidir si es alivio o porque estoy a punto de enfrentar la versión más oscura de mí mismo. Un adicto en caída libre a ciento cincuenta kilómetros por hora.
Demasiado tarde.
