Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es SparrowNotes24, yo solo traduzco con su permiso.
Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to SparrowNotes24. I'm only translating with her permission.
Veinticinco
Mi mano duele de sostener la hoja. Ya no es el papel definido como comenzó. Estoy arrugado de la misma manera. He encontrado un pequeño cuarto donde, irónicamente, se guarda el vino, un lugar donde puedo tener un segundo de paz. El aire frío me ayuda a respirar más fácil y el personal de servicio sabe que no debe molestarme al entrar a llenar sus bandejas.
Sé que Alice estará buscándome, alterada. Mi madre estará feliz de ser capaz de reprender mi predictibilidad a todas sus amigas, aquellas que han venido a apoyarla en su dolor. Un buen ochenta por ciento que probablemente no les importe una mierda mi padre.
Solía contarme en ese porcentaje. Solía. Pero lo estoy intentando. Es por esa razón que estoy aquí en este infierno lleno de flores con enormes fotografías de mi padre que lo hacen lucir como una figura de cera mórbida.
Cierro los ojos con fuerza y me concentro en los pasos que van y vienen. Ayuda a aliviar la furia que trepa por mi columna cada vez que abro la puerta y los razonamientos de mi madre se esconden detrás.
Siento a alguien cerca. Una joven con una fuente de champaña burbujeante, sus mejillas rosas.
—Disculpe, señor. —Se aclara la garganta y aparta la mirada de mí, sus ojos yendo de una pared a otra—. La ceremonia está por comenzar.
Froto mis manos por mi rostro. Mi boca está seca y las palabras se arrastran para salir.
—Gracias. —Pero ella ya ha desaparecido de mi vista. Mi reputación me precede. O la versión de mi madre, al menos.
Me dirijo hacia mi asiento sintiendo cien pares de ojos sobre mí. Cien pares de más. No miro a nadie. Mi pulso se acelera. Un orador de la iglesia de mi madre toma lugar detrás del atril al mismo tiempo que Alice me fulmina con la mirada mientras enderezo mi corbata. Ella está articulando algo, pero solo puedo descifrar la palabra infierno. Suena apropiado.
No puedo concentrarme en lo que sea que los oradores dicen. Las palabras en la hoja dentro de mi chaqueta dan vueltas en mi mente, dejando de tener sentido. Alice está llorando a mi lado. No tengo un pañuelo para ofrecerle. Jasper está mejor preparado, tendiéndole uno mientras envuelve su brazo alrededor de ella, lo que trae una nueva ronda de lágrimas.
Como el bebé ya casi está aquí, he hecho todo lo posible de enmendar las cosas con Alice y Jasper. Lentamente, pero al menos estoy fuera de las alcantarillas por ahora. Ella me pidió que haga esto por ella, así que lo intentaré.
Me he desconectado demasiado y no me doy cuenta que es mi turno de subir. Mi mente se aclara la garganta como si hubiera tragado algo repugnante. Alice me codea y me ofrece una sonrisa con ojos llorosos.
Me pongo de pie y me dirijo hacia el atril, completamente rodeado de flores intensas ya de camino a la descomposición. Los susurros ya han comenzado en la multitud monocromática. La oveja negra sube al escenario.
Desdoblo la hoja de papel y la aliso para retrasar otro segundo. Mi boca está jodidamente seca. Mi corazón demasiado ruidoso. Me aclaro la garganta, una, dos veces, pero estoy trabado en la primera palabra. La sillas rechinan mientras las personas se vuelven impacientes. Tomo un sorbo de agua dejada para mí, deseando no por primera vez que fuera algo más. Encuentro a Alice en el público, y ella inclina su cabeza con aliento, destrozando un pañuelo en sus manos. Estudio algunos otros rostros, reconociendo a nadie. Nadie ofrece una sonrisa. Están esperando a que falle como estoy seguro de que mi madre les ha asegurado.
Mis palmas han esfumado la tinta. Intento recordar las palabras, pero estas se han caído dentro de las grietas que crecen cada vez más.
—Gracias... Gracias por venir hoy. —Más sillas rechinan, la temperatura se eleva—. A Alice y a mí nos gustaría decir algunas palabras sobre nuestro... papá.
Es esa palabra lo que lo logra. Una palabra que no he dicho en voz alta por años. Una que trae una lluvia de recuerdos que me dejan fuera de control. Enderezo mi corbata de nuevo y mi mano tiembla.
—Lo siento —digo—. Yo... Esto es más difícil de lo que pensé.
Nadie se ríe, pero escucho una silla siendo arrastrada por el suelo. Casi me río de mí mismo. Las personas ya están yéndose. Mi atención es atraída hacia el ruido para ver cuál adulador es, pero en cambio veo una mujer de cabello oscuro familiar caminando hacia mí. Ella es un oasis en un desierto de arena movediza. Una que no he visto en meses.
Bella llega al escenario. Estoy consciente de todo en tecnicolor mientras ella toma mi mano y le da un apretón. La suya es fría y tranquila, un chapuzón en el océano. Ella sonríe, pero no tengo tiempo de preguntarle qué demonios está haciendo aquí. Le echo un vistazo a Alice, quien no luce sorprendida.
—Déjame ayudar —susurra. No me resisto cuando ella toma la hoja de mi mano.
Ella no da una introducción o explica quién es o por qué está aquí antes de comenzar a leer mi discurso. Me pregunto si debería sentirme avergonzado, apenado de que mis emociones son demasiadas como para decir lo que vine aquí a decir. Al juzgar por el rostro de mi madre, eso es exactamente lo que debería estar sintiendo. El desprecio se refleja en sus labios apretados y ojos entrecerrados.
Escucho las palabras que escribí y las asimilo por primera vez. El ardor detrás de mis ojos crece, pero me concentro en Bella. Su voz es segura y clara, ella huele muchísimo mejor que el falso jardín alrededor nuestro. Respiro, y cuando ella pausa, estiro una mano y —cubriendo la suya— tomo el papel. No le daré a mi madre el placer.
—Estaré bien desde aquí.
Ella no abandona mi lado hasta el final. Hasta que termino lo que no podía decir. Y entonces, por primera vez en mucho tiempo, con ella a mi lado, me permito sentir el dolor.
~ACOY~
Encuentro a Bella afuera en el jardín, una copa de champaña vacía en su mano. Ella está atrayendo más atención que los canteros increíblemente cuidados.
Ella levanta la mirada mientras me acerco, y ambos estamos sin palabras. Mis dedos ansían un cigarrillo, pero ignoro la urgencia.
—Gracias —digo.
—Está bien. —Se encoje de hombros y aún hay un poco de hielo allí. Sería un estúpido al pensar que hubiera disminuido.
Estoy tropezando en busca de palabras como un adolescente.
—¿Alice te invitó?
—No exactamente. —Busca en su bolso y me tiende mi discurso—. Sabía lo mucho que esto te importaba y lo mucho que no querías hacerlo. —Su mirada está baja mientras juega con una piedra con la punta de sus tacones—. Pensé que ayudaría ver un rostro amigable.
—Ayudó. —Vacilo sobre su uso de amigable. No estoy seguro de que eso siga estando en nuestro vocabulario—. ¿Estás bien?
—Lo estoy. ¿Y tú?
—Estoy mejor —digo, ofreciendo la verdad—, pero te extraño.
Ella estira su mano y quita unas pelusas de mi chaqueta, la suelta sobre la gravilla y pone su atención en otra parte. En cualquiera menos en mí. Cuando sí me mira, diablos si no hace que mis rodillas se debiliten. Nada se compara con ella. Aún después de todo este tiempo. Sus labios se separan y quiero inclinarme y besarlos, al diablo cualquiera que ya esté observando listo para correr hacia mi madre, listo para juzgar. Pero no lo hago porque su rostro se cierra y el momento ha pasado.
—Será mejor que me vaya, Edward.
Tomo su mano.
—Espera, por favor, quédate por un rato. Podemos buscar un trago y algo para comer.
Ella no se aparta, pero la distancia está creciendo.
—Quizás otro día.
Entonces me sorprende al dar un paso hacia adelante y presionar un beso en mi mejilla, bajando la voz para aquellos que nos están escuchando.
—Sigue haciendo lo que estás haciendo. Cuídate, ámate. Hasta que logres eso, no hay lugar para mí.
Su aliento es cálido en mi rostro. Me inclino hacia este, pero ella da un paso hacia atrás y dice:
—Te veré pronto.
No sé qué decir, así que asiento y la dejo ir. Tiene razón. Lo sé ahora. Me aferro a la inflexión de "pronto". No lo tomo como una promesa sino como algo a lo que puedo llegar. Como todo lo demás que añado a mi lista de cómo no cagar las cosas. Familia. Amigos. Trabajo. Ella está allí en negrita, subrayada. Alguien que me tengo que ganar.
La miro irse por una segunda vez, pero esta vez tengo la esperanza de encontrarla de nuevo.
Ya casi casi terminamos :')
¡Gracias por leer!
