Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es SparrowNotes24, yo solo traduzco con su permiso.
Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to SparrowNotes24. I'm only translating with her permission.
Veintiséis
—Luces arruinado —le digo a Em, las primeras palabras que hemos hablado en meses huyen antes que mi cerebro pueda vetarlas.
Él se ríe, pasándose una mano por su cabeza recientemente rapada. No muy diferente a su cabello normal, pero hecho más severo por el mono naranja y su alrededor gris apagado.
Entierro mis uñas en el poliestireno del café que no he tocado. Necesitaba hacer algo conmigo mismo mientras esperaba, y como me he limitado a fumar solo en las noches, y no tengo la paciencia suficiente para sentarme y esperar, gasté un dólar en una asquerosa excusa de café.
—¿Cómo has estado, E? ¿Aún asistes al grupo? —pregunta, su rostro valientemente manteniendo su sonrisa.
—Sí, sigo yendo. Aunque no es lo mismo sin ti allí. Marcus es una puta sanguijuela, nada ha cambiado allí, y Maggie me llena de galletas. Ella piensa que estoy demasiado delgado.
Em me mira de arriba abajo y frunce el ceño.
—Tiene razón. ¿Qué está pasando?
Me reclino y aparto el café, cruzándome de brazos. Em no ha perdido la habilidad de leerme con una mirada, como si fuera un periódico arrugado.
—Solo he estado ocupado. Pasando tiempo en el gimnasio de Jasper, practicando boxeo y corriendo. Intento renunciar al cigarrillo.
Él se ríe fuerte ante esto y sacude la cabeza.
—Hay un hombre cambiado frente a mí. ¿Estás trabajando?
—Sí, escribo algunos artículos para un periódico local. Nada especial.
—Pero estás escribiendo... Eso es bueno.
—Como exprimir sangre de una roca.
—Siempre lo fue. Al menos, es la roca y no tú esta vez.
—Bueno, supongo. —Me encojo de hombros ante sus preocupaciones, no listo para ellas. No las merezco—. Olvídate de mí. Vine a verte a ti.
—Estoy bien. Tomando un día a la vez. Rose viene todas las semanas. Me trae dibujos que las niñas han hecho, cosas así. Me mata pero más tarde, cuando estoy solo, supongo que también me mantiene con vida. —Parpadea demasiado rápido y se aclara la garganta, dándome otra sonrisa practicada.
Siento como si alguien estuviera apretándome la garganta. Hace que las siguientes palabras sean difíciles de decir:
—Lo siento, Em. No estuve allí cuando me necesitabas.
Él agita una mano exactamente como sabía que haría.
—Mierda, E. No deberías sentirlo. Yo era tu padrino. No eres el mío.
—Eso no hace las cosas mejor. Si hubiera contestado la puerta...
—Cierra la boca. En serio. —Resopla por la nariz, recordándome a un toro a punto de embestir algo—. ¿Es tu culpa porque no abriste la puta puerta? ¿Estás bromeando, amigo?
Se está riendo de nuevo pero nada sobre este momento es remotamente gracioso. Es doloroso.
—Yo hice esto. —Señala su pecho con un dedo—. Yo. Sabes como funciona esta mierda. No puedo culpar a alguien más por mis acciones. Elegí beber. Elegí ignorar todo lo que sabía y arriesgar todo lo que amo, ¿y para qué? La cagué y no hay nadie más a quien culpar que a mí. Si hubieras abierto esa puerta, ¿qué hubieras hecho? Quizás podrías haberme calmado por un rato, pero al final iba a tomar una mala decisión. Ya lo había decidido. Estaba yendo a reuniones, estaba regañándose y guiándote a que tomes las decisiones correctas y entonces, ¿sabes a dónde iba?
Tengo una vaga idea pero sacudo la cabeza, sintiendo que es más importante para él decir lo que tiene para decir entonces como para hablar.
—Pasaba mi noche observando la casa de Rose, esperando que ella me diera alguna razón para beber. ¿Y sabes que dijo ella la primera vez que vino a visitarme? —Se frota los dedos contra sus sienes y baja la mirada hacia la vieja mesa de fórmica—. Ella dijo lo mismo que tú. "Lo siento. No debería haber hecho esto, hecho eso." —Golpetea un dedo contra un nombre rayado en la superficie de una vida pasada y entonces levanta la mirada—. Ella también quería aceptar la culpa, pero no puedo dejarle hacer eso... o a ti. Fui yo. La cagué, y ahora estoy lidiando con el efecto colateral. Y es una mierda pero estoy bien. ¿De acuerdo?
—De acuerdo.
—Bien entonces. —Asiente, echando un vistazo al reloj que cuelga sobre la puerta, las agujas casi en el mediodía—. No tenemos mucho tiempo, así que cuéntame sobre tu chica.
Suelto un suspiro y rasgo el costado de mi cuello.
—Sí, no hay mucho qué contar de eso.
Pienso en la última vez que la vi, y todas las veces que he evitado su presencia en el gimnasio, yéndome o llegando justo ante y después de ella, seguro de que ella está allí, que se encuentra bien, pero dándole el espacio que ella quería y yo necesitaba. El peso sobre mis hombros es cada vez menor cada día, el deseo de ella siempre allí pero no tan absorbente, simplemente ardiendo con una llama firme en vez de una llama fuera de control lista para causar más destrucción de lo que alguno de los dos podría sobrevivir.
Mi vida se ha suavizado, las piezas dentadas tienen menos probabilidad de causar daño. La culpa venenosa y el odio hacia mí mismo ha hecho su daño pero he aprendido a soportar los efectos, a sobrevivir incluso la dosis más letal y a seguir de pie.
—¿No me digas que lo arruinaste?
Me encojo de hombros y él luce como si fuera a golpearme en la cabeza pero se lo piensa mejor cuando el guardia con su barriga de mediana edad y uniforme azul y almidonado grita que nos queda dos minutos.
—¿Lo vas a arreglar?
—Sí —digo, mi decisión aprobada por Em con un simple asentimiento. Un hombre al que pasaré el resto de mi vida rectificando mis malas decisiones. Haré todo lo mejor por y para él—. Sí, lo haré.
~ACOY~
Al día siguiente, rondo afuera del gimnasio hablando con Jasper. Su bebé, Elsie, llegó hace unos meses, por lo que Alice y Jasper son unos zombis. Él se relaja bajo el sol que ilumina el patio, bajando sobre la ciudad mientras se pone. Usualmente evito escuchar todos los detalles sobre pañales y erupciones y leche derramada, pero ho noy, ya que se que mientras más me quedo más posibilidades tengo de cruzarme a Bella. Su nombre martillea contra mi pecho cuando pienso en lo que diré cuando la vez. Pero a pesar de que retraso irme por casi una hora, estoy decepcionado cuando no la veo en la oficina de camino a la salida. Ben, un entrenador, habla conmigo mientras caminamos hacia afuera. Espero pacientemente en nuestra charla hasta que estamos a punto de separarnos y entonces le pregunto por ella.
—¿Está Bella hoy?
—Ella se ha tomado el día libre hoy, vuelve mañana —dice, dirigiéndose hacia la izquierda mientras yo me dirijo a la derecha, abandonándolo para evitar otras preguntas. La decepción me golpea como un puñetazo en el vientre, pero la acepto y sigo con mi día.
Estoy dispuesto a dar todos los pasos esta vez.
~ACOY~
La reunión AA pasa rápidamente, Maggie sacando dulces de su bolso y forzándome a que los comas durante la difícil sesión con Mary, una joven adicta tratando de recuperar a sus hijos del estado. Algunos dirían que ella no se los merece —yo también— pero no puedo negar que su dolor es real.
Por una vez, me veo entre otros como más que simplemente inútil. Veo lo lejos que he llegado pero no subestimo lo mucho que me queda o lo difícil que será.
Es lo que es. Una parte de mí que ninguna cantidad de fichas o historias contadas pueden borrar.
Una parte de mí que llevo pero no quién soy.
No en este minuto, este segundo.
Hoy puedo respirar.
~ACOY~
Afuera, la luna domina el cielo, cuidando la ciudad. Meto mis manos en mis bolsillos y me dirijo hacia la parada del autobús, encorvado contra el frío. La Linterna Roja está tan ocupada como siempre, y como de costumbre, me encuentro buscando el cabello oscuro familiar, un destello de un vestido rojo de seda en las ventanas humeantes. Un tipo de nostalgia graciosa me atrae a mirar, aunque cualquier vistazo sería un fantasma.
Espero durante media hora antes de admitir que el autobús no vendrá. En cambio, camino hacia el puente Meridian. El puente de Bella. No hay viento hoy, así que la luna se refleja en el agua, lentamente desarmándose en el Sound, y no hay nadie más alrededor que el destello ocasional de un coche en movimiento, ignorantes a lo que este lugar podría haber sido.
Me encuentro deteniéndome donde la vi por primera vez mientras se mecía precariamente sobre su muerte. Los recuerdos vuelven deprisa y me doy cuenta que ha pasado casi un año desde ese día.
Un año desde que la jalé y entonces casi la dejo caer conmigo.
Todo un año, pero aún así ambos seguimos aquí.
Destino o pura suerte, no podría adivinarlo, pero quizás sea hora de descubrirlo. Me decido a buscarla.
Ser la persona que podría detenerla de querer caer de nuevo. Eso será suficiente.
