Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es SparrowNotes24, yo solo traduzco con su permiso.
Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to SparrowNotes24. I'm only translating with her permission.
Veintisiete
Me aseguro de estar allí antes de que cualquiera esté despierto. Solo los pájaros y un indigente que se mueve sobre su banco cama mientras paso por su lado, manos metidas debajo de sus axilas, bolsa de basura con sus pertenencias debajo del banco junto con una botella vacía de vodka barato. Él tiene puesto un piloto beige y sus zapatos lucen como si una vez fueron resplandecientes antes del día de trabajo. Es un recordatorio crudo de lo fácil que puedes perderlo todo. Pienso en Bella, y el tipo que vivía afuera de su departamento—la amabilidad de ella hacia él a pesar de tener sus propios problemas. Meto un billete de diez debajo de su bolso, pero él no se despierta.
Tengo incorporado en mi mente el evitar a las personas en general. Afortunadamente, no hay nadie caminando entre las tumbas.
Estudio las lápidas, buscando los memoriales más nuevos, aquellos que no fueron invadidos por el moho con palabras esfumadas. La suya estará inmaculada. Si hay algo que comprendo de mi madre, es que ella amaba a mi papá. Ahora que él ya no se encuentra aquí, se mantendrá ocupada con cualquier cosa que tenga que ver con él. Su memorial, recaudar dinero para una beneficencia a su nombre, asegurarse de que su lugar de descanso final esté cuidado. La conexión entre sus hijos y su marido parece ser el único vínculo que ella rápidamente pierde cuando lo quiere. Quizás le recordamos demasiado a él. Alice, con los ojos azules de papá y el sentido del humor seco. Para ella, yo fui la causa de su pérdida y el único lugar razonable para colocar su dolor. Dolor camuflado como culpa.
Lo encuentro eventualmente, junto a un gran olmo. La lápida es de granito negro con letras doradas. Me toma un minuto atreverme a leer las palabras grabadas allí. Carlisle Edward Cullen. Amado esposo de Esme y padre de Alice y Edward. Qué nos encontremos de nuevo pronto.
Ella ha plantado flores a su alrededor y, como esperaba, el granito brilla bajo el sol de la temprana mañana. Por primera vez, pienso en cómo debió haber sido para ella, perder al hombre por el que ella había amado y vivido, durante los últimos cuarenta años. Toda una vida.
Por unos minutos, me siento en el banco que también tiene su nombre grabado en una pequeña lámina de metal. Escucho y respiro.
Entonces, me siento jodidamente estúpido porque no hay nada que me haga pensar que él está aquí. Ni una sensación ni una señal. No estoy en paz de que finalmente lo he visitado, de que me encuentre sentado en este banco hecho para esa razón.
El espacio que solía intentar llenar con lo que sea que pudiera conseguir —líquido, polvo, o el cálido cuerpo de Bella— sigue allí a veces. Necesito tratar de cerrarlo tanto como pueda.
—Hola, papá. —De inmediato me siento como un idiota. Mi voz es demasiado alta para este lugar. Un cuervo aterriza en el árbol y grazna en mi dirección. "Qué jodido idiota" probablemente es lo que esté diciendo.
¿Qué se supone que diga? ¿Cómo estás? ¿Está cómodo allí? Me río sin una pizca de humor y me reclino, frotando una mano por mi rostro y echando mi cabeza hacia atrás para mirar las hojas de arriba. Cierro los ojos.
Lo que debería decir es: Lo siento. Estoy jodidamente arrepentido de haberte defraudado. Lamento haber sido una decepción, y el hijo que no te merecías. Pero mientras pienso en esa noche, un dolor sofocante me aplasta, e interrumpo mis pensamientos como siempre lo he hecho.
Vuelvo a mirar su tumba y me percato que más que nada, estoy avergonzado. Él ya no está, pero sigo aquí y es lo menos que puedo hacer para recordar.
Hacía -1 grado afuera con una capa de nieve sucia en el suelo, en la oscuridad detrás de un bar de mierda donde nadie cuerdo pasaría el rato. Y por lo tanto, nadie sabía que él estaba allí. Más que yo. No puedo recordar las palabras que intercambiamos. Están perdidas en el hoyo negro de esa noche. Sí sé que fueron cortantes y molestas. Diseñadas para evitar que se acerque lo suficiente para ver lo mucho que me estaba destruyendo. Lo que sea que dije, funcionó. Él ya no me siguió.
Pero él tampoco llegó a casa.
Él yació en el suelo por dos horas. Su cuerpo cediendo, rompiéndose, adolorido, destruyéndolo hasta que no fue capaz de respirar, su corazón incapaz de latir. Roto.
Ya estaba muerto cuando alguien finalmente lo encontró.
Frío. Solo. Y entonces, ya no estaba.
Él estaba buscándome porque me amaba. Él jamás dejó de creer que merecía su amor; el amor de cualquiera, sin importar el dolor que causaba.
Y al final, lo mató.
Eso es lo que he creído por un largo tiempo.
Pero si he aprendido algo durante estos últimos meses, es que tengo que aceptar lo que he hecho. No puedo cambiar el pasado, pero hay cosas que puedo cambiar a partir de ahora.
Así que pienso en él. Lo que él diría, lo que querría. Y aparte del inevitable golpe en la cabeza, él querría que fuera el hombre que siempre esperó que fuera. Él creía que muy en lo profundo, debajo de las mentiras y la adicción, ese era quién siempre fui. Él creía que estaba perdido y que él necesitaba encontrarme.
Él no se daba cuenta que no dependía de él.
Me pongo de pie y me agacho junto a su tumba, descansando mi mano sobre la fría piedra. El nudo en mi pecho regresa. Siempre he sido capaz de evadirlo, pero esta vez dejo que crezca. Este llena mis orejas y garganta con una presión que aumenta hasta que pienso que mi propio corazón puede joderse. Pero no lo hace, y cuando disminuye, le digo que lo siento. Que haré las cosas mejor. Intentaré ser quien él quiere que sea. Quien yo quiero ser.
Me pongo de pie y seco las lágrimas que se escapan por primera vez desde que murió. El dolor sigue siendo más fuerte que cualquier droga que he metido en mi cuerpo, pero quizás ahora sé que puedo soportarlo y aún así seguir de pie después.
Eso es suficiente por ahora.
No pienso que será fácil. El hoyo negro en el que caí sigue estando detrás de mí. Un paso hacia atrás o un resbalón y caeré en él de nuevo. Pero por ahora, no quiero.
~ACOY~
Después de todo lo que ha pasado, el mundo comienza a lucir un poco diferente. Diría optimista, pero entonces no creo realmente en esa mierda de hippies.
Estoy caminando hacia una sesión de familia y amigos en AA, algo que hubiera evitado a toda costa. Pero a pesar de que mi interior se retuerza de solo pensar en lo que vendrá, por una vez el miedo no me hace querer correr al bar más cercano. En cambio, siento como si estuviera enfrentando un desafío, uno al que finalmente estoy preparado para aceptar. He estado haciendo mucho de esa mierda recientemente—enfrentando las cosas. Tratando de arreglar lo que he cagado y soltando cosas que están demasiado rotas... sin permitirle que me rompa.
Cuando llego al salón en la calle 42 y Blake, los extraños de siempre están allí con la excepción de Em, al que le está yendo bien a pesar de todo lo que el mundo le ha lanzado. O quizás él se lanzó a ello. No es lo mismo sin él aquí, pero él siempre se encuentra en el fondo de mi mente. A veces como una advertencia, pero mayormente como una especie retorcida de ángel guardián.
Maggie está rondando alrededor de un hombre que es la versión masculina de ella, antes que el tiempo y el alcohol le pasara factura. Ella me divisa e inmediatamente me indica que me les una. El hombre luce como si quisiera huir de allí, cruzándose de brazos, usándolos como protección. De qué, no estoy seguro. Pero puedo intentar adivinar. Las personas han actuado así a mi alrededor también. Vulnerables antes los recuerdos de personas quebrándose; siendo quebrados.
De eso se tratan estas sesiones familiares—son parte de la rehabilitación, pero todos los que entran a esa sala saben que habrá dolor. Mucho antes de que haya alguna sanación.
—Edward, este es mi hijo Mike. Mike... Edward. —Los ojos de él siguen desviándose hacia el atril al frente, ansioso por que comience para poder terminar con ello. De cualquier manera, siento lo mismo.
Maggie pasa los próximos minutos contándome todo sobre Mike mientras él luce cada vez más incómodo. Él es tan agradable como esperarías en estas situaciones de mierda.
Hay un golpeteo en mi espalda y volteo para ver a Ally. Ella está muy abrigada, sus mejillas rojas. Estoy indeciso entre estar feliz de verla y arrepentido por pedirle que venga. Ella se lanza hacia mí con el abrazo más grande que puede lograr. Descanso mi cabeza sobre la suya por un segundo, permitiéndome apreciar que ella esté aquí mientras ella me abraza tan fuerte como puede. Reconozco que ella está sola, ignorando la inevitable decepción que viene de la mano con mi madre. Ella da un paso hacia atrás, y la expresión en su rostro me dice todo lo que necesito saber.
—Ella tenía algo que hacer.
Me encojo de hombros y lo sacudo, fingiendo que es agua y no piedras. Jamás esperé algo menos. Aunque las expectativas y la esperanza no siempre se alinean.
La charla disminuye cuando Marcus se para al frente y todos encuentran un asiento. Hay más personas de lo usual. No todos tienen a alguien con ellos, pero incluso una persona es más de lo que algunos de nosotros merecemos. Él explica cómo funcionará, la mierda usual sobre salud y seguridad, y entonces invita a las personas a hablar.
Maggie va primero y, a veces, es un dolor en mi pecho, su dolor y arrepentimiento como un puño cerrado. Las lágrimas caen por el rostro de su hijo, el cual está tan quieto como una roca. No sé si eso sea una buena señal. A veces el daño es irreversible.
Cuando llega mi turno, Ally se inclina y aprieta mi mano temblorosa.
—Estamos aquí para ti —susurra.
Camino hacia el frente—todo es un borrón. Estoy en una experiencia extracorporal de pie frente a todas estas personas.
—Hola, todos. Soy Edward y soy un alcohólico —digo de manera robótica y todos los demás responden de la forma usual. Puedo detectar la voz de Ally fácilmente, pero no puedo mirarla. Me aclaro la garganta—. Quiero agradecerle a mi hermana Alice por venir hoy. No ha sido fácil para ella o para cualquiera cercano a mí. —Toso de nuevo, encuentro la mirada de Marcus en el público, y él me da lo que él piensa que es un asentimiento reconfortante pero solo parece condescendiente. Imbécil.
—Una cosa que lamento, probablemente la más grande, es lo que causé... lo que pasó la noche que mi papá intentó encontrarme. La última vez que lo vi. He hablado sobre esto antes así que saben sobre el estado en el que estaba y cuál fue el resultado de mis acciones. —Hay algunas cabezas más asintiendo en afirmación—. Pero lo que no expliqué fue que esa noche también era el cumpleaños de Alice. Por lo que ella perdió a su papá, pero también perdió su día, el día que la celebra. Ahora es dolor en vez de celebración. Y nunca podré deshacerlo. —Encuentro a Alice en el público, mientras ella se seca las lágrimas con un pañuelo. Aún me sonríe y sacude la cabeza en desacuerdo.
Tengo que pausar, mi boca está seca y mis palabras son temblorosas. Tomo una botella de agua y bebo un trago, tomándome el tiempo para respirar mientras enrosco la tapa.
—Alice, quiero decirte lo mucho que lamento haberte hecho eso. Por encima de toda la otra mierda que te hice pasar. Ahora eres una mamá y supongo que, te guste o no, soy un tío para Elsie. —Alice tiene sus manos sobre su boca, las lágrimas caen libremente—. Sé que estás sentada allí pensando "cállate, te perdono, te amo." Sé que me dirás estas cosas una y otra vez, pero no creo que me he ganado el derecho para que me perdones apropiadamente aún. Pero espero eventualmente poder ser el hermano mayor que te mereces.
Bajo la mirada hacia el atril y me concentro en los granos de la madera, para mantenerme sereno. Escucho una silla siendo arrastrada y pasos en mi dirección. Unos que reconocería en cualquier parte. Alice se para de puntitas de pie y me da un gran abrazo, las lágrimas atravesando mi camiseta, y ella se sorbe la nariz susurrando para que solo yo escuche:
—Te amo, idiota. Y no necesito que seas alguien más que tú mismo. Y lo que pasó... no fue tu culpa. Cree eso, por favor.
Ella afianza sus brazos a mi alrededor una vez más y luego regresa a su asiento. Marcus comienza a ponerse de pie para preguntar quién sigue, pero lo detengo.
—Hay algunas cosas más que me gustaría decir para las personas que no están aquí. ¿Si eso está bien? —Marcus me señala que continúe y luego la sala se queda en silencio de nuevo.
—Mi mamá no pudo venir aquí hoy. O no quería, probablemente esa sea la verdad. Ella me culpa y lo entiendo porque he roto su corazón dos veces. Al perderme a mí y al perder a mi papá. No tengo idea de cómo debo recuperar esa relación, quizás está demasiado dañada. El tipo de daño que está hecho pedazos, luego fue prendido fuego, y después impactado por un huracán. —Eso provoca unas risas del público e incluso yo sonrío, pero es desanimado—. Pero espero... Espero que podamos intentarlo, y quizás ella pueda perdonarme también. —Incluso mientras digo las palabras, sé que podría ser imposible.
Levanto mi mano cuando veo a Marcus moverse de nuevo, desafiándolo a que me interrumpa.
—Hay una persona más que quiero mencionar que también se merece mi disculpa. Conocí a esta persona y ella era... —No doy vueltas al asunto con mis palabras por una vez y cuento lo que ha estado creciendo desde que la vi—. Ella es todo lo que siempre he querido. Pero cuando nos conocimos, ella estaba lidiando con sus propios problemas, así que no necesitaba de mi mierda también. —Obtengo unos gruñidos en acuerdo e incluso más asentimientos. Todos hemos estado allí, encontrado consuelo en otra alma rota—. Fui tan jodidamente afortunado de encontrarla, eso lo sé, pero demasiado débil para darle el respeto y la distancia que ella necesitaba mientras trataba de salir de este desastre de mierda.
Me froto la parte trasera del cuello y me aclaro la garganta por última vez.
—Quiero tener la oportunidad de comenzar de nuevo con ella. De disculparme por decepcionarla. Eso es lo menos que puedo hacer. Solo necesito que ella sepa que lo estoy intentando. —Me río—. Y que pienso en ella todo el maldito tiempo. Está volviéndome loco.
—¡Eso es porque es la indicada para ti, Edward! —grita Maggie.
—Sí —concuerdo, porque sé que tiene razón.
Obtengo una ronda de aplausos mientras vuelvo a mi lugar junto a Alice. Ella toma mi mano y le da un apretón, sin soltarla hasta que la reunión ha terminado. Estoy feliz por el gesto porque todo mi cuerpo está vibrando con energía, y no toda es mala.
—Estamos aquí para ti —vuelve a susurrar.
No es sino hasta después de que termina la reunión que noto que ella no solo se refirió a mi familia.
~ACOY~
Cuando salgo de la sala y hacia la noche, la veo de pie contra la pared. Las luces de la Linterna Roja se vierten sobre la calle, volviéndola roja. Bella.
Ella vacila, pero después de que le sonrío, ella envuelve sus brazos a mi alrededor, susurrando mi nombre contra mi cuello. El alivio de abrazarla sobrepasa el asombro de que esté frente a mí. No quiero soltarla, pero otros están yéndose por lo que tenemos que movernos a un costado.
—Estás aquí —digo.
—Sí.
Sus ojos están rojos y su nariz sonrojada, pero está sonriendo. Ella jamás ha lucido más hermosa para mí.
—¿Has estado parada aquí afuera todo este tiempo, en el frío helado?
—Sí, no. Está un poco frío. —Se estremece y zapatea, lo que uso como excusa para acercarme más, jalando un poco de su abrigo. Ella da un paso hacia adelante de nuevo, pero sigue manteniendo un espacio entre nosotros—. Vine con Alice. Bueno... ella dijo que estaba viniendo aquí y preguntó si quería venir a escucharte hablar ya que tu mamá no podía. Y quería venir aquí, yo... —Pausa—. Este lugar es... No lo sé. Es...
—¿Miserable?
—No. Es... Ha pasado demasiado aquí. ¿Pensé que quizás venir le daría sentido a una parte de ello?
—¿Y lo hizo?
—Un poco. —Levanta su cabeza para mirarme, mordiéndose el labio. Quiero besarla—. Quizás mucho. Estaba sentada afuera de la puerta principal, en el pasillo, así que escuché algo de lo que dijiste. La mayoría, de hecho —admite—. Pensé que deberías saber eso. —Sus mejillas se sonrojan un poco, pero estira una mano y toca la mía, enlazando sus dedos con los míos. La sensación recorre todo mi cuerpo como una tormenta.
—¿Te ayudó a comprender por qué soy un cabrón?
Ella se ríe un poco.
—No lo eres.
—Lo fui contigo.
Otra risita más suave.
—Quizás.
Entonces, finalmente me mira a los ojos. Sus ojos marrones están vivos. Son feroces.
—Tomaste algunas decisiones muy malas pero creo que te entiendo más. Las cosas que has vivido... las cosas que has enfrentado, de las que te has culpado. Has llorado solo y aún así te has castigado por todo lo que ha pasado. Espero que finalmente puedas ver que no necesitas hacerlo. Al menos, no solo. —Me calla con un dedo sobre mis labios cuando comienzo a hablar—. Se necesita de mucho coraje para hacerte cargo de tus propios defectos, para aceptar quién eres e intentar hacer lo correcto sin olvidar o ignorar lo que te trajo a este lugar. —Deja caer su mano sobre mi pecho—. Quiero que sepas que yo sé quién eres. Aquí. —Da un golpecito sobre mi pecho, deja su mano allí—. Y estoy ansiosa por pasar más tiempo con este Edward.
Mis costillas están contraídas y no puedo encontrar las palabras para devolverle, así que me inclino y la beso, solo una vez, luchando contra la ráfaga de algo como amor que está corriendo por mis venas. Me hace querer besarla una y otra vez hasta que sus rodillas cedan, y el resto de las barreras entre nosotros se derrumben.
La puerta se abre y aparece Alice, su pequeña sonrisa me dice que ella sabe que está interrumpiendo algo.
—Lo siento, chicos. E, te amo, pero debo volver a casa con Elsie. Bella, ¿vienes? Tenemos que alcanzar al siguiente autobús en diez.
—Claro. —Bella da un paso hacia atrás pero no me suelta hasta que está casi del otro lado de la puerta—. Espero verte pronto.
—Lo harás.
Alice me da una mirada y un abrazo, susurrando en mi oído.
—Estoy tan orgullosa de ti, y papá también lo estaría. —Da un paso hacia atrás, ajustando firmemente su bufanda y colocándose guantes mientras le recuerda a Bella sobre la ruta, para lo cual estoy agradecido porque me da un momento para procesar sus palabras y las emociones que se elevan como un maremoto cuando menos lo espero.
—Te veré pronto, Edward. —Ella agita su mano así como Bella, entonces Alice voltea y señala entre nosotros dos, guiñando un ojo—. Te la mereces.
Espero por Dios que tenga razón.
~ACOY~
Me encuentro parado al borde del puente. Las aguas oscuras se agitan mientras un remolcador desaparece debajo de él. Mis manos están heladas contra el metal oxidado, dedos a los que le tomaran un rato descongelar.
Jamás pensé que terminaría aquí. No en este puente, sino metafóricamente. Mi vida está comenzando a sentirse como mía de nuevo. No el viejo Edward, antes de toda la adicción. Creo que él ya no está aquí. Pero quizás el nuevo yo no sea tan malo después de todo. Me río ante este pensamiento.
Escucho el chillido de un autobús frenar detrás de mí, las puertas se abren, luego el motor mientras comienza a moverse de nuevo. Siento a alguien detrás de mí, siento una mano en mi espalda.
—No saltarás, ¿o sí? —pregunta Bella.
Nuestro primer encuentro pasa por mi mente—el viento, el agua rugiendo, su vestido rojo, pánico puro. El calor de ella en mis brazos.
—Hoy no —respondo—. ¿Tú?
—No.
Observamos el agua pasar debajo, de pie junto al otro, esperando.
Ella desliza su mano en la mía y noto que ella es la que me encontró esta vez.
—No quiero irme sin ti de nuevo.
La miro y siento el deseo que siempre ha estado allí. El mismo que ha vivido debajo de mi piel desde que la vi ese primer día, reflejado hacia mí. Pero hay algo más que no estaba allí antes. Algo más pesado, permanente, que no acelera por mis venas como un fusible encendido, un suave ardor de saber que esta mujer está hecha para mí. Levanto su barbilla con un dedo, inclino su rostro hacia el mío.
—No puedo prometerte que todo será perfecto.
—No quiero que lo hagas.
—Deberías.
—Solo te quiero a ti.
—Bella —digo, mi voz arrastrándose sobre mi última barrera. Pero ninguno de los dos está escuchando.
Ella aferra el cuello de mi abrigo y jala mis labios hacia los suyos, besándome lentamente. La acerco y la envuelvo en mis brazos. Meses de solo recuerdos de ella no pueden competir con el peso de ella contra mí; no puede competir con su calor y su sabor. Gruño cuando ella presiona contra mí, profundiza sus besos, ignorante al viento y la ciudad aún viva a nuestro alrededor.
Nos estrellamos, manos rasgando, labios colisionando, sin aliento y perdidos en el otro.
Perdidos para el puente, el Sound, el tráfico.
Las bocinas retumbando.
El taxista.
El portero en mi edificio.
Si esta fuera una verdadera historia de redención, me detendría aquí. Besaría a Bella y prometería verla pronto, tomarlo con calma. Pero no lo es.
He visitado el infierno y, de alguna manera, he regresado.
Quizás no sea el diablo después de todo.
Pero tampoco soy un ángel.
Nuestra noche no termina hasta que me he familiarizado con cada milímetro de su cuerpo, y ella esté gritando mi nombre.
Y una vez que esa noche termina, otro día comienza.
~ACOY~
745 días de sobriedad. Aún tengo muchos más que contar. Pero estando con Bella, los números vienen con más facilidad. Puedo cortarlos en diferentes maneras ahora también.
502 días desde que la vi por primera vez.
346 días desde que ella cambió mi vida en ese puente.
345 días desde que me di cuenta que la amaba.
332 días desde que encontré el valor para decírselo.
213 días desde que comencé a reconstruir una relación con mi madre.
467 días para que Em pueda solicitar la libertad condicional.
45 días para que Elsie cumpla un año.
15 días para que comience un nuevo trabajo.
2 días para que nos mudemos a nuestro nuevo departamento.
Todos los días, tengo algo por lo que estar agradecido.
Y aunque no todos los días sean fáciles, todos los días... vivo.
¿Nos vemos en el epílogo?
