Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es SparrowNotes24, yo solo traduzco con su permiso.


Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to SparrowNotes24. I'm only translating with her permission.


Epílogo

Bella se encuentra en la cocina, ofreciendo paletas rojas a un grupo de niños que jalan de su vestido con sus manos pegajosas. Ella está sonriendo y luce feliz.

—¿Quedó alguna de esas para mí? —pregunto, inclinándome para darle un beso. Ella sabe a fresas.

—Nop —dice ella, entregando la última y estirándose hacia mí en busca de otro beso. Este por más tiempo pero aún sigue siendo apropiado para los niños.

—Luces bien —dice, pasando sus manos sobre mi camisa, sobre mi pecho y alrededor de mi cintura hasta que está abrazándome.

—Lo intenté —digo—. No quisiera darle a mi madre algo más para quejarse.

Ella me calla, buscando por encima de su hombro a la mujer en cuestión ya que estamos en su cocina, la fiesta al aire libre por el bautismo de Elsie está en pleno auge afuera.

Me ha llevado un tiempo llegar a esta etapa, estar cómodo con venir aquí, y mentiría si dijera que no siguiera en la cuerda floja con ella. No hemos tenido una conversación real aún, pero Alice le dice todo lo que he estado haciendo así que hemos alcanzado un punto muerto. Soy permitido en la casa, pero tengo la sensación de que no soy realmente querido. Es más en lo que no se dice, el ocasional comentario sarcástico. Debería obtener una puta medalla por mantener mi boca cerrada a su alrededor. Es lo que es.

La música y el aroma a hamburguesas se asoman por las puertas abiertas y mi estómago ruge, así que jalo a Bella hacia el rayo del sol afuera, colocándome las gafas.

Jasper se acerca a saludar, dándome una palmada en la espalda y ofreciéndome una bebida.

—¿Qué tienes? —pregunto mientras Jasper anuncia todas las sodas que tienen. Estas situaciones no son fáciles. No hay nada realmente mejor que una cerveza fría y una barbacoa de verano. El primer trago calma tu sed, la condensación en la botella fría contra tu mano. Sería un mentiroso si fingiera que no quería una. Ansiaba una.

—Tomaré una Coca —responde Bella—. ¿Quieres lo mismo, E?

Asiento, agradecido con ella. Le he dicho que ella no necesita dejar de beber cuando está cerca de mí y ella bebe ocasionalmente, pero no en momentos como este. Momentos donde se siente que me pierdo de algo. La aprecio más que nunca por eso.

Damos vueltas charlando con los invitados y tomándonos turnos para sostener a la bebé del momento. Bella se derrite a su alrededor y no puedo quitar la sonrisa de mi rostro al verla.

Mi madre también está más feliz de lo que la he visto, rodeada de sus amigas cercanas mientras se sienta en la hamaca, Elsie en sus brazos. Incluso charlamos un poco y no le lleva tiempo que Bella le agrade, compartiendo historias sobre la cocina y su familia, acercándose para abrazar a Bella cuando ella habla de su papá. Las dejo solas y busco a Riley y Jasper, disfrutando la charla sobre el gimnasio y temas generales con que las personas solían estar incómodos conmigo.

La tarde pasa rápidamente con comida y charlas y pastel. Es fácil por una vez estar alrededor de personas y mientras cae la noche, me siento más relajado en compañía de lo que he estado en mucho tiempo.

—Llevaré estos por ti —ofrece Bella, tomando los platos vacíos de mi mamá mientras ella comienza a levantar la mesa—. Deberías relajarte. Has hecho suficiente por hoy y Edward me ayudará, ¿o no?

Mamá luce dubitativa pero señala hacia la casa, iluminada en la temprana noche.

—Gracias. Solo ponlos en la cocina, Edward te la mostrará.

—Genial. Vamos, entonces, Edward. —Bella sonríe, mientras marco el camino por el césped y hacia la casa.

Ella encuentra espacio en la encimera que está cubierta con comida a medio comer, vasos vacíos y pastel.

—¿Vas a mostrarme el lugar entonces? —Busca mi mano con esa pequeña sonrisa en sus labios que me vuelve loco.

—¿Qué quieres ver? —pregunto, jalándola hacia mí y encontrando el calor de su cuerpo con mis labios. Ella se ríe y se aparta, tirando de mi mano hacia las escaleras.

—Vayamos y veamos tu viejo cuarto.

—Estoy muy seguro de que mi mamá lo ha convertido en una habitación de manualidades. —Echo un vistazo por encima de mi hombro mientras subimos las escaleras, no del todo seguro de que esto sea a lo que se refería mi mamá pero bastante seguro de que ella no estaría feliz de encontrarme cerca de sus áreas designadas para recibir a las visitas.

Bella pausa en la cima para observar las fotografías enmarcadas.

—Eras adorable —dice, observando una de nosotros cuatro esquiando en Colorado. Probablemente tenga 14 años pero soy casi tan alto como mi padre—. Luces como él —dice ella, y se inclina hacia mí. Envuelvo mi brazo a su alrededor, mi atención yendo hacia los recuerdos en los que no había pensado en años. Es bueno, noto, que sigan allí. Que haya momentos felices que mi mamá puede recordar que no estén eclipsadas por todo lo reciente. Estoy feliz de que ella no haya quitado estas de su vista. Deslizo mis dedos por la suave tela de su vestido, sobre su cintura y bajando por su cadera. Ella se zafa de mi agarre de nuevo y camina por el pasillo, señalando al primer cuarto—. ¿Tuyo?

Sacudo la cabeza.

Ella continúa al siguiente y cuando asiento, abre la puerta.

—Vaya, no estabas bromeando. —Se para en el umbral con asombro ante la disposición, el cual debo admitir que es impresionante. Cajones y cajones de mierdas coloridas para quién sabe qué y un gran escritorio y una silla cómoda junto a la ventana, mi vieja cama desapareció—. Esto realmente es un sueño. —Gira, asimilando todo, tocando, levantando cosas y volviendo a bajarlas con cuidado, pasando sus dedos por los moños de cada color antes de terminar frente a un gran estante que ocupa casi toda una pared.

Está llena de libros y manuales sobre cómo hacer cada manualidad posible que se te pueda ocurrir. Realmente no sé dónde encuentra el tiempo.

—Oye, mira esto —dice Bella, tomando un premio de cristal que reconozco de inmediato—. Es tuyo. —Lo vuelve a guardar y toma los otros, hay muchos—. Son todos tuyos.

—¿El más probable a ser presidente? —Ella frunce su nariz, agitando uno de los premios de plástico en mi dirección. Lo vuelve a bajar y levanta otro, arqueando una ceja—. ¿Rey de la graduación? Por favor, dime que hay una foto tuya en esmoquin.

Me encojo de hombros y me inclino contra el escritorio, observándola caminar a lo largo del estante, observando premios de fútbol, atletismo, escritura y todo en el medio.

—Probablemente en alguna parte, pero no te la mostraré. Mi esmoquin era verde.

—¿Bromeas? ¿Por qué? —Se ríe y sacude la cabeza, guardando otro trofeo y sacando un gran álbum.

—¡Oye! Pensé que era genial en ese momento.

—Pero de alguna manera, sé que hubieras lucido bien, incluso en verde. —Abre sobre la primera página—. ¿Puedo mirar aquí?

Agito una mano para que siga, aunque ella ya está observando.

La amo cuando es así. Suave y llena de curiosidad, de risa. Le dejaría abrirme y quitar mis entrañas para investigar si la hiciera sonreír tanto.

—Oye, mira esto —llama, volteando las páginas lentamente. Me acerco y me paro junto a ella mientras señala los recortes de periódicos, cubriendo cada página—. Mira aquí y aquí. ¿Estos son recientes? De los últimos años.

Veo pequeños y grandes artículos—estos son más viejos de cuando tenía más estado mental y libertad para escribir lo que quería. A pesar de que los más nuevos son artículos aburridos y menos importantes, todos están allí, prolijamente recortados y pegados en el cuaderno. Mi nombre está subrayado debajo de cada pie de autor.

—Ella siempre ha coleccionado mis trabajos.

—Sí, y parece que nunca ha dejado de hacerlo. —Ella se estira hacia mí entonces, parándose de puntitas de pie, besándome suavemente—. ¿Ves? Incluso cuando pensabas que a ella no le importaba... sí lo hacía.

—Nunca actuó de esa manera.

—Quizás no hacia ti, pero esto cuenta una historia diferente.

Aferro su cintura y la encamino hacia atrás hasta que puedo levantarla sobre el escritorio, encontrando mi lugar entre sus muslos.

—Quizás —digo, mientras me inclino para besarla de nuevo. Moviéndome desde sus labios, sobre su mejilla y hacia su hombro.

—¿Quizás? —repite ella, su voz un susurro mientras tiembla debajo de mis caricias. Jalo sus caderas hacia adelante y ella suelta un suave gemido, envolviendo sus piernas a mi alrededor. Sigo mi camino sobre su clavícula, mis manos deslizándose por debajo de su falda, subiéndolas lentamente por sus muslos mientras se escuchan unas carcajadas desde el jardín.

—¿Sabes lo que a ella realmente le importaría? —pregunto, apartándome un poco, sus mejillas están sonrojadas, sus labios rojos.

—¿Qué?

—Que las personas tengan sexo sobre su mesa de manualidades.

Bella echa su cabeza hacia atrás y se ríe.

—Edward Cullen.

—¿Qué?

Ella me pincha con un dedo y afianza sus piernas a mi alrededor.

—Solo espera a que lleguemos a casa.

—Oh, ¿en serio? —Mordisqueo su cuello y ella se retuerce, riéndose mientras tomo su mano antes que ella pueda abandonar la habitación—. Pero nos iremos ahora, ¿cierto?

—De inmediato —dice seriamente, dándome una mirada antes de desaparecer en la esquina que me hace querer perseguirla y traerla devuelta para deshonrar todos los pompones y bordados y tejidos y lo que sea que haya sobre el escritorio. Tengo que permitirme un momento antes de seguirla.

Camino hacia el estante y guardo el álbum de nuevo, sintiendo por primera vez en mucho tiempo el calor que viene de saber que alguien te ama. Puede que no me merezca el amor que las personas están dispuestas a darme, pero ser recordado de este de nuevo vale la pena todo lo que he atravesado para llegar aquí.

~ACOY~

BELLA

Deslizo mi mano por la seda blanca, tomando aire profundo para calmar mis nervios. Es un vestido simple pero es hermoso. Me siento hermosa en él.

Angela reacomoda mi cabello, colocando un mechón detrás de mi oreja, los rizos que ella creó en él temprano se han desarmado en ondas.

—¿Estás lista? —pregunta, tomando mi mano y dándole un apretón—. Luces increíble. Él quedará deslumbrado.

Estudio mi reflejo en el espejo de nuevo. Mi mejillas están rosas, a juego con mis labios. Una corriente de adrenalina me recorre y las lágrimas comienzan a acumularse. Inclino mi cabeza hacia atrás y abanico mi rostro.

—Casi. Estoy casi lista.

—Está bien, podemos tomarnos un minutos pero todos están esperando en el juzgado.

Tomo un pañuelo y lo uso para secar las lágrimas que se escapan antes de arruinarlo y lo tiro al cesto.

—Bien, vámonos.

Ella me tiende mi ramo de rosas color marfil y rosas pálidas que junté del jardín de Esme, y me da un abrazo.

—Tu papá estaría explotando de orgullo si pudiera verte, ¿sabes?

—No lo hagas. —Agito una mano, el pensar en mi papá trae lágrimas con una ola feroz de tristeza—. Arruinará mi maquillaje.

—No, no hagas eso —dice ella, pasando un dedo con cuidado por debajo de sus ojos. Ella es la única persona aquí hoy que conoció a Charlie y que comprende el pedazo de mi corazón que hace falta ahora que él ya no está—. Vamos. Salgamos de aquí rápidamente. —Mantiene la puerta abierta y salimos al recibidor, mis tacones marcando el ritmo sobre el suelo de mosaico.

Jamás la imaginé así.

Simple y pequeña. Toda la grandeza con la que la había imaginado de niña ahora parece innecesario. Listas de invitados, planificación de las mesas y despedida de soltera, comidas extravagantes y decoraciones costosas—no se sentía correcto. No somos nosotros.

Hemos luchado duro por todo lo que tenemos. Feo a veces, incluso doloroso. Pero jamás he sentido algo tan poderoso por otro ser humano. Eso es todo lo que importa. Todo lo demás es irrelevante.

Edward. Pienso en él, de pie, esperándome y la necesidad de verlo me deja sin aliento. Le asiento a Ange que estoy lista y estoy vagamente consciente de la música sonando cuando las puertas se abren.

Entonces, todo lo que veo es él.

Camino hacia él, mi vieja amiga a mi lado. No noto los rostros felices girados hacia mí, la voz del juez, la sala, mi atención es atraída hacia Edward como una aguja que apunta al verdadero norte.

—Hola —dice, tomando mis manos e inclinándose para besar mi mejilla—. Luces... —Sacude la cabeza y traga, bajando la mirada a nuestras manos, incapaz de encontrar las palabras. Él no necesita decir algo. Lo veo escrito en él.

Se endereza y sonríe y aprieto sus dedos, abrumada por el amor hacia él mientras las palabras de la ceremonia flotan en mi cabeza, difícilmente teniendo sentido. Los ojos de Edward están arrugados en las esquinas con felicidad. Todos sus rasgos ásperos, suavizados un poco por un traje elegante, gel para el cabello, y una afeitada. Él es tan apuesto, toda la sala del juzgado estará embelesada al igual que yo. Entonces, él sonríe engreídamente cuando nota mis ojos estudiándolo de arriba abajo, ladeando su cabeza un poco, atrapándome. Y nuestra llama se enciende.

El día que nos conocimos fue uno de los peores días de mi vida. ¿Cómo podría haber sabido que ese encuentro con Edward cambiaría la trayectoria de todo lo que pensé que sabía? ¿Quería morir ese día? No estoy segura. No creo que podría haber respondido esa pregunta entonces, tampoco. Todo lo que quería era que todo se detuviera. El dolor y la soledad. Una tristeza que no había sido capaz de quitar desde que mi papá murió. Se aferraba a mí como alquitrán, haciendo que fuera difícil de remover, de respirar, imposible de quitar. Había pensado que lo que tenía con Sam era suficiente para seguir avanzando pero entonces él se volvió otra carga y pronto todo lo que pasó fue que colapsé.

No caí, me desmayé, o grité. Estaba dentro de mí, la seguridad frágil que había construido con pedazos de recuerdos y astillas de amor endeble, se derrumbó dejándome vacía.

Pero entonces, estaba él.

No podría haber sabido sobre sus propios demonios cuando sentí esa pequeña conexión desde lo profundo de mi ser. Algo que me mantenía atraída a él. Que no me dejaba olvidar. Quizás vi algo de mí en él y de él en mí. Ambos nos dedicamos a arreglar al otro. Llenando todas nuestras grietas con deseo y desesperación. No funcionó y solo me rompió de nuevo tener que mantener mi distancia de él. Tener que apartarme, ambos lamiendo nuestras heridas. Una necesidad.

Me encontré rondando sus bordes como un fantasma. Obteniendo pequeños vistazos de él en el gimnasio, recogiendo pequeños detalles sobre él de Alice. No podía romper el vínculo entre nosotros. Y tampoco podía él.

Nos necesitábamos. Pero también necesitábamos ser capaces de comprender nuestros límites. Comprender nuestras debilidades. Y entonces, no dejarles ganar.

Y lo hicimos. Lo hacemos.

Estamos aquí, frente a un pequeño grupo de nuestros amigos y familia y estoy que exploto de amor por este hombre. Lo veo reflejado en él. He visto sus cicatrices y él ha visto las mías. Y mientras desliza un anillo en mi dedo y yo deslizo uno en el suyo, es otra capa al vínculo que hemos elegido. Otro nudo que nos ata juntos, una promesa para el otro.

De amar, en la salud y en la enfermedad.

Para siempre hasta la muerte. Y más.

Edward se inclina para besarme, jalándome hacia él con un brazo alrededor de mi cintura e inclinándome hacia atrás como siempre había imaginado, así como en las películas.

Te amo, le digo.

Te amo, responde él.

La sala estalla en aplausos y algunos silbidos cuando nuestro beso es más largo de lo que es educado.

Jamás quiero detenerme.

Y más tarde, cuando todos se han ido a casa, felices, llenos y algunos un poco ebrios, Edward me encuentra en el balcón de nuestro hotel. Una fría brisa revuelve mi cabello mientras envuelve sus brazos a mi alrededor y descansa su barbilla sobre mi hombro. Las luces de Seattle son estrellas alrededor nuestro, el cielo lleno de ellas también.

—Jamás me has soltado.

—¿Qué quieres decir? —Deja un beso en mi hombro, su calor envía un escalofrío por mi cuerpo y me acerca a él.

—Desde ese día en el puente. Jamás me has soltado.

—No podía.

—Eso lo sé ahora.

—No lo haré, Bella. Jamás.

Giro dentro de sus brazos y encuentro sus labios. Nos besamos por un largo tiempo mientras la luna nos observa. Entonces, me lleva hacia adentro, quitando mi vestido lentamente, las hebillas de mi cabello. Tomándose su tiempo para presionar sus labios sobre mi piel desnuda.

Me dice que me ama una y otra vez, con sus labios, con su cuerpo, sus palabras susurradas. Y dejo que cada una de ellas entre a mi corazón.

Él jamás me soltará.

Incluso si caigo.

Fin


Aww, ¿les gustó saber de Bella también aunque sea al final? Como mi querida Glo me dijo, ¡qué rápido que se nos fue esta historia! Muchas gracias por estar allí, a las que subían fotos y vídeos en el grupo, las que comentaron siempre y las que aparecían de vez en cuando, se las aprecia a todas. Esta fue la primera historia que me leí por completo en pandemia (y la primera al volver al fandom) y durante el 2020 le pedí este permiso a la autora varias veces hasta rendirme jajaja. Luego de mucha espera, respondió lol, por lo que sí disfrutaron de esta historia, por favor, consideren dejarle un mensajito a la autora en esta historia, puede ser en español o en inglés, como gusten. El link se encuentra en mi bio.

Les dejo una idea:

Hi, Kate, I just read the Spanish translation of A Case of You and I wanted to thank you for writing it and for allowing Pali to translate it. Hope we get to read more of your stories in the future. Greetings from (país en donde viven)

Si hay algo más personal que quieran decirle, no duden en consultarme.

Gracias como siempre y ya saben que en el grupo hay adelanto de una próxima traducción :) ¡Qué tengan un excelente día!