Death note no me pertenece a mí, sino a sus respectivos autores.
Ahora mismo, tengo un estado de ánimo en el que quiero estar todo el tiempo.
No me quedan lágrimas que llorar.
Así que estoy levantando el ánimo, levantando el ánimo.
Amando, viviendo, animándome.
Ariana Grande, No tears left to cry.
mayo 2018.
Pasaba ya de la medianoche cuando, lanzando un suspiro de agotamiento, apagué el motor del coche. Al bajar me di cuenta de que una preciosa moto negra de gran cilindrada también se encontraba allí aparcada, lo que me hizo sonreír, ya que aquello significaba que Leanne, mi pequeña tormenta en forma femenina estaría esperándome en mi casa, seguramente planeando alguna locura para celebrar el regreso de Gina, quien se encontraba en Londres desde hacía ya tres meses terminando un proyecto laboral muy importante.
Tras cerciorarme de que las puertas de mi vehículo como la del garaje estuviesen cerradas, me encaminé a la preciosa propiedad de tres pisos que tenía el placer de llamarse mía.
A esas horas el silencio era casi sepulcral en aquella área de Tokio, lo cual agradecía profundamente y, a pesar de que estábamos en plena primavera, sin la calidez del sol. El aire todavía seguía siendo frío. Mientras me encaminaba hacia la puerta eché un vistazo a las ventanas, salvo la del vestíbulo, todas las demás estaban apagadas y las cortinas corridas.
Cuanto entré a casa, mi perro de raza akita blanco llamado Isamu se acercó a darme la bienvenida a su silenciosa manera, y yo le envolví en un cariñoso y reconfortante abrazo, mientras le acariciaba y llenaba de mimos. Durante días estube tan ocupada que no pude verle más que unos escasos minutos y le había echado de menos. Me quité los zapatos dejando que mis pies descansaran de los altos tacones que había llevado desde las siete de lamañana, y al ponerlos en el suelo sentí una reconfortante sensación de satisfacción. Me volví brevemente para cerrar la puerta por dentro, después dejé las llaves en un pequeño cuenco de cristal que descansaba sobre una mesita de madera clara.
Tras apagar la luz del vestíbulo, entré al salón seguida de Isamu quien caminaba pegado a mis piernas reclamando atención. Al entrar encontré a Leanne medio recostada sobre un par de cojines en el sofá, con la vista fija en el enorme televisor de pantalla plana que tenía delante, sin percatarse de mi presencia. Mai, mi gatita de pelo anaranjado estaba enroscada sobre su regazo disfrutando de las atenciones de mi amiga quien le rascaba y acariciaba con aire distraído. Carraspeé exageradamente para hacerle entender que no se encontraba sola, pero Leanne no pareció oírme.
—ehm... tierra llamando a Lee, ¿Alguien me recibe?
Ella despegó los ojos de la televisión y se giró con brusquedad hacia mí sobresaltada. Mai también se sentó sobre sus cuartos traseros durante unos segundos, pero en seguida volvió a su posición original.
—Joder, Misa, me has asustado. —dijo llevándose una mano al pecho y mirándome con una falsa expresión de indignación en sus ojos.
—No es como si hubiese entrado con mucho sigilo en mi propia casa, tuviste que escucharme.
—Ya, bueno... Es imposible no ver a Jason Statham y no embobarse, ¿sabes? —agitó la mano en el aire como quitándole hierro al asunto y continuó—. Tienes aspecto de ir a dormirte ahí de pie, como un caballo.
—¿Y por qué será...?
Ella sonrió ignorando mi tono sarcástico y dio unas palmaditas en el sofá junto a ella—: ¿Qué tal en el estudio, conseguiste llegar a un acuerdo con los productores?
Yo resoplé con frustración y fui a sentarme en el suelo enmoquetado, mientras que Isamu hacía lo propio a mi izquierda. Apoyé la espalda en el sofá y estiré las piernas delante de mí, al mismo tiempo que rememoraba la larga sesión de trabajo que había tenido aquel día en relación a mi próximo disco.
Había estado haciendo música desde finales del año 2009, compaginándolo con el modelaje y la interpretación y en los más de nueve años como cantante que llevaba había grabado mis álbumes entre Japón y Estados unidos. Cuando trabajaba en el estudio de Los Ángeles o Nueva York todo era más simple y natural, había mayor diversidad de gente y estilos musicales y por tanto yo tenía más posibilidad de expandir mi creatividad. El problema lo tenía más bien en tierras nacionales, y no era que no me gustase trabajar en mi país natal, todo lo contrario. Sin embargo, algunos de los productores y compositores más... Conservadores insistían en continuar con el concepto gothic lolita y dulce que me hizo saltar a la fama como modelo y actriz años atrás, al igual que otras idols. No me consideraba lo que se podría llamar una bad bitch, pero yo ya no era una post adolescente que veía el mundo con las gafas de color rosa y haría hasta lo imposible para dejarlo claro. La chica deslumbrada por el glamor y el lujo que había firmado su primer contrato como modelo había quedado atrás hacía mucho tiempo, dando paso a una mujer que tenía la suficiente experiencia como para ver más allá de las apariencias y no dejarse manipular.
Mi estilo había ido evolucionando poco a poco, desde el J pop más estereotipado con letras kawaii y ritmos pegadizos, a un estilo muy similar al de Namie Amuro o el que se producía en Corea del Sur.
—Sí, al fin está todo listo para publicar el nuevo álbum dentro de tres meses —dije con un suspiro de exasperación—. Tuvimos que quitar algunas de las canciones que yo coescribí porque eran demasiado sinceras... O explícitas, según algunos idiotas fosilizados a los que he tenido que aguantar. Pero bueno, al fin podemos lanzar el primer single y no habrá sorpresas desagradables a última hora.
—Así se hace, preciosa. No dejes que nadie te pase por encima. Además, el último contrato que firmaste hace cinco años especificaba que tendrías voz y voto en todo lo que te concerniese, y si se les ocurre desviarse aunque solo sea un poquito... —Se encogió de hombros con su característica sonrisa de viuda negra—, acabarán suplicándote piedad.
Leanne dejó a Mai sobre el sofá cuidadosamente y después se levantó y se estiró, arqueándose con gracia felina y luego se fue hacia la cocina. Yo quería ir tras ella, pero mis músculos no estaban por la labor de moverse por lo que me limité a seguirla con la mirada mientras continuaba rascando a Isamu detrás de las orejas.
—Eh, ¿a dónde vas? —le pregunté con un bostezo estirando los brazos por encima de la cabeza.
—A traerte algo de comer. Tienes cara de muerto viviente, por si no te habías mirado al espejo. —respondió trasteando en el interior de la cocina—. Además, no parece que puedas levantar el culo de ahí, así que alguien tiene que asegurarse de que la superestrella Misa Amane no se desmaye en su propia casa.
Fruncí el ceño confusa, ahora que lo mencionaba, estaba muerta de hambre. Llevaba sin probar bocado desde el desayuno, y el delicioso olor que salía de la cocina estaba consiguiendo hacerme babear.
Cogí el mando de la televisión y apagué el dichoso aparato, molesta. Estaba cansada de tanto ruido y el silencio que siguió fue más que bien recibido para mi agotado cerebro, quien había estado sometido a una incesante tortura sonora desde que pisé el estudio a primeras horas de la mañana, aunque había valido la pena todo el esfuerzo y me sentía satisfecha con el resultado del material que teníamos. De repente algo se dejó caer en mi regazo con brusquedad haciéndome dar un respingo y al mirar hacia abajo, los felinos ojos de Mai me contemplaban con una muy disimulada expresión pícara. La miré con una sonrisa acusadora y le acaricié el lomo con mi mano libre, al mismo tiempo que dejaba vagar la vista por el salón y su suave ronroneo terminaba de relajarme.
Al igual que en el resto de la casa, la decoración allí seguía un estilo elegante a la par que moderno, alternando entre los colores neutros de los sofás y las cortinas, y los oscuros de la mesita de café, el mueble bajo sobre el que descansaba la televisión y las macetas de las plantas interiores. Me encantaban los colores que contribuían a aportar más luz y sensación de amplitud a las casas, y aborrecía por completo el estilo elaborado y excesivamente ostentoso que lucían otras celebridades en sus mansiones.
Leanne volvió con una pequeña bandeja que depositó en la mesa de café junto a mi pierna, después me quitó a Mai del regazo y volvió a recostarse en el sofá, no sin antes lanzarme una mirada severa y decir—: Cómetelo todo.
—A sus órdenes, mi sargento. —dije llevándome la mano a la frente a modo de parodia de saludo militar. Ella soltó una risita y sacudió la cabeza para apartarse uno de sus mechones de cabello rojo de la cara, pero en ese momento el sonido de un teléfono nos sobresaltó a ambas. Leanne chasqueó la lengua molesta, aunque se apresuró a desenchufarlo del cargador y se lo llevó a la oreja, seguramente debía ser alguien de Silk, con algún informe rutinario de última hora o alguno de los "amigos" ocasionales de Leanne lamiéndole el culo para volver a pasar otra noche de sexo desenfrenado con ella, aunque por la expresión relajada de mi amiga dudaba mucho de que fuese la segunda opción.
Mientras Leanne hablaba, yo centré casi toda mi atención en el apetitoso plato que tenía delante, fantaseando ya con una buena ducha que me aliviase la rigidez de los músculos y una larga e ininterrumpida sesión de sueño. Cuando terminé, me levanté con la bandeja y la llevé a la cocina, después subí las escaleras hasta el tercer piso y entré en mi habitación, donde cogí una muda de ropa y me metí en el cuarto de baño. Mientras el vapor del agua y el aroma a melocotón de mi gel de baño me envolvían, eché la cabeza atrás, cerré los ojos y dejé que el agua caliente se deslizara sobre mi cuerpo y se llevase todo el estrés de aquel interminable día.
A pesar de todos los quebraderos de cabeza de las agotadoras jornadas de trabajo, los constantes viajes tanto dentro como fuera del país, no podía ser más feliz en mi profesión. Amaba sentir el hormigueo de mi sangre al meterme en la piel de un personaje en cada película y serie de televisión en la que participaba, la casi incontenible impaciencia que me invadía antes de empezar un concierto y la adrenalina que sentía al estar sobre el escenario bajo las luces de los focos. Me había llevado años de constante lucha interior y esfuerzo, tanto físico como psicológico, pero todo, cada paso, cada lágrima y cada pequeña victoria, había valido la pena. Habían necesitado arduas sesiones de terapia, de enfrentarme cara a cara con mis demonios, de aprender y reconocer verdades abrumadoras para llegar a ser la persona que soy hoy y me sentía más que orgullosa de ello. Tenía todo lo que cualquiera podría pedirle a la vida, y afortunadamente, contaba con las mejores personas del mundo con las que compartir mi felicidad. Sin embargo, cuando me permitía relajarme y dejarme invadir por aquella sensación de felicidad y plenitud, podía sentirlo. Un pequeño punto de oscuridad que eclipsaba mi perfecto y brillante mundo de luz, haciéndome ser realmente consciente de que lo que parecía solo una diminuta mancha oscura era realmente un profundo pozo en el que había enterrado toneladas y toneladas de sufrimiento psicológico, pero aun así había una parte de mi corazón que se había hundido y cristalizado tal vez para siempre.
Con un suspiro salí de mis devaneos mentales y cerré el grifo. Me envolví el cuerpo y el pelo en un par de toallas y comencé a secarme. Después de vestirme con un pijama de seda y encaje de dos piezas en color azul oscuro y una bata a juego, volví a entrar en mi dormitorio, donde hallé a Leanne sentada en la cama jugueteando con su iPhone con cristales de swarovski entre las manos y meneando una de sus largas piernas con aire de desinterés. También se había cambiado de ropa, llevaba un provocador negligé de encaje negro y se había recogido la melena pelirroja en un moño descuidado, resaltando sus felinos ojos verdes. Incluso así, sin su acostumbrada ropa ajustada y llamativa seguía pareciendo una combinación de bailarina exótica y femme fatale asesina... Era el tipo de chica que uno podía encontrarse posando para la revista penthouse, aunque sin una pizca de retoques quirúrgicos, y ella era muy consciente del efecto que tenía en la gente.
Me senté en mi tocador de madera de cerezo y estaba a punto de coger mi cepillo de pelo cuando Leanne se levantó de un salto y me lo quitó.
—Déjame a mí —Me dijo. Y acto seguido comenzó a peinarme con movimientos suaves y cuidadosos. Estuvimos unos minutos en silencio, con el único sonido del cepillo deslizándose por mi pelo como música de fondo.
—Oye Misa, ¿A partir de mañana tienes casi tres semanas libres antes de comenzar con las promociones del álbum y el primer single, verdad?
—Sí, ¿por qué?
—Estaba pensando que en vez de esperar a Gina, ¿Por qué no nos unimos a ella en Londres?
La miré a través del espejo arqueando las cejas. Ella me devolvió una mirada de lo más inocente, como de princesa de cuento. Ambas sabíamos lo que quería decir aquello. Adoraba unirme a los planes salvajes de Leanne, ir de fiesta y hacer todo tipo de locuras, pero el problema era que dudaba mucho de que alguien en el mundo pudiese seguirle el ritmo a mi amiga pelirroja, para quien la palabra salvaje se quedaba más que corta, por lo que desde hacía dos años procuraba conocer hasta el último detalle antes de aceptar o rechazar cualquier plan.
—Ya lo sé, nada de planes locos. No hace falta que pongas esa cara. —Dejó el cepillo y cogió un pequeño bote de sérum para el pelo, se puso unas gotas en la mano y comenzó a aplicarlo con cuidado.
—Te lo advierto porque nos conocemos, Lee.
—Mira, yo tengo que ir a Londres de todas formas porque he quedado con mi diseñador de joyas y para arreglar algunos asuntos de trabajo, ¿de acuerdo? ¿No sería perfecto que te tomases un tiempo antes de volver al estrés de los ensayos, los conciertos y todo lo demás? Incluso he reservado un día en la peluquería de Stuart Philips y he convencido a los jefes de Gina para que le dieran un descanso. Nos quedaremos en el Berkeley, iremos de compras y haremos todo lo que tú quieras... vamos, Londres es maravillosa en primavera.
Suspiré. La muy malvada conocía mis debilidades. Me encantaba el aspecto y el clima de Londres en esta época del año y el trato en el hotel Berkeley era como un paraíso, además de los alrededores que eran algo así como el reino de las compras de diseño. Por otra parte, hacía tiempo que no salía con nadie a disfrutar de un buen rato en total libertad, sin exigencias ni compromisos de ningún tipo. Me volví en el asiento del tocador y la encaré con decisión.
—¿Estás segura? —Ella se cruzó de brazos y puso una falsa expresión de tristeza. Yo era buena actriz, pero en ocasiones Leanne hacía malabares para ser nominada a un Oscar, aunque a mí no me engañaba.
—Lo prometo. He hecho una lista de cosas, ¿sabes? Como en las películas americanas en las que las chicas de instituto hacen una lista de cosas para las fiestas de pijamas, y en el programa no hay nada que sea Chill out.
—Más te vale, huracán. —Le advertí, pero no pude contener una sonrisa divertida—. Por cierto, ¿cuándo nos vamos?
—Mañana a las once. —vio mi expresión de alarma y se apresuró a añadir—. Relájate un poco, ¿quieres? Tú solo coge lo más importante y ya, el resto lo compraremos en Londres.
—
La limusina proporcionada por el establecimiento de Stuart Philips se detuvo suavemente frente al hotel, y el conductor se bajó para abrirnos la puerta. Cogí la bolsa que me habían dado como obsequio y tras darle las gracias y sonreírle con amabilidad, me bajé del vehículo seguida de mis chicas, y atravesamos las puertas acristaladas del hotel. Ya casi era la hora de la comida, por lo que la recepción estaba bastante abarrotada, la gente entraba y salía de los distintos restaurantes, bajaba de los ascensores o entraba y salía de las calles igual de concurridas. Estaba abriéndome paso entre la gente para llegar a la zona de ascensores cuando lo sentí de nuevo. Un extraño hormigueo recorriéndome la espalda. Era como si estuviera siendo observada por alguien. Me volví hacia atrás y miré en derredor con disimulo, pero todo estaba en orden, no había nadie sospechoso, y todas las personas que pasaban por mi lado se limitaban a ocuparse de sus asuntos sin hacernos caso.
—¿Qué pasa, Misa? —Me preguntó Gina deteniéndose en seco y mirándome con preocupación. Probablemente estaría pensando que a aquellas alturas me había vuelto loca, no podía culparla. No era la primera vez que me sentía como si hubiese salido de una zona de guerra y estuviese pasando por una especie de estrés postraumático, pero yo no había hecho nada extremo, al menos en los últimos años, por lo que nada de aquello tenía sentido. Sacudí la cabeza y me obligue a centrarme en el aquí y el ahora de mi presente.
—No es nada, no te preocupes. —sonreí tratando de restarle importancia al asunto. De pronto Leanne nos cogió a las dos y nos arrastró hacia un ascensor que acababa de quedar desocupado.
—Andando, abuelitas, o de lo contrario acabaremos echando raíces aquí mismo.
—Joder, Lee. ¿Acaso sabes lo que es la empatía? —Le espetó Gina con acritud, al mismo tiempo que entrábamos en el ascensor y pulsaba el botón de nuestra planta.
—No hemos venido aquí para eso. Hice una promesa y la estoy cumpliendo al pie de la letra. Además, si está pasando algo, un hotel lleno de gente pija y famosa es el peor sitio para ser rara, así que hacednos un favor las dos a todas y no hagáis ninguna estupidez.
Gina le replicó algo que ignoré por completo, y así siguieron discutiendo durante todo el camino hasta llegar a nuestra suite. Suspiré por mis adentros, siempre era lo mismo con ellas. Por un momento pensé en intervenir, al final cambié de idea. Las dos eran lo suficientemente mayores como para arreglar sus asuntos por su cuenta, y yo no iba a pasarme la vida haciendo de mediadora. Gina y Leanne no se llevaban mal en absoluto, de hecho, se querían como hermanas y siempre lo daban todo la una por la otra, pero el problema llegaba cuando no se ponían de acuerdo en algo y terminaban discutiendo, cosa que hacían unas tres veces a la semana. Ambas eran chicas de carácter, fuertes y decididas, pero donde Leanne era fuego, Gina era Hielo. Si bien las dos poseían ese punto de pasión y agresividad que las caracteriza, cada una lo manifestaba a su manera.
Leanne era energía pura, le gustaba el caos y que las cosas explotaran a su alrededor, y más aún ser la causante, pero no toleraba que la gente la subestimase o que no la tomase en serio, especialmente los hombres. Gina por lo contrario, era más fría y desconfiada, y aunque con la gente que apreciaba se mostraba extrovertida e incluso dulce, por lo general era contenida, aunque cuando explotaba se parecía mucho a un volcán en erupción.
—Vale, dejadlo ya las dos. —dije con más brusquedad de la que pretendía cuando enfilábamos el pasillo de la suite hacia el salón. Más que una suite de lujo parecía un apartamento. La luz que entraba por las ventanas se reflejaba en las vidrieras del pasillo y en las paredes de madera de cebrano, y las enormes ventanas del salón se abrían a una amplia terraza con unas vistas espectaculares de Knightsbridge. Las dos se callaron de golpe y me miraron con extrañeza.
—¿Misa, seguro que te encuentras bien? —Me preguntó Leanne acercándose y poniéndome una mano en la frente, al mismo tiempo que me levantaba la cabeza para examinarme la cara. Yo tomé una profunda bocanada de aire y traté de relajarme. Era como si me hubiese tomado una decena de cafés en cinco minutos, y sentía que el cerebro me rebotaba en el interior del cráneo como una pelota de pin pon.
—Sí... creo que tanto secador y gente haciéndome masajes en el pelo me han dejado un poco... agobiada. Necesito aire fresco.
—Entonces el plan de hoy es justo lo que necesitas. —canturreó Gina. Miró su reloj y añadió—. Odio decir esto, pero Lee tiene algo de razón. Vamos a disfrutar el último día de vacaciones, y cuando volvamos a casa ya nos ocuparemos de lo que sea, ¿vale?
—Sí, seguro. —sonreí y luego entré en el cuarto de baño para tomarme un momento para recobrar la compostura. De pie frente al enorme espejo, me apoyé en el lavabo de mármol y contemplé el reflejo de la mujer que me devolvía la mirada. Mis mejillas estaban ligeramente ruborizadas y los ojos me brillaban de un modo extraño, casi frenéticos. "No me extraña que crean que estoy loca "pensé con ironía. Resuelta a no dejarme avasallar por paranoias locas abrí el grifo y me eché algo de agua en la cara y la nuca, y volví al dormitorio.
Tras cambiarnos a un outfit más cómodo salimos del hotel y nos dirigimos a uno de los lugares de la ciudad que más amábamos, después de las tiendas de Sloane street y Bond Street, el bellísimo parque de Hyde park. Frente a los ascensores nos encontramos con dos hombres acompañados por un par de chicas altas y espigadas que nos miraron con un descarado interés, aunque lo único que obtuvieron como respuesta fue una fría mirada de indiferencia por parte de las tres.
—¿En serio? —preguntó Gina cuando estuvimos en el interior del ascensor y las puertas se cerraron, sin ocultar el asco en su voz.
—Sí —dije poniendo los ojos en blanco—. Y luego hablan del siglo XXI...
—¿Y las habéis visto? Era como si viesen llover, por favor...Son una vergüenza para el equipo girl power —espetó Leanne con desprecio—. Con tipos así cada día me gustaría más ser lesbiana.
Ya afuera, el día tenía un aspecto glorioso, el sol brillaba intensamente acariciando mi piel y mi pelo con suavidad y el aire de principios de mayo era cálido y agradable. Caminamos tranquilamente por las calles de Knightsbridge, deteniéndonos de vez en cuando por algún fan que me pedía una foto o un autógrafo. Hyde park tenía un aspecto precioso, lleno de gente que paseaba, iba en bicicleta, hacía picnics en el césped y todo tipo de actividades al aire libre. Después de comer en la terraza de un restaurante junto al lago Serpentine, caminamos hasta la orilla Norte y nos unimos a un grupo de patinadores. Por el camino íbamos turnándonos para grabar vídeos y hacernos fotos, pero al estar gastándonos bromas entre nosotras y con el resto de patinadores no todas las fotos salían como debían. Me sentía distinta, más despreocupada, más feliz, más libre. Después del patinaje caminamos sin mucho rumbo y les dimos de comer a las ardillas que siempre pedían nueces y frutos secos, que curiosamente se mostraban más cariñosas conmigo e incluso llegaban a dejarse acariciar para finalmente terminar la tarde en los jardines de Kensington, donde tomamos el té en el Orangery, que ofrecía unas preciosas vistas de los jardines y el palacio de Kensington.
Mientras disfrutábamos de un delicioso té Earl grey al más puro estilo inglés, hablamos sobre las bellísimas propuestas del señor Mark Addams, el diseñador de joyas de Leanne, a quien Gina y yo teníamos incluido en lo que llamábamos "La lista de esclavos de Lee". El señor Addams casi siempre trabajaba con gente con tanto ego como dinero y muy exigente, pero el premio se lo llevaba nuestra querida amiga pelirroja, para quien el término buen trabajo era poco menos que una porquería y le exigía el doscientos por ciento en todas las piezas que le pedía. Él no se quejaba nunca, puesto que siempre solía afirmar que trabajar para Leanne le hacía desplegar al máximo todo su potencial artístico, y además de eso, ella le pagaba maravillosamente bien por sus creaciones. Yo misma había lucido sus joyas en alguna que otra ocasión, tanto en sesiones de fotos y pasarelas como en videoclips y películas.
—Por cierto, Misa. El señor Addams me pidió que te dijera que pienses en él para las promociones de tu próximo álbum. Dice que de todas formas hablará con tu equipo de estilistas y managers, pero que aun así le gustaría comentarlo contigo. —dijo Leanne tranquilamente mientras se comía un Eclair de chocolate. Era asombroso la cantidad de comida basura que comía y que aun así su cuerpo perfectamente perfilado se mantuviese impecable, sin engordar ni un solo gramo.
—¿De verdad? ¡Eso suena genial! —exclamé emocionada—. Ahora que lo dices, tengo un montón de ideas para las fotos y el videoclip del primer single. Oh, y además también tenemos el booklet y... —Pero mi fabuloso discurso se vio interrumpido por el estridente sonido de mi teléfono personal, sacándome de mis ensoñaciones de glamour y moda. Lo cogí y al ver que en la pantalla no aparecía nada, ni siquiera el aviso de un número oculto la sonrisa se borró de mis labios al instante. Porque podía adivinar quién me estaría llamando. Para que Silk se pusiese en contacto conmigo a través de mi teléfono personal tenía que estar ocurriendo algo urgente, y sobre todo, nada bueno, así que cerrando los ojos deslicé el dedo por el vidrio de la pantalla y me llevé el móvil a la oreja, rezando mentalmente para que fuese un error o una broma.
—¿Diga? —pregunté con vacilación.
—Misa, ha pasado algo... —Era Stephen Gevanni, uno de los agentes con los que más solía trabajar. Su tono serio hizo que mis fantasías sobre bromas y errores se fueran al traste.
—Gevani, es raro que me llames a este número... ¿Qué... ?
—Debes volver a Japón ahora mismo. —me cortó con seriedad. Confirmado, algo iba mal. Suspiré y me atreví a hacer la pregunta mágica, aunque intuía que iba a arrepentirme.
—¿Por qué, qué está pasando?
—Ha habido un incendio en tu casa. Por seguridad no puedo darte detalles, pero lo más prudente es que vuelvas a Tokio lo antes posible. De todas formas, los miembros de Silk en el Reino Unido están en alerta por si acaso.
Durante un eterno segundo no pude articular palabra. Miré a Leanne y Gina quienes también tenían los teléfonos en la mano y a tenor por sus expresiones estaban igual de desconcertadas que yo... Bueno, ya éramos tres. Era como si la sangre se helase en el interior de mis venas, dejándome totalmente rígida cual estatua en el polo Norte. La mano que sostenía la pequeña taza de té comenzó a temblar, así que la dejé sobre el plato, sin querer correr el riesgo de romperla.
—¿Pero cómo...? —conseguí articular con dificultad. Parecía estúpida haciendo tantas preguntas a medias.
—Mira, lo que importa es que tienes que volver a casa ya. Las chicas y tú podéis coger el avión de Lee esta noche, o mañana como muy tarde. En caso de que algo salga mal, Leanne y Gina tienen los detalles de un plan de extracción. Ah, y recordad ser discretas.
—Bien, nos moveremos ahora mismo. Muchas gracias, Gevani. —corté la llamada, guardé el teléfono y me puse en pie de inmediato. Poco después las tres abandonamos el salón de té y nos dirigimos de vuelta al hotel procurando actuar con normalidad y no llamar la atención de nadie. De vuelta en la suite, Gina y yo nos dedicamos a recoger y guardar todo el equipaje, mientras Leanne se encargaba de todos los detalles del viaje de vuelta y en poco más de una hora, todas nos subíamos a un coche que nos llevaría al aeropuerto donde teníamos el jet.
Las luces anaranjadas de las farolas y los altos edificios iluminaban el interior del coche de forma intermitente, creando un juego de luces y sombras que parecían reflejar el interior de mi mente. La impaciencia por obtener respuestas me corroía las entrañas como un veneno, y las preguntas que se acumulaban en mi cerebro no me permitían relajarme lo suficiente como para analizar la situación con frialdad. ¿Quién o quiénes se habrían metido en mi casa? ¿Qué pretendía al prenderle fuego? ¿Podría volver a hacerlo? ¿Y si se le ocurría hacer daño a Gina, Leanne o a cualquier persona cercana para llegar hasta mí? No, no pensaba permitirlo. En mi vida había perdido a las personas suficientes como para estar decidida a protegerlas a toda costa. Alguien había destrozado mi hogar y me había amenazado, lo que significaba que muy probablemente había puesto en peligro a más gente, por no mencionar el sin fin de problemas que tendría que enfrentar con los medios.
Revisé mis redes sociales, y tal y como temía, la noticia se había extendido como la pólvora en menos de tres horas. Mierda, "mierda, mierda… "
Llamé a Yoshi, mi representante, para avisarla de que estaba de camino y de que debíamos vernos cuanto antes, pero no contestaba a mis llamadas. Qué extraño, Yoshi nunca apagaba su teléfono, por lo que probé a llamar a su número personal, pero obtuve el mismo resultado. ¿Qué demonios estaba pasando hoy? La llamé de nuevo a los dos números cuando llegamos al aeropuerto, pero no obtuve respuesta, por lo que le dejé un par de mensajes.
—Yo también la he llamado, pero tampoco contesta —me dijo Gina en voz baja, aprovechando que Leanne estaba hablando con el personal del avión—. La llamé nada más llegar al hotel, pero como no contestaba le dejé un mensaje en el buzón de voz.
—Joder—suspiré con cansancio—. ¿Es cosa mía o el mundo ha explotado de golpe?
—Quién sabe, a lo mejor solo es un tipo desesperado por llamar la atención.
—Espero que tengas razón, Gina.
—
Las luces de una decena de monitores iluminaban tenuemente la habitación que por lo demás, se encontraba prácticamente en penumbras, a excepción de los pocos rayos de luz que entraban a través de las cortinas de los grandes ventanales que iban del suelo al techo. Sobre el larguísimo escritorio había un sin fin de objetos, varios teclados, barajas de cartas, robots de juguete, envoltorios de chocolate, tazas de café y té y pilas y pilas de documentos. L se encontraba sentado en su posición acuclillada habitual y el dedo pulgar en el labio inferior, con sus oscuros ojos puestos en el monitor central, en el que podía verse la imagen de una mujer de cabello rubio, ojos de color marrón claro y rasgos asiáticos. La imagen parecía corresponder a un canal de noticias japonés y bajo ésta, había un título que rezaba:
"Incendio en la mansión de la popular actriz y cantante Misa Amane. "seguido de un subtexto que decía: "Hasta ahora se desconocen las causas que han provocado el trágico suceso que tuvo lugar hace tres días a las 12:00 hora local. Continúan las investigaciones, aunque la policía aún se niega a revelar los posibles resultados de sus averiguaciones.
—Con este ya se han producido diez accidentes —comentó un joven vestido de negro, quien se encontraba sentado a la derecha del detective. Lucía el cabello rubio a la altura de la barbilla y el flequillo le llegaba justo por encima de las cejas a juego con unos ojos de color azul cielo—. Todos relacionados de un modo u otro con Kira. —añadió señalando con la mano que sostenía una barra de chocolate a medio comer hacia el resto de pantallas, que mostraban una serie de gráficos y mapas de distintas partes del mundo—. Es la única conexión entre las víctimas que tenemos, pero quien quiera que sea el responsable de esto sabe muy bien lo que está haciendo y cómo lo hace.
—¿No ves nada más, Mello? —cuestionó el detective sin volver la vista del monitor y clavando un pequeño tenedor en un pedazo de tarta de queso para después metérselo en la boca. Apoyó el tenedor en su labio inferior y agregó—. Hay miles de personas relacionadas con los criminales asesinados por Kira, especialmente en Japón, pero Misa Amane no es lo que se podría llamar un caso aislado.
Mello puso los ojos en blanco y soltó un resoplido de exasperación. Sin duda L tenía que estar bromeando, o contemplar a la mujer que había sido el segundo Kira durante tanto tiempo le había frito el cerebro definitivamente, lo que por cierto, no tendría nada de raro a aquellas alturas.
—Dímelo tú. Te has pasado los últimos diez años prácticamente pegado a su culo, así que ilumíname. —El sarcasmo rezumaba en cada una de sus palabras, y sus iris azules se clavaron en la figura encorvada de su interlocutor con tanta dureza que parecían dagas de acero—. Ella fue la segunda Kira. El responsable de esto ha tenido acceso a esa información de algún modo y busca...
—Continuar con el juego. —concluyó una tercera persona tras ellos. Mello se dio la vuelta y contempló con impaciencia al dueño de aquella voz suave, impasible y más fría aún que la del hombre que tenía a su izquierda. De tez clara, complexión delgada y aspecto frágil, una lacia melena blanca que le llegaba unos centímetros por debajo de los hombros que enmarcaba unos ojos grises y un holgado pijama blanco del mismo color que su cabello, Near era, desde el punto de vista de Mello, el ejemplo perfecto de robot humano. El segundo sucesor aguardó unos segundos a que su compañero se aventurase a dar más explicaciones, pero éste parecía más concentrado en la intrincada ciudad de dados que estaba construyendo.
—Explícate, Near —preguntó L girándose ligeramente para mirar a los dos chicos. Tanto Mello como su compañero de cabello blanco sabían que L siempre tenía sus propias hipótesis y suposiciones, pero prefería escuchar las suyas en primer lugar antes de dar una opinión propia, aportar conclusiones o simplemente aceptar o rebatir las teorías de sus sucesores. Llevaba empleando aquella estrategia desde que decidió comenzar a entrenarlos personalmente poco después de la resolución del caso Kira más de diez años atrás.
—Aparentemente esto parece obra de un opositor, pero... ¿Lo es realmente? —Mientras con una mano colocaba un dado para completar la figura de la torre del Big ben, la otra jugueteaba con uno de los mechones de su pelo-.
—Sería demasiado fácil. —declaró Mello haciendo un gesto de desdén con la mano.
—Si no hubiese provocado el accidente en la mansión de Amane diría que es un imitador, una especie de Kira barato a la inversa con acceso a cierta información clasificada, pero las probabilidades no son lo suficientemente altas. De hecho, no llegan ni al uno porciento.
—¿Alguna cosa más? —preguntó el detective. Se sirvió una taza de té negro y le añadió un puñado de terrones de azúcar que había en un pequeño cuenco junto a la tetera en el carrito de los dulces.
—Sí —dijo Mello levantándose de golpe—. Ryuzaki, parte del equipo de investigación del señor Yagami, los miembros del grupo Yotsuba sabían que Amane había sido interrogada por L, ¿no es así?
—Sí —asintió el aludido—. continúa, por favor.
Mello comenzó a pasearse por la habitación mientras mordisqueaba su barra de chocolate. Las ideas se alzaban en su mente una tras otra, como enredaderas, entrelazándose y uniéndose para formar un intrincado hilo de hechos, pensamientos, objetivos y decisiones.
—El arresto de Higuchi como segundo Kira se mantuvo en secreto, al igual que la mayor parte de los detalles del caso, pero un par de meses después alguien, —hizo unas comillas en el aire enfatizando la última palabra—, destapó que muchos de los asesinatos llevados a cabo por Kira beneficiaron al grupo Yotsuba, y que cierto miembro resultó asesinado tras matar a un agente en una persecución policial. ¿Casualidad?
—Además, las actividades extralaborales de la señorita Amane no nos son desconocidas a ninguno —apuntó Near desde su posición en el suelo enmoquetado—. Silk la reclutó a principios del año 2008, y ha estado colaborando con ellos desde entonces, aunque ella no tuvo nada que ver con el hundimiento de Yotsuba.
—No, eso lo hizo otra gente de Silk, pero esta persona, sea quien sea, piensa que fue cosa de Amane.
—O tal vez sea una provocación... —La mano de Near golpeó suavemente la enorme construcción en la que había estado trabajando las últimas dos horas. El tap tap de los pequeños dados al rebotar contra el suelo fue el único sonido que rompió el brusco silencio que se dejó caer como una losa sobre los presentes. Mello detuvo su frenético caminar y tanto él como L lo miraron con fijeza. Near por su parte se limitó a recoger todos los dados que se habían dispersado por el suelo y a guardarlos ordenadamente en una caja de plástico transparente.
—¿Una provocación para L? —preguntó Mello con voz tensa.
—Exacto. Piénsalo, Mello. En los detalles del caso que vinculan a Yotsuba, Ryuzaki incorporó a Misa Amane a la investigación, con Aiber como Erald Coil, quien les informó de que ella había sido interrogada por L como parte de su investigación sobre Kira y que ella le apoyaba por haber matado al asesino de sus padres. Mi teoría es que esa información ha sido filtrada por cualquiera de los miembros de la empresa que quedaron tras la muerte de Higuchi, consciente o inconscientemente.
Todo esto, la exposición de Yotsuba a los medios con la implicación de Kyosuke Higuchi por parte de Silk, ha debido de conducir a nuestro Kira B hasta Misa Amane. Tal Vez quiera interrogarla sobre Kira, o quiera vengarse porque considera que ha traicionado los ideales de su dios.
—Joder, Ryuzaki. —Espetó Mello dando un puñetazo sobre el escritorio con furia—. ¿Cómo has podido dejarla ir así sin más? A saber a quién le ha dicho que fue novia de Light Yagami, por pequeña que sea, la posibilidad de que alguien haya unido los puntos y revele datos del caso es muy real.
—Aunque así fuera, por mucho que acuse a Light Yagami, no podrá probar nada a menos que pueda revelar el método que Kira empleaba para cometer los asesinatos, por tanto se uniría a la larga lista de especuladores y conspiracionistas que han circulado por internet y los medios. —respondió L sin perder un ápice de su acostumbrada serenidad. Tomó un sorbo de la espesa mezcla de azúcar y té que había en su taza y añadió—. De momento no haremos nada que pueda alertarle, hacerlo supondría señalar que la posible información que posee sobre el caso es cierta, y por tanto, que Amane sabe más de lo que aparenta. Será vigilado, pero no por L oficialmente.
—¿Y qué hay de Misa Amane? —inquirió Near. El detective dejó la taza en el escritorio y se acercó a la ventana. Los dos jóvenes miraron al hombre quien con gesto meditabundo, apartaba levemente las cortinas y contemplaba las espectaculares vistas de la ciudad, así como el ir y venir de los transeúntes mientras se llevaba de nuevo el pulgar de una mano a la boca y hundía la otra en el bolsillo de sus vaqueros. Tanto Mello como su compañero albino sabían que todo lo tocante a la ex segunda Kira era prácticamente un asunto tabú para su mentor, ya que a pesar de haberla tenido vigilada constantemente desde la resolución del caso Kira, había algo más que se negaba a compartir con ellos. De alguna inexplicable manera, L había desarrollado una extraña fijación por la idol, y aquello enervaba profundamente a Mello, para quien la pretensión de aquella chica de jugar a ser la buena de la película y a los espías no dejaba de ser más que una broma de mal gusto, única y exclusivamente.
—Me temo que solo existe una solución posible —dijo tras una larga pausa y sin despegar la vista del paisaje urbano—. Debo hablar con ella, y debo hacerlo personalmente.
—¿Te has vuelto loco? —Gritó Mello sin dar crédito a lo que escuchaba.
—Es el único modo que tenemos para proteger los detalles del caso Kira y la identidad de L, incluyéndoos a vosotros. Esto también os afecta ahora. Custodiamos un secreto altamente peligroso, y bajo ningún concepto debe salir a la luz.
—Tenemos gente dentro de Silk. Puedes solicitar que te comuniquen con Amane a través de una línea segura.
L no le respondió, sino que se acercó al escritorio y apretó el botón del intercomunicador para llamar a Watari, quien se encontraba en la sala de control del piso superior.
—¿Ryuzaki? —preguntó el hombre con su acostumbrado tono comedido.
—Watari, necesito el jet en dos horas, por favor.
—Entendido. ¿Cuál es el destino?
—Tokio. —Luego se volvió hacia Mello y añadió—. Utilizaré los contactos de Silk, pero no trataré nada relacionado con el caso Kira por vía remota, mucho menos con alguien que formó parte de la investigación.
—
Habían transcurrido cinco días desde el incendio de mi mansión, y durante todo ese tiempo Gina y yo nos alojamos en el ático de Leanne en Ginza. El mismo día en que llegué a Tokio fui interrogada por la policía, pero aún no habían encontrado ninguna pista sobre el responsable del incendio, aunque afortunadamente pudieron confirmar que no fue tan terrible como yo pensaba, al parecer la alarma antiincendios se activó a tiempo para salvar la mayor parte de mis pertenencias, pero aun así la mansión necesitaba varias reparaciones y no era seguro quedarse allí. También hablé con Yoshi, y entre ella y los de arriba en la productora insistieron en contratar a un par de guardaespaldas, pero me negué de pleno. Ya tenía bastante estrés encima como para sumarle la presión por tener que ir llamando la atención a todas partes con un par de gorilas. Además, en mi estado de ánimo actual podría perder los papeles con cualquiera que se pasara de la raya, y no pensaba dejarme amedrentar por nadie, fuese quien fuese.
Los titulares de los periódicos, revistas y demás medios de comunicación no habían dejado de preguntarme y de hacer todo tipo de especulaciones, llegando incluso a preguntarse si el responsable tendría algo que ver con el asesino de mis padres. Aquello me enervaba profundamente, ya que en su momento tuve que lidiar con el revuelo que provocó la muerte de ese desgraciado por parte de Kira, y no deseaba pasar por lo mismo.
Algunos miembros de mi equipo no le daban mucha importancia, decían que ayudaría a promocionar más el lanzamiento de mi single. Eran unos jodidos buitres. Yo me limitaba a concentrarme en mi trabajo, saliendo lo justo y necesario y procurando evitar lo máximo posible a la prensa y a casi todo el mundo ajeno a Silk y mi círculo más íntimo. Lo bueno era que entre los ensayos para la coreografía del videoclip, la sesión de fotos para una nueva marca de maquillaje y las horas que pasaba entrenando en el gimnasio del ático de Leanne conseguía no subirme por las paredes, aunque a duras penas, ya que por motivos obvios no podía poner un pie en las instalaciones de Silk. Cierto era que aparentemente Silk no era más que un centro de rehabilitación, y mi ingreso allí tras la muerte de Light no era ningún secreto, pero tal y como estaban las cosas sería demasiado sospechoso el que yo me acercara por ahí sin motivo aparente.
La mañana del quinto día me encontraba corriendo con Isamu, a varias manzanas del bloque de apartamentos de Leanne. Afortunadamente no tenía nada que hacer hasta la tarde, por lo que hasta entonces tenía todo el día libre, así que desollando todas las advertencias de mi representante decidí aprovechar la mañana para hacer algo productivo. El sol comenzaba a dejarse ver entre los rascacielos del barrio de Ginza, y la ciudad iba despertando rápidamente, aunque en aquella zona no había mucho movimiento aún, por lo que era una pista de entrenamiento fantástica. El perro trotaba alegremente a mi lado, la música me retumbaba en los oídos a través de los auriculares y algunos de los corredores que pasaban a izquierda y derecha me saludaron con efusividad, a los que devolvía el saludo del mismo modo.
En los últimos años tenía la imperiosa necesidad de hacer varias horas de ejercicio al día, lo que achacaba a la implacable rutina de entrenamiento que había recibido en Silk. No obstante a veces me suponía un pequeño problema, pues sentía que tenía demasiada energía y fuerza, por lo que cuando entrenaba con gente la mayoría solían cansarse y me miraban como si yo fuese una especie de alienígena. No podían creerse que una mujer tan bajita y delgada tuviera tanta fuerza, no al menos sin que se reflejara en un aumento notorio de la masa muscular. Correr en una cinta estaba bien y era muy cómodo, pero había algo en el aire fresco del amanecer que me hacía sentir más ligera y que me aclaraba las ideas, especialmente en los meses de primavera y por otra parte, echaba de menos pasar algo de tiempo a solas con Isamu, quien fue mi único refugio en los primeros meses posteriores a mi rehabilitación.
Fui bajando el ritmo poco a poco hasta reducir mi paso a un caminar lento y el perro me imitó, jadeando ruidosamente por la falta de aire. A pocos metros de distancia había una cafetería de cuyo interior salía un delicioso olor a cafés y pasteles que me llamaban como el canto de una sirena, sin embargo me obligué a contenerme. "No, nada de dulces, Misa. Has comido todas las calorías que quisiste en Londres, ahora ya no estás de vacaciones". Me dije para mis adentros con determinación.
Me detuve para ajustarme la apretada cola de caballo en la que me había recogido el cabello, para luego entrar en el establecimiento donde compré una botella de agua y al salir vacié parte del contenido en un pequeño vaso de plástico para Isamu. Después de refrescarme comprobé la hora en mi iPhone, y estaba a punto de guardarlo en mi bolsillo cuando un mensaje entrante de Gina me distrajo. Me había mandado una foto de sí misma tumbada en la cama, con los brazos por encima de la cabeza, una sonrisa burlona y un texto que decía:
"Admítelo, la vida es bella"
—Seguro que sí —murmuré con una risita divertida. Me agaché, abracé a Isamu, coloqué el teléfono frente a mí e hice una selfie que le mandé con un emoticono de una cara guiñando el ojo y un texto que decía:
"¿verdad que sí? "
Miré de nuevo la foto, en la imagen mi querido amigo canino aparecía con la lengua fuera y la cabeza ligeramente ladeada en mi dirección. Sonreí enternecida, no podía haber salido más adorable. Antes de viajar a Londres había estado tan ocupada que apenas pude pasar tiempo con él, aunque no era el mejor momento para salir sola con cierto pirómano suelto por ahí, no pude resistir la tentación de coger a mi mascota y tener un rato de tranquilidad. Ya dije que no pensaba permitir que un psicópata destroza hogares trastocase mi vida y lo decía en serio, y la sola idea de recordarlo me hacía hervir la sangre en las venas. Sacudí la cabeza para librarme de aquellos lúgubres pensamientos y me incorporé del suelo mientras guardaba mi teléfono, luego cogí la correa de Isamu y desandamos el largo camino que habíamos recorrido para volver a casa.
Al llegar al ático solo encontré a Gina en la cocina, preparando el desayuno y cantando ``No tears left to cry", de Ariana Grande. Leanne no se encontraba allí, por lo que supuse que ya debía de haberse marchado al trabajo en el distrito de Marunouchi. La voz de mi amiga, de una tesitura media, se entrelazaba bellamente con la soprano de Ari, creando una armonía vocal muy contrastada a la par que elegante. Gina había sido una autodidacta en el canto, aunque su profesión era la arquitectura. No había tenido necesidad de asistir a clases ni una sola vez y tenía una técnica increíble, a diferencia de Leanne y yo. Lee se había educado como la típica niña de familia adinerada, con profesores de canto, Ballet y piano, y yo canté durante mucho tiempo en el coro en mis tiempos de estudiante, lo que me dio una buena base por la que empezar cuando decidí que quería cantar de forma profesional, para lo que tuve que conseguir un buen vocal coach.
El perro, al percibir el olor de la comida comenzó a tirar del collar con impaciencia y después de dejar mis deportivas en la entrada, me apresuré en quitárselo y el animal se perdió de vista por el pasillo.
—¡Hey, Misa-Misa está en casa! —grité para hacer notar mi presencia. Desde la cocina se escuchó el ruido de algo que caía al suelo, seguido de un grito. Parecía mentira que, siendo yo tan fácil de reconocer y ver por un montón de desconocidos, la gente con la que vivía no se percatara de mi presencia, sobre todo con quienes eran prácticamente agentes de Silk al completo, a diferencia de una servidora, que era una mera colaboradora, aunque las tres habíamos recibido un entrenamiento básico muy similar.
—¡Mis A ha vuelto!
Me quité la ligera sudadera deportiva que había llevado y casi de inmediato, salí disparada en dirección a la cocina. Los pies me dolían a horrores por la larga sesión de running, pero eso no me importó, ya que iba a coger a aquel diablillo. Así me había llamado la revista Elle dos años atrás, al calificarme como una de las celebridades asiáticas más influyentes de la industria del entretenimiento, lo que dio pie a varios chistes y memes con aquel juego de palabras durante un tiempo, pero la pequeña broma persistió entre Leanne y Gina para hacerme rabiar en cualquier ocasión.
—¡Te vas a enterar, pequeño monstruo! -—le grité entrando a toda velocidad en el interior de la cocina—. ¿No sabes que tienes que respetar a tus mayores?
Ella no se movió ni un centímetro, sino que se limitó a permanecer inmóvil con un cuchillo en la mano ante la encimera donde, sobre una tabla de madera había diversas piezas de fruta recién lavada y mirándome con aire triunfal.
—Por supuesto, pero yo no veo a nadie mayor aquí. —replicó mientras colocaba varios pedazos de fruta ya cortados en el interior de la licuadora y ponía la tapa para después encender el aparato. Era una perra muy inteligente, porque con semejante estruendo cualquier cosa que dijese sería imposible de escuchar, y por tanto el resultado sería el mismo que si le hablase al aire.
—Es cierto, tú no cuentas, cariño. —alcé la voz por encima del ruido de la licuadora. Debió haberme oído, ya que abrió la boca para replicar, pero yo me volví y me dirigí a la ducha agitando la mano de tras de mí, a modo de despedida. Al salir me vestí con un conjunto de pantalón por encima de la rodilla negro y un top deportivo del mismo color, y volví a la cocina para desayunar. Gina estaba sentada en uno de los altos taburetes de la barra americana, con un smoothie en una mano y revisando unos planos en su iPad en la otra. El pelo rubio platino que dividía su rostro de princesa nórdica reflejaba la luz del sol que se colaba por las ventanas, y sus iris color zafiro se movían a toda velocidad de un lado al otro de la pantalla.
Gina consiguió trabajo en una de las mejores empresas de arquitectura del país, solo un año y medio después de graduarse en la universidad con honores, y a pesar de su juventud era muy bien valorada por sus jefes y clientes, haciéndole soñar con abrir su propia empresa de arquitectura especializada en inmuebles de lujo. Era una chica muy ambiciosa, decidida y tenaz, pero todo lo que tenía se lo había ganado con creces, a base de mucho trabajo duro y esfuerzo, a pesar de la triste bienvenida que había recibido a este mundo.
—¿Qué hay, princesa? —le pregunté con tono malicioso sentándome a su lado y fingiendo mirar con aire de desinterés una revista de moda, mientras me hacía con una taza de café. Ese apodo cariñoso se lo puso Leanne poco después de que Gina se mudase conmigo e ingresara al colegio internacional Sagrado Corazón, que era un centro femenino. Sabía que se molestaría muchísimo, ella se lo había buscado, por empezar primero.
—Tienes suerte de que aún esté medio dormida, de lo contrario te daría un nuevo look en esa carita de superestrella.
—Nunca se amenaza a Misa-Misa. —canturree meneando el dedo índice ante su cara. Había dejado el hábito de referirme a mí misma en tercera persona hacía años, aunque seguía haciéndolo algunas veces para bromear.
—Sí, sí, seguro. Puedo contigo hasta dormida. Por cierto, Ishimura-san llamó mientras estabas en la ducha y me dijo que le llamases lo antes posible.
—¡Ya era hora! —grité enderezandome de golpe en mi asiento. Ayato Hishimura era el líder de nuestro grupo en Silk, a parte de mi entrenador y uno de los que me recomendaron cuando terminé la terapia a mediados del 2008. Si ahora quería ponerse en contacto conmigo después de que me prohibió meterme en asuntos que no tuviesen algo que ver con mi trabajo de idol, debía estar pasando algo lo suficientemente importante como para dejar a un lado las precauciones.
—¿No te dijo que quería?
—Solo que era importante y que tenía que hablar contigo.
—Genial, le llamaré ahora mismo. —dije entusiasmada. Por fin algo de diversión, justo lo que necesitaba para descargar un poco de frustración y estrés.
Después del desayuno nos dedicamos a limpiar y poner algo de orden en el ático, mientras conversábamos por videollamada con el señor Ishimura sobre los detalles de lo que necesitaban que hiciera, como buenas invitadas/inquilinas. Aunque habitualmente Leanne solía dejar el mantenimiento ocasional de su hogar en manos de uno de sus asistentes, ya que prefería al igual que yo, ocuparse personalmente de sus asuntos, se veía obligada a hacerlo cuando pasaba varias semanas en el extranjero o simplemente no tenía el tiempo suficiente para ocuparse ella misma.
El ático de Lee era muy amplio y luminoso, decorado con un estilo moderno y actual que seguía un patrón de colores oscuros y metálicos, que combinaban perfectamente con la imponente escalera de cristal que se encontraba en la gigantesca sala de estar y que llevaba al piso superior. El encargo del señor Ishimura no era nada del otro mundo, solo reunirme con una diseñadora de moda para hacer de intermediaria entre ella y otro agente con el fin de discutir todo lo relacionado a los chips que se colocaban en las prendas y complementos que diseñaba para nosotros, además de una tarea extra de la que de momento no quiso darme detalles. Siendo franca esperaba algo más emocionante que hacer de tapadera, aunque mis esperanzas se reavivaron un poco ante la posibilidad de un trabajo sorpresa. Sí, en los últimos años me había vuelto una amante de la adrenalina, pero solo en pequeñas dosis, ya que nunca me había caracterizado por ser una chica temeraria, eso se lo dejaba a mis dos bitches, quienes eran expertas en el tema y de todas formas, no tenía el entrenamiento ni la experiencia suficientes para un caso de semejante magnitud.
—
Los pasillos de la planta quince del hotel Teito estaban casi desiertos, salvo por un par de limpiadoras que se encontraban junto a un gran carro lleno de productos y hablando entre ellas en voz baja. Pasé por su lado con total tranquilidad, manteniendo una expresión neutra en el rostro y comprobando de reojo los números de las puertas mientras andaba buscando la suite 307. El sonido de mis tacones quedaba ligeramente amortiguado por la elegante moqueta oscura, pero por lo demás, el silencio era casi sepulcral. Volví a repasar mentalmente el plan que tenía aquel día tras concluir los asuntos que me habían llevado allí. Primero tenía una entrevista para un popular programa de televisión, luego una sesión de fotos para la portada del single y finalmente tenía que ensayar la coreografía de la canción junto al resto de los bailarines, además de afinar los detalles del videoclip antes de comenzar a grabar al día siguiente. Comparado a otros días, podría decirse que hoy tenía un horario bastante tranquilo. Sentía que poco a poco y a pesar de lo sucedido en mi casa y en Londres, las aguas volvían a su cauce en mi vida, o al menos eso intentaba, porque lo cierto era que desde mi último día en el Reino Unido sentía que algo en mi interior había cambiado de un modo desconcertante, como si hubiese hecho o dicho algo que había abierto una misteriosa caja de pandora. La sensación era la misma que uno tenía cuando estaba ante un examen en el instituto y no pudiese encontrar la respuesta de una pregunta que debería saber o que hubiese olvidado, haciéndome sentir inquieta y nerviosa la mayor parte del tiempo, aunque procuraba camuflarlo ante todo el mundo lo mejor posible.
Me detuve frente a la puerta de la suite de Aiko Shinozaki, la cual resultó estar casi al final del pasillo. Antes de tocar le envié un mensaje de confirmación al señor Ishimura, luego tomé aire, llamé a la puerta, aguardé hasta que ella me abrió. El encuentro se desarrolló con total normalidad, yo y otro modelo nos probamos algunos de los conjuntos y accesorios para comprobar que todo funcionaba correctamente, mientras Aiko y el experto en ingeniería electrónica de Silk discutían temas que me eran completamente incomprensibles, y ella anotaba y señalaba cosas aquí y allá sobre los bocetos de sus diseños.
—Bueno, Misa, espero que me llames para los outfits que vayas a utilizar en tu próxima gira, ¿de acuerdo? —dijo tras finalizar la videoconferencia, mientras tomábamos un almuerzo ligero en el comedor de la suite. Qué cotizado estaba mi cuerpo últimamente, todo el mundo quería que yo promocionase sus productos. Si continuaba así tendría que clonarme o buscarme una doble.
—Por supuesto, llama a mi estilista. En mi trabajo mandan otros, aunque siempre cuentan con mi opinión. De todas formas, si quieres que incluya algo tuyo en mi armario para estrenarlo no llames a nadie más, yo soy tu chica.
—¡Dalo por hecho!
Tras finalizar la comida, abandoné la suite y me dirigí a la puerta 301, tal y como se me había indicado previamente por mensaje de texto, pero en lugar de tocar me acerqué a uno de los cuadros de la pared que había en frente y lo moví ligeramente para coger una tarjeta de acceso que me permitiría entrar directamente. No me preocupaban las cámaras del hotel, ya que sabía que llevaban desconectadas desde el momento en que mi coche apareció en el aparcamiento, por tanto tenía libertad total de movimientos. El señor Ishimura me había informado de que iba a encontrarme con un confidente enviado por un colaborador de muy alto perfil, quién sería crucial para un nuevo caso, aunque no quiso darme más detalles, alegando que sabría más a su debido tiempo. Suponía que esto era lo malo de ser una simple colaboradora que se infiltra de vez en cuando en algún sitio interesante y daba un par de palizas, y ser una agente oficial con todo lo que ello conllevaba, en el fondo no me importaba demasiado. No tenía el tiempo ni la posibilidad de ser una agente al uso, y de todas formas tampoco tenía nada de malo, ¿no? Solo entraría ahí, vería a un desconocido, conversaríamos sobre lo que fuese y tal vez me entregaría algún documento, teléfono o lo que fuese para que yo se lo diese a otra persona y asunto liquidado. De todas formas, me aseguré de estar mentalmente preparada para cualquier cosa que pudiese suceder, una nunca sabía con lo que se podía encontrar en estos casos.
Pasé la pequeña tarjeta dorada por la banda magnética que había junto a la puerta y automáticamente se iluminó con una luz verde, al mismo tiempo que se escuchaba el característico clic, que indicaba que la puerta se había abierto. La empujé y pasé al interior, dejando que la puerta se cerrase por sí sola a mi espalda.
El salón principal estaba poco iluminado, con todas las pesadas cortinas echadas, las siluetas de los muebles se recortaban contra la poca luz que se filtraba a través de las ventanas y no parecía que hubiese nadie a la vista. ¿Me habría equivocado de suite? No, eso era imposible... o a lo mejor no había llegado aún. Caminé lentamente por la lujosa habitación, decorada tan exquisitamente como la que había reservado Aiko, intentando mantener la mente positiva y no pensar en que me había metido en algún tipo de trampa, simulacro, prueba o cualquier clase de juego retorcido ideado por Silk... En ocasiones la gente de Silk tenía un humor muy negro para mi gusto. Finalmente me acerqué a una de las ventanas para correr las cortinas y darle un aspecto menos lúgubre e inquietante a la habitación, pero justo en el momento en que mis dedos tocaron el grueso tejido de terciopelo la presión de una mano sobre mi muñeca me detuvo en seco.
—No es necesario que hagas eso.
Me quedé petrificada, incapaz de mover un solo músculo por la impresión. Esa voz... baja, monótona y muy bien modulada... No podía ser. Conté mentalmente hasta diez y luego me giré para encarar a la persona que tenía detrás o más bien al hombre, rogando a todos los dioses existentes del universo para que se tratase de una alucinación o una pesadilla. Quedé frente a frente con mi, supuestamente misterioso interlocutor, y mis ojos fueron ascendiendo lentamente por su anatomía.
Pies descalzos, largas y delgadas piernas enfundadas en unos vaqueros azules y anchos, una holgada camisa blanca de manga larga y finalmente, su rostro. Increíblemente pálido, unos ojos oscuros sobre unas ojeras tan marcadas que parecían haber sido dibujadas y un salvaje cabello negro como la tinta que le llegaba hasta el cuello. Al parecer todas mis súplicas habían sido completamente ignoradas... "qué injusta era la vida conmigo a veces".
—Tú —susurré con un hilo de voz—. ¿Qué demonios haces aquí?
Ryuzaki sonrió irónicamente y aflojó el agarre que tenía sobre mi muñeca, aunque sus ojos siguieron clavados fijamente en mi rostro y su expresión permanecía inescrutable.
—Según las órdenes de tus superiores, tenemos una cita, ¿recuerdas?
Sentí sus palabras como una bofetada en la cara. ¿Qué tenía que ver él en todo esto? Las instrucciones del señor Ishimura volvieron a mi mente haciéndome caer en la cuenta de lo obvio...Un confidente enviado por un detective anónimo de muy alto perfil. ¿Cómo podía haber sido tan estúpida como para no haberlo pensado? La indignación comenzó a burbujear en las venas, amenazando seriamente el autocontrol que estaba manteniendo cuidadosamente. Sin embargo, decidí no dejarme llevar por mi temperamento, y como la mujer adulta y madura que era, cerré los ojos un par de segundos y tomé una profunda respiración.
—¿Sabías que vendría yo, no es cierto? —pregunté, procurando mantener un tono calmado pero frío, casi impersonal. Tanto secretismo no podía tener otro motivo que ese dado el pasado que teníamos en común.
—No estás equivocada, este encuentro no tiene nada de casual, al menos para nosotros.
—¿Nosotros? Corrige esa frase, amigo, yo no tengo nada que ver contigo. De hecho, tú y yo terminamos hace años.
—Me encantaría que así fuera, te lo aseguro, pero en este momento tenemos un asunto de máxima urgencia que tratar, Misa. —respondió apartándose unos pasos de mí, y comenzando a caminar hacia una puerta situada a la izquierda de la entrada con aquella postura encorvada tan propia de él. Escuchar mi nombre salir de sus labios despertó en mí un amargo, pero familiar sentimiento de reconocimiento que formaba parte de una espesa amalgama de recuerdos y sentimientos ya enterrados. Se suponía que todo lo relacionado con Ryuzaki y el caso Kira había quedado atrás, que formaba parte de un oscuro pasado de mi vida que había encerrado figurada y literalmente para no volver a abrirlo jamás, y así ha sido... Hasta ahora. Me quedé allí de pie, fulminando con la mirada la espalda de aquel hombre al que no había esperado ver ni en un centenar de eternidades, preguntándome el por qué de mi mala suerte.
—¿A qué esperas? No tengo todo el día, y tú tampoco, a juzgar por tu horario. —insistió desde el umbral de la puerta y haciéndome dar un respingo que me devolvió a la realidad.
—Tú no tienes nada que ver con Silk. Todo el mundo sabe que las veces que has colaborado con ellos se pueden contar con los dedos de una mano, así que dime; ¿Qué fuerza titánica del universo te ha hecho volver a unir fuerzas con el común de los mortales? —pregunté sin moverme de mi sitio junto a la ventana, ignorando su petición, rezumando un ácido sarcasmo en cada palabra.
—A estas alturas deberías saberlo, Misa. Solo me pondría en contacto contigo por un motivo. Alguien quiere resucitar a Kira, y me temo que tú vuelves a ser una pieza del tablero.
Me moví casi sin darme cuenta, en un momento estaba a unos tres metros de distancia, y al siguiente su cuerpo se estrellaba contra la pared, con una de mis rodillas insertándose en su entrepierna y mis manos aferrándose por el cuello. Una parte de mi cerebro registró con satisfacción la expresión de sorpresa y dolor que se pintó en su cara, aunque la mayor parte estaba cegada por la furia. Finalmente había ocurrido, todo el miedo, la rabia, la incertidumbre y la indignación que había estado reprimiendo durante los últimos días se vinieron abajo, como un frágil castillo de naipes derribado por el viento. Las cadenas invisibles que mantenían a raya mi autocontrol se habían roto, reduciéndose a una mera criatura de ira desbocada y totalmente salvaje.
—Yo no formo parte del juego de nadie —dije con los dientes apretados—. Ni del tuyo ni del de Kira. Si hay alguien que quiere jugar a ser el superhéroe del año me parece perfecto, pero yo no pienso tener nada que ver, ¿Está claro?
Con una fuerza inimaginable para un hombre tan delgado, Ryuzaki me dio una patada en el estómago que me lanzó por los aires hasta caer de espaldas y me dejó sin aire, con la increíble suerte de que mi cabeza no chocó con el borde de cristal de una mesa de centro por unos escasos centímetros. Luego se posicionó sobre mí y me sujetó las muñecas por encima de la cabeza, al mismo tiempo que me inmovilizó las piernas con las suyas y se inclinaba sobre mí.
—Lamento informarte de que cierto suceso ocurrido hace menos de una semana en tu mansión confirma que sí formas parte, te guste o no, y si haces el favor de calmarte te daré todos los detalles al respecto.
Traté de sacármelo de encima, pero Ryuzaki me tenía completamente aprisionada contra el suelo con una facilidad insultante. Lo miré furiosa, con los ojos llenos de lágrimas de rabia, traicionándome y haciendo que perdiese el último resquicio de compostura que había estado tratando de mantener durante todo el rato. Una de las lecciones más valiosas que había aprendido en Silk era que con cierto tipo de personas, uno debía evitar a toda costa mostrar lo que sentía, pues podían utilizar dichos sentimientos como un arma mortal de uso indefinido y precisamente era eso lo que yo estaba haciendo, mostrar debilidad ante mi enemigo, quien tenía la precisión de un estilete, por mucho que deteste admitirlo.
—No pienso hacer nada que incluya trabajar contigo, y ahora suéltame.
—No te queda más remedio que hacerlo si te interesa protegerte. —respondió tranquilamente, como si estuviésemos discutiendo sobre el tiempo que haría al día siguiente. Sin embargo, la palabra proteger consiguió que saliese de la espiral de ira en la que me había sumergido el tiempo suficiente para recordar la magnitud del reciente desastre del que acababa de ser víctima. Mi casa, el lugar que consideraba un santuario había sido violado flagrantemente, y el responsable andaba por ahí suelto, posiblemente poniendo en peligro a las pocas personas en este mundo que aún me importaban y yo me encontraba en aquella estúpida habitación de hotel, en mitad de una pataleta. Dejé de retorcerme,intenté normalizar mi respiración e intenté recuperar algo de serenidad.
—¿Qué es lo que sabes? —exigí saber, sin evitar ocultar el miedo que sentía por las dos personas a las que veía como hermanas, especialmente por Gina, a quien estuve cuidando y protegiendo de todas las formas posibles desde que era una adolescente que intentaba escapar de sus propios demonios.
—Si hay algo que no soporto, Misa, es repetirme en algo, pero te lo resumiré para ahorrarnos a ambos seguir perdiendo más tiempo y poder comenzar a discutir el tema que nos ha reunido hoy aquí. —En su voz habitualmente monótona y casi inexpresiva, podía atisbar un leve rastro de irritación, algo que me produjo una oscura y placentera sensación de victoria—. Podrías estar en peligro, y solo yo puedo ayudarte, pero está en tus manos aceptar dicha ayuda.
—¿Por qué tú? ¿Por qué no se ocupan en Silk?
—Porque toda la información relevante a Kira es considerada como de alto secreto. Nadie excepto el grupo de investigación de la policía japonesa y yo conocemos tu relación con el caso. —respondió, soltando cuidadosamente mis manos y quitándose de encima para quedar sentado frente a mí en su típica posición acuclillada.
Aquello me pareció extraño. Podía jurar que Silk era como la versión más suavizada y algo menos radical de L, pero aun así siempre investigaban exhaustivamente a las personas que trabajaban o colaboraban con ellos, antes de incorporarlos a su plantilla. Sin embargo, me parecía curioso que nadie me hiciera preguntas indiscretas sobre Kira o Light, teniendo en cuenta que conocían los motivos de mi intento de suicidio después de su asesinato. Ellos se centraron en devolverme la cordura, y yo me esforcé al máximo en dejar atrás a la chica que trataba de superar la muerte de sus padres fingiendo que el mundo se dividía en buenos y malos, con Kira representando la justicia divina de un mundo pintado con los colores del arco iris. En parte lo hice para honrar la memoria de Light, una forma de expiar mi propio pecado de idolatrar a un simple ser humano que puso sus ideales por delante de la vida de las personas, incluso las que trabajaban incansablemente para hacer justicia. Sentí que se lo debía, que era algo que a él le habría gustado en vida, aunque al mismo tiempo había sido una parte fundamental y poco ortodoxa de mi terapia
—No veo dónde está el problema. El equipo de Silk sabe que Light y yo estuvimos juntos y que él colaboró para atrapar a Kira. Explícales lo que pasa y entre ellos y yo nos ocuparemos de arreglarlo. —comenté encogiéndome de hombros.
Él no replicó, sino que se limitó a ponerse en pie y a extenderme una de sus esqueléticas manos para que me incorporase. Yo ignoré su ofrecimiento y me levanté por mi propia cuenta, me arreglé el cabello y la ropa para después seguir los pasos de MR secreto, mientras me preguntaba el por qué de que su asistente, si es que todavía tenía el mismo o cualquier otra persona no había hecho acto de presencia ante el alboroto que habíamos hecho. Si pretendía tener alguna posibilidad de encontrar al criminal que había entrado en mi casa, no tenía más remedio que escuchar lo que Ryuzaki tuviese que decir. Tenía dos cosas claras, la primera era que un psicópata, de forma inexplicable, me había dibujado una diana en la espalda, y la segunda era que si pretendía darle caza y así ponernos a salvo a mí y a los que quería, necesitaba a este hombre egoísta y sin escrúpulos a mi lado, por mucho que lo odiase.
Sí, ya sé que probablemente debeis de odiarme por haber tardado tanto en actualizar, pero para compensaros os he traído un capi bastante más largo.
La cuestión es que entre que no sabía como sentar las bases del hilo principal de la historia, que estuve un poco entretenida con un libro que publicó el actor de doblaje de L y que pasé por un periodo de bloqueo tardé una eternidad en terminar el capi... ¡pero aquí está!
Vemos que ha pasado el tiempo y que Misa ha reconstruido su vida, aunque no le ha sido nada fácil, aunque cuando la pobre piensa que todo es perfecto viene alguien y le amarga la fiesta xD. En los siguientes capítulos daré más detalles sobre cómo entró en Silk y sobre cómo los caminos de Gina, Lee y ella se unieron. De momento, espero haber sentado una base aceptable de la historia y que os haya gustado.
Y ahora, pasemos a los comentarios.
Bel Akemi:
Muchísimas gracias por tu comentario! Bueeno, no vas mal encaminada! Aunque todavía quedan cositas por descubrir. No es navidad, pero te mando a un L en una cajita de regalo!
Ama Lawliet Amane:
Aww muchas gracias por tu comentario! Me alegro muchísimo de que tanto a ti como a tu hermana os haya gustado la historia y espero que os haya gustado este capítulo. Sí, por ahí van los tiros, así que otro L para ti! Con respecto a la comunidad de fanfickers que me comentabas, estaré encantada de participar si aún se puede :)
Paojelly:
Gracias por tu rw y espero que te siga gustando la historia!
KandraK:
GHola de nuevo, cuanto tiempo! Tranquila, sé muy bien lo que es ser adulto y no tener tiempo ni para tu vida jaja. Sí, es una pena que la parte de la película donde Soichiro le pone los puntos sobre las íe's a Light no le haya llamado la atención a la gente, y siempre pensé que si Rem no hubiese estado sometida a tanta presión habría podido encontrar otra solución para Misa.
Andrewsbrook:
Hola! Gracias por pasarte y comentar. Me alegro mucho de que te haya dejado intriga, y espero que este te haya gustado también.
ShadowGirlu:
Me encanta que te guste la historia, y tranquila que no voy a dejarla. Llevo mucho tiempo con el proyecto en la cabeza y quiero llevarlo hasta el final, aunque tarde mucho tiempo. Bueno, en este caso esteos seres no son superiores, sino contrarios, las dos caras de una moneda. Hikari te cae bien? Wow! Bueno, me alegro de que te guste :3
MattNoark:
Te contesté por privado a lo que me dijiste y ya hice las correcciones pertinentes.
Esto ha sido todo de momento. No sé cuando actualizaré, pero sí o sí lo haré.
Un beso a todo el mundo y cuidaros mucho.
