Chat Noir miraba embelesado a Ladybug, quien acompañando sus palabras con gestos rápidos de sus manos, le relataba el día normal de su vida que había tomado un giro abrupto cuando había hallado unos aretes en su habitación... por supuesto que no reveló nada que pudiera decir cuál era su apellido, que él ya sabía.

Ambos héroes se hallaban sentados en uno de los tantos techos de París, luego de una rápida patrulla que todavía no había agotado a sus kwamis. Chat se había enterado de que, antes de que obtuviera su miraculous, Ladybug solía tener muy mala suerte hasta el punto en que la retrasaba para llegar a clases a tiempo. Se atrevería a decir que su suerte era mejor solo por el que él si pudiera, pese a encontrar camembert en su ropa y zapatillas de la peor manera, pese a que se le cayeran cosas y se le rompieran tazas, y que el tránsito atrasara a su chófer y él tuviera que bajarse e ir el resto del camino a pie, doblando por cada uno de los muchísimos semáforos rojos que había.

—Entonces así salvé a un señor de ser atropellado, fui a clases como siempre y volví a mi casa, vi una caja, la abrí y ¡Tikki! —narraba, con un dramatismo notable—: Pero claro que en ese momento no la conocía: ¿un ratón volador rojo? Di media vuelta antes de que dijera nada y bajé las escaleras, agarré uno d... el único palo de amasar de la cocina, y juro que le rompía la cabeza hasta que se las arregló para contarme todo mientras intentaba hacerlo.

Y así, totalmente despreocupada le contaba la anécdota a su compañero, que la miraba con más admiración que miedo.

—Ahora somos amigas... Igual, Tikki debe estar acostumbrada a que sus portadoras no siempre acepten la magia así de la nada.

—Sí... —rió él—: Tampoco fue muy linda mi reunión con Plagg... Pero estaba más que interesado por algo remotamente interesante en mi vida aburrida que por que una rata voladora se me apareciera.

En ese momento, el tono poco cercano al entusiasmo y más inclinado hacia uno burlón o seco, provocó una chispa de reconocimiento en los ojos azules de Ladybug. Ni ella misma pudo ubicar de dónde lo reconocía.

—¿Y antes de eso?

—Básicamente, estaba aburrido en mi casa y me escabullí solo para tomar un respiro, que apenas me dejan salir, y también ayudé a un señor, solo que a levantarse.

—Un señor... No sé por qué, Chat. Pero creo que que los dos ayudáramos a un anciano no es coincidencia.

—Quizá él nos dio nuestros miraculous como recompensa —Se encogió de hombros, bromeando pero sin descartar la posibilidad.

—...sabiendo de algún modo que Le papillon iba a aparecer... —Ladybug caviló—: Se entendería que no pudiera combatir contra él por su edad.

—Claaro, y el porqué elegiría a unos... ¿adolescentes?

—Tengo diecisiete —Ladybug lo miraba con más detenimiento de lo normal, sabiendo que ese solo tono pertenecía a alguien familiar... de su... entorno.

Abrió los ojos como platos mientras Chat respondía, distraído, que también.

—Quizá porque estamos mucho más lejos de la muerte que un adulto y estamos más dispuestos a cambiar o aceptar nuestros errores que adultos ya formados.

—Sí...

Bip bip. Era el pitido de los aretes de Ladybug, que bienvenidos eran, después de haber reflexionado hasta el punto de no saber qué añadir.

—Creo que deberíamos hablar de esto con nuestros kwamis... ¿Nos vemos pasado mañana a la misma hora?

—¿Por qué no mañana?

—Me invitaron a una salida y tuve que posponerla...

—¿Algún rival del que deba preocuparme, miladi? —Chat se rió para sus adentros, sabiendo que se refería a él.

—No, solo somos amigos —Entrecerró los ojos, recordando perfectamente que había dado a entender que varios amigos, y no solo uno, la habían invitado—. La cosa es que mañana lo voy a invitar yo... No quiero que... —Hizo una mueca que invitó a Chat Noir a cambiar de tema.

—No te preocupes, Buginette, seguro mañana habrá un akuma para que nos veamos.

—¡No lo llames, gatito! —Ella se levantó, casi como esperando que de repente surgiera uno en el aire—: Amo que pasemos tiempo juntos pero prefiero no tener que hacerlo preocupándome por que un ataque te alcance.

—No sabía que te preocupabas por mí...

Ladybug se sonrojó y Chat sintió una calidez en su pecho que poco recordaba. Esbozó una sonrisa. Pero no como las que siempre mostraba, sino una diferente, particular que parecía significar más.

—Sabés que permaneceré completo solo para no dejarte sola —También se incorporó. E iba extendiendo una mano hacia la izquierda de su lady, que mantenía a su costado, cuando su anillo sonó.

—Bueno, segunda alarma. ¡Hasta la próxima, Chaton!

Fue una partida apresurada y nerviosa, que como muchas otras opuestas, dejó al corazón del gato maullando por su regreso.