—¿Se puede saber en qué estás tan ocupada que no podés venir cuando te llamamos para cenar?
En dos segundos, los papeles que estaban esparcidos en el escritorio de Bridgette volaron al otro lado de la habitación, lejos de la vista de su madre. Ahora solo se veía las numerosas fotos de Chat Noir que forraban el mueble, rodeadas de corazones y repetidas iniciales.
La azabache se puso de pie, dejando ver de manera notable que sobrepasaba en altura a su progenitora. Esbozó una sonrisa sin dientes y cerró sus ojos, resumiendo la situación en dos palabras exageradamente cantarinas.
—Mi diario.
Sabine sabía que no era una verdad completa, mas bien que las solas palabras se usaban cuando su hija quería proteger su privacidad y al mismo tiempo decirles con amabilidad que no se metieran en su vida.
Bridgette pasó por su costado y bajó las escaleras, siendo seguida por su madre que no desaprovechó el momento para recordarle que iba a lavar los platos.
[...]
Mientras la familia Dupain-Cheng cenaba y hablaba entre risas de su día, Tikki, el kwami de Bridgette, supo que su portadora, luego de comer y lavar los platos, no querría agacharse para agarrar los papeles que a propósito había lanzado. Así que, conociéndola, recogió las hojas una a una, sabiendo también que de seguro al día siguiente obtendría galletas de más "inesperadamente".
Como esperaba, el rostro de Bridgette se iluminó al ver las hojas apiladas una sobre la otra. Ella se sentó frente a ellas, y empezó a esparcirlas sobre el escritorio, queriendo fijarse si se había perdido de algo al examinarlas o definitivamente tenía que buscar otras.
"Es rubio", se leía en un papelito.
"Mide más que yo", se leía en otro. Y aunque no se pudiera creer, tenía importancia, ya que Bridgette era alta para ser mujer.
"Sus ojos son ¿verdes y celestes?"
"Nos conocemos".
Bridgette se estaba frustrando.
—¿Quién es, Tikki? ¡¿Quién es?!
La kwami soltó un suspiro, preparándose para evitar que su portadora comenzara a caminar por toda su habitación, y murmurar y correr cada tanto hacia el escritorio, como lo había hecho hacía un par de horas.
—Mirá las fotos de Chat, sacá lo que sabés que es real, dibujalo...
Tikki pensaba que debería tener galletitas de por vida, y eso era mucho si ella era inmortal.
—¿Y si tiene el pelo más corto, como yo?
Tikki reflexionó:
—Dibujalo con diferentes peinados, o sin pelo y lo comparás con personas que conozcas... ¿Cuántas personas rubias conocés? U...
—Ok, Tikki, voy a dibujarlo... —Bridgette empezó a buscar hojas y lápices en los cajones de su escritorio, comentando por lo bajo que no debería ser diferente a diseñar ropa.
«...na. Una. ¡Una! ¿Por qué tenés que ser tan desesperante?»
Tikki bajó a la cocina, atravesó un tarro con galletas y se comió unas seis antes de subir otra vez.
