Bridgette se levantó a las seis de la mañana con mucha energía, demasiada pese a haberse quedado hasta la una de la madrugada terminando su dibujo de Chat Noir. Había puesto círculos de tinta alrededor de todo lo que consideraba que él conservaba como civil y ahora solo tenía que hacer otro dibujo con aquellos aspectos y simplemente llenar los huecos, borrar y llenarlos hasta encontrar la forma de que la figura civil de su compañero se viera realista.
No había tenido mucho tiempo para poner en marcha su idea, no obstante, ya que su mañana estaba ocupada con clases del Lycée que el día de hoy no le entusiasmaba tanto como adivinar la identidad de su gatito de una vez por todas: estaba cansada de que él la reconociera todos los días y ella ni supiera su nombre. Se consolaba con que al menos ella sí le había dado su nombre —una pista, pista, pista pero nombre—, aunque eso mismo hubiera provocado toda esta situación. Porque era preferible que ella se hubiera presentado de una manera casi normal, a que Chat Noir conociera todo de ella sin que se lo hubiera dicho. A Bridgette le hubiera gustado que él le dijera su nombre antes de robarle tal oportunidad, pero él mismo había decidido crear este juego, estresante, si le pidieran su opinión.
[...]
—¿Por qué dibujas a Chat Noir?
—AHHH —Bridgette se encontraba en uno de los bancos del parque luego de pasar un día de clases con la mente en el dicho héroe—. ¡No me asustes, Félix!
El aludido tranquilamente se sentó al lado de la azabache para inclinarse y mirar sus hojas.
—En serio —comentó entonces, hacia los ojos verdes del último dibujo al cual Bridgette le estaba dando los últimos retoques, con un ojo en Félix. Ella no sabía que él podía ser así de molesto, considerando que estas semanas las únicas facetas que vio fueron las responsables, educadas y serias, perfectas a la hora de estudiar, y apenas una risa, y a veces una sonrisa y un acto de simpatía—: ¿conocés a alguien rubio con esos ojos?
—¿Qué tiene que ver eso con mi fanatismo por Chat?
—Fanatismo, claro —repitió Félix.
—¿Por qué dudás de eso? ¿Porque recién ahora muestro un interés en él? —resopló—: No tendría que ni molestarme en decírtelo...
El rubio sonrió: Bridgette era hilarante.
—Pero tengo fotos de él y me gusta.
Y con el deje serio de la azabache, Félix rió. No tanto, pero lo suficiente.
—Perdona, no te puedo tomar en serio así.
—¿Por qué?
—No me hagas decirlo.
—Ahora tengo curiosidad: decime.
—Tengo que irme. ¡Nos vemos mañana en clases, Bridgette!
Se incorporó y se marchó prácticamente trotando.
—¡Féeeliix!
—¡Mañana!
Él no le diría la ternura que desprendía. Al menos, no lo haría hasta que ella supiera acerca de su doble vida.
[...]
Cuando al día siguiente, la próxima ocasión en la que vio a Ladybug como Chat Noir, él no pudo evitar una amplia sonrisa pero distante de la realidad, y su lady le preguntó qué lo tenía tan distraído, solo le ofreció una primera rosa e hizo más chistes y románticos comentarios de lo normal durante el resto del patrullaje.
Ladybug sentía lo mismo que él.
