En una salida existían distintas variables que había que tener en cuenta: el clima, la disponibilidad de lugares, el lugar, la comida... Quizá era más importante saber qué tramaba Félix.

Bridgette y él ya se habían juntado unas cuatro veces y ella empezaba a notar ciertos patrones en el rubio —lo estaba conociendo—, en ella —que estaba eligiendo qué mostrar a su amigo según sus gestos y palabras, anticipándose a una posible mala impresión—, y en los lugares donde paseaban. Estos últimos eran al azar pero al mismo tiempo perfectos para cada ocasión, tranquilos o ruidosos, diferentes entre sí, con el fin de que ambos aprendieran los gustos del otro.

Por ahora no habían repetido ninguno y a la azabache no le habría importado si el día de hoy lo hacían.

—¿Por qué el museo?

—Es tranquilo.

Y entonces supo cómo se desarrollaría el resto de la tarde.

Ambos recorrieron la estancia, inclinándose hacia las interesantes exhibiciones, hablando sobre ellas y de vez en cuando haciendo algún chiste tonto.

En otro momento de la juntada, se hallaban en una heladería, ambos charlando —por iniciativa de Bridgette— acerca de las personas que caminaban por las calles: a dónde irían, por qué lucían como si recién se hubieran despertado o...

Se tomaban el tiempo, disfrutando sus helados individuales, tratando de llenar el silencio y hablar y hablar. Félix era el menos preocupado al respecto.

—¿Qué opinas de Ladybug y Chat Noir?

En algún momento tenía que llegar la típica pregunta que circulaba durante estos dos meses. Aún todo era muy nuevo para los parisinos.

—Estoy agradecido con ellos... —empezó Félix, encogiéndose de hombros—. Es bueno que ayuden a mantener en orden a París: a los policías a veces no los toman en serio.

Luego preparó una pregunta propia:

—Harían una perfecta pareja, ¿no?

Quería saber qué pensaba verdaderamente Bridgette, y qué mejor manera de averiguarlo que utilizando una identidad "ajena" a los héroes. ¿Qué le diría ella a un tercero?

—Pero ellos ya son pareja —contestó con la confusión reflejada en sus ojos. Félix la miró con diversión escondida en su semblante serio.

—¿Entendés a lo que me refiero?

—Ellos son el par perfecto, invencibles... —enumeró, aún con expresión confusa, como si estuviera diciendo lo obvio.

Él rió. Y se sintió ridículo al hacer la siguiente pregunta:

—¿No los shipeas?

—¿Shi... peas? —Bridgette sabía el significado de tal palabra, pero escuchar de alguien que no fuera ella decir que Chat Noir y Ladybug se veían lindos juntos era raro.

No sabía a dónde se dirigía esta conversación.

—Sí.

Lo hacía para obtener información luego de dos semanas sin que su lady averiguara su identidad. Lo hacía para obtener información, lo hacía...

—¿No sabés nada de ese blog LadyNoir, dedicado a los héroes?

Amaba hablar de la posibilidad de que Ladybug y su alterego fueran pareja. No obstante juraba que se pondría a leer luego de hablar de semejante estupidez de manera poco seria y muy adolescente. Claro que él lo era pero expresarse en su gran habitación y hacerlo con alguien más eran cosas muy distintas. Tenía una reputación que mantener y no podía arruinarla como lo había hecho con Allegra y Claude, que algo sabían acerca de que el responsable de la clase era capaz de avergonzarse... Bridgette también lo sabía, cierto.

Era simplemente raro dejar de lado ese yo mostraba en clases... aún trataba de retener a su faceta de Chat Noir, de idiota e inmaduro adolescente, cuando estaba con... sus amigos.

—¿Crees que Chat Noir ama a Ladybug? —cuestionó Bridgette. La voz le salía con dificultad y le temblaba la mano que sostenía la cuchara del helado.

—¿De qué color es el cielo?

Sí, hora de cerrar el tema...

—No creía que fueras de los que contaban bromas, ya suficiente tengo con... —Se aclaró la garganta—. ¿Por qué una pregunta obvia?

—Porque la respuesta es obvia.

Y así terminó la charla, con una Bridgette abrumada, sin atreverse a preguntar más cosas, y un Félix confundido acerca de cómo actuar, y queriendo transformarse en Chat Noir para expresarse con libertad o solo estar en el lugar donde dormía y pretender que era el hijo perfecto hasta que llegara a su cuarto y se cuestionara quién era.