MI ESTRELLA
Terry, la tomó entre sus brazos para alzarla y girarla, sus rizos dorados se mezclaron con la cabellera lacia y castaña de él, de pronto se detuvo, la miró como si fuera la cosa más hermosa que hubiese visto jamás y la besó…
—¡Candyyy! ¡Candyy! tienes que ayudarme, mi día fue agotador, me ayudarás con mis reportes por favor, te prometo que te lo compensaré. No tenía idea de que más escribir para llenar la hoja.
Los gritos de Karen cortaron mi inspiración, me encanta soñar despierta y plasmar esas fantasías en fanfics, todos acerca de Terry. Kleiss se daba vueltas y habla tan rápido que ni siquiera respiraba; hace un año que nos graduamos en ciencias de la comunicación, estudiamos juntas desde la secundaria, ella es la chica segura y encantadora que pasaba las materias con un leve o exagerado coqueteo con los maestros, es muy bonita; tardaba las mismas horas en el gimnasio que yo en la biblioteca, en más de una ocasión le hice sus exámenes con el corazón en la garganta por el miedo a que nos descubrieran.
Siempre tuve clara mi vocación desde que era pequeña, Karen solo siguió mis pasos. La diferencia entre ella y yo es que ella tiene el carisma y el físico que la mayoría de los medios de comunicación requieren; y yo, soy solo Candy, una chica más de Nueva York, uso gafas desde que tengo uso de memoria. Trabaje por algún tiempo en la radio anunciando comerciales; hace un mes ambas dejamos nuestros curriculum en una televisora, las opciones eran variadas, necesitaban una conductora para entretenimiento, una para un noticiero y entre otros puestos, cruzamos nuestros dedos cuando dejamos nuestros documentos esperando que la suerte estuviera de nuestro lado.
Me citaron antes que a Karen ya que mi promedio era mejor que el de ella, pero mi entrevista duro menos de cinco minutos y me dieron las gracias diciendo que esperará su llamada, la cual nunca hicieron, Karen fue a la entrevista dos semanas después y la contrataron de inmediato. No tuve que preguntar por qué, claro que la presentación es algo muy importante y la ropa costosa y de marca de Karen fue su tarjeta de presentación, mientras yo, fui con mi mejor traje que mi mamá me compro en una tienda de segunda mano.
Los primeros días de Karen fueron estresantes y hoy me pido que por favor la acompañara y le ayudara con los reportes que le piden antes de terminar su día laboral, ella es auxiliar, pero prometieron ascenderla en la primera oportunidad.
—¡No vas a creer a quien me encontré hoy! —durante la primera semana Karen conoció a un sin número de artistas y por supuesto que no pasó desapercibida por ellos.
—Hum, no tengo idea.
—¡Ay, Candy, porque eres tan amargada! ¿Quién es la sensación del momento?
—Mmm, Anthony Brower, Archibald Cornwell, Neal Leagan, Michael.
—Cerca, muy cerca… piensa Candy, alguien que te hace suspirar con solo escuchar su nombre.
Mis dedos se detuvieron en el aire y levante la vista de la laptop, solo hay una persona capaz de provocar eso en mí, es mi crush desde hace dos años que comenzó su carrera.
—Si. ¿ya sabes quién es verdad?, ¡Terryyyyy! y es más guapo en persona —dijo con voz picara.
—Pero, pero… él está en los Ángeles.
—Nop, se dé buena fuente que estará unos meses aquí participando en una serie juvenil; te das cuenta, Candy, esta es tu oportunidad de pedirle un autógrafo.
Había pasado casi un mes desde que Karen me dijo que Terry estaba grabando en el estudio, no lo había visto, bueno, yo no veía a nadie, siempre estaba en la oficina, gracias a Karen me contrataron de auxiliar y a ella la ascendieron para el programa de entretenimiento. Escuchaba los rumores que Terry y su nueva conquista, Eliza, la actriz con la que estaba grabando, se paseaban por los restaurantes más exclusivos de Nueva York, otro de los chismes faranduleros era que su exnovia Susana Marlow, le había hecho un escándalo por encontrarlo con la pelirroja en su camerino.
Karen está fascinada con Albert Ardlay, un guapo productor, pero muy mayor para mi gusto, él tiene cuarenta años y ella tiene veintitrés, coquetea con él descaradamente y lo he visto un par de ocasiones con mi amiga, creo que fue gracias a él, que yo entré a trabajar.
Cuando termino mi trabajo del día me queda tiempo para sumergirme en mi mundo ficticio, en donde Terry es mi príncipe, mi romeo, mi héroe y todo lo que se me ocurre que sea, pero siempre junto a mí.
Los pasos resuenan afuera y la puerta se abre y se cierra de golpe, Karen a veces entra con dramatismo.
Karen, ¿Qué se te ofrece? —pregunto al ver que aún faltan un par de horas antes de que ella venga a platicar conmigo. Me giro al no obtener respuesta y lo veo con la espalda pegada en la puerta, me ve suplicante y coloca su dedo índice en sus labios, indicándome que guarde silencio.
—Hola —susurra — ¿ya se fue? —su voz apenas audible
Veo hacia la venta a través de las persianas entreabiertas a Susana parada enfrente con el celular en la oreja, se ve muy molesta. Terry saca su móvil que comienza a vibrar y lo apaga. Niego con la cabeza para indicarle que ella sigue afuera, lo veo cerrar los ojos y apretar los parpados.
Después de más de diez minutos la impresión de ver a Terry ha quedado atrás y sigo haciendo mi trabajo, el real, no mi fanfic. Lo veo de reojo, se ha deslizado hasta quedar sentado en el piso, luego gatea y se coloca a mi lado ocultándose con el escritorio.
—Hola, soy Terry. Te agradezco que me hayas dejado quedarme aquí un rato. —arqueo mi ceja derecha y él sonríe.
—Sé quién eres, es casi imposible que alguien no lo sepa. Mi nombre es Candy y tu novia sigue allí afuera, se le ha unido tu otra novia. —cuando me doy cuenta de mis palabras cubro mi boca con mi mano, pero ya es demasiado tarde. Él se ve ofendido por mi comentario.
—Ninguna de las dos es mi novia. —recuesta su espalda contra el escritorio, lo escucho suspirar, mis manos tiemblan y evito mirarle para que no se dé cuenta de lo nerviosa que estoy. Abro y cierro archivos de Word y no puedo concentrarme en ninguno, afuera se ha desatado una ballada de divas.
—¡Eres una arrastrada, Susana! deja en paz a Terry, ¿no te da vergüenza seguirlo? Acepta que ya no te quiere, si es que alguna vez te quiso.
—¡Como te atreves, eres una quita novios! —la palma de Eliza se estrella en la mejilla de Susana, la cual reacciona halándole los cabellos, escucho reír a Terry.
—"Ese par de locas"—dice tomando las pringles que estaban en mi bolso abierto— ¿me invitas? —pregunta abriendo las botanas, muevo mi cabeza afirmando que puede comer las papas, aún sigo sin creer que éste aquí, con voz temblorosa respondo— estoy de acuerdo contigo. —me mira confundido— que estoy de acuerdo que ellas están locas —se ríe y me da el tubo de papas.
El personal de seguridad se acerca y las separa, quince minutos más tarde después de exhibir todos sus secretos, que en realidad son tan secretos, se van.
—Se han ido —digo cuando todo ha quedado en silencio.
—¿Estás segura?
—Si, pero si quieres puedo salir para asegurarme.
—Por favor —me guiña un ojo y siento mi cara arder.
Me levanto y abro la puerta, asomo mi cabeza y el pasillo ésta vacío, cierro la puerta y las persianas.
—Ya puedes salir, el pasillo esta despejado.
—Muchas gracias, te debo una —agita la lata vacía de papas y después se va. Una hora después la pequeña oficina sigue impregnada con su olor.
—¡Estoy muerta! —Karen se sienta en la silla frente a mí, entrecierra los ojos y acerca su cara a la mía— ¿y a ti que te pasa? ¿por qué tienes esa cara de felicidad?
—¡Lo vi, Karen, vi a Terry! ¡tienes razón, es guapísimo en persona! —coloco mis manos en mi pecho, Karen solo se ríe.
—¿Y dónde lo viste? porque tengo entendido que se desapareció y las dos divas —saca la lengua y mete su dedo índice como si fuera a vomitar— lo andaban buscando como locas.
Mi sonrisa se hace más grande al responder —estuvo aquí conmigo, bueno, escondiéndose. Es la ventaja de estar en la oficina más recóndita.
—¡¿Queeé?! ¿Hablas en serio? woow eso es genial, ¿le pediste un autógrafo?, ¿te tomaste una foto con él? déjame adivinar… ¿le robaste un beso? —sus cejas se mueven traviesamente, me doy un golpe en la frente porque con la emoción y los nervios no hice nada de eso.
—No se me ocurrió —digo haciendo un puchero.
—¡Que tonta eres, Candy!, perdiste tu oportunidad de oro —tengo que aceptar que Karen tiene razón.
El día más estresante para mí fue el viernes, terminé muy tarde los reportes que hago diariamente, el señor Bert, como le llama Karen, nos acompaña ya que Karen se quedó conmigo hasta que salí. Iba detrás de ellos con la cabeza gacha, me sentía fuera de lugar entre su charla amena que se desarrolla con mucha complicidad, como una pareja de enamorados.
—¡Ey, Terry! pensé que ya te habías ido. —mi corazón se detuvo cuando lo vi, tan guapo como siempre, con una chaqueta color camel, una playera blanca por dentro y unos jeans de mezclilla azul, se veía incluso más atractivo que el día que me visitó accidentalmente, se detuvo y saludo muy efusivo a Karen y a Bert, yo me quedé a una distancia corta detrás de ellos; me vio por encima del hombro de Albert y sentí su mirada recorrerme desde la cabeza hasta los pies, no me saludo, se despidió de ellos y se fue. Aunque estoy acostumbrada a que siempre paso desapercibida, en esta ocasión no pude evitar sentir una punzada en el pecho al ser ignorada.
"El timbre no deja de sonar, de malas ganas me levanto y al abrir la puerta lo primero que veo es un enorme ramo de flores, lo segundo es un gracioso oso de peluche y lo tercero es a Terry con una gran sonrisa.
—¿Me extrañaste, preciosa?
—¡Terry!… —no puedo con la emoción, lo abrazo y me cuelgo de su cuello, lo beso sin parar, estoy feliz de verlo.
—¡Ya veo que sí!
Deja las flores y el oso sobre la mesa para comenzar la danza de nuestros labios y manos"
—¡Hola! —la voz varonil y sensual me hace saltar de la silla, mis fosas nasales se impregnan de su exquisito olor, es Terry quien está frente a mí. —lo siento si te asusté, estuve tocando la puerta, pero no hubo respuesta y me atreví a entrar; te ves muy concentrada, solo quería devolverte esto —coloca en el escritorio una lata de Pringles y dos vasos de café.
—Gracias… no era necesario —respondo con voz trémula, se sienta en la silla frente al escritorio y comienza a beber su café.
—Te la debía, desde el día que me salvaste, además, tengo un descanso de media hora y no tengo ganas de salir.
—¡Oh, gracias! yo… bueno, me preguntaba, si tú, es decir usted, me puede regalar un autógrafo.
—¿usted? gafitas, creí que ya éramos amigos —tomó uno de los blocks de notas y garabateo: "para la chica que, salvo mi vida, agradecido siempre T.G"
Solo pude sonreír como tonta, sin decir nada agarré el vaso de café y ambos lo tomamos en silencio.
—No es mi intención incomodarte, si quieres puedo irme o puedes seguir con tu trabajo, solo haz de cuenta que no estoy aquí. —cerro los ojos y subió uno de sus pies en su rodilla, dejó caer su cabeza hacia atrás. Trato de plasmar eso en mi fic. Y empiezo a describirlo tal y como está.
"Terry se ha dado cuenta cuanto ama a Candy, está en su oficina recostado en la silla, su cabeza echada hacia atrás mientras en su mente revive el momento exacto en que le robó ese beso apasionado, sus manos entrelazadas descansan en una de sus piernas, te amo pecosa, murmura con su seductora voz. Ella aparece detrás de él, acaricia su cabello y le besa, él logra halarla y la sienta sobre su regazo, la intensidad de aquel beso es sublime y…"
El timbre de su celular hace que abra los ojos —lo siento, me quede dormido —atiende la llamada y agita su mano para despedirse de mí.
Todos los días venía a la oficina a tomar un café en su descanso, poco a poco mi pena se disipo y entre él y yo, se ha desarrollado una especie de compañerismo.
—Me agradas, señorita gafita, creo que en todo el edificio eres la única persona con la que puedo tener una conversación normal.
—Es porque eres una persona normal y no la estrella inalcanzable que aparece en televisión.
Su risa resuena por toda la oficina, Eliza y Susana lo han dejado extrañamente tranquilo, todo es paz y armonía en el set y el edificio entero. Me levantaba temprano y preparaba pastelillos o emparedados, descubrí que el inalcanzable Terry Grandchester tiene una debilidad por las frambuesas. Su cumpleaños se acerca y como toda fans acosadora es imperdonable que olvide esa fecha, aunque técnicamente ya no estoy en esa categoría, tampoco puedo decir que es mi amigo, sé que en cuanto termine su contrato regresará a los Ángeles y difícilmente se acuerde de mí, he llenado todas sus redes sociales con miles de mensajes durante estos dos años, jamás tuve éxito como hasta ahora, espero que nunca lea los mensajes que le deje en su cumpleaños el año pasado, en Instagram, Twitter y en Facebook, en las páginas oficiales de su club de fans.
Te amo, Terry, quiero que seas el padre de mis hijos
Han pasado cuatro largos meses desde aquel incidente de las divas locas, Terry es un ser humano maravilloso, hay mucha humildad en él, aunque parezca lo contrario. Normalmente siempre hablamos de trivialidades, tiene un gran sentido del humor igual al mío, en una ocasión se sentó en mi escritorio y por accidente leyó uno de mis fanfic, que afortunadamente fue uno con temática de shadowhunters que por supuesto, está adaptada a Candy y Terry, la comencé a escribir hace un tiempo y no la termine.
—Es solo un fanfic —dije encogiéndome de hombros y el frunció el entrecejo, puse los ojos en blanco— que es ficción, no es real, esa Candy no soy yo —dije sonrojándome, una mirada de ternura apareció en su rostro.
—Es una lástima —puso su mano debajo de su barbilla descansando su codo en el escritorio— tienes mucho talento, deberías escribir algo inédito, aunque me halaga ser tu inspiración —sus dedos acariciaron el dorso de mi mano y yo la quité por instinto— tal vez hasta le puedes pedir a un productor que lo lea o lanzar un libro.
—Oh, no, esto para mi es un pasatiempo —en donde descargo todas mis locas fantasías, pensé— pero quizás tengas razón y algún día tomé esto con seriedad.
El cursor en la pantalla se deslizaba por los diferentes fics que había escrito, que bueno que no especificaba que en todos aparecía él y que Terry no sea tan curioso como yo, se levantó y me dio un beso en la mejilla.
—Hasta luego, gafita.
Karen me dijo que Albert está organizando una fiesta para Terry, será solo de actores y actrices, no estoy invitada, pero sé que ese día estará grabando hasta medio día, espero que pase a saludarme y le pueda dar su regalo.
El gran día llegó, aun no amanecía cuando entré a la cocina, preparé todo tipo de postres con frambuesas y una lasaña que espero se conserve y pueda calentar en la cocina que está cerca de mi oficina.
Dejé mis gafas en mi buró y me puse lentes de contacto, solté mi cabello y coloqué discretamente unas horquillas doradas, me puse un vestido de encaje amarillo que me queda arriba de las rodillas y unos flats ya que no se caminar con zapatos de tacón alto. Siempre, siempre uso jeans y blusas tipo camisera, pero hoy es un día especial y aunque sé que mi look no se compara con el del resto de las mujeres que trabajan en la televisora, quería verme bien para él; me veo en el espejo antes de salir de casa.
Cuando llego el edificio completo es un caos, gente corriendo de aquí para allá, mis compañeras de oficina andan con sus mejores galas, todas con vestidos elegantes y finos, zapatillas de tacón número trece o quince, me siento como una niña delante de todas, a medida que avanzo veo el desfile de mujeres atractivas, actrices y oficinistas despampanantes con maquillajes bien elaborados y yo solo use un brillo labial y polvo compacto para tratar inútilmente de cubrir mis pecas.
—¡Candy, que linda te ves hoy! ¿Qué le hiciste a mi amiga, chica sexy? —Karen toma mi mano y hace que gire en mis talones, ella se ve increíble como siempre, está usando un vestido corto en color negro con detalles blancos de Carolina Herrera que compró la semana pasada y unas zapatillas negras que combinan de maravilla.
—No exageres, Karen, soy la misma de siempre, solo me peine —le susurro y ella se ríe.
—Ya tengo que irme, te veo después, chica sexy.
Es casi medio día y no he visto a Terry, no sé por qué quise creer que él vendría a saludarme. Terminé temprano mis actividades y ahora no tengo nada que hacer, conecto la memoria de usb al ordenador y comienzo con mi mundo mágico.
"Feliz cumpleaños, mi amor —me acerco a él caminando de forma sensual, le doy un beso breve y cubro sus ojos con un pañuelo, busco las fresas y la Nutella que preparé para este momento, me siento a su lado y sumerjo la fruta en la Nutella, paso mi lengua por su labio inferior y él trata de morderme, se ríe y es el turno de pasar la fresa cubierta de crema por sus apetecibles labios, lame un poco, lo ataco chupando sus labios soltando y mordisqueando uno por uno hasta que…"
—¡Hola, gafita! —Terry está parado en el marco de la puerta viéndome con una gran sonrisa, voltea hacia fuera y entra, entre cierra los ojos y se acerca a mí, camina detrás de mi silla y susurra. —¿Dónde está mi amiga, la pecosa de gafitas?
La piel detrás de mi nuca se eriza, intento hablar, pero solo balbuceo.
—Que… que… yo… —me quedo callada, instintivamente trato de estirar mi vestido para que cubra la parte de mi piel expuesta en mis piernas.
—Gafitas… te ves muy linda hoy —me da un beso en la mejilla, rodea el escritorio y se sienta frente mí, ladea su cabeza y sigue observándome.
Me paro y saco los postres que le preparé —feliz cumpleaños, Terry, te…te…pre… prepa… re… esto.
Se pone de pie y toma la cajita de postres con su mano derecha y con la otra toma la mía y me da un beso en el dorso.
—Gracias, me gustaría decirte que no te hubieras molestado, pero la verdad es que tus postres me encantan, serias todo un éxito si fueras chef, se sienta a comer y me da uno.
Después de comer tres cup-cake y una porción de lasaña, se levanta y se coloca a mi lado, me da su mano invitándome a poner de pie, lo hago. Me abraza, espero que no escuche los latidos de mi alocado corazón.
—Te olvidaste de felicitarme, pecosa —su aliento cálido me hace cosquillas en el lóbulo de mi oreja, se separa, pero no me suelta, acaricia mi cabello— deberías soltar tu cabello más seguido —pasó sus dedos por mis mejillas y después sostiene mi mentón, estamos tan cerca que puedo ver las vetas de sus pupilas— tus ojos son tan transparentes como tu alma —siento sus labios al principio frio por la soda que se acaba de tomar y después cálidos, dulces, suaves, me dejo llevar por la sensación y mis labios tratan de seguir el ritmo de los de él.
—"¡Pero qué es esto!" ja, ja, ja. Esto es el colmo, Terry. Se que estas enojado, pero por Dios, que medidas tan drásticas tomas para vengarte, jamás lo hubiera creído, mira que usar a ésta… para vengarte y avergonzarme.
Eliza habla con hostilidad, Terry aun no me suelta, cierra los ojos y su aliento acaricia mi cara.
—¿Qué buscas aquí, Eliza? —quiero alejarme, pero no me suelta, su frente descansa sobre la mía y veo a Eliza enrojecer, me hala del brazo y hace que Terry me suelte.
—¡Maldita pordiosera! Aprieta sus puños y después levanta su mano con su palma extendida, estoy bajo el efecto del beso todavía como para reaccionar, cierro los ojos, la voz arisca de Terry me hace abrirlos, su mano está apretando la muñeca de Eliza.
—¡Suéltame, me estás haciendo daño! — ella hace una mueca de dolor y se queja.
—Escúchame bien, Eliza, no voy a permitir que ni tú, ni Susana, ni nadie se meta en mi vida, deja de seguirme, ¡déjame en paz! No esperes que te hablé después de las grabaciones, solo en las escenas en donde tenga que actuar a tu lado cruzaremos palabras y eso porque es mi trabajo, pero entre tú y yo, no habrá nada más.
Los ojos de Eliza reflejan impotencia, lágrimas de odio aparecen, Terry la suelta y ella me ve de pies a cabeza.
—No puedo creer que te conformes con esta basura, pero si eso te gusta, te dejo en el basurero. Actorcillo de cuarta.
—Sale dando un portazo y exclamando maldiciones—Siento mucho el mal rato que nos hizo pasar esa mujer, hace mucho que debí ponerla en su lugar, a ella y a Susana.
—No te preocupes, espero que de verdad te dejen en paz —regreso a refugiarme detrás del escritorio, sé bien que ese beso es algo común, así son las estrellas, van por la vida repartiendo sus besos, al menos me quedaré con ese bello recuerdo— mi reloj marca la una de la tarde a las dos será la fiesta de Terry en un hotel lujoso, Karen me dijo hoy que sería temprano, ahora entiendo porque todos andan vestidos de gala, espero que después de lo que comió aún le quede hambre, si lo hubiese sabido no le traigo comida, si no cualquier otra cosa.
—¿Me acompañarás a la fiesta? —pregunta, sentándose en el escritorio y apartando mi mano del teclado.
—No, no estoy invitada —instintivamente me llevo la mano a mis ojos, en un intento de acomodar las gafas que no traje. Su mirada se endurece.
—¿No te invitaron? pero si todos van.
—No, no todos, algunos tenemos que trabajar —le doy una sonrisa de labios cerrados.
—Entonces me quedaré contigo —se cruza de brazos y piernas.
—¡Éstas loco! eres el cumpleañero, tienes que ir —me paro y camino hacia él poniendo mis manos en la cintura.
—Si tu no vas, yo tampoco iré. —dijo poniéndose de pie e igualando mi postura.
Todos aplauden cuando entramos, mejor dicho, cuando Terry entra; mi ataque de nervios está presente, me quedo detrás de él. Algunos actores y productores se acercan a felicitarlo, las actrices me ven de arriba abajo y me regalan una sonrisa fingida cuando ven que Terry toma mi mano. Karen se acerca con Albert para felicitar y después me abraza —¡no lo puedo creer! te dije que hoy dejaste a mi amiga en su casa. —me susurra Karen.
—Terry, estaré despedida para mañana, mi jefe no me quita la mirada de encima.
—¿Te refieres al auxiliar del jefe, que es auxiliar de la mano derecha de nuestro jefe? Tu verdadero jefe es Robert y es mi amigo, hablaré con él —Terry me besa delante de todos, el salón queda en silencio por un momento y luego da paso a los murmullos, después siguen comiendo y platicando, olvidando la escena que acaban de presenciar. Eliza y Susana, nos ven a lo lejos, ambas se retiran sin despedirse de nadie.
—No nos has presentado a tu acompañante, Grandchester —Anthony Brower y Archibald Cornwell, se acercan y besan mi mano galantemente.
—Ella es Candy, mi novia…
—Mucho gusto, señorita, es un placer conocerle —Brower vuelve besar mi mano y mi cuerpo entero se tiñe de rojo escarlata.
—Mi amigo necesita mano fuerte y muchos jalones de orejas de vez en cuando —dijo Archie quedamente detrás de mi cuello, causándome un estremecimiento.
Me quedo en silencio procesando lo que está pasando, hace unos meses estos tres hombres eran producto de mis fantasías y hoy están bromeando conmigo…
Los actores se despiden y me giro para ver a Terry —¿Novia? ¿desde cuándo, señor mentiroso? de quien huyes ahora —recorro con la mirada todo el salón.
—A partir de hoy. Y no huyo de nadie, gafitas. Pero si insistes en formalidades: ¿quieres ser mi novia?
28 de enero, tres años después…
Estoy corriendo por la cocina, metiendo y sacando postres, verificando que el spaguetti a la boloñesa haya quedado perfecto, me aliso el vestido que Karen me acompaño a comprar ayer. Le doy una mirada a mi reflejo en la puerta del horno de microondas, pongo mi mejor sonrisa y acomodo mis rizos a un lado de mi cara, sigo usando mis gafas, solo en ocasiones especiales uso los lentes de contacto, como el día de hoy.
A las ocho p.m. los invitados empiezan a llegar, algunos me saludan y expresan su cariño sincero, otros aún me miran incrédulos que una mujer como yo, esté casada con Terry.
Tienes que felicitar a tu esposa de mi parte, Terry, me dijo un pajarito que ella hizo la cena.
La tengo que felicitar por más que eso, Robert.
Candy es una mujer excepcional, Grandchester, linda y amable, hace unos años hubiera apostado que te casarías con Susana o Eliza, las estrellas del momento y las mujeres más bellas del mundo del espectáculo.
Hubiera sido el error más grande de mi vida, Robert. Mi esposa es algo más que apariencia, su mayor belleza la lleva en el corazón. No es una estrella fugaz, ella brilla en mi propio firmamento.
14 de febrero
Como cada año nos reunimos con Archie y su novia, Anthony y su esposa, Karen y Albert a celebrar en algún restaurante, no solo celebramos el amor, también la amistad. Después de bailar hasta que nos cansamos y hacer el brindis prometiendo reunirnos pronto, regresamos a nuestra casa en donde comienza nuestra fiesta privada, la habitación iluminada por velas, una botella de champagne y dos copas reposando en la mesita de noche, la música lenta llena de magia la atmósfera haciendo la velada más romántica, le entrego mi alma con cada beso, sus caricias indelebles han marcado todo mi cuerpo, en la habitación continua descansa nuestro pequeño tesoro, un ángel que llego hace tres meses para completar nuestra felicidad.
Terry se ha quedado dormido, acarició sus cejas espesas y dibujó sus labios con mis dedos, le doy un beso y camino hacia la ventana, me dejo envolver por la brisa fresca de los Ángeles y miro hacia el cielo, no hay ninguna estrella, pero no hace falta si tengo la mía descansando en mi lecho.
Fin
Nota: Este es un reto no cumplido del cumpleaños de Terry, espero que el giro que le di de san Valentín sea de su agrado.
