INUYASHA NO ME PERTENECE, PERO LA TRAMA SÍ.
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UNA JOYA PARA HITEN
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CAPITULO 7
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―Tiene ojos azules como su padre ―observó Sango, cargando al pequeño Edward, el hijo recién nacido de los condes de Winchester.
―Todos los bebés tienen ojos azules al nacer, así que no te confíes ―refirió una agotada Kagome, mientras estaba recostada en un cómodo cojín de plumas.
No había pasado ni quince días desde el alumbramiento del bebé y la joven madre aún se estaba acostumbrando al pequeño.
Sango llegó a Londres el día anterior en un viaje lleno de tensión en compañía de sus padres.
Luego que Hiten Whales la dejara en la puerta trasera de la casa, después de rescatarla del rapto consentido, Sango se retiró a sus habitaciones. Pero al día siguiente confrontó a su padre, no le dijo los pormenores de su rescate ni mencionó al señor Whales, pero sí que consiguió librarse.
El señor Chandos, por un instante pareció aliviado de la vuelta sin daño de su hija, pero enseguida recobró la pose de enojo por abandonar un buen partido como el señor Bojack.
Fue en medio de aquel enfrentamiento en la cual el padre de Sango le comunicó su decisión.
― ¡Me tienes como una mercancía, entregando mi dignidad por dinero a un hombre que sólo anhela mis conexiones familiares!
―Iremos a Londres, y allí podrás dar rienda suelta a la protección de los familiares de tu madre, escúdate en ellos ―esgrimía con resentimiento el señor Chandos―. Siempre supe que la familia de tu madre nunca terminará de aceptarme, porque me robé a uno de ellos, pero nunca pensé que tú serias parte de eso.
Sango ya no pudo seguir recriminando a su progenitor, luego de oír aquel duro comentario. Se notaba que su padre, pese a los años transcurridos, aún seguía sintiéndose extraño con los Rawlins, la familia de su madre.
Sango se sentía en medio de ellos, así que ya no siguió discutiendo y consintió el viaje.
Ya llegados a la ciudad, se enteraron, para gran felicidad de la joven que los condes de Winchester llevaban algunos días de haber llegado, justo a tiempo en realidad, porque su prima dio a luz al poco de hacerlo, y de forma tan repentina, que ni siquiera hubo tiempo de despachar cartas y avisar a todos.
Sango se sintió en familia al abrazar a su prima y cargar a su nuevo sobrino, por supuesto luego de dar un par de besos en la frente a los pequeños Richard y George.
A Bankotsu, al verlo, al principio se sintió extraña, porque le recordaba demasiado al señor Whales y era ahora cuando reparaba en el parecido físico que mantenía con el actual dueño del Palladium.
¿Dónde estará ese hombre?
¿Ya habrá vuelto a Londres?
O quizá esté persiguiendo a Panny o Abby o como sea que se llamara la amante que le robó la joya.
Bankotsu le preguntó si se encontraba bien y Sango se recobró enseguida. El hombre que tenía enfrente no era Hiten Whales, sino su primo político.
Kagome envió luego a su esposo a por un recado, pero era obvio que deseaba hablar a solas con su prima.
―Ya estamos solas y el bebé duerme ―la joven madre le cogió un brazo para atraerla hacia ella―. Si el tío no te traía, sabes que iría por ti porque estoy muy preocupada que tu padre pudiera arreglarte un matrimonio que no quisieras.
Sango suspiró.
Si Kagome supiera.
Pero prefería callar todas las de Caín que tuvo que atravesar estos meses para sortear a su padre. Nunca le contaría lo del rapto acordado. Menos las triquiñuelas que hizo con las ventas de sus objetos personales o que comerciaba bordados con un nombre falso.
Hubo un momento en la quiso contarle todo a su prima, pero entró en conflicto cuando su padre la acusó de ser parte de la familia Rawlins que nunca lo aceptaría del todo, por ser un plebeyo.
Antes siempre la sostuvo su orgullo desmedido, y ahora también la detenía ese deseo de no ofender a su padre, alguien que nunca se sintió incluido con la familia de su mujer, que lo miraba por encima del hombro.
Miraba los ojos de Kagome, transparentes y sinceros.
Pero Sango no quería agregarle más problemas.
―No tienes que preocuparte, sabes que puedo defenderme muy bien ―mintió Sango.
Kagome no pareció convencida. La estudió brevemente.
―Me miras a los ojos y me mientes ¡nos criamos juntas! Sabes que estoy en condiciones de ayudarte ahora y quiero tenderte una mano, trayéndote a vivir con nosotros en Londres ¿Qué tienes que hacer en Derby de todas formas?
La oferta era tentadora, pero Sango no iba a ceder.
―Es que no es lo estás pensando y con respecto a mi padre, sabes que puedo manejarlo.
Kagome, quien era bastante obcecada no iba a aceptar una negativa por respuesta.
Pero cuando iba a seguir insistiendo, el ruido de la puerta las interrumpió.
Era Anne, la doncella personal de Sango.
―Es su padre, señorita Sango. La busca en el recibidor.
Sango pestañeó confusa.
Era extraño que su padre viniera a casa de los condes de Winchester, cuando ya lo visitó el día anterior.
― ¿Viene a buscarme? ―preguntó Sango
―No lo parece, señorita. Creo que sólo ha venido a decirle unas palabras.
Sango miró a su prima, quien le enarcó una ceja en señal de desconfianza.
―Ve a verlo y sí te dice algo que no te gusta, me lo dices y vemos cómo arreglarlo. Porque temo que no me dices la verdad, prima.
Sango no le respondió, pero Kagome podía leer a través de ella.
Como sea, no iba a atosigarla con sus líos.
Su padre la esperaba, sin tomar asiento. Sin duda que venía al paso, sin intención alguna de quedarse más tiempo.
― ¿Padre?
―Sin duda te parecerá raro que haya venido ahora, pero tenía que comunicarte algo.
Por un momento Sango se asustó ¿le pudo haber pasado algo a su madre?
―Aún estoy sorprendido con la visita formal que tuve más temprano en la casa ―comentó el señor Chandos.
― ¿Visita formal…?
―Así es, una pedida formal de matrimonio, formulada ante mí y tu madre ―el señor Chandos sonrió, porque sin duda que se sentía halagada por aquella atención.
Sango apretó los puños.
― ¿Tan pronto me habéis encontrado pretendiente en Londres?
― ¡Oh, no no!, que no fuimos nosotros, que el caballero en cuestión ha venido sólo. Sabes que yo aún no desisto de la idea del matrimonio con el señor Bojack.
Sango entornó lo ojos.
― ¿Alguien de Londres?
―Es un hombre, al que tengo que darle su crédito por tamaña prestancia en el porte y debo decir que está relacionado con tu prima y su esposo, el conde de Winchester.
A Sango se le ensancharon los ojos.
¿Relacionado con sus primos?
¿Podría ser que…?
―El señor Hiten Whales, íntimo amigo de tu primo político ha pedido formalmente tu mano. Lo cierto es que tanto tu madre como yo estamos sorprendidos, porque ni siquiera sabíamos que te recordara, siendo que llevas tiempo en Derby.
Al confirmar el nombre, Sango no pudo sostenerse y cayó sentada sobre el sillón del recibidor.
―Es una broma ¿no?
―Ninguna broma y si he venido a decírtelo, es porque apruebo totalmente ese matrimonio. Es un hombre rico, quizá sin títulos nobiliarios, pero alguien que se ha hecho a sí mismo. Si no quieres al señor Bojack, acepta esta oferta y cumplirás tu deseo de mudarte a Londres cerca de tus parientes maternos.
Sango permaneció en silencio, aun conmocionada por el anuncio del nombre como para pelear con su padre.
El señor Chandos volvió a colocarse el sombrero.
―Tu madre me espera para tomar el té y no te pediré una respuesta ahora, pero que sepas que no renuncio a que te cases con alguno de los dos caballeros que tienes para escoger.
El hombre salió sin esperar respuesta dejando a una abrumada Sango, quien siquiera tenía fuerzas para seguir preguntando a su padre.
¿Hiten Whales pidió por ella…?
Todas las imágenes que compartió con él cuando la rescató del agua en el puerto en Londres, como sus aventuras en Derby pasaron frente a sus ojos como un recordatorio.
En ese momento, antes que pudiera levantarse, la puerta se abrió repentinamente.
Una sobrecogida Kagome entró, y por su rostro, Sango dedujo que la siguió y estuvo oyendo tras la puerta, una travesura que solían cometer ellas. Imposible indignarse por su falta de discreción.
Cogió las manos de su prima.
―Dime si escuché bien ¿Hiten Whales, amigo de mi esposo es quien ha pedido tu mano?
Sango temblaba, pero asintió con la cabeza.
Kagome se sentó junto a su prima.
Además de la tremenda sorpresa, no podía recordar las veces que Hiten pudo haber coincidido con su prima. Cuando vivían o visitaban Londres, prácticamente no se vieron y luego Sango se recluyó en Derby.
―No puedo quedarme en ascuas, le diré a Bankotsu que vaya a preguntarle sobre esto…
Sango se llevó las manos a la cabeza.
―No tiene sentido, tampoco para mí…
Ni aun en esa instancia, Sango se atrevía a confesar a su prima, todo lo que vivió junto a Hiten Whales. Le daba entre vergüenza y timidez.
Aun así, Kagome se compuso.
―En su defensa diré que Hiten es un buen hombre, muy callado y reservado…y hubo un rumor que dice que en realidad es medio hermano de mi esposo, pero nunca me atreví a preguntarles más sobre eso ―reflexionó Kagome.
― ¿Aprobarías esa boda, prima?
Kagome acarició el rostro asustado de su prima.
― ¿Porque debo yo aprobar nada? Eres tú quien debe hacerlo, sólo digo que Hiten es un buen partido y tío no podrá reprocharle la falta de fortuna, aunque sí la falta de una familia o título que lo respalde.
Sango rió interiormente de forma sarcástica.
Si justamente era por el dinero que su padre se apresuraba en casarla con cualquiera.
Aunque Kagome le estuviera dando el visto bueno, ella no lo tenía tan claro.
Justamente Hiten Whales conocía todos los secretos vergonzosos de ella, que se obligó a cometer por causa del maldito metálico. Peor aún, fue él quien le engañó para donarle una orden de pago.
Eso tenía nombre y apellido.
Lástima y caridad.
En ese momento, Anne entró a la habitación sin tocar y por su rostro podía deducirse que estaba al tanto de todo, porque también tenía la costumbre de escuchar tras las puertas, pero Sango no podía reprochárselo, porque su doncella siempre deseaba lo mejor para ella.
― ¡Ha llegado el conde! ―anunció casi corriendo
― ¡Tranquilízate, Anne!, que esta es su casa, y es normal que venga. Recuerda que es mi esposo ―le sonrió Kagome.
Anne miró a Sango con aprehensión.
―Viene con el señor Whales.
La muchacha se levantó del sillón. Sin duda que no esperaba confrontarlo tan pronto.
Kagome palmó sus manos de satisfacción.
―No pudo haber venido en mejor momento, ya que tenemos muchas preguntas para él ―levantándose a su vez.
Pero Sango cogió el brazo de su prima.
―Prima, déjame a hablar a solas con el señor Whales ―con aspecto serio
Kagome, quien pensaba oír la charla de esos dos tras la puerta, notó que su prima hablaba en serio y casi en tono de súplica.
Ambas primas se criaron juntas y la condesa de Winchester la conocía al dedillo, que cuando Sango pedía algo así, era porque necesitaba aquel espacio.
Kagome asintió con la cabeza.
―Están en el salón ―informó Anne.
―Iré a pedirle a Hiten que venga a hablar contigo, a solas ―aseguró Kagome a su prima―. Nadie os molestará ni oirá vuestra charla. Quédate aquí.
Kagome salió del sitio, aunque antes de pasar al salón, decidió pasar a ver a sus hijos.
Con los gemelos y el recién nacido, uno nunca podía estar con la guardia baja.
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Bankotsu estaba enterado que en el recibidor se encontraba la joven Sango, por eso al llegar junto a Hiten, decidió pasar directamente al saloncito obviando el recibidor.
Todavía estaba sin palabras por la declaración de su primo en el carruaje cuando le preguntó que había hecho durante el día.
―Estuve en casa del señor Chandos, el tío de tu esposa, y pedí la mano de su hija en matrimonio.
Bankotsu, quien estaba mordisqueando un albaricoque, casi se atraganta. No pudieron seguir la charla porque vino un conocido de ambos a darle conversación desde la ventanilla del coche.
Durante el corto viaje a su mansión, Bankotsu no despegó sus ojos de su amigo, tratando de encontrar una explicación lógica.
Al llegar, el mayordomo le informó de la visita, así que con esa información se llevó a Hiten para hablar en privado en el salón, antes de que hablara con la joven Sango o con su esposa.
Cuando los criados terminaron de servir el té y salieron, Bankotsu increpó directamente al dueño del Palladium.
― ¿Sabes que no puedes bromear cuando se trata de Sango Chandos?
―No estoy bromeando ¿acaso me ves riendo? ―contestó Hiten, bebiendo su té
―Sólo me viene a la cabeza que pudiste haber cometido un error y quieres repararlo con una boda ¿le hiciste algo a la prima favorita de mi esposa? Kagome te arrancará los ojos si le hiciste algo, aunque no dejo de estar intrigado en que momento trataste a la señorita Chandos para acabar en una pedida de mano ¡si apenas os cruzabais!
Hiten parecía divertido con la desconfianza.
― ¿Acaso estaría mal una boda entre ella y yo?
Bankotsu negó con la cabeza.
―Tienes que saber que ella está en la casa ahora y el mayordomo me dijo que el señor Chandos estuvo aquí hace una hora, así que Sango ya debe estar enterada de todo.
La puerta se abrió y entró Kagome.
Las facciones de Bankotsu se enternecieron al verla.
Ella le había cambiado la vida, lo convirtió en padre y ayudó a reencausar su propia vida.
¿Cómo no adorarla?
Aunque dijesen que no era el prototipo de belleza típica que encandilaba los salones, eso no importaba mientras lo encandilara a él.
Luego de los saludos, Kagome llevó aparte a su esposo.
―Sango está en el recibidor y ya sabemos que Hiten pidió su mano ¿deberíamos dejarles que hablen a solas? ―le dijo en voz baja.
―Puedo oíros perfectamente desde aquí ―la voz de Hiten desde el otro lado, les anunció el corte de cualquier secretismo―. Si me lo permitís, conversaré con Sango y trataré de ser breve así evitamos chismes.
Al oír la resolución de Hiten, Kagome se tranquilizó.
―Entonces ve a hablar con ella, que nosotros esperaremos aquí.
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Sango había hecho salir a su doncella afuera.
Habia alcanzado a controlar el temblor de sus manos, pero aún le parecía surreal que el señor Hiten Whales hubiera tal atrevimiento de presentarse en casa de su familia.
Cuando la puerta se abrió, la habitación se llenó enseguida con la presencia de aquel hombre de porte formidable y cuando vio sus ojos azules determinados hacia ella, Sango cobró valor para hablar.
―Señor Whales.
Él tuvo el descaro de acercarse y pasarle la mano, en un gesto inaudito.
―Señorita Chandos.
Ella se indignó con aquel ademán.
―No son formas de un caballero, quizá en el club que usted administra estas cosas son comunes, pero en mi mundo no lo son.
Él sonrió de lado.
―Quizá pensé que no sería inadecuado, ya que sólo necesito su visto bueno para casarme con usted. Asumo que su padre ya vino a decirle de mi proposición.
―Mi padre ya me ha dicho sobre aquel disparate.
― ¿Disparate?, en modo alguno. Estoy hablando en serio ¿acaso me ve rostro de estar bromeando?
Ella se puso en plan sarcástico.
―Lo que sí sé es que parece haber asumido, que, por haberme ayudado en un par de ocasiones, se cree en la obligación de salvarme y es ahí donde se equivoca, señor.
Hiten no esperaba aquella inusitada ofensiva.
―No he asumido nada, es una simple propuesta de matrimonio, hecha de forma seria ya que quizá yo no sea un caballero, pero sé cómo tratar a una dama.
― ¡Patrañas!, usted sabe de la lamentable situación económica de mi familia y de mi penosa circunstancia, y piensa que puede comprarme con su dinero ¡se cree con derecho a poseerme por su superioridad económica y por saber algunos secretos míos!
Hiten cambió su rostro tranquilo por uno grave, ante la directa acusación.
― ¿Cómo me cree capaz de tal cosa?, nunca me pasó por la cabeza ¿acaso le es difícil creer que deseo casarme con usted, no porque sepa sus secretos?
Pero Sango ya estaba desatada en plan defensivo.
Aunque difícilmente podía sostenerse ante la figura de aquel hombre que literalmente la hacía tambalear, pero no podía casarse con él solo porque le gustaba. Por orgullo y principios, no iba a venderse a Hiten Whales, aunque por dentro comenzara a derretirse de a poco.
― ¡Ubíquese! ya le he recordado varias veces que yo soy una dama y no voy a venderme ante nadie, aunque me tenga lastima o compasión. Olvídese, que nunca me casaré con usted ―Sango le dio la espalda para evitar que ese hombre le viera los ojos y poder sostener el rechazo. Que no la viera flaquear nunca.
Oyó que Hiten caminaba hacia la puerta y quiso por un segundo detenerlo, pero hizo uso de toda la fuerza espiritual que aún le restaba para permanecer.
Él se quedó en la puerta.
―No hace mucho les tenía una alta aversión a las jóvenes de su clase, la mayoría fatuas y jactanciosas, la excluyo a su prima claro…y luego la conocí mejor a usted y pensé que… ―Hiten hizo una pausa y Sango deseó que continuara, pero no lo hizo.
―Lo mejor será que me vaya, señorita Chandos. Lamento haberla ofendido con mi propuesta y también el haber molestado a su familia con eso.
Oyó la puerta abrirse y dos segundos después, como se cerraba.
Cuando Sango se volteó se encontró con la habitación vacía. Él ya no estaba.
Pero en el aire quedó aquel aroma de madera de cedro, ese olor que aprendió a distinguir luego de haberlo sentido en todas las ocasiones en las cuales se cruzó con Hiten Whales y que se le metió fuertemente en las fosas nasales cuando él la cargó entre sus brazos al salvarla del secuestro de Bojack.
Unas lagrima inquietas salieron de sus ojos antes que su consciencia pudiera frenarlas.
Se echó al sillón.
¿Qué había hecho?
CONTINUARA.
Gracias hermanas, ya vieron que difícil y complicada es SANGO, en el siguiente veremos el POV de Hiten que lo motiva a casarse, ya vimos quien es el maduro de la relación.
Nos falta dos capítulos y daremos adiós a este fic. Esta semana podrán leerlos, aunque FF ya no tiene notificaciones.
GRACIAS LUCYP0411, CONEJITA Y A MANU, me gusta mucho el fandom de Ranma, pero lamentablemente ya tengo planes de Bankag para enero, así que difícilmente podría hacer algo allí, pero si revisas mi perfil, encontraras que ya tengo fics de Ranma y no tiene tan malas críticas.
Nos leemos entre miércoles o jueves para capítulo 8.
Paola, que las quiere.
