Holis~ Aquí yo reponiendo super tarde el décimo sábado de 86 XDu ¿Alguien más que haya visto el episodio 22 al menos 10 veces? Se que no puedo ser solo yo XD Debido a la idea que tenía originalmente para este fic (por cierto, fue parcialmente inspirado en la letra del segundo ending latino de Shaman King, el viejito, no la versión 2021) quería publicarlo antes de que saliera episodio 22 y se supiera el destino de Lena, pe~ro la vida~ y la verdad es que recuerdo que empecé a escribir esto en mi trabajo (sin poder escuchar en loop la canción como usualmente hago cuando una me inspira) y después ya no pude seguir, cuando publiqué el shot correspondiente al noveno sábado pensé en apurarme a completar esto pero no pude. Después vino el episodio 22 y no tuve mood hasta que ayer vi The amazing Spiderman 2 y los eventos del final me hicieron llorar XD Y pues estoy poniendo la etiqueta de angst pero creo que esto no quedó lacrimógeno(?)
En fin, solo recuerdo que 86 y sus personajes le pertenecen a la querida pero cruel Asato-sensei.
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La reina aprisionada
Su majestad no tiene tiempo para amar a un mortal. Nunca lo ha tenido. Está muy ocupada preparándose para su encuentro con el dios de la muerte en una danza lenta y extraña, una que nadie más se atreve a bailar con él.
Su destino había sido decidido a los diez años, cuando su oportunidad de vivir como una chica normal le fue arrebatada junto con su padre. Cuando conoció al jinete sin cabeza que la vincularía para siempre con ese dios de la muerte.
Desde entonces, aun sin saberlo, había estado preparándose para ese gran momento. Estudiando, aprendiendo, reflexionando, considerando, luchando por vislumbrar la realidad más allá de los muros que la aprisionaban.
No tenía tiempo para la cantidad de bufones que intentaban arremolinarse a su alrededor. Esos cerdos que voluntariamente habían cerrado sus ojos a la verdad nunca serían dignos siquiera de que ella los mirase, mucho menos podría llegar a amarlos. Lucharía hasta el final, protegiéndolos en el camino, sí, pero solo porque ese era su deber. Era lo que el dios de la muerte había querido para ella.
Tampoco podía amar a alguno de los valientes guerreros que habían aceptado luchar bajo su mando. Para empezar, la mayoría de ellos apenas la consideraba digna de ser su comandante… y la realidad era que todos ellos conocían los rumores sobre su cita fijada con el dios de la muerte, y dada la devoción que su majestad mostraba hacia él, ni siquiera el alma más intrépida se atrevía a desafiar su sombra.
Sí, su majestad era completamente devota al dios de la muerte.
El jinete sin cabeza le había señalado el camino hacia él, y ella lo había seguido obedientemente hasta llegar a escuchar el frio y confortante murmullo de su voz. Había escuchado otras voces, pero sin duda había sido la suya la que había logrado cautivarla. La lucha por diferenciarse de los cerdos blancos no fue fácil, pero al final...
— No me dejen atrás… – había suplicado su majestad, deseando atraparlo en el viento que le llevaba su voz.
— Nos iremos primero. – había respondido él, aun en su divina indiferencia, el hielo empezaba a derretirse en su voz – Si un día llegas al lugar que alcancemos ¿podría, por favor, llevarnos flores?
Para su majestad no se trataba de una petición. Era una promesa. Una cita a la que no pensaba faltar. Pero primero debía ser digna de acudir. Así que se concentró por completo en la tarea. Debía seguir luchando, estudiando, aprendiendo, ideando. La única certeza que tenía era la muerte que rompería los muros que la aprisionaban y vendría por ella. Estaba segura de que lo encontraría en ese momento y debía estar preparada.
Fue entonces cuando realmente empezó esa danza donde ella perseguía su sombra mientras demoraba su encuentro en el más allá. Saboreaba cada paso, planeándolo con el mayor de los cuidados. No debía quedarse atrás, junto a los cerdos, pero apresurarse demasiado tampoco la llevaría con él. El dios de la muerte la guiaba a través del campo de batalla, y aunque a su majestad le habría gustado encontrarlo más allá de este, ya había decidido que haría los sacrificios necesarios para continuar persiguiendo su sombra.
Sacrificaría la vida que pudo haber tenido, la familia pudo haber abrazado, las amistades que pudo haber conservado, el amor que pudo haber conocido… todo. De igual manera, el dios de la muerte se había llevado cualquier posibilidad de un futuro con él.
Así que no importaba si la soledad se convertía en su única compañía. Todo valdría la pena, si al final le esperaba él.
Como cada mañana, Lena se preparó para un largo día después de haber dormido solo durante un par de horas. Vistió su impecable uniforme teñido de negro y retocó el color de la línea roja que sobresalía entre las hebras plateadas de su cabello. Se observó en el espejo y asintió en aprobación: el luto era su manto y la sangre se mantenía fresca—esa día honraba a dos procesadores que habían muerto el día anterior.
¿O quizá sería más apropiado decir que esa línea roja representaba la herida abierta en su corazón?
No. Lena negó con la cabeza a su reflejo.
Ella no había sangrado de verdad. No había sufrido de verdad. Sus derechos no habían sido negados. No había sido tratada como ganado. No había una sola razón para que ella se quejase por algún tipo de dolor.
Pero…
— Lena. – justo cuando llevaba su mano hacia su bolsillo izquierdo, la voz de su madre la llamó desde el otro lado de la puerta.
Lena le dirigió una mirada amarga a su reflejo en el espejo. Su relación, que de por si ya se había enfriado desde que entrara al ejército, solo había empeorado cuando se enteró de que la habían castigado por ayudar a unos cerdos—lo mismo había sucedido con su tío Jerome.
No obstante, la buena educación le había sido inculcada de manera demasiado cuidadosa para llegar a quitarle el saludo a su propia madre, así que suspiró antes de responder.
— Adelante, madre.
— Buenos días, Lena. – saludó Margaretha, entrando con paso digno a la habitación al tiempo que le dirigía una rápida mirada de desaprobación a TP, que dormitaba en su cojín.
Fuera de su actitud hacia el gato, Lena no pudo evitar notar que su madre había decidido adoptar la cordial e incómoda amabilidad que empleaba para tratar con cualquier persona que no considerara digna de ser incluida en su circulo social, pero que no podía rechazar.
— Buenos días. – respondió, reflejando sin querer la misma actitud. No obstante, al notarlo decidió suavizar su tono de voz, pues podía imaginar el sufrimiento que causaría en su padre verlas interactuar como si fuesen dos extrañas en lugar de madre e hija – ¿Sucede algo, madre?
Margaretha también se permitió relajarse un poco.
— Quiero hablar sobre el festival de la revolución. – anunció. Lena no pudo evitar entrecerrar los ojos, abandonando su intención de llevar una conversación más amena – No necesitas ponerte tan a la defensiva. – agregó Margaretha antes de que pudiese decir algo – Solo quiero confirmar una última vez ¿estas segura de que no asistirás este año?
— Sí. – el rechazo en la voz de Lena era incluso liberador, nunca le había gustado asistir a las fiestas "de sociedad". Eran demasiado aburridas y los asistentes en general, demasiado superficiales e interesados. Ninguno veía en ella mayor valor que el de su apellido y su fortuna, consideraban toda su individualidad como una molestia… bueno, ella también los veía de esa manera. El único recuerdo relativamente agradable que conservaba de esos eventos, era el haber visto los fuegos artificiales el año anterior "junto" a ellos. Y era precisamente gracias a ellos que ahora era capaz de negarse, como siempre había deseado – Ya lo decidí. Además, tengo trabajo.
Un trabajo mucho más importante.
Margaretha suspiró, pero al verla ajustar su postura, Lena comprendió que aun planeaba presentar batalla.
— Escucha, Lena. – comenzó – Comprendo que quieres seguir tus ideales, por muy extraños que sean, y que intentes seguir el camino de Vaclav es… incluso admirable. – al verla apartar la mirada por primera vez, Lena no supo si su afirmación era sincera o si simplemente intentaba convencerla, pero sin duda era un comportamiento extraño en su madre – Pero eso no significa que debas sacrificarlo todo por… tu trabajo. – Lena sabía que la segunda vacilación había sido un momento en que se había esforzado por reprimir su desprecio por aquellos que consideraba ganado – Tu padre también querría que te divirtieras con amigos, que sonrieras, que… – esta vez Margaretha la miró a los ojos con lo que parecía un matiz de preocupación en su mirada – fueras feliz.
Lena trató de reprimir la amarga sonrisa que naturalmente quiso aflorar en su rostro.
— Temo por ti. – admitió su madre – Llevo meses sin verte sonreír, tienes un semblante sombrío todo el tiempo, no te alimentas adecuadamente y ni siquiera duermes.
El semblante de Lena no cambió ni un poco ante las palabras preocupadas de su madre. ¿Cómo podría ella quejarse cuando había vidas inocentes perdiéndose tras el gran muro? Chicos y chicas que deberían estar con sus familias, llevando una vida pacífica, peleaban con todas sus fuerzas para proteger lo único que les quedaba. Soportaban las terribles condiciones de vida que les brindaba un país que los pisoteaba, utilizaba e incluso les obligaba a morir.
En cambio, Lena vivía casi en un palacio, vestía ropa de buena calidad y aunque la mayor parte de su comida era sintética, seguía siendo mucho mejor que lo que le enviaban a ellos. Aun le quedaba familia que, a su manera, se preocupaba por ella. Y si bien la mayoría de sus colegas se burlaban de ella, aun poseía un rango, un apellido e incluso ciertas influencias que los obligaba a tratarla con cierto respeto.
Por lo menos, era reconocida como un ser humano.
Un poco de desvelo y saltarse algunas comidas no eran nada comparado con lo que sucedía fuera del muro. De hecho, era lo único que podía hacer.
Porque estaba sola.
Y ese chico… esos chicos se habían marchado. Y habían deseado que, pese a tener todo en contra —como ellos, que habían sido abandonados por su país—, peleara hasta el final con todo lo que pudiera. Y si devanarse los sesos era lo único que podía hacer para cumplir su deseo, no dudaría en hacerlo sin importar si tenía que llevar su cuerpo al límite… o si perdía el vínculo con su propia madre en el proceso.
Pero mientras decidía si debía intentar explicarle esto a Margaretha, ella continuó hablando.
— Además esa ropa… ni siquiera yo guardé un luto tan riguroso por tu padre, y puedo decirte que lo nuestro no fue solamente un matrimonio por conveniencia. — dijo Margaretha. Por primera vez la fachada rígida de Lena vaciló para mostrar su extrañeza ante la mención de su padre. No obstante, esto pareció irritar a su madre, ya que un casi imperceptible tic apareció en su labio – Por favor no me hagas decirlo, Lena. – le pidió – Ya dicen que tienes gustos extraños, no es necesario mencionar hasta donde llegan en realidad.
Lena no pudo comprender de inmediato a qué se refería su madre, no obstante, cuando lo hizo no pudo evitar mirarla boquiabierta.
De inmediato, un furioso rubor amenazó por extenderse sobre su rostro y se sintió tentada a negarlo moviendo efusivamente la cabeza… o eso habría sucedido si se tratara de la Lena inocente del año anterior.
Pero actualmente era Bloody Regina, quien finalmente esbozaba su sonrisa amarga mientras desviaba su mirada hacia el cielo azul fuera de su ventana. El mismo cielo que había compartido con él. Aquél que le había pedido alcanzarlo.
—…Te equivocas, madre.
En ese momento, su Para-raid se activó.
— Majestad, la Legión me envía a darle los buenos días. – bromeó Ciclops – Los detectamos cerca del punto 309.
— Buenos días, Ciclops. – respondió Lena, metida en su papel de reina sangrienta – Me dirijo al cuartel ahora, pero pueden ir ubicándose – echó un vistazo hacia las notas colgadas en la pared de su habitación – en el punto 257.
— Entendido.
Ciclops cortó la comunicación y Lena miró una vez más el rostro abiertamente disgustado de Margaretha.
— Tengo trabajo ahora, madre. – se despidió – Por favor disfruta tú del festival de la revolución.
Este era un deseo genuino de su parte.
Si bien le dolía que Margaretha apartara sus ojos de la realidad de manera voluntaria, y además intentara que ella hiciese lo mismo, aun quería que disfrutara de alguna alegría en su vida. Peor siendo tan consiente de que el momento en que ya no podría disfrutar de esos lujos podría llegar en cualquier momento.
Dada la prisa, se vio obligada a utilizar un taxi para llegar al cuartel. Pero durante el corto trayecto tuvo la oportunidad de fijarse en su imagen reflejada en la ventana de este, superponiéndose con el cielo que había contemplado hacía unos minutos.
Por alguna razón recordó lo que había pensado ante la insinuación de su madre.
Sí, no tuvimos una relación siquiera amistosa en primer lugar, así que definitivamente no le estoy guardando luto como si hubiese sido mi amante. Sería descarado y presuntuoso de mi parte. Todo lo que puedo hacer es guardarle luto como un ser humano, como su superior, mantener viva la promesa que hice de no olvidarlo… de no olvidarlos. De luchar hasta el final para ser digna de reunirme con ellos cuando llegue el momento... Ese es mi propio deseo.
Esa noche la larga y lenta danza entre su majestad y el dios de la muerte inició su climax. No se trataría de un compás corto y lo perdería todo en el proceso. Ella lo sabía muy bien. Pero sonrió en el fondo de su corazón, sabiendo que al final se encontraría con él. Aunque fuese en el más allá.
Solo le quedaba una preocupación ¿habría luchado lo suficiente? ¿habría resistido hasta el final sin retroceder ni un solo paso? ¿Sin dejar que sus pérdidas la desgarraran en mil pedazos?
Solo podía rezar para que así fuese mientras seguía el camino sangriento que se extendía ante ella.
Todo fue para este día.
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Mencioné que este shot fue parcialmente inspirado en el ending de Shaman King porque la otra fuente de inspiración es una telenovela llamada Pasión de gavilanes :vvv Ok no XD No exactamente :v La verdad es que desde que leí su interacción en el tomo 1 de la novela, me pareció que Margaretha no era una madre exactamente autoritaria. Lo que recuerdo es que intentaba convencer de manera diplomática a Lena de dejar el ejército pero no ocultaba su desprecio a los 86. También me pareció que sufría por la muerte de su esposo, aunque le molestaba que tuviese que ver con los 86. La verdad me hubiera gustado que incluyeran su dialogo con Lena en el anime, pero bueh. En resumen la doña me hace pensar en la madre de las protas de esa telenovela :v que si actúa como antagonista, pero no es mala con sus hijas porque sí, sino que según ella las está protegiendo y genuinamente se preocupa por ellas y pues esa impresión se fortaleció después de leer un spoiler del tomo 11.
Y bueno, nunca puedo dejar de mencionar el valor de Lena en el mercado matrimonial por si se me atraviesa una oportunidad de que Shin escuche :v digo, porque he leído demasiadas novelas victorianas XD
Por cierto, la primera parte del fic empecé a escribirla con la intención de que fuera el summary, pero me puse poeta(?) y terminó de esa manera XD intenté retomarlo ayer para escribir el final pero... ehhh... hice lo que pude.
Por cierto que este definitivamente es un two shot y dudo que haya forma de que publique la parte que sigue antes del episodio del sábado. Para empezar no la tengo escrita y seguro queda mejor después de que vea el epílogo(?)
Nos leemos~
