Volteó la hoja y la giró para mostrarle lo que estaba escrito mientras lo explicaba de una forma sencilla para que pudiera entenderlo. Jamás había sido la tutora de nadie antes de entrar a la AU. Por eso se esforzaba para hacer un gran trabajo y asegurar las buenas notas de quien le había pedido ayuda, Shōto Todoroki.
Había acudido con ella días atrás cuando la temporada de exámenes había iniciado, por un poco de guía en diferentes dudas que tenía sobre algunas cuestiones de las clases que no había terminado de entender. Momo se sorprendió cuando pidió su ayuda, aunque Todoroki no era el mejor de la clase, sus notas se mantenían adecuadas. Supuso que más que mantenerlas de esa forma, el buscaba la excelencia. Y más aún con la constante presión que recibía de su padre.
La misma Momo era la mejor de la clase 1-A pero el hecho de que Todoroki reconociera su excelencia y pidiera su ayuda agitaba su corazón, por eso mismo aceptó con una sonrisa acompañada de un enrojecimiento en las mejillas, acción que esperaba que pasara desapercibida para su compañero de clases.
Shōto Todoroki, aquel que se sentaba a su lado en clases y con el que no podía evitar cruzar miradas de vez en cuando desde los primeros días en la UA. La intensidad de los orbes gris-azul agitaba su corazón con ferocidad y la hacía distraerse más frecuente de lo normal en las clases de Aizawa. Su relación pareció estrecharse aún más cuando tuvieron el enfrentamiento con Erasehead, cuando Shōto dejó en claro que confiaba plenamente en ella y por eso había votado como delegada de la clase. Momo sintió su interior estremecerse ante aquella confesión y no podía evitar sonrojarse cuando se encontraba con el aspirante a héroe en la sala común del complejo que compartía. O cuando sus dedos se rozaban accidentalmente cuando Momo servía el té y él buscaba sujetar la taza para ayudarle.
Por eso mismo Momo intentaba no estar a solas con él, porque no podía controlar todo lo que le evocaba y estaba insegura sobre lo que él sentía en respuesta. Podría estarse haciendo ideas con respecto a que era correspondida por el ambiente que flotaba entre ellos. A fin de cuentas Shōto siempre tenía aquel gesto serio en su rostro.
Ante la idea de estudiar juntos en su habitación, Yaomomo no pudo evitar sentirse nerviosa. Moviendo su pierna inquieta en un intento de controlar los latidos descarriados de su corazón. Tenía que mantener la calma, solo buscaba ayuda en un par de cosas, una hora donde estarían en su habitación. ¿Qué era lo peor que podía pasar?
Momo lo descubrió ese mismo día, cuando mientras respondía una de las dudas de Todoroki. Una de las galletas, había puesto en la mesa para acompañar el té, que intentó llevar a su boca, en un momento de torpeza cayó de entre sus dedos hasta su falda. Antes de poder reaccionar de alguna forma por su movimiento torpe, culpa de su nerviosismo ante esa mirada, la mano masculina se estiró, retirando la galleta. Sin ningún tipo de restricción acercó la galleta que había caído a la boca femenina. Yaoyorozu presa del pánico y nerviosismo la aceptó sin más, tragándola más que masticándola, abochornada por tal situación.
En toda esa acción la mirada Gris-azul no apartó la atención de ella, siguiendo cada movimiento de sus labios, cuestión que no pasó desapercibida por Creati. La tensión que Momo siempre pensó que imaginaba se materializó en el reducido espacio que había entre ellos. Sus miradas se encontraron un momento, lo suficiente para detener el corazón débil de la fémina.
Yaomomo abrió los labios en el intento de decir algo cuando Shōto se inclinó, juntando sus labios con los femeninos un instante. Había sido un impulso, el calor del momento y el hecho de estar solos. Pero eso había desatado absolutamente todo. Momo sintió como su pecho estallaría al sentir el cosquilleo en sus labios. Y sin poder controlar los latidos dolorosos, correspondió ese beso con timidez, moviéndose sin ningún tipo de experiencia. El beso fue fugaz, lento, pero desatando un mar de emociones en su interior.
Shōto se alejó al cabo de un momento para recuperar el aliento y volvió a besarla, una y otra vez, cada vez con mayor confianza. Momo le correspondió en cada ocasión. La hora destinada para estudiar terminó, haciéndolos brincar a ambos con el sonido de la alarma del móvil del chico. Incapaz de poder verse a los ojos, Shōto recogió sus libros, se inclinó agradeciendo y salió del cuarto femenino.
Momo se quedó ensoñada ante aquella sucesión de hechos, con las mejillas totalmente coloradas e intentando contener que su corazón saliera por su boca. Pero consideró que posiblemente, debido a los hechos ocurridos, Todoroki no iría al día siguiente. Más aún cuando al día siguiente en clases no volteó a verla en ningún momento. Lo cual agradeció porque ella misma no podía con la vergüenza. No sabía si debería decir algo, disculparse por corresponder el beso o fingir que nada había pasado. Por eso mismo simplemente decidió evitar todo tipo de contacto con el héroe mitad calor-frio.
Grande fue su sorpresa cuando en la noche, la puerta de su habitación sonó. Momo sintió el corazón en la garganta al abrir y encontrar esa mirada azul-gris encima suya. Con cierta torpeza lo invitó a entrar mientras rebuscaba entre sus libros el indicado para el examen del día siguiente. Momo le preguntó sobre sus dudas con suma naturalidad, o eso intentaba, para posteriormente poder explicarle al respecto. Shōto no apartaba la mirada de ella en ningún momento, ni cuando ella señalaba alguna nota en su cuaderno.
Hasta que sorpresivamente Todoroki se había acercado sin más y había atrapado los labios femeninos en medio de una oración. Momo sentía como su corazón se derretía y se entregó a aquella danza dulce y totalmente placentera, acercando aún más al masculino hacía ella. Shōto había rodeado la cintura de Creati para acortar aún más la distancia y de esta forma el tiempo de estudio pasó más rápido de lo que cualquiera de los dos hubiera querido.
Nuevamente el aspirante a héroe caliente-frio se retiró con una reverencia y llevándose sus libros. Momo no le había aclarado todas sus dudas, pero en cambio ella misma había aprendido aquella faceta de Shōto, más intensa y expresiva.
Su dinámica se normalizó de tal forma que Momo sabía que Todoroki tocaría la puerta antes siquiera de que lo hiciera. Anhelando cada día que el tiempo corriera lo suficiente rápido para que pudiera tener ese momento con el masculino. La cuarta noche ella ni siquiera había abierto el libro en la mesa cuando se acercó, sorprendiendo a Shōto al tomar la iniciativa y besándolo con el corazón en la garganta y demandando los labios masculinos tan cálidos con gran necesidad. Realmente necesitaba de aquel sabor y la textura de sus labios, anhelando cada día poder probarlos solo un poco más. La alarma en el móvil del chico dejó en claro que debía irse pero permanecieron un rato más de esa forma, tomando pequeños descansos para recuperar el aire, pero retomando aquella actividad.
Cuando Shōto se fue, sin realizar ni una reverencia, satisfecho observó la última imagen de Momo Yaoyorozu. Labios hinchados, mirada brillante y mejillas sonrojadas, un deleite para sí mismo.
Él último día de estudio, que ambos eran conscientes, las cosas se salieron de control mucho más rápido. Apenas había entrado Todoroki a su cuarto, se había acercado a la fémina y rodeado su cintura. Atrapando los labios femeninos en una danza desenfrenada de necesidad. Sus labios ya estaban moldeados a los contrarios, por lo que encajaban perfectamente. Shōto atrapó el labio inferior entre sus dientes mordiendo ligeramente, desatando un placer en su interior. De alguna forma habían llegado a la cama de la chica y él estaba encima de ella, poseyendo esos labios una y otra vez, entregándose a aquel elixir de la boca femenina. Sus lenguas encontrándose por primera vez y moviéndose a la par.
Habían cortado el beso en un intento de respirar adecuadamente, esas sesiones de besos le enseñaban a controlar tu respiración y aguantar lo suficiente para no alejarse.
―Debería irme. ―En un intento de controlarse y yendo en contra de lo que todo su cuerpo le decía. No era momento ni lugar, además que no quería faltarle al respeto a Momo.
La chica se levantó asintiendo, con las mejillas sonrojadas. Aunque realmente no quería que se fuera, sabía que era lo correcto. Por lo que se quedó en la cama mientras veía la espalda de Todoroki desaparecer cuando la puerta se cerró. Aquel día el masculino ni siquiera había traído sus libros. Sabía que eso pasaría y no intentó ocultarlo. Ella misma no había puesto los libros en la mesa, solo había permanecido esperando a su compañero con la ansiedad presente en su cuerpo. Sonrió divertida ante ese hecho, una vez más perdiéndose en sus ensoñaciones.
El fin de semana transcurrió sin problema, dándoles a los alumnos de la UA un respiro ante el final de sus exámenes. Muchos se relajaron aunque no deberían, considerando que los resultados saldrían hasta la semana siguiente. Sin embargo, muchos simplemente disfrutaron esos días porque posiblemente el lunes sería su fin, donde serían condenados a los números más bajos de la lista de calificaciones. Un poco de calma antes de la tormenta.
Momo estaba extasiada cuando "accidentalmente" se había encontrado con Todoroki en el comedor o en la sala común del edificio de sus habitaciones. Pasando el tiempo juntos, compartiendo miradas furtivas aunque estuvieran rodeados del resto del salón. Yaomomo no podía evitar sonrojarse cada que lo veía y más cuando él sonreía ligeramente. Sabía que posiblemente no podían encontrarse de nuevo en su habitación tan seguido como antes, sin levantar sospechas, pero compartían momentos juntos que eran un alivio. Además que solían mensajeandose con regularidad, diciendo cosas que no podrían decir enfrente del resto de sus amigos.
Prontamente el lunes llegó y los alumnos de la 1-A arribaron al salón encontrando los resultados de sus exámenes pegados en el tabloide de avisos. No esperaban que la lista estuviera tan pronto, pero era mejor eso.
Momo había mirado ligeramente la lista al entrar, encontrando su nombre hasta arriba y a Todoroki siguiéndola de cerca. Ese hecho le sorprendió considerando que lo que menos habían hecho era estudiar. Por eso mismo su mirada se desvió con rapidez cuando vio al aspirante a héroe frio-calor entrar y ambos se sentaron juntos, compartiendo una sonrisa cómplice. Él no había visto la lista, solo había mantenido fija su mirada en ella.
―Otra vez estoy bastante abajo. ―Habló Mineta decepcionado al ver su lugar en la lista. Posteriormente observó el resto de los nombres.―Oh, Todoroki subió de puesto.
Shōto levantó la vista del móvil, una vez que envió un mensaje a Momo. Quería comer junto con ella en su receso. El comentario de Mineta le recordó que no había visto la lista, ya que tenía otras cosas más importantes en las cuales pensar.
―Yaomomo te dio clases particulares ¿no? ―El pequeño chico se acercó hasta el héroe calor- frio con una mirada acusadora.
Mineta fijó la mirada en Momo que en ese momento había enviado una respuesta a Todoroki, encontrándose la mirada encima, evadiéndola.
―Hiciste que Todoroki subiera en la lista, debes ser muy buena enseñando. ― Más que una pregunta era una total afirmación. ― ¡Quiero que en la próxima temporada de exámenes me ayudes con clases particulares, de la misma forma que a Todoroki!
Momo sintió su rostro enrojecer cuando escuchó la frase, trayendo a su mente el tipo de "asesorías" que le había dado a Shōto. Su mirada se desvió un momento atrapando la mirada Gris-azulada, quien rehuyó en un intento de ocultar su propio sonrojo.
Yaomomo no le había respondido ninguna de las dudas a Shōto, solo le había dado una motivación de que en el futuro aquellas clases volvieran a repetirse.
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