Disclaimer: Ni Evangelion ni sus personajes me pertenecen.

Como polvo en el viento

En silencio, casi como si quisiese borrar por completo su existencia del universo, Shinji, avergonzado de sí mismo, no pudo hacer más que mantener la mirada agachada en tanto se acercaba a su destino final. Entretanto, afuera del coche que lo transportaba, una lluvia torrencial, azotando a Tokio-3 sin piedad, le daba un aspecto lúgubre y funesto a una ciudad que, ya de por sí, carecía de vida y de espíritu propio.

Deteniéndose el automóvil ante un semáforo con luz roja, Shinji, teniendo un ápice de valor para alzar la vista, se volteó a su derecha viendo como los cristales en las ventanas, a consecuencia del furioso clima que continuaba imparable, eran recubiertos por una delgada capa de humedad que impedía ver con claridad hacia el exterior. Por ende, usando una mano, Shinji retiró dicha humedad para mirar mejor.

En los alrededores, no hallando más que calles vacías, solitarias y mojadas, Shinji, pensando en el día en que llegó a Tokio-3, se vio incapaz de no realizar una comparación mental entre aquel momento y el ahora. Aquella vez, soportando el bochornoso calor del verano, Ikari, sin saber qué dirección tomar al desconocer la metrópoli, acabó por cuestionar todo lo que conocía al atestiguar algo impensable.

Una criatura monstruosa, que sólo podría provenir de sus peores pesadillas, hacía ver a los aviones militares que la atacaban como si fuesen insignificantes moscas, las cuales, disparándoles el armamento que poseían, eran totalmente inútiles al no poder efectuar nada por detener su lenta caminata. Shinji, paralizado por la impresión, incrédulo de lo que observaba, no imaginaba que ese apenas era el inicio.

Minutos después, apareciendo para su milagroso rescate, Misato Katsuragi, la mujer que le dio hospedaje por algunas cuantas semanas, consiguió sacarlo de allí antes de morir aplastado por los gigantescos pies de aquella bestia que; a pesar de su grotesca apariencia, fue catalogada como un "ángel", sin que Shinji, nunca entendiese, porqué le dieron un nombre así a una aberración como esa.

Aquel primer viaje con Misato, marcado por la velocidad y la adrenalina, contrastaba con el que experimentaba en el presente, el cual, siendo relativamente normal y ordinario, solamente destacaba para Shinji por el rechinido constante del limpiaparabrisas que le estremecía los nervios. Además, claro está, que Misato no se hallaba ahí junto a él al ser el vehículo conducido por uno de los agentes de Nerv.

Si fue Misato, en una tarde calurosa, quien le dio la bienvenida a Tokio-3, era aquel sujeto de traje negro, en una mañana marcada por un aguacero tempestuoso, quien le daba su despedida de la ciudad.

– ¡Oye, niño! –precisamente, ganándose su atención al mirarlo gracias al espejo retrovisor, el conductor le habló con voz seria y seca al romper el prolongado silencio que habían compartido desde que salieron de las instalaciones de Nerv– ¿trajiste contigo algún paraguas?

– Sí señor, tengo uno dentro de mi maleta.

– Ya veo. Con esta clase de clima, lo vas a necesitar.

Volviendo a resplandecer la luz verde, permitiéndoles el semáforo retomar su camino, el automotor aceleró de inmediato dirigiéndose directamente hacia la estación de trenes de Tokio-3. Allí, cuando llegue el ferrocarril que le fue asignado, Shinji, tal y como se lo pidió a Misato, lo abordará para marcharse de la ciudad, dándole, punto final, a su corta y breve temporada como piloto de un Eva.

Su primera vez piloteando, no recordando casi nada al haberse desmayado, terminó rápidamente pese al indescriptible dolor físico que padeció durante el fugaz lapso tiempo en que estuvo en el interior de la Unidad 01; sin embargo, habiendo estado consciente en su segunda batalla, Shinji, teniendo grabada en su memoria cada sensación, terminó por no resistir más al haberse encontrado al borde de la muerte.

Esa, sin que lo dudase ni un segundo, fue su última pelea. No obstante, antes que pudiese tirar la toalla, tuvo que hacerle frente a esa monstruosidad que lo mantenía atrapado con sus tentáculos electrificados. Así, poseyó también la obligación de proteger la vida de sus compañeros de clase, quienes, sin que supiese cómo, acabaron por complicarle las cosas al hallarse en medio de la contienda.

¿Por qué desobedeciste mis órdenes, Shinji?

Si bien el enemigo fue derrotado y la ciudad salvada, Misato, no recibiéndolo con felicitaciones ni alabanzas, esperó por su regreso obsequiándole un ceño fruncido y una expresión enfadada.

Lo siento…

Soy tu oficial superior a cargo de coordinar tus misiones, eso significa que es tu deber seguir mis indicaciones al pie de la letra–muy molesta, dejándole en claro cuál era el papel de cada uno de ellos, Misato lo veía con dureza, en tanto Shinji, cabizbajo, ni siquiera se atrevía a mirarla–será mejor que esto no vuelva a repetirse jamás. A partir de la próxima vez que combatas, harás exactamente lo que te diga. Punto por punto. ¿Está claro, Shinji?

Sí…

¿Estás escuchando realmente lo que te estoy diciendo? –alzando la voz, tanto que el mismísimo Comandante Ikari podría oírla, Misato se irritó, aún más, por la actitud de Shinji.

Sí, te estoy escuchando. Lo que no entiendo es por qué te enfadas conmigo. Hice lo que ustedes querían, maté a esa maldita cosa–apretando los puños, todavía teniendo muy fresco el sufrimiento que recorrió su cuerpo, al sentir, en carne propia, como los tentáculos del ángel apuñalaban a la Unidad 01, Shinji le argumentó– ¿no deberías estar feliz por lo que hice en lugar de molestarte por no haber hecho lo que me dijiste que hiciera?

¿Acaso no comprendes que pusiste en peligro tu vida y la de todos al no obedecerme? –respondiéndole al plantearle otra pregunta, Misato, conteniéndose para no abofetearlo por su falta de respeto ante su rango, se dispuso a recalcarle cuál era su lugar dentro de Nerv–es verdad que venciste al ángel, pero fue terriblemente irresponsable lo que hiciste. Las cosas pudieron haber terminado de otra manera, al menos piensa en lo que hubiese sucedido si no lo hubieras podido vencer antes que se agotara la batería interna de la Unidad 01. No olvides que al ser piloto de un Evangelion debes seguir las órdenes, ya sean que vengan de mí o del Comandante Ikari. Las órdenes no son negociables ni opcionales, simplemente se acatan. ¿Entiendes?

Shinji, manteniéndose callado, no alegó nada más. Misato, queriendo dar por finalizada aquella tensa conversación, soltó un largo suspiro antes de decirle que se duchara y se fuera a casa. Shinji, dirigiéndose a las duchas, se dio un silencioso baño, convenciéndose, a sí mismo, que sin importar qué hiciese, los demás, nunca estando satisfechos, siempre harán menos sus logros y le exigirán más.

Fue así, bajo la corriente de la regadera sobre él, que Shinji se armó de valor para atreverse a hacer lo que su corazón y su alma atormentada le gritaban desde lo más recóndito de su ser. Aprovechando que Misato llegará tarde esa noche, recogiendo sus escasas pertenencias, Shinji le dijo adiós a Pen Pen al emprender una huida, que la lluvia, como en la actualidad, fue la única testigo de su impulsiva osadía.

Sabiendo que su ausencia será notificada tan pronto como fuese descubierta, Shinji, ejecutando un escape mal planeado, apresurado e improvisado, se dirigió a la misma estación ferroviaria que lo recibió al llegar casi un mes atrás. Así pues, con su maleta en mano, Shinji se topó con el desafortunado obstáculo que ninguno de los trenes, sin importar cuál eligiera, tenía contemplado abandonar la ciudad.

Todas las líneas de metro, realizando recorridos en círculos por la intrincada urbe, acabarán por volver a su punto de partida al término de su trayecto. Empero, sin olvidarse que los ojos de Nerv ya deberían estarlo rastreando, sin más opción, Shinji optó por subirse a uno de los vagones permaneciendo en su asiento, oyendo, sin parar, la misma música de su reproductor de cintas en un ciclo interminable.

Gradualmente, a medida que la tarde le entregaba su espacio a la noche, el número de personas junto a él en aquel vagón, decayendo con estrepitosa rapidez, propició que Shinji se quedase solo. Además, agravando su estado, no haber comido prácticamente nada desde hacía ya varias horas, únicamente provocó que se sintiese más miserable de lo que, con normalidad, ya se consideraba a diario.

Gracias por usar el tren metropolitano de Tokio-3, este tren saldrá de servicio en esta estación–escuchando una voz humana desde hacía mucho, Shinji, levantando la cabeza, vio como las luces dentro del tren iban apagándose, una tras otra, mientras el anuncio de despedida seguía oyéndose por los altoparlantes–por favor, asegúrese de llevar todas sus pertenencias al bajar del vagón. Gracias por usar el tren metropolitano de Tokio-3.

Habiéndose terminado la tormenta, mirando su rostro reflejarse en los incontables charcos que yacían esparcidos por doquier, Shinji conoció la tenue, pero vigorosa vida oculta que existía en Tokio-3. Bares, cines para adultos y clubes nocturnos, resplandeciendo en la negrura de la ciudad gracias a sus letreros de neón, tomaron desprevenido a Shinji quien se sintió incómodo ante el paisaje que lo rodeaba.

Tratándose de alguien que no conocía el amor maternal ni fraterno, contemplar, sin filtros, muestras tan explícitas de amor, ya sean genuinas o por dinero, causó que Shinji aumentara la velocidad de sus pasos queriendo alejarse muy rápido de aquel sitio tan pecaminoso y desinhibido. Una vez más, buscando escapar, usó su reproductor de cintas para callar las risas, silbidos y murmullos de aquel mundo inmoral.

Viendo respondidas sus plegarias, o al menos algunas de ellas, Shinji logró apartarse lo suficiente de aquel sector de la metrópoli llegando a un callejón desocupado y tranquilo. Allí, todavía muriéndose de hambre, deseando un rincón donde guarecerse hasta el amanecer, el otrora piloto de la Unidad 01, al escudillar detrás de un par de botes de basura, encontró justo lo que necesitaba en aquel instante.

No le importó que estuviese cubierta de suciedad, estando milagrosamente seca, una caja de cartón, lo suficientemente grande como para cobijarlo, fue como un hotel de cinco estrellas para Shinji al meterse entre sus capas. Ahí, empleando su equipaje como una almohada, siendo esa la primera vez que afrontaba a la sociedad por su cuenta y sin ayuda; agotado y hambriento, Shinji fue conciliando el sueño.

¿Qué haría si lograba fugarse de Tokio-3 y volvía con su antiguo tutor?

¿Regresaría a su vieja y repetitiva rutina de estudiar sin parar?

¿Se sentiría infeliz otra vez al no formar parte de nada?

Si bien su tutor jamás lo forzó a arriesgar su vida ni a sentir dolores inconmensurables como sí lo hacía Nerv, su indiferencia y reiterado malhumor, eran pruebas, más que innegables, que su mera presencia no era de su agrado. Asimismo, el día en que leyó la carta de su padre para que viajase a Tokio-3, su maestro, sin disimular su alegría, no se demoró en ayudarlo a empacar para que se fuese cuanto antes.

De volver junto a él, imaginándose que no le dará un recibimiento acogedor, Shinji prefería retornar a ese ambiente, a entrar, una vez más, en esa maldita máquina infernal que destrozaba su mente cada vez. Su vida no tenía ningún valor para nadie, sin importar donde se hallase, era visto como una herramienta por algunos y como una molestia por otros. Seguir viviendo no poseía sentido para él.

Así, perdido tanto en la realidad como en sus adentros, sin que supiese qué hacer con él mismo, Shinji terminó por dormirse. Con la llegada del alba, oyéndose los sonidos propios del inicio de un nuevo día, Shinji se apuró en tomar otra ruta que lo sacase de Tokio-3 sin que fuese detectado por Nerv, lo cual, a la postre, lo hizo decidirse por iniciar un éxodo casi bíblico por regresar caminando con su apático tutor.

A pesar del agotamiento físico, sintiendo también el tácito reclamo de sus pies al cabo de muchos kilómetros de travesía, Shinji escaló laderas y atravesó densos bosques sin saber si viajaba o no en la dirección correcta; sin embargo, sin importar hacia dónde se dirigiese, cualquier camino era el correcto mientras no se encontrase en Nerv. Así pues, en soledad, desamparado e indefenso, la muerte lo tentó.

Parado al borde de un acantilado, con las puntas de sus zapatos sobresaliendo en el vacío, Shinji se esforzó por no mirar abajo manteniendo sus ojos puestos en la lejana Tokio-3 que se erigía a una inmensa distancia. Adoptando la forma de la fría brisa que lo azotaba, casi dándole el empujón que era necesario para que la gravedad hiciese su magia, sus deseos de morir le hablaron al susurrarle al oído:

¿Para qué regresar a un hogar que no lo deseaba de vuelta?

¿Para qué regresar al lado de su padre si éste no tenía cariño alguno para él?

¿Para qué regresar con una mujer como Misato quien no lo veía más que un simple soldado?

Con amargura, empapando su cara a cántaros, las lágrimas no se demoraron en hacerse presentes al gotear en su barbilla. Desde un comienzo, cuando su padre mandó a llamar por él, Shinji supo que aquello no podía ser más que una trampa; empero, desesperado por ser aceptado por él, Shinji, mordiendo el anzuelo deliberadamente, se engañó a sí mismo diciéndose que todo saldría bien.

Imaginó a su padre recibiéndolo al llegar, lo vio ofreciéndole un abrazo al decirle palabras dulces de afecto que jamás tuvo para él con anterioridad. Tal cosa no era más que una fantasía infantil; aún así, teniendo la esperanza de ganarse ese cariño en la vida real, Shinji se marchó a Tokio-3 sin imaginar lo que le esperaba. Pero, sus esperanzas, como polvo llevado por el viento, acabaron por desintegrarse.

Su padre no lo abrazó al verlo, ni le expresó dulzura alguna. Su estadía en Nerv, desde el primer segundo en que llegó, fue peor que cualquier pesadilla que hubiese tenido antes. Así pues, llorando desconsolado, sintiéndose abandonado por el universo entero, Shinji fantaseó con la posibilidad de sacarle provecho a su ubicación para saltar, suponiendo, atrozmente, que moriría por el impacto al caer.

Sin embargo, al pestañear, bajando la vista, Shinji observó la magnitud de la caída que le aguardaba si se atrevía a suicidarse como lo conjeturó en sus pensamientos. Allí, comportándose como lo que era, un niño, el miedo y el pánico se unieron en su contra para aterrarlo hasta lo más hondo de su ser. Por ello, retrocediendo con prisa, resbalándose y cayéndose de espaldas, Shinji se arrastró lejos del abismo.

¡No quiero morir, no quiero morir, no quiero morir!

No importándole cubrirse de fango y pasto, Shinji continuó arrastrándose al no tener el valor para acabar con él mismo, lo cual, inevitablemente, representó un dilema existencial para él: no quería morir, pero tampoco deseaba vivir. Lamentablemente para Shinji, empeorando sus enormes problemas, nadie podía hallar por él la solución a dicho acertijo. Tal respuesta, solamente, podrá encontrarla él mismo.

Y habiendo decido, irrevocablemente, marcharse de Tokio-3, esa respuesta deberá hallarla en otro lugar.

¿Te sientes mejor después de vagar sin rumbo por dos días enteros?

No estoy seguro, la verdad no sé qué pensar.

Su huida, para su desgracia, acabó abruptamente al segundo día de viaje, cuando de repente, sin que pudiese hacer algo, se vio rodeado por cuantiosos agentes de Nerv quienes iluminaron su campamento en medio de la noche. Así, arrestado como si fuese un peligroso delincuente fugitivo de la ley, Shinji, con sus manos esposadas, fue llevado de regreso hacia Nerv donde fue encerrado en una celda oscura.

La Unidad 01 sigue esperando por ti, eres su piloto–Misato, hablándole de la manera más amable que pudo, apenas veía su silueta en la negrura de aquella mazmorra– ¿Seguirás piloteándola o no, Shinji?

Arrinconado en una de las esquinas de su prisión, sin que el más delgado rayo de sol entrase allí, Shinji permaneció en las tinieblas por horas, hasta que Misato, siendo la única persona en visitarlo, se presentó ante él para hablarle de aquello de lo que tanto anhelaba escapar.

¿No me meteré en problemas contigo por haber escapado del departamento? –Evadiendo la pregunta de Misato sobre la Unidad 01, Shinji, resignado a ser usado por los demás a su conveniencia, se preocupó más por un posible castigo por sus acciones–supongo que no, tú y yo no tenemos ningún vínculo familiar. No somos familia, Misato. ¿Qué dirías si te dijera que no volveré a pilotear nunca más?

En ese caso, llamaría a Rei para sustituirte. Rei tomaría tu lugar en la Unidad 01–Respondiéndole con tranquilidad, tal vez demasiada para el gusto de Shinji, Misato le formuló otra interrogante de gran valor– ¿Acaso te negarás a seguir haciéndolo?

Sería injusto forzar a Ayanami a hacer todo el trabajo ella sola, no me queda más opción que seguir piloteando.

¿Pero no quieres seguir haciéndolo, verdad?

Claro que no, yo no debería estar aquí. Pero Rei y todos los demás…

¡Ya basta, Shinji! ¡Esto no tiene nada que ver con nadie más, sólo contigo! ¡Si no quieres seguir piloteando, entonces regresa de dónde viniste! –Habiéndosele acabado la paciencia, dejándose de actuaciones, Misato le expresó lo que realmente sentía al alzarle la voz– ¡No necesitamos a alguien con una actitud tan mediocre como piloto!

Mudo, como si una navaja se clavase en su pecho, Shinji se quedó sin habla, por un instante, al oír a Misato hablarle de esa forma. Para un niño, recibir un regaño por sus desobediencias era algo relativamente normal y cotidiano; empero, al ser un chico sin padres que cuidasen de él y sin nadie que en verdad se interesara en él, esta era la primera vez que Shinji recibía una reprimenda verbal como esa.

Disponiéndose a retirarse, girando sobre sus talones, Misato estuvo a punto de abrir la puerta para dejarlo solo en la oscuridad otra vez; no obstante, sintiendo una pizca de empatía por aquel pobre muchacho, Misato bufó sonoramente al apaciguar sus ánimos exaltados. En consecuencia, ladeándose de nuevo hacia Shinji, Misato se dispuso a darle un enfoque más comprensivo y tolerante a la plática.

Voy a preguntarte esto sólo una vez más. Quiero una respuesta definitiva y sincera de tu parte, Shinji–Ya no sonando como la Directora de Operaciones Tácticas de Nerv, si no como una madre sustituta para Shinji, Misato le hizo la pregunta del día– ¿Quieres seguir piloteando la Unidad 01, sí o no?

¡No, no quiero seguir piloteando más! –Sin reprimirse más, sintiendo como la presión sobrepasaba todos sus límites internos, Shinji aprovechó la oportunidad para decir en voz alta sus mayores deseos– ¡Yo vine a esta ciudad porque creí que mi padre quería tenerme a su lado, no a pilotear un robot gigante!

¿Qué quieres entonces? –Suavemente, poniéndose en los zapatos de Shinji, Misato continuó con el interrogatorio– ¿Quieres irte de la ciudad y volver con tu antiguo tutor?

Volteándose hacia ella; a pesar de no poder verla directamente a raíz de la escasa iluminación, tranquilizando también sus emociones, Shinji le respondió con honestidad y humildad al dejar en claro el sufrimiento que significaba para él seguir tolerando un peso que no era deseado.

Sí, quiero irme de aquí…

Entonces está decidido. A partir de este momento ya no eres más el piloto de la Unidad 01, me encargaré del papeleo correspondiente para que puedas irte mañana mismo–Abriendo la puerta, entrando de golpe toda la luz del exterior hasta enceguecer a Shinji, Misato le concedió la absolución que tanto quiso hallar cuando se escapó unos días antes–Será mejor que duermas un poco, tendrás que levantarte temprano mañana para que tomes el primer tren que sale de la ciudad. Adiós, Shinji.

El eco metálico de la puerta al cerrarse, por más estruendoso y potente que fuese, no representó nada para Shinji, luego de haber escuchado, antes de irse, las últimas palabras que Misato tuvo para él. Si Misato le dio la bienvenida en un día soleado lleno de luz, ella misma se despidió de él en un recinto sombrío, donde la negrura, impidiéndole verse a sí mismo, fue sinónimo de su más codiciada liberación.

Era oficialmente libre de las garras de Nerv; aún así, seguía siendo prisionero de sus propios demonios.

– ¡Al fin dejó de llover, ya era hora!

Haciéndolo dejar de pensar en sus recuerdos, el conductor del auto que lo llevó desde el Cuartel General de Nerv hasta la estación de trenes, exclamando con felicidad al ver como el astro rey reaparecía al despejarse las nubes de tormenta, dobló a la izquierda en una esquina estacionándose frente a su destino. Shinji, desabrochándose el cinturón de seguridad, tomando su maleta, se preparó para salir.

– Por órdenes del Comandante Ikari, me quedaré cerca de ti para asegurarme que abordes el tren y abandones la ciudad, pero te daré un poco de espacio–sintiendo lástima por Shinji, aquel hombre vestido de negro y gafas oscuras, le afirmó con una sorpresiva amabilidad.

– Gracias, prometo no causarle problemas.

– ¡Shinji, espera!

De repente, tomándolo con la guardia baja, dos voces familiares para Shinji hicieron que él se volteara a su derecha, viendo como Toji Suzuhara y Kensuke Aida, caminando en su dirección al sostener cada uno un paraguas, le saludaron con un gesto al aproximarse a él. Shinji, con timidez y vergüenza, les devolvió el saludo recordando que la última vez que los vio fue durante la batalla contra el cuarto ángel.

– ¿Cómo supieron que estaría aquí?

– Shinji, lamento haberte golpeado. Fui un completo estúpido al hacerlo–Toji, sabiendo que el tiempo no estaba a su favor, se apresuró a decirle a Shinji lo que tenía guardado en sus adentros desde hacía un par de días–te pido que por favor me golpees, es lo justo.

– ¡Pero no puedo hacer eso, Toji!

– ¡Claro que puedes hacerlo, me lo merezco por haberte tratado mal!

– Será mejor que lo hagas, Shinji–Kensuke, uniéndose a la charla, le sonrió a Shinji mientras le señalaba con el pulgar a su amigo a su diestra–de lo contrario, la conciencia de Toji nunca estará en paz.

– Está bien, pero solamente una vez.

Si bien sonó con determinación, nunca antes habiendo golpeado a nadie, Shinji, sólo poseyendo la noción básica de cómo hacerlo, apretó su puño derecho lo más duro que le fue posible. Así pues, mirando a Toji, quien, como si fuese un condenado a muerte por un pelotón de fusilamiento, le esperaba al mantenerse inmóvil y con el mentón en alto sin hacer nada que evadiese su castigo.

Por ello, bajo la divertida y atenta mirada del agente de Nerv que lo escoltaba, Shinji, observando por un momento la faz de su padre titilando sobre la de Toji, lanzó el golpe más poderoso que su delgado brazo fue capaz de liberar. Sus nudillos, impactando en el labio inferior de Toji, hicieron que éste emitiese un quejido de dolor, que Kensuke, lamentando no haber traído su cámara, desearía haber grabado.

Segundos más tarde, luego de un efímero silencio, el trío de chicos soltó una ruidosa carcajada que le ofreció una cucharada de felicidad a la triste existencia de Shinji. Ante esto, imaginando por un instante cómo hubieran sido las cosas si se hubiese quedado en la ciudad, Shinji, llenándose de más ilusiones, le habría encantado poder conocerlos mejor, para compartir, y jugar con ellos, como lo hacían los niños.

– Aún no me han dicho cómo supieron que me iría hoy de la ciudad.

– Fue un presentimiento, esta no es la primera vez que vemos a un compañero de la escuela irse de la ciudad–Kensuke, apagando su risa después de la de Shinji, le contestó con resignación–supusimos que sólo era cuestión de tiempo para que tú también te fueras.

– Si las cosas siguen igual, nosotros dos también terminaremos por marcharnos de la ciudad–Toji Suzuhara, pensando en su hermana menor que continuaba hospitalizada recuperándose de sus heridas, le comentó a Shinji, al suponer que, en el futuro, su familia también se irá de Tokio-3–no te sientas mal por irte, luego de haberte visto sufrir dentro del Eva, Kensuke y yo entendemos lo doloroso que es para ti seguir piloteando.

– Lo siento mucho, muchachos, pero se agotó el tiempo–no teniendo más alternativa que hacerlo, el agente de la Sección 2 de Nerv, colocando una mano en el hombro izquierdo de Shinji, les hizo ver que ya era hora de retirarse.

– Fue un gusto haberte conocido, Shinji–Kensuke, extendiendo la mano para despedirse de Shinji, le dedicó una sonrisa final antes de verlo partir–ojalá lo hubiéramos hecho en otras circunstancias, te deseo un buen viaje.

– Cuídate mucho, Shinji.

Diciéndoles adiós a los mismos jóvenes que le dieron un terrible recibimiento en su primer día escolar, pero una agradable sorpresa en su partida, Shinji, junto a su custodio, empezó a subir las escaleras del vacío andén de la estación que estaba reservado únicamente para él. Mientras subía, conteniendo el llanto, Shinji se moría de ganas por regresar hacia donde se hallaban Toji y Kensuke para desahogarse.

Allí, frente a ellos, llorando de la misma manera que cuando derrotó al cuarto ángel, Shinji les diría entre gimoteos que él se mereció ser golpeado aquella vez; asimismo, justificándose al ser débil y cobarde, Shinji les rogaría por ser vapuleado de nuevo. No obstante, aquella misma cobardía que se achacaba a sí mismo, fue la responsable de impedirle que realizase tal cosa al continuar caminando hacia el apeadero.

– El tren está llegando a la estación, por su seguridad espere detrás de las líneas amarrillas a que el tren se detenga por completo.

Sin necesidad de girarse, divisando de reojo como el tren se aproximaba más y más, Shinji ni siquiera le prestó atención al mensaje que los altoparlantes repetían constantemente a medida que su deseo de ser libre de Nerv se concretaba. No pudo despedirse de Rei ni de Misato, ambas, estando ocupadas, no tenían tiempo para decirle algo, a quien se negó, por miedo, a llevar el peso del mundo en su espalda.

O al menos, así lo creía Shinji.

– Ten mucho cuidado al subir al tren. Buen viaje, niño.

Ya con el vagón detenido justamente frente a sus ojos, abriéndose las puertas mecánicas para permitirle el ingreso, Shinji, nervioso al no saber qué pasará él, se vio presa, otra vez, de su imaginación infantil quien le mostró a una Misato apareciendo de la nada para detenerlo, prometiéndole, con la bondad de una madre, que podía seguir morando con ella y Pen Pen; aunque ya no pilotease a la Unidad 01 jamás.

Sin embargo, recibiendo una cruel cachetada por parte de la realidad, Shinji vio que nada de eso pasó. Por ende, avanzando despacio y cabizbajo, Shinji entró en el ferrocarril poniéndose cómodo en uno de los muchísimos asientos desocupados que le serán de compañía en su recorrido de vuelta con su tutor, el cual, suponiéndolo Shinji, no ocultará su desilusión y fastidio al verlo otra vez viviendo en su casa.

Así, al sentir como el tren empezaba a ganar más velocidad al desplazarse, Shinji, dándole una mirada final al que fue su hogar por un mes, vio su reflejo mezclarse con el de los rascacielos de Tokio-3 en las ventanas, preguntándose, con total zozobra e incertidumbre, qué será de él en el futuro.

Fin

Hola, les agradezco mucho a todos por haber leído esta historia. Ya que últimamente se pusieron de moda los "multiversos" en el cine, además que estuve revisitando los capítulos de NGE antes de la aparición de Asuka, se me ocurrió imaginar un "universo" donde Shinji, llegando a sus límites de tolerancia, no pudiese resistir más la presión y renunciara a seguir siendo el piloto de la Unidad 01.

En la historia original que conocemos, Shinji se encontró con Kensuke en medio de su viaje sin rumbo y él le brindó su compañía, esto le ayudó a Shinji a desahogarse y a no sentirse tan solo. Sin embargo, para este "universo", quise que Shinji no tuviese a nadie con él para imaginar qué hubiera hecho. Pues, como dije antes, el escenario más lógico que encontré fue que Shinji no pudiera más y se marchara de Tokio-3.

En este universo sin Shinji, presumo entonces que la llegada de Asuka se hubiera adelantado y sería ella, con la ayuda de Rei, quienes derrotarían a Ramiel e Israfel. Suponiendo, también, que Asuka derrotó en solitario a Gaghiel como ocurre en el manga. Donde veo que las cosas podrían salir mal es en la batalla contra Sandalphon, ya que, a menos que se lo orden, no creo que Rei salve a Asuka por voluntad propia.

Ante todo lo anterior, imaginando un universo alternativo donde Shinji renunció a pilotear y Asuka murió en el volcán al no ser rescatada por Rei, el Tercer Impacto ocurriría muchísimo antes de lo que se ve en la historia original. Si ya de por sí la historia original es oscura y apocalíptica, un universo sin Shinji y Asuka piloteando, acabaría, por ser, muchísimo más trágico y aterrador al no haber salvación alguna.

Con esto me despido de ustedes por ahora, muchas gracias por leer y hasta la próxima.