Ira

Nick había sentido muchos sentimientos durante los años, pero jamás sintió una ira tan grande como aquella vez. La ira que recorría sus venas prometía una gran destrucción masiva a cualquier mamífero que se interpusiera en su camino. Su nivel de rabia y enojo desmedido lo había desatado un macho que había tenido la osadía de tocar la cola de Judy en el metro de Zootopia, mientras él y la coneja se dirigían hacia el cine.

-¡No te vuelvas a acercar a ella!.- le grito Nick antes de darle un puñetazo a la comadreja que había osado tocar la esponjosa cola de su amiga.-

-¡Nick! ¡Detente!- gritó Judy.- Puedo defenderme sola.

El zorro masajeaba rápidamente sus sienes, necesitaba calmarse no podía perder el control así y menos si él era un policía, muchos mamíferos en la ciudad lo ubicaban a él y Judy, debido la iniciativa de inclusión de mamíferos en el ZPD. Lo que no espero Nick fue la reacción de Judy.

-No me vuelvas a tocar pedazo de imbécil.- le dijo Judy antes de aventarle una patada en el rostro a la comadreja.- ¡No toques a otra hembra sin su consentimiento! O te volveré a dar otra de mis patadas voladoras.

Nick y Judy bajaron del metro sin hablar de la situación ocurrida en el vagón. Ella nunca había visto a Nick tan enojado y llenó de ira. Y él nunca espero que Judy reaccionara de tal manera. La coneja con ira era más peligrosa que cualquier mamífero grande de la fuerza. Las hembras solían congelarse cuando situaciones así ocurrían. Y en ese instante la tierna coneja y el torpe zorro había caído en el quinto pecado capital: La ira. ¿Habría cabida para caer en los dos restantes? Él o ella, pero uno de los dos arrastraria al otro, pero definitivamente caerían en cada uno de ellos.