—¿Sabes con quién estás hablando?— A pesar de estar riendo, Darién estaba bastante molesto— ¡Soy el premio Nobel de Medicina! No puedo ir a ser algo tan banal como un paramédico de... ¿¡Qué nos pagan tanto por una aparición!?

Hubo segundos de silencio dentro de esa oficina, antes de que el reconocido médico suspirara.

—¿Es la única forma en que logré que se cierre el patrocinio? ¿Es totalmente seguro que seremos la franquicia preferencia?— Más silencio, el de cabello negro se movía de un lado a otro con visible molestia— ¡Está bien! ¡Está bien! Pero que quede claro, solo iré porque es de prueba, ¡No volveré a presentarme en un lugar así!

La llamada terminó, la molestia en la cara de Darien era casi tan visible como que el sol sale todas las mañanas. Solo tenía una cosa clara, el idiota que prometió su imagen por cerrar un patrocinio de la Formula 1, no iba a volver a pisar un hospital de prestigio en su vida.

—¡Michiru!— Más que un grito, Darién parecía que estaba rugiendo— ¡Michiru! ¡Ven aquí en este momento!

La susodicha bajo a toda velocidad las escaleras, visiblemente asustada. Su marido había llegado antes a la casa, cosa que nunca pasaba. Ella, desmaquillada, con lo que perfectamente podría ser una ropa de pijama, sabía que vendría un fuerte regaño de su parte. Y más aún, porque sabía que Darién estaba furioso.

—Darién, cariño, llegaste...— Intento aparentar que nada pasaba, incluso intentando acercarse a besarlo, pero Darién la apartó con tanta brusquedad que perfectamente podría ser interpretado como un empujón.

—¿Qué es lo que haces? ¿Qué estás haciendo vestida así?— A pesar del reclamo, las preocupaciones de Darién parecían estar en otro lado, cosa que Michiru agradeció— Dile a Nakaru que traiga algo de comer y me sirva, arréglate y acompáñame— Michiru asintió repetidamente y salió corriendo a toda velocidad, en busca de la empleada de servicio.

No pasó mucho tiempo antes de que la comida fuera servida. Michiru ya estaba maquillada y había cambiado sus ropas. Comía en silencio y lentamente, con miedo de incluso levantar la mirada.

—Es raro que llegues tan temprano del trabajo— Después de un par de minutos, tomó el valor de hablar con él. Incluso aunque estuviera al borde de recibir más gritos.

—Si, tengo cosas que planificar y no puedo hacerlo en el hospital. Trabajo administrativo, moví parte de mis cirugías— Le respondió, cosa que extraño a la mujer, sus palabras siempre solían ser ignoradas cuando preguntaba por algo.

—¿Y eso?— Viendo que hoy estaba teniendo buena suerte, se animó a seguir preguntando.

—No hagas nada para dentro de una semana, tenemos un evento— Fue lo que respondió— Voy a cerrar un importante contrato con la Fórmula 1...— Los ojos de Michiru se iluminaron.

—¿La Fórmula 1? ¿Es la competición de carros?— Lo interrumpió, cosa que irritó a Darién; si las miradas matarán, Michiru ya estaría muerta.

—Si... Esa misma— Contestó lentamente, Michiru se sentó al caer en lo que había hecho— Aunque me sorprende tu emoción, nunca te han interesado los deportes.

—Lo siento— Apenas alcanzó a musitar, volviendo a bajar la cabeza avergonzada.

—El punto es que te necesito ahí, me acompañaras. Es solo una sesión de entrenamiento, no debería ser nada importante. Llevarás ropa informal, porque estaremos en una zona sucia, no quiero ridículos— Michiru apenas hizo un pequeño movimiento con la cabeza, pero lo suficiente como para que Dairen supiera que todo estaba bien— Me voy a trabajar a mi oficina. No quiero que nadie me moleste.

A pesar de lo que Darién le había dicho, Michiru no pudo evitar estar emocionada por ir a aquel dichoso evento. En los últimos años, eran contadas las ocasiones en donde Darién la había invitado a salir a cualquier evento importante. Que estuviera ahí era como salir de un encierro en el que vivía día con día.

Era en esos pequeños e insignificantes momentos dónde Michiru se volvía a sentir una jovencita. Como una niña pequeña descubriendo un mundo nuevo.

La pista de carreras era inmensa, era intimidante. Pero apenas pudo disfrutarla. Darién parecía estar obsesionado con que Michiru no se fuera más lejos de cinco pasos atrás de él. Y al ver que Darién estaba muy ocupado charlando con los que debían ser los patrocinadores, Michiru dejó de admirar el lugar.

—Michiru— La voz de su esposo la sacó de sus ensoñaciones— Está es solo una carrera de prueba, no habrá mucha gente, pero están las televisoras. Este hombre de aquí— Y le señaló a lo que parecía ser un empleado del lugar— Te llevará a la zona VIP, yo me quedaré aquí abajo en los pits.

—¿Los pits?— Preguntó, extrañada.

—Si, no te interesa saber que es— Pudo escuchar ligeras risas de los hombres que acompañaban a Darién, seguro sonó como una estúpida por no conocer la palabra— Solo sigue al hombre y quédate ahí. Yo iré una vez que termine todo.

Michiru asintió, sin decir nada más. Se despidió amablemente de aquellos hombres y se fue, un tanto decepcionada, le hubiera gustado ver la carrera desde más abajo, pero sabía que no era su lugar.

No pasó mucho tiempo antes de que empezara la carrera, o aunque sea, el entrenamiento de esta. Michiru estaba recargada desde una barandilla de la zona, suspirando. El aburrimiento empezaba a aparecer, si tan solo tuviera alguien con quien hablar…

Entonces los vio. Los autos empezaban a salir a la pista. Lentamente se acomodaban de uno en uno.

—La carrera está por comenzar, madame—El mismo empleado que la había acompañado apareció— ¿Gusta que le traiga algo de tomar?

—Una copa de vino, por favor— Respondió sin dudar, él empleado asintió y se fue, volviéndola a dejar sola.

No pasó mucho tiempo sin embargo, en unos minutos, ya había regresado, con la copa en mano.

—Disculpe, pero, si no es mucha molestia, ¿Sería tan amable de acompañarme? Desconozco de automóviles y sería de gran placer para mi que me guiara.— Aquel hombre sonrió, asintiendo.

—Siempre estaré gustoso de acompañar a una bella dama como usted— Aquel halago ruborizó a Michiru, hacía mucho que nadie le decía algo así.

Las siguiente hora y media fue la más amena que Michiru había tenido en mucho tiempo, aquel chico era bastante amable y había tenido mucha paciencia para enseñarle cada parte de carrera. Quienes participaban, y funciones técnicas de los carros.

—Entonces, ¿No es tanto por talento? Por lo que veo, gana el que tiene el mejor carro— Michiru preguntaba interesada, dándole un sorbo a lo que era ya su cuarta copa de vino.

—La mayoría de veces—Contestó sirviéndose un poco de vino, ya había traído una botella entera, y como gesto de agradecimiento por parte de Michiru, le había invitado a tomar a su lado — Pero siempre hay excepciones… ¿Ve ese carro blanco de ahí?— Michiru se inclinó un poco más en la barandilla, el carro estaba pasando justo en ese momento— Es una marca humilde, nunca han ganado nada. Su carro ha sido uno de los peores que han hecho. Pero tienen una joven promesa, una revelación. No se puede decir que ha ganado algo, pero ha juntado cinco podios esta temporada,su compañero ni siquiera puede pasar del último lugar.

—¿Ah sí?— Michiru parecía interesada,en un mundo en donde parecía que el poder económico y las máquinas dominaban, el talento siempre salía a relucir.

El hombre se le acercó, poniéndose al lado de ella en la barandilla— Así es, es toda una promesa mundial de las carreras de autos. Todos sabemos que es cuestión de un año o dos, antes de que él saltó a un verdadero grande. Por que además, es demasiado joven, la mayoría de las estrellas debutantes siempre saltan a la máxima categoría un año o dos más grandes que esa estrella.

Parecían los dos muy embelesados en la carrera, tomando juntos, que cuando ocurrió el choque, fue imposible que la copa de Michiru no cayera y ensuciara la blusa que había llevado aquel día.

Aquel carro blanco, del que estaban hablando apenas unos segundos antes, parecía haber perdido el control al luchar por superar a su contrincante, estrellándose contra una de las paredes de la pista.

—¿Qué ha pasado?— Michiru parecía preocupada, el golpe parecía haber sido extremadamente duro.

—Un accidente, parece que ambos carros se chocaron— Rápidamente, se vio como lanzaban la bandera roja, y Michiru vió que Darién salía de los famosos pits, a socorrer al corredor.

—Tengo que bajar— Fue lo primero que pensó y dijo, a pesar de que se sintió mareada cuando se levantó tan bruscamente.

—¡Espere!— El chico también se levantó—Le acompañó, se puede lastimar.

Cuando ambos estuvieron abajo, vieron el desastre que era, al parecer el corredor había quedado inconsciente, y necesitaba ser llevado al hospital.

—¡Darién! ¡Darién!— Michiru intentó llamar la atención de su marido, que parecía estar atendiendo al corredor— ¿Qué ha pasado?

—¡Vete de aquí Michiru!— Darién la empujó lejos de su vista. Siendo agarrada por el empleado que la había acompañado para evitar caerse— Este chico está inconsciente ¡Solo me distraes!

A pesar de todo, Michiru podía jurar haber visto los ojos del chico viéndola fijamente, pero fuera un momento tan rápido como el viento, que no alcanzó a ver ni el color de los ojos.

—Va... Vamos al hospital, está muy estresado, no debí incomodarlo, lo esperaré allá— El chico asintió, ayudándola a caminar hasta su carro. Sin embargo, el chófer se había ido.

—No se tiene que preocupar, en serio, yo puedo conducir— Intentó explicarse Michiru, siendo ella quien tenía las llaves. Pero el empleado se negó, no estaría en paz hasta que viera a Michiru sana y salva.

Cuando llegó al hospital, parecía que la situación se había calmado.

Porque, cuando Darién alcanzó a ver a lo lejos, como Michiru iba llegando al hospital, de la mano de un desconocido, riendo y sonriendo, olvidó por completo al paciente que estaba atendiendo.

—¿¡Qué estás haciendo al lado de él!?— Darién llegó corriendo al estacionamiento, al punto en que Michiru se soltó de la mano del empleado con un brinco.

—Darién, ¡Darién, mi amor! Calma, vine a saber qué es lo que pasó— Michiru intentó acercarse, pero éste la apartó, analizándola, tomándola con fuerza. Excesiva fuerza.

—¿Qué es esto?— Señalo la mancha roja que marcaba toda su blusa— ¿Es vino acaso? ¡¿Estuviste bebiendo con este hombre!? ¿Estás borracha?— Las preguntas empezaron a atosigar a Michiru, quien estaba aterrada.

—Calma, Darién— Estaba conteniendo las ganas de no llorar— Él es solo un empleado, un amigo, tenía una copa de vino en mi mano cuando ocurrió el accidente y del susto la dejé caer, no hicimos nada malo...

—Señor, si me permite explicar...— El empleado intentó explicarse, reaccionando por fin.

—Callese y váyase ¡Ahora mismo!— Los gritos de Darién solo lograron asustar al jóven, que dejó las llaves en la capota del coche, antes de irse a toda velocidad.

—¿Te imaginas la imagen que hubieras dado si llegabas de la mano y riendo al lado de ese sujeto?— Darién regresó con Michiru— ¿Te imaginas cuántas cosas tendría que explicar? ¿¡Cómo podría explicar que mi esposa llegó al lado de otro hombre, tomada y la ropa hecha un desastre?!

—Pero Darién, yo no estoy bebida...

—¡Eso no importa! Eres una tonta ¡Por eso es que no te llevo a ningún evento ya! Vete de aquí Michiru ¡Vete de una vez!

Pasaron un par de horas hasta que Michiru tuvo el valor de regresar al hospital. Se había cambiado y arreglado nuevamente.

Tal vez Darién tenía razón. Tal vez se había excedido con las copas que había tomado, había sido una imprudencia de su parte regresar manejando a casa en ese estado.

Darién tenía razón, era ridículo cómo iba vestida, solo hubiera dado mala imágen en frente de los trabajadores de Darién. Los rumores hubieran aparecido cuando ella hubiera llegado hablando con un desconocido.

Ella era la culpable de todo.

Si realmente había regresado al hospital, era solamente para pedirle disculpas a Darién. Sabía que, a raíz de ese día, Darién llegaría muy tarde a casa, si es que llegaba. Y ella necesitaba disculparse.

Entró al hospital, con las miradas expectantes de todos. Todos dentro de ese hospital la conocían. Algunos la respetaban, para otros era la mujer más misteriosa del mundo.

Pero todos sin excepción tenían algo claro. Que ella estuviera ahí era una señal de peligro. Porque no había una sola persona dentro del hospital, que no supiera que el doctor Darién tenía dos mujeres.

Nadie supo darle razones del mismo. Nadie sabía dónde estaba. Parecía que Darién se escabullía entre los pasillos y se volvía un fantasma.

—No pasa nada, lo esperaré en su oficina entonces— Mencionó después de que la recepcionista tampoco supiera del paradero de su marido, la señora asintió y la dejó pasar.

La oficina de Darién quedaba poco delante del camino entre el área pediátrica y la zona designada para pacientes de lujo del hospital. Hubo una época en la que a Michiru le había parecido muy hermosa la ubicación que el mismo Darién había elegido. Pero ahora no podía decir si era tristeza o nostalgia.

Sin embargo, mientras cruzaba aquel pasillo, vio algo que llamó su atención. ¿Es que acaso sus ojos la estaban engañando?

Un hermoso violín, acomodado en una cama individual. Los recuerdos de su infancia y adolescencia llegaron muy fuerte a su mente.

Vio entonces a una niña entrar al cuarto, la niña cargaba muletas, y su expresión era sombría. No parecía ser mayor a los trece años, era bastante linda. Entonces se dió cuenta, que esa chica tenía la mitad de su cuerpo quemado.

Con algo de esfuerzo, aquella joven se logró sentar en la cama, y tomar el violín. Sintiendo cada una de sus cuerdas, antes de ponerse a llorar. No podía levantarlo.

El corazón de Michiru no pudo más. Era demasiado triste esa escena. No pudo con la tentación y entró a la habitación.

—¿Estás bien pequeña?— Al oír la voz de Michiru, la niña pegó un ligero brinco— Lo siento, no era mi intención asustarte.

—Estoy bien— Le respondió, intentando secarse las lágrimas— Solo quería mover el violín para acostarme, mi madre me insiste para que lo use, pero...

Michiru tomó el violín con su mano para moverlo, una corriente eléctrica recorrió todo su cuerpo.

—No me pareció que quisieras apartarlo—La chica le desvió la mirada— ¿Qué haces aquí? Hay un área específica para...— Guardó silencio, sería muy grosero decir "Área de Quemados", debía ser muy duro para aquella chica.

—No se preocupe— Al parecer, la chica leyó su mente— Salí de ahí hace una semana, pero mi madre y los médicos desean que me quede aquí con un poco de tiempo más para ver mi evolución.

A pesar de que la niña hablaba con relativa calma, en su expresión se veía el dolor.

Michiru le ayudó a acostarse y acomodarse dentro de la cama. Y justo cuando la chica pensó que se iría, le volvió a extender el violín.

—Parecías muy interesada en tocar— Sin embargo, la chica bajó la mirada— Vamos, se que puedes.

—No tengo fuerzas, mi mano es inútil ahora...

Michiru la miró fijamente, los ojos de la mujer eran absorbedores, se parecían al fondo del mar. Pero había una paz y confianza en ellos, que la chica no tuvo más que aceptar.

Lentamente, la chica tomó la fuerza suficiente como para agarrar el violín, sujetándolo con fuerza. Pero también era cierto, su mano no parecía estar en su completa movilidad.

—Tranquila, yo te ayudaré— Michiru se le acercó de nuevo al ver que la chica estaba por rendirse— Deja que te guíe.

De alguna manera, aquel pequeño instante, dónde enseñó a una niña a acomodar un violín, a acomodar su mano con delicadeza y amor. Había sido el momento más satisfactorio en más de cinco años.

La nostalgia de ese momento, la felicidad que le daba enseñar sus talentos a un pequeño...

¿Por qué la vida le había privado de tener hijos?

—Señora...—La voz de la chica la sacó de sus recuerdos, parecía estarle hablando desde hace tiempo.

—¿Eh? Lo siento mucho, estaba en mis pensamientos— La chica solo le sonrió.

—Parece que sabe tocar el violín, ¿Acaso lo práctico?— Aquella pregunta sorprendió a Michiru. Incluso le dió un poco de risa, nadie que la conociera podía decir eso.

—Cuando era jóven y bella— Respondió— Me gustaba mucho tocar el violín y pintar. Soñaba con ser una gran violinista... Pero entonces me casé y ese sueño pasó a ser eso, un sueño. Y luego envejeció.

—A mí me sigue pareciendo jóven y bella— Michiru se sonrojó ante el halago. Con algo de esfuerzo, la chica logró estirar el brazo, extendiendo el violín— Aún no puedo tocar, ¿Podría hacerlo para mí?

Por un instante, Michiru quedó en shock. Hacía más de una década que nadie le pedía tocar. Incluso sintió miedo ¿Sería que había perdido el toque?

Sin embargo, y después de reaccionar, asintió con la cabeza y tomó el violín. El tacto con el frío de la madera era electrizante, sentía una fuerza que pensó que ya no existía.

Se acomodó y tras un largo suspiro, Michiru empezó a tocar. Tocar como hace años no lo hacía, sentir la melodía con el corazón, sentirse una con el violín, mientras movía los dedos rápidamente por las cuerdas, mientras sentía que la música fluía y envolvía a todos.

La pequeña niña quedó impactada, no había esperado que aquella mujer que la había ayudado fuera una experta, que tuviera tal habilidad.

Y por lo visto, la gente a su alrededor, también estaba admirada.

Más niños, de otros cuartos, estaban enamorados de aquella música. Los médicos estaban sorprendidos, muy pocos sabían acerca de las habilidades de la señora Michiru.

Incluso, la melodía llegaba más lejos que el área pediátrica. En un cuarto especial, en un pasillo adelante, un jóven de cabello rubio y corto, que hasta hacía unos minutos estaba muriendo en aburrimiento, había quedado sorprendido de aquella música.

¿De dónde venía? ¿Quién podía tener esa habilidad?.

Poco le importó que estuviera en observación, o que fuera tal vez el paciente más importante dentro del hospital. Aquel joven de veinte años necesitaba saber quién producía tal melodía.

Camino por el pasillo. Siguiendo el sonido, acercándose con relativa rapidez.

—¡Michiru!— Aquella voz, calmada pero tenebrosa, hizo que la música dejara de tocar. Incluso los niños que estaban alrededor brincaron y se fueron a toda velocidad. Los médicos, asustados de ver a su jefe, regresaron a trabajar.

—Darién...— El miedo en los ojos se hizo presente, sabía que lo había arruinado.— Vine a pedirte disculpas, no quería...

—Está bien— El hombre parecía querer mantener las apariencias— Solo, no molestes a los pacientes.

—¡Ella no me estaba molestando! De hecho...— La chica del violín intentó defender a su nueva amiga, pero Darién le mandó callar.

—No, no, el doctor Darién tiene razón, lamento haberte molestado. Además, creo que estoy un poco fuera de práctica— Michiru inclinó ligeramente la cabeza, pidiendo perdón.

—¿Me acompañas, Michiru?— Darién la tomó del brazo con fuerza, sacándola lentamente del cuarto.— ¿Qué te he dicho de tocar?

—Lo siento cariño, la chica estaba un poco triste y una cosa llevó a la otra...

—¡Eso no me importa! No soporto el sonido de la música ¡Y menos en mi trabajo! Distraes a mis empleados y molestas a mis pacientes. ¡Déjalo de una vez! No quiero verte otra vez con un instrumento en mano.

Michiru quería llorar. La felicidad de hacer lo que tanto amaba se había esfumado tan rápido como llegó.

—Vete a la casa Michiru, no tienes nada que hacer aquí. Estoy atrasado y tengo pacientes que tratar, no llegaré temprano a la casa.

Poco sabía el veterano doctor, que a lo lejos, en el pasillo, una persona había escuchado todo, y había quedado embelesado ante la misteriosa mujer con un talento nato para la música.

—Michiru…

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¡Hey! Creo que es la primera vez que les escribo por aquí. Jaja, uno cuando se acostumbra a contestar los comentarios en wattpad, se olvida que en otras plataformas no se puede XD

Primero que nada, agradezco todos los reviews que he recibido, no esperaba que estuviera yendo así siendo que apenas llevamos un prólogo y un capítulo jaja. Espero de todo corazón que les este gustando esta historia tanto como yo estoy disfrutando al escribirla.

Segundo, esta respuesta es directa para ese Guest que comento el capítulo pasado, pero lo dejo como 'spoiler'.

Mi querido Guest, agradezco tu comentario un montón, porque eso es lo que más me gusta de los reviews, que pensemos en lo que ha pasado dentro de la historia. La teorías. Pero tranquilo, no se apuren, esta historia va empezando y les juro que va para muy largo. Si ya odian a Darien, les prometo que lo van a odiar más, pero no siempre se confíen, no se encariñen de nadie, ni se encasillen con más, porque en muchos casos, ellos solo son víctimas de su ambiente.

Soy una fiel fanática de que los villanos deben recibir su merecido. Y para términos de esta historia, Darien es el villano. Por lo que, si bien, su final podría ser 'suave', será un final donde termina con lo que más le duele. Es todo lo que puedo decir de momento jaja.

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