—Pero no entiendo, ¿Qué fue lo que hice mal?— Haruka estaba hablando con Setsuna, que solo negaba con la cabeza— Solo estaba halagando sus habilidades en el violín.

—Haruka, por eso debiste escucharme antes de hacer una tontería como lo que fue— Haruka hizo un puchero, no le gustaba ser regañada— A Michiru no le gusta que le mencionen sus habilidades en la música, y mucho menos en frente de su marido. El odia la música y estaba teniendo problemas debido a eso que hizo en el hospital.

—Haruka, creo que lo mejor que puedes hacer es olvidarte de esa mujer— Mina, que también las estaba acompañando, en aquella mesa en una heladería, habló— Por lo que dice Setsuna, parece que es una mujer demasiado ocupada y con muchos problemas, no creo que sea una persona para tí. Además, y creo que se te olvida, ella está casada...

—Y no creo que tenga ninguna intención de dejarlo por ti— Setsuna habló y Mina le asintió, dándole la razón.

—¿Ves? ¿Qué es lo que pretendes con ella Haruka?

—No lo sé, no sé qué es realmente lo que yo quiero con ella, pero si se que quiero conocerla, tengo que hablar con ella, saber quien es, que le gusta, algo se movió en mi, y solo sabré que es cuando vuelva a hablar con ella. Es la mujer que yo había buscado tanto tiempo, tarde o temprano, voy a conocerla— Pero antes de que la discusión continuará por horas y horas, la suerte le sonrió a Haruka. Detrás de los parlantes, una mujer anunciaba que los pasajeros con destino a México, tenían que pasar a la puerta correspondiente— Bueno, tengo que irme, si no llegó en ese vuelo, mi manager me terminara por matar. Dos días antes de los test y poles y tengo que dar entrevistas en lugar de concentrarme en la carrera.

—Tal vez, si alguien no se hubiera ocupado en conseguir hacer enojar a una mujer que no conoce, y se hubiera ido desde hace tiempo, no tendría esos problemas— Haruka pusó los ojos en blanco al oír las palabras de Mina, que solo le sonrió y rió— Ya, no te preocupes. Concéntrate en la carrera, ¡suerte!

Las tres amigas caminaron hasta el pasillo antes de la entrada del avión, en donde Haruka entregó su boleto de avión y el pasaporte a ser revisado. Una vez que pasó, miró por última vez a sus amigas.

—¡Setsuna! Si ganó mi primera carrera en este día, me darás el número de la señora Michiru ¿Entendido?— Setsuna abrió los ojos con sorpresa, tapándose la cara de la vergüenza, no podía creer que estuviera dispuesta a eso. Intentó replicar, pero le fue imposible, Haruka salió corriendo a toda velocidad.

Tres días después, la famosa carrera, El Gran Premio de México había llegado. Y entre todas las carreras, aquella tenía un ámbito personal para Haruka.

Quería mandar callar a todas las críticas por su reciente accidente. Quería demostrarle a los demás que no se iba a quedar en el camino en el mundo de las carreras de autos por ser una mujer.

Pero sobre todas las cosas, quería ganar esa carrera para tener el número de aquella mujer.

No podía explicarse, ni siquiera sabía dar explicaciones a sus amigas. A si misma. Nunca se había interesado por una mujer de esas características, ni tampoco pensó en que le podría interesar una mujer mayor. Pero desde el instante en que vió a Michiru, sintió que su vida cambiaría para siempre.

Y después de tocar su mano, supo que había algo ahí, supo que tenía que saber más de ella. Sabía que algo había cambiado, ella misma había sentido como una corriente de electricidad pasaba de un lado a otro. Ambas se habían visto a los ojos, sabían que había sentido algo diferente, como si de una señal del destino se tratara.

Otra vuelta más. Estaba agotada, sabía que su carro no estaba diseñado para llegar a esas alturas del campeonato peleando por la parte alta. Ni siquiera debía de estar en la media tabla. Ella sabía perfectamente que el carro que tenía, era tal vez el peor carro construido de toda la parrilla de corredores. Lo sentía brincar en cada vuelta, sentía como estaba llevando el motor al límite.

"Haruka pasa a los pits, no puedes seguir a ese ritmo, necesitamos revisar el carro."

Pero ella no podía detenerse, si lo hacía, perdería el primer lugar, la diferencia era tan poca con el segundo lugar, que sabía que no recuperaría su lugar.

"Lo siento, no puedo hacerlo, solo faltan diez vueltas, estaré bien" — Respondió rápidamente, no se iba a detener.

"Haruka, es peligroso, sabemos perfectamente que nunca esperamos llegar tan lejos, no necesitas llegar a ganar para que todos sepamos que has logrado cosas imposibles" — Su jefe de carrera le habló, parecía preocupado — "No podemos darnos el lujo de matar al motor, no queremos otro accidente".

Pero a Haruka no le era suficiente con quedar en el podio. Haruka quería hablar. Tenía que ganar.

"No mataré el motor, tranquilo. Ni tampoco me voy a matar a mi misma, voy a luchar por esa victoria." — Cortó la comunicación, antes de acelerar a toda velocidad. Iba a mandar callar a todos los que desconfiaban de ella.

Ella iba a conseguir lo que quería.

Faltaban cinco vueltas. Su contrincante aparecía constantemente en su retrovisor, tenía que aumentar la velocidad. Tenía que dedicarse a defender o la iba a adelantar. Sus llantas ya estaban desgastadas, y estaba llevando todo al límite de lo mecánicamente posible, pero no podía parar la velocidad ahorita, no justo ahora.

Tres vueltas. Solo un esfuerzo más, un poco más y ganaría. Sabía que las imágenes de lo que estaba haciendo debían ser espectaculares, pero poco le importaba el espectáculo. Se estaba acercando a la zona de los rezagados, la zona que podría ser su salvación, o su perdición.

Última vuelta, si lograba salir de todos los carros antes de que acabara, no tendría dudas que sería la ganadora. Por más que estuviera a la misma distancia que su contrincante. Era un todo a nada, tenía que hacerlo.

"¡Haruka!"

Avanzó a toda velocidad. Arriesgando en la pista para esquivar a los carros que tenía enfrente suyo, arriesgando a chocarlos, a salirse de la pista. A volver a destruir su carro. Nada le importo, esquivo uno y otro. Estaba tan concentrada que no le importaba que afuera, los vitoreos fueran inmensos. O que empezaran a saltar alertas. Solo un par de metros, y ganaría la primera carrera de su vida.

Cuando se vio cruzando la línea de meta, sintió una liberación que no pudo explicar. Ni siquiera tenía fuerzas para festejar y dar las típicas volteretas. Por más que el público se hubiera vuelto loco, y que sus asistentes en los pits estuvieran de fiesta.

De hecho, tenía unas enormes ganas de ir a dormir...

Cuando despertó a la mañana siguiente, después de una larga fiesta, y su respectiva resaca, lo primero que vió, fue un mensaje en el celular.

Era Setsuna.

Se había olvidado por completo de reclamar su premio después de ganar la carrera. Había terminado exhausta, y todavía había tenido que pasar una rigurosa investigación sobre si había destruido un motor de carreras para ganar el Gran Premio. Pero nada de eso había pasado, y después la habían arrastrado a una fiesta. Era la primera carrera que ganaba su escudería en toda la vida. Y ella se los había dado.

El mensaje era muy corto. Ni siquiera había palabras en él. Simplemente, había un número telefónico. La energía de Haruka se restableció de golpe y sonrió de oreja a oreja. Era el número de Michiru. O bueno, no era como tal el de ella, era un teléfono fijo, cosa que la sorprendió ¿Aún existían esas cosas? Pero poco le importaba, era el número que tanto estaba buscando.

Brincó en la cama, haciendo que casi se cayera de esta, pegó un grito que perfectamente pudo haber despertado a todo el hotel. Antes de taparse la boca ella misma, tenía que controlarse, no podía hablar en ese estado con la señora Michiru.

—Joder, como te amo Setsuna.

Si su vida era un desastre antes de aquella fiesta, después de esta solo pudo ir a peor. Si pensó que sería un buen momento una fiesta como esa para arreglar sus peleas con Darien, aquella chica lo había arruinado.

No podía explicarse. Todo parecía que había ido muy bien, Darien estaba feliz, ella estaba feliz. Hablar con alguien sin el miedo constante a decir algo incorrecto la estaba tranquilizando. Pero luego tuvo que ir aquella jovencita a saludar. ¿Por qué tenía que mencionar el bochorno del violín? ¿No era más fácil aparentar que no la había visto nunca? Ya ni siquiera recordaba el nombre de aquella chica. Pero poco le interesaba, no quería volver a saber de ella en su vida.

Darien la sacó de la fiesta a toda velocidad. Y los gritos que le dió cuando estaba dentro del coche, los recordaría por el resto de su vida. Ni siquiera fue capaz de llorar aquella noche, solo se quedó callada, recibiendo todas las culpas dentro de ella misma.

—Que quede claro Michiru— Fueron las palabras de Darien al llegar a la casa— En frente de todos, somos el matrimonio perfecto. Incluso enfrente de nuestros empleados— La sostenía del brazo con fuerza, como si quisiera jalarla. Su mirada se incrustaba en la suya, era tal la dureza, que si de un asesino serial se tratara, seguramente ya estaría muerta.

—Amor, yo...

—¡No me digas amor!— Gritó— No quiero que me hables con cariño, no quiero que te aparezcas en mi trabajo, ¡No quiero oírte Michiru! Vete de mi vista.

La vida de Michiru se había vuelto un infierno. Un infierno causado por una joven de cabello rubio.

Darien ni siquiera se molestó en dormir esa noche en la misma cama que Michiru. Tal vez eso sirvió para que ella pudiera llorar por toda la noche. Su corazón estaba destruido.

El coraje que Michiru sentía ante todo lo que le estaba pasando no lo podía explicar. Era como si tuviera una montaña encima de ella. Como si estuviera en lo más profundo de una cueva en la que lentamente se quedaba sin oxígeno. Ella peleaba con todas sus fuerzas, pero nada parecía surtir efecto. En momentos como esos, lo único que quería, era escapar, de la forma que fuera, eso le daba igual.

—Señora Michiru, me disculpo solemnemente por haberle causado molestias en aquella fiesta, pero sepa que yo lo único que quería era cuidarla y conocerla un poco mejor... No Haruka, no puedes decirle eso, va huir sin remedio—Indescriptiblemente, Haruka tiró otra bola de papel a la papelera, que se estaba llenando a pasos exorbitados.

Había pasado horas pensando cómo sería la manera correcta que podía llamarle, como podía acercarse de manera correcta. Rayos, por una vez en su vida, Haruka quería hacer las cosas bien.

—Señora Michiru, ¿Cómo está? Soy Haruka Tenoh, llamaba para disculparme por lo sucedido la última vez que nos vimos... Si no es mucha molestia, me gustaría verla personalmente para disculparme apropiadamente, en estos momentos estoy fuera del país, pero en unas dos semanas terminará la temporada y — Haruka sonrió— ¡Eso es! ¡Eso es lo que estaba buscando!

Sabiendo perfectamente que tendría problemas de diferencias de horarios, Haruka volvió a agradecer a los dioses porque fuera tan de madrugada y estuviera haciendo eso. Si sus cálculos no le fallaban, estarían en plena tarde en Japón, era el momento ideal para hacer aquella llamada.

Confirmó miles de veces que el número estuviera bien escrito, volvió a leer nuevamente el pequeño guión que había preparado, y suspiró, cerró los ojos, y sin más por hacer, marcó al número. Segundos de espera, segundos que se le hacían una eternidad. ¿De verdad valía la pena? Haruka era de esas personas que se burlaba de los creyentes del amor a la primera vista, ¿Por qué entonces había caído tan interesada en esa mujer?

Más tiempo de espera, ¿Es que nadie iba a contestar? ¿La iban a dejar en el teléfono? Poco le importaba, estaría marcando ese teléfono hasta que cayera del cansancio, aún tenía un par de días en México antes de que tuviera que viajar a Brasil. Pero cuando pensó que todo estaba perdido en esa llamada, escuchó como el sonido de espera se detenía.

—Casa de la familia Chiba ¿Quién es?— La voz detrás del teléfono sonaba de una jovencita, seguro era alguno de los empleados de servicio.

—Necesito hablar con la señora Michiru, es muy importante para mí, ¿Sería tan amable de pasármela?— Unos segundos de silencio.

—¿Quién la busca?— Haruka puso sus sentidos en alerta, no podía saber aquella chica quien era, si le avisaba a la Señora Michiru, seguramente nunca la recibiría.

—Soy alguien que la vió en la fiesta de hace unos días en casa de Setsuna, necesito hablar con ella, por favor.

En el otro lado del mundo, una sirvienta estaba muy confundida sobre lo que debía de hacer.

—¿Quién es Nakaru?— Michiru estaba al lado de ella, leyendo con desinterés un libro.

Nakaru tapó la bocina del teléfono, para evitar que la misteriosa persona escuchara— Dice que es alguien que la vió en la fiesta de la señorita Setsuna, que es urgente que hable con usted.

El cerebro de Michiru empezó a trabajar, ¿Quién de esa fiesta desearía hablar con ella? Toda la gente dentro de esa fiesta eran doctores y más conocidos que seguramente solo formaban parte del círculo de Setsuna y Darien. La única persona que había conocido ese día, para su desgracia, había sido... ¡¿Era acaso que podía existir tal nivel de sinvergüenza!?

—Pásamela— Si las sospechas de Michiru eran ciertas, entonces iba a matar a alguien—¿Si diga?

Al oír la voz de Michiru, Haruka se quedó estática. Era una voz tan dulce, tan tierna, incluso si parecía estar enojada.

—Señora Michiru...— Tuvo que recomponerse rápidamente— Soy Haruka Tenoh...—Pero no pudo seguir su discurso, la mujer a quien tanto llamaba la interrumpió.

—¿Pero que se cree señorita Tenoh?— La voz de Michiru era fuerte, seria, no había rastros de aquella melancolía que parecía existir dentro de ella— ¿Acostumbra entrar a las reuniones sociales de sus amigos para molestar a las personas y luego llamarles para ver los resultados? Se hace pasar por una mujer muy simpática, agradable, para acercarse a los demás, ¿Y luego? Destruye los trabajos de los demás, para molestar a mi esposo y a mi, ¿Qué clase de miserable es usted?

Haruka quiso contestar, pero Michiru ni siquiera le dió la oportunidad.

—¡No! No tiene que responderme, créame señorita Tenoh, que mi opinión sobre usted y su comportamiento es... Bastante baja, y si no tiene otra cosa que hacer, entonces ¡Dejeme en paz!— Michiru estuvo a punto de colgarle, pero está gritó, desesperada.

—¡Michiru! Michiru déjeme explicarle...

—¡Señora Michiru! No tiene que explicarme nada, todo lo que se podía decir entre nosotras ya está dicho—Nuevamente, estuvo a punto de colgar, pero esta la detuvo. Algo dentro de ella le pedía que no siguiera con aquella masacre, que escuchara lo que sea que esa señorita le tuviera que decir.

—¡Michiru! Michiru, Michiru, solo le pido que me escuche por unos minutos, le juro que si me da la oportunidad, usted se va a dar cuenta de que... de que esta pensando mal de mí— Haruka se movía por todo el cuarto del hotel de un lado a otro, estaba ansiosa, ni siquiera cuando estaba por salir a una carrera estaba en ese estado— Está siendo injusta conmigo.

—¡Arruinó lo que estaba siendo una buena fiesta entre mi marido y yo! ¿Y yo estoy siendo injusta?— Michiru no sabía por qué no le colgaba en ese momento, aquella mujer la estaba sacando de sus casillas—Hasta nunca señorita Tenoh.

—¡Michiru!— Volvió a gritar, pero no hubo caso, esta vez la suerte no le sonrió, Michiru colgó la llamada. Dejándola allí, sola, al otro lado del mundo, en un hotel a mitad de la madrugada, sin nada.

—¿Quién era señora?— Preguntó Naraku, una vez que vió a su patrona colgar el teléfono y aventarlo con excesiva fuerza al sillón

—No quiero recibir otra llamada de esa persona—Respondió— Nunca había visto tanta insolencia en una sola persona. Era Haruka Tenoh.

Nakaru abrió los ojos con sorpresa— ¿La misma de la fiesta de la señorita Setsuna?— Michiru asintió.

—Esa misma. Quería hablar conmigo ¿Y de qué? ¿Qué era lo que quería explicarme?— Michiru subió las escaleras, directo a su habitación, no quería ver a nadie, estaba ardiendo en ira.

—No, no me arrepiento—Respondió Haruka mientras le daba otro bocado a su desayuno— Es solo que me preocupa que la señora de Chiba tenga ahora una mala imagen de mí.

—¿Y eso que?— Pregunto Lita, mientras recogía los platos del desayuno. Haruka jamás había entendido la decisión de su amiga por irse hasta Brasil a abrir su restaurante, pero siempre era la persona más feliz de no quedarse sola cuando tenía el Gran Premio de Brasil— Que la señora de Chiba piense lo que quiera.

—No, es que precisamente ese es el problema Lita, que sí me importa, y mucho. ¿Ves estas ojeras? Son por pensar en ello toda la noche, no por estar pensando en la carrera.

—¡Haruka por favor!— Lita la miró con incredulidad— Tienes a muchas mujeres detrás tuya, no te quedes estancada, arranca.

Pero la mirada de Haruka se perdió, recordando aquella llamada, tan corta como amenazante— Es que la hubieras oído—Rió— ¡Estaba furiosa! Recrimindandome haber dicho esas palabras enfrente de su marido... Y a mi no me molestaba, podría haberla oído toda la madrugada... tenía ganas de nadar todo el pacífico solo para ir a verla enojada. Una mujer de su calaña usualmente no pierde la compostura… y ella lo hizo. Por mi. — Ella se sonrió mientras imaginaba cómo sería la cara de Michiru molesta. —Se pondría sonrojada?

Pero Lita la estaba viendo con los ojos en blanco, incrédula— Haruka, tú tienes que superar a esa mujer, es peligrosa.

Pero Haruka hizo caso omiso.

Haruka no volvió a hacer un número cercano a lo que había logrado durante toda la temporada, en aquellas tres carreras que le faltaron. El gran premio de México pesó demasiado, era cierto, se había cargado su coche por ganar un primer lugar. Aquel carro que una empresa pequeña en la que nadie confiaba y estaba sorprendiendo, había quedado como un auto cuestionable.

¿Había valido la pena bajar de posiciones para ganar una carrera? A pesar de todos sus esfuerzos, era prácticamente imposible que terminará en la parte media-alta de la tabla de corredores al final de la temporada. Pero poco le importaba que no fuera capaz de llegar, nunca había estado tan ansiosa por qué las vacaciones llegaran, por quedarse un par de meses en su hogar, en Japón, sin tener que viajar. Solo quería que la temporada terminara.

La señora Michiru no le había vuelto a contestar una llamada. Aquella empleada, a quien ahora conocía como Nakaru, siempre encontraba una excusa para evitar que se pudiera comunicar con ella. Pero ahora no tendría escapatoria, ahora que estuviera en Japón, no iba a descansar, así tuviera que montar una casa de campaña enfrente de la puerta de la casa de los Chiba, Michiru la iba a escuchar.

Tenía poco tiempo antes de que la carrera empezará. Era una pésima idea hacer lo que iba a hacer. Pero no le importaba, más le estaba incomodando el calor que sentía por estar en Brasil. Marcó el número de nuevo, esperando una respuesta.

Tal vez era una pésima idea. A pesar de que era muy temprano, en Japón seguramente era muy noche. Y efectivamente era así, en la mansión Chiba, las luces ya estaban apagadas, cuando el teléfono empezó a sonar.

¿Quién podría ser tan noche? ¿Es que acaso no tenían respeto por el sueño ajeno? Pero el teléfono no se detenía. Y no había nadie para contestar. Nakaru se había ido a su casa desde hacía mucho, era Michiru quien tenía que contestar, si Darien llegaba a despertarse, estaría de demasiado mal humor.

—¿Si diga?— Respondió, disimulando su somnolencia.

Haruka tuvo que reprimir un grito al oír a Michiru responder el teléfono.

—Señora Michiru...

Michiru cerró los ojos, conteniendo la respiración, no podía hacer un drama— Señorita Tenoh, ¿Cómo está?— Respiraba fuertemente— ¿Es que acaso no sabe que es muy tarde para sus llamadas ya?

—Bien, estoy en Brasil en unos minutos empezará una carrera donde compito, es por eso que pierdo un poco el sentido del tiempo. — Intentó excusarse.

—¿Qué es lo que necesita señorita Tenoh? ¿Acaso es que quiere hablar con mi marido? ¿Tiene algún malestar?

—No, no es nada con su marido— Respondió— En unas dos semanas estaré en Japón, y pensé que sería una buena idea invitarla a tomar un café...

—No— La respuesta de Michiru fue cortante.

—Sigue enojada conmigo...

—Si no tiene nada más que decir, le agradecería que deje de llamar a este número, que no se como es que lo consiguió— Michiru estaba por colgar de nuevo, pero otra vez, Haruka lo impidió.

—Señora Michiru, déjeme explicar lo que dije aquella noche, por favor, solo cinco minutos.

—No necesito sus explicaciones.

—¡Cinco minutos! Por favor, la carrera está por comenzar, solo le pido cinco minutos de su tiempo.

Michiru se quedó callada, si cinco minutos de su tiempo era lo que necesitaba para librarse de esa mujer, que entonces así fuera.

—¿Por qué está tan alterada?— Haruka preguntó al ver que Michiru no le había colgado

—Está perdiendo su tiempo señorita Tenoh, le quedan cuatro minutos.

—Puede decirme Haruka, por favor...

—Tres minutos.

—Qué reloj tan veloz el suyo ¿Dónde lo compró? Podría ayudarme a…

—Dos minutos.

—Está bien, está bien, yo no quería incomodarla con su marido, ¡realmente me parece que su música es muy bella! Yo no sabía...

—Ya se le acabó su tiempo.

—¡No! Espere, por favor, si hice algún daño, lo tengo que reparar— Explicó, no podía dejar que le colgara, quería seguir oyendo su voz.

—¿Por qué? La mejor forma de arreglarlo es que me deje en paz.

—Por favor, acepte tomar un café conmigo.

La contestación de Michiru fue un respiro hondo y luego silencio. Michiru no contestó, solo colgó la llamada. Incapaz de saber qué era lo que debía decir, ¿Por qué era tan insistente esa muchachita con ella? Pero más aún ¿Por qué estaba disfrutando que aquella chica fuera tan insistente?

—Hasta pronto, señora Michiru— En Brasil, Haruka respondió para sí misma, sonriente. Poco le importaba si quedaba en último lugar ese día en la carrera. Haruka sabía que había avanzado.

¡Hey! Un poco más tarde de lo habitual, pero aquí tengo el capítulo siguiente, Vamos lentos, pero les prometo que vale la pena! A partir del siguiente capítulo, es que empezamos en serio. Porque ¿Cómo podemos poner la salsa antes de cocinar a fuego lento?

Espero que les guste, y que, de todo corazón, me dejen sus comentarios para saber su opinión, saben que los valoro mucho!