Cuando terminó la última carrera, Haruka fue a festejar con su staff.
¡Lo habían logrado!
Un equipo pequeño como el suyo, que nadie hubiera dado nada por ellos al principio de la temporada. Ellos estaban ahí, Haruka había terminado en un meritorio octavo lugar en el campeonato de pilotos. Habían ganado el sexto lugar en el campeonato de constructores, cuando lo suyo era que esperaban una décima posición. Era algo que, ni siquiera el apostador más arriesgado del mundo, hubiera imaginado. Unos pocos puntos los habían alejado de quedar en la cuarta posición.
Abrieron otra botella de Champange, todos estaban ahí, en la sala del hotel, brindando y celebrando. Haruka era la nueva promesa de la Fórmula 1. Haruka lo había conseguido, había logrado cambiar el chip de su equipo. Su posición en la tabla lo demostraba, el quinto lugar era suyo.
—¡Haruka! ¿A dónde irás a celebrar este año?—Su compañero de parrilla se le acercó, brindando con ella— Estamos cerca de Dubai ¿Es que vas a ir a celebrar tu primer año en la máxima categoría haciendo paracaidismo en Dubai? ¿Será que puedo acompañarla?
Haruka rió, pero negó con la cabeza—No mi amigo, no. Me voy de regreso a mi casa, voy rumbo a Japón en el vuelo de la tarde de mañana.
Su compañero casi se ahoga con la bebida, no lo podía creer. —¿Escuche bien? La poderosa Haruka Tenoh, que adora viajar por el mundo y que prácticamente derrochó todo lo que ganó en la Fórmula 2 en irse de viajes y aventuras, ¿Va a irse de camino a casa?
Haruka rió, no era él el único que le había dicho eso, todas sus amigas se habían sorprendido al oírle decir que las vería durante sus vacaciones. Si Haruka estaba en las carreras de autos, era muy en parte porque detestaba quedarse en un solo lugar.
—Oye, hablas de mí como si fuera un nómada— Por la cara que puso su compañero, era claro que si la consideraba así— Para tu información, tengo una misión muy importante en Japón. Una misión de vida o muerte— Exageró.
—Humm, ¿Y qué podría ser eso tan importante para la vida de Haruka Tenoh como para que renunciara a todas sus aventuras?— Su compañero se tocó la barbilla, como si estuviera pensando, mientras Haruka negaba y se servía un poco más de Champagne— ¡Ya sé! ¿Será acaso que al fin nuestra querida Haruka ha caído dentro de las redes del amor? ¿Acaso es que ha aparecido al fin alguien que enamoró a nuestra corredora?
Haruka no respondió, pero el rubor en sus mejillas y como desvió la mirada tan rápidamente, confirmaron la teoría de su compañero.
—No lo puedo creer, ¡Verdaderamente estás enamorada!— El chico rió, pero Haruka le dió una mirada asesina.
—¡Claro que no!— Renegó— Solo... es alguien que conocí en el Gran Premio de Japón, ¡Ni siquiera somos amigas!
—Pero quieres conocerla— Haruka no lo volteó a ver— No lo puedo creer. Y pensar que la gran Haruka Tenoh, la que no le tiene miedo a nada, le tiene miedo a hablar y con una chica nada más y nada menos. Lo que me entretiene de todo esto es que ¿Ni se conocen?— Su compañero rió y le dio una palmada exageradamente en la espalda— Quiero saber que pasa con esa conquista. Me avisas como te va— Y él se fue.
Haruka trató de que las palabras de su compañero no le carcomieran la mente. No había duda de que Michiru había atravesado más allá de su mente. Constantemente terminaba pensando en ella.
Poco sabía la rubia, que esa mujer le iba a cambiar la vida.
—
Haruka tenía que admitirlo. No era lo mismo pasar un invierno en el medio Oriente que en Japón. No era lo mismo pasar un agradable invierno en Dubai, disfrutando de unas hermosas playas paradisiacas, y con un calor medianamente decente, a los cuatro grados celsius a los que estaba llegando en ese momento, al aterrizar en Kyoto.
Es que ni siquiera se había preparado para sentir tal cambio. Había llegado a Japón con un short y una blusa de tirantes, y apenas salió del avión, sintió como cada célula de su cuerpo se congelaba a niveles altamente peligrosos.
Claro, el choque era todavía más fuerte, cuando vió a sus amigas esperándola afuera del aeropuerto. Todas cubiertas con chamarras de pies a cabeza, mientras, Haruka no tenía ni una bufanda con la que taparse.
Todos sabían, que incluso, aunque se hubieran tardado una media hora en llegar al aeropuerto, llegar en ese estado iba a tener consecuencias.
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—Haruka, creo que no es el mejor momento en que te acerques a Michiru— Setsuna insistió, una vez que habían llevado a Haruka hasta su departamento y esta había vuelto a sentir lo hermoso que era el calor, todas las amigas habían salido a comer. — Gracias a tí, la relación entre el marido de Michiru y ella está cada vez peor.
—¿Y tú cómo sabes eso Setsuna?— Preguntó Rei, antes de que Haruka pudiera hablar— Entiendo que eres amiga de la tal señora Michiru, pero... nunca antes no habías hablado de ella hasta que Haruka se interesó.
—Bueno— Setsuna se retrajo un poco— Michiru y yo no es que hablemos mucho, de hecho, antes de que Haruka se interesara, tenía mucho tiempo que no sabía de ella. Michiru es una persona extraña, su marido la absorbe demasiado, y parece estar dispuesta a alejar a todos a su alrededor a cambio de no hacerlo enojar... No quisiera hablar mucho, no es de mi estilo exponer la vida de los demás.
Haruka frunció el ceño mientras observaba a su amiga hablar de la vida de Michiru. Si tan asqueante era la vida de Michiru con su marido, entonces, entrar a la vida de ella sería más una bendición ¿No?
—Entonces, ¿Qué tiene de malo que me acerque a ella? Si su marido es tan pedante, yo puedo ayudarla a liberar esa carga…
—Haruka, por el amor a Dios ¿Tú no entiendes que esa mujer está casada? ¿Es que acaso tu quieres aparecer en todas las revistas de farándula y que te pongan el sello de rompedora de matrimonios?
—Ay Setsuna— Haruka le puso la mano en el pecho y le sonrió a su amiga, restándole importancia a las anteriores palabras de ella— ¿De verdad crees que yo pueda hacer que Michiru rompa con su marido? Pensé que yo no le interesaba a ella…
—¡Déjate de bobadas que tu sabes perfectamente a lo que me refiero!— Setsuna no entendía porque cada palabra que decía con una intención, terminaba siendo totalmente contraria. Solo podía mirar a Haruka con un toque de ira y nervios. Lo menos que quería era que ambas mujeres salieran lastimadas.
—
Los planes de Haruka no habían salido como ella lo hubiera anhelado. Las llamadas que hacía a la casa de los Chiba habían sido totalmente infructíferas. Cada llamada era más corta que la anterior, las excusas eran cada día más parecidas, pero todas iban al mismo lugar; Michiru no quería hablar con ella.
Quedarse a esperar a que Michiru saliera de su casa tampoco estaba dando resultados. Cada día que había ido, se había dado cuenta que las palabras de Setsuna eran ciertas. Michiru era una persona solitaria. Veía al marido de ella irse en la mañana en un lujoso auto deportivo, pero nunca la veía a ella en la puerta aunque sea para despedirlo. No salía de la casa, solo veía a los empleados salir a hacer las típicas compras. Es que no la veía ni siquiera salir al jardín.
Y a eso, tenía que aumentarle una terrible gripa que parecía que la estaba matando lentamente. Había intentado ocultar lo enferma que estaba ante sus amigas, pero justo ese día, parecía que la temperatura no la iba a dejar en paz.
Tal vez Setsuna tenía razón y Michiru era una causa perdida. Aquella mujer era demasiado hermética, no había forma real para acercarse. Ni siquiera a pedirle disculpas.
—Anda Haruka, vámonos de aquí, vamos a comer ¿Qué te parece ir a un restaurante? Hay uno nuevo a unas cuadras de aquí y dicen que es muy bueno... Además, no puedes estar aquí todo el día, ¡Mira nada más lo enferma que estás! Estás llenando mi auto de mocos…—Mina le habló, intentando convencerla.
—Solo es una gripa Mina, estaré bien— Haruka en realidad, ocultó lo terriblemente mal que se sentía, estaba segura que estaba al borde de desmayarse de la fiebre, no paraba de estornudar, pero no podía darse el lujo de unos días de descanso— Pero esta bien, vamos a comer — A ella no le quedó más que asentir y salir de ahí, decepcionada. Otro día más en donde había fracasado.
Poco sabía que, en realidad, dentro de esa casa, los astros le estaban ayudando. Porque, instantes después de que ella fuera arrastrada por Mina hasta el restaurante, Darien y Michiru salían también hacía el mismo lugar. ¿La iniciativa? Parecía que había nacido del mismo Darien, la pareja necesitaba hablar.
Darien y Michiru no se hablaron en todo el trayecto, y no fue hasta que les dieron una mesa y se sentaron, incluso hasta que les trajeron la orden, es que tan siquiera se miraron a los ojos.
Poco sabía además, que apenas unas mesas delante de ellos, se encontraban cuatro amigas hablando, y una se acababa de dar cuenta de que habían llegado.
Haruka estaba a punto de echarse una cucharada de sopa caliente, cuando vió a Michiru. Sus amigas notaron el cambio de actitud de la recién llegada.
Haruka no lo podía creer, frente a ella estaba Michiru, la misma mujer que había robado sus pensamientos en los días anteriores. La atrevida estaba comiendo como si nada con su marido, mientras Haruka moría de una gripe infernal que no la dejaba respirar y la tenía con la cabeza a punto de explotar.
—¿Es ella?— Rei preguntó, al notar que su amiga había dejado de escuchar la conversación— ¿Ella es la famosa Michiru?— Por alguna razón, Rei parecía no estar impresionada, de hecho, parecía más disgustada.
—Si, es ella— Contestó Setsuna, al ver que Haruka no se iba a molestar en responder.
—Woah, verdaderamente tenías razón, ella es muy mayor.
—¿Y eso qué?— Haruka salió a la defensiva— No es una anciana de noventa— Las amigas de Haruka retrocedieron un poco, realmente habían molestado a Haruka con el comentario— Me tienen harta con eso de que 'es mayor'.
En la otra mesa, la conversación empezaba.
—Michiru, no podemos seguir así— Darien fue el primero en hablar, tomando un poco de su taza de café.
—Pensé que ya no querías hablar conmigo— Rayos, ¿Por qué había dicho eso? Darien se iba a molestar, ¡Le estaba pidiendo disculpas por algo que él no había hecho! Lo mínimo que podía aceptar, era tomarlas a la primera— Lo siento— Susurró, bajando la cabeza— Es solo que estos días, con todo lo que ha pasado.
—Michiru— Darien la detuvo de hablar y levantó su mentón, la miró a los ojos fijamente, sin expresión alguna— Creo que no nos hemos prestado la atención debida últimamente, es por eso que te he traído a este lugar, olvidémonos de todo ¿Está bien? Tratemos de mantener nuestra relación al margen de todo lo demás.
Una parte de Michiru quiso reclamar, quiso gritar. Quería decirle a Darien que nada estaba bien, que la había humillado, que la había hecho sentir que no valía nada. Que era un objeto. Pero no lo hizo, solo se quedó mirando a los ojos de Darien, unos ojos impasibles, pero que le recordaban al jóven amable y atento del que alguna vez se enamoró... que incluso quince años después, parecía que aún le importaba un poco.
En esos momentos, parecía que no existía rastros del Darien controlador y exigente con el que había convivido en los últimos años, parecía que solo existía Darien, un joven apasionado que adoraba admirar.
—Está bien— Tomo su mano, acariciándola— Lo siento Darien, te hice enojar, no he sido la mejor esposa estos días...— Pero Darien le acarició la mejilla, haciendo que guardara silencio.
—No tienes que decirme nada, no digas nada— Los ojos de Michiru querían llenarse de lágrimas, el dolor que había sufrido por tanto tiempo parecía que por fin iba a terminar— Terminemos de comer, quedemonos aquí— Michiru asintió, sin decir mucho más.
Pero aquél momento tan especial tenía que terminar apenas minutos después de que había empezado. El teléfono de Darien empezó a sonar, él contestó.
—Cariño, eran del hospital, llegó un paciente, necesita una cirugía urgente, me tengo que ir— Los hombros de Michiru bajaron, siempre tenía que irse— Yo pagaré la cuenta, deja todo a mi nombre— Michiru asintió, Darien le dió un beso corto y se fue.— Por cierto, te dejo el carro, ve a casa en él, el hospital no queda muy lejos de aquí.
Michiru se sorprendió. Darien no le hubiera dejado el carro en otro momento, hacía mucho que no conducía, Darien se lo había ordenado, por eso habían contratado un chofer— ¿Estás seguro?— Preguntó, parándose de la mesa
Darien le asintió, dándole una sonrisa, antes de salir a toda velocidad. Poco sabía que, apenas saliendo del restaurante, Darien recibió otra llamada.
—Hola, ¿Seiya? Si, ya voy en camino— El paso de Darien empezó a disminuir— No, ya arreglé todo con Michiru, cree que "Me arrepentí"— Río ante la idea de imaginar eso— Si, la invité a comer y le dije las palabras bonitas que le gustan, ya sabes, todo para que ella vuelva a ser la misma, mal que bien, no puedo darme el lujo de que sigue actuando extraño y la gente empiece a hablar... Le tuve que dejar el coche ¿Qué más podía hacer? se sintió halagada por eso incluso, es tan... irrelevante. Lo bueno es que con esto me libró de ella por un par de semanas... En fin, voy para allá, empiecen a preparar al paciente.
Dentro del restaurante, Michiru no pidió mucho más, no habían pasado más de unos minutos, antes de que pidiera la cuenta. Su mente estaba en otro mundo, estaba perdida e ilusionada. Solo quería acostarse para pensar en ese momento para siempre. Algo había cambiado.
Pero, mientras se levantaba y se disponía a salir, otra persona a unas mesas se sentía desesperada de verla ir. No se podía dar aquel lujo. ¡No podía!
—Lo siento chicas, tengo que irme— Cortó la conversación que estaban teniendo sus amigas, que se quedaron viéndola, notando que no le quitaba los ojos a la mujer.
—Haruka...— Una de sus amigas la quiso detener, pero no hubo oportunidad, Haruka ni siquiera notó quien era, tomó su chaqueta y salió a toda velocidad detrás de Michiru.
No tardó mucho en encontrarla, a pesar de que la había perdido de vista cuando salió del restaurante— ¡Señora Michiru! ¡Señora Michiru, espere!
La susodicha volteó a ver cuando escuchó su nombre, pero cuando notó quien era, volteó la mirada y apuró el paso, ¡Esa chica no le iba a arruinar una tarde tan magnífica! ¡De verdad que no!.
—¿Qué coincidencias de la vida no? Nos volvemos a encontrar en este lugar— Haruka la siguió a toda velocidad, ignorando su cuerpo le pedía descanso, y que su pecho y cabeza estaban a punto de explotar hasta llegar a donde estaba Michiru.
—Adiós señorita Tenoh— Michiru volteó a verla, darle una sonrisa forzada y voltearse de nuevo, esperando que eso dejara en claro sus intenciones.
—Qué coincidencia vernos aquí. Honestamente, yo diría que este es el destino. Alguna deidad está empeñada en volver a unirnos— Refutó con una simpática sonrisa simpática de oreja a oreja, pero Michiru no se detuvo, empezando a caminar rumbo a su coche.
—Pues entonces, yo diría que he tenido muy mala suerte.
—Eso lo puedo creer— Haruka se encogió de hombros — La vi llegar con su marido, parecía que...— No, Michiru no lo iba a tolerar, hoy no iba a dejar que nadie hablara mal de su Darien.
—¡Eso a usted no le interesa!— Michiru alzó la voz, visiblemente molesta— Estoy llegando a mi límite señorita Tenoh, así que le suplicaría que fuera tan amable de...
—Señora Michiru, usted me tiene que perdonar por mi atrevimiento pero, ¡Pero usted es espectacular! —Haruka observó cómo la mirada de Michiru cambió por un solo instante. Algo había hecho click, y ella no iba a permitir que ese cambio se desvaneciera así que continuó hablando, sin importarle que pudiera meter las patas.—Su marido no la merece— La tomó del brazo, sintiendo un escalofrío, ni siquiera la tomó con fuerza, la piel de michiru era muy blanca y delicada, parecía estar bien cuidada— Usted cree que la gente no sabe pero yo sé. Yo sé que usted no es feliz en ese matrimonio. Por más cariñoso que sea el día de hoy, por más abrazos y besos que le dé, no puede pasarlo por alto, usted merece algo mejor.
—Deje de meterse donde no le llaman— La miró de pies a cabeza, era apenas una jovencita, ¿Hasta dónde podía llegar?— Usted está loca— Y se soltó del ligero agarre de Haruka, para alejarse nuevamente.
—Michiru...— Intentó seguirla, pero algo se lo impidió, un mareo la descontroló, era como si sintiera que los pies se le pegaban al suelo— Señora Michiru ¿Cómo le hace para ser tan adorable incluso cuando me odia? — Se recuperó rápidamente, corriendo otra vez tras sus espaldas— ¡Señora Michiru!
—Usted es una pesadilla— Michiru se tocó la sien al volver a verla detrás de ella, la estaba sacando de sus casillas— ¿Es que acaso piensa llegar al límite de quererme matar?
—Todo lo contrario señora Michiru, yo solo quiero que esté bien, quiero besarla…— Otro mareo más, Haruka estaba perdiendo el equilibrio, empezaba a desvariar.
Haruka frunció el ceño y presionó su mano contra su pecho mientras inclinaba la cabeza. Sus ojos nunca dejaron de ver a la mujer que tenía delante de ella. No había nada que pudiera hacer que la rubia se alejara de Michiru, no ahora que finalmente podían hablar solas.
Si tan solo su cuerpo cooperara con ella y los escalofríos se detuvieran…
La mandíbula de Michiru se aflojó ante la audacia de Haruka y la rubia no pudo evitar sonreír ante la reacción de Michiru.
—¿Cómo te atreves? ¡Descarada!— Michiru dió un paso hacía atrás, frunciendo los labios con enojo y luego señaló con un dedo acusador a la mujer más joven—Quiero que te alejes de mí o te juro por dios que llamaré a la policía.
Haruka se burló pero rápidamente aquella risa se convirtió en una tos. Los escalofríos subieron y bajaron por toda su columna, y la fiebre consumía su cuerpo y atracaba sus articulaciones. Estremeciéndose, Haruka respiró ondo y movió su mano para reírse de Michiru con desdén, indicando a la mujer mayor que estaba bien… cuando claramente no lo estaba.
Michiru enderezó su espalda y miró a Haruka. Todavía estaba muy molesta, pero rápidamente ese enojo estaba pasando a ser preocupación. Había visto a Haruka antes, y aquella chica pálida y enferma que tenía delante no se parecía en nada a la atractiva chica que conoció en la fiesta de Setsuna.
—¿Estás bien?— Michiru preguntó, dando una paso hacía Haruka,
—Estoy bien— Haruka mintió, y se apoyó en sus rodillas mientras tomaba grandes bocanadas de aire— Estoy bien, solo-
—No te ves, ni suenas bien— Se supone que Darien era el médico, no ella, pero incluso así, se podía dar cuenta cuando alguien no estaba bien— Deberías irte a descansar.
Haruka negó con la cabeza y enderezó la espalda para elevarse sobre la forma más pequeña de Michiru— No. No cuando finalmente te tengo aquí y puedo hablar contigo— Haruka ya no tenía aliento, tenía los ojos entrecerrados, prácticamente cerrados— Yo quiero…— Se estremeció cuando sus ojos rodaron hasta la parte superior de su cabeza.
Sin siquiera pensarlo, Michiru se movió lo más rápido que pudo y agarró el brazo de Haruka antes de que pudiera tocar el suelo. En ese momento, cuando ella tocó a la corredora, notó la temperatura de su piel.— ¡Estás ardiendo en fiebre!
Haruka sonrió en su delirio— Se que estoy caliente, señora Michiru.
—¡Esto no es gracioso! ¡Usted está enferma! ¡No debería estar afuera de su casa!
Haruka asintió ante las palabras de Michiru pero no escuchó lo que ella estaba diciendo.
—Debería llamar a una ambulancia.
—No, por favor… No
—Entonces— Michiru suspiró, rodó los ojos y luego los cerró con fuerza. Sabía que iba a arrepentirse de ello— Déjeme llevarla hasta su casa— Volteó a ver a Haruka— ¿Por favor? No quiero dejarte aquí y después sentirme culpable porque te hayan encontrado muerta.
Haruka hizo un puchero— Te importo…
—¡Por el amor a dios!— La exasperación de Michiru era evidente, en el momento en que soltó uno de los brazos de Haruka y tocó la parte de atrás de los jeans de la corredora, sintiendo su billetera.
—Señora Michiru, estamos en público…— Haruka murmuró.
—Cállate— Michiru murmuró y sacó la identificación de Haruka con su dirección— Escúchame, y escúchame bien. Voy a llevarte a tu departamento, y voy a dejarte ahí.
—Un movimiento muy audaz, debo decir.
—No voy a tomar en cuenta nada de lo que salga de su boca. Claramente no estás diciendo nada coherente, es la fiebre—Michiru habló volviendo a ver la dirección de nuevo, memorizándola, antes de poner de nuevo la identificación en la billetera y luego en los pantalones de Haruka— Vámonos ahora.
Michiru puso el brazo de Haruka sobre su hombro. Tomó a Haruka y llegó a su auto donde acomodó a la rubia antes de dirigirse al asiento del conductor. Mientras conducía, Michiru no pudo evitar ver a Haruka. Los labios de ella se separaban mientras dejaba escapar suaves gemidos de dolor y jadeos.
—Debo estar loca…— Susurró Michiru, mientras conducía por la concurrida calle— Tengo a una extraña arriba del auto de mi esposo y la llevaré a su casa…— Su agarre en el volante se hizo más fuerte— ¡Te juro que eres una pesadilla, Haruka!
Un sonido suave emanó de la rubia a su lado. Los labios de Haruka se estiraron en una fina y divertida sonrisa, mientras decía— Lo dijo… ¡Lo dijo Michiru!— Haruka sonrió— Dijo mi nombre.
Luego de un corto silencio, y dentro del delirio de su fiebre, Haruka volteó a mirar a Michiru. La mujer se veía tan concentrada conduciendo, tan determinada en llevarla a su apartamento que Haruka ni cuenta se dió cuando murmuró — Si yo fuera él, jamás la despreciaría.
Michiru no lo dijo, pero sus mejillas se sonrojaron ante tal declaración.
Terminaron por llegar al departamento de Haruka. Era un edificio totalmente nuevo, recién construido, de seguro todos los departamentos adentro debían ser pent houses. Y justamente, el de Haruka era el último. Michiru confirmó sus sospechas, aquella era una chiquilla con el mote de "nueva rica".
—Para tener un departamento tan lujoso, las cerraduras están mal— Al parecer, Michiru estaba teniendo problemas para abrir la puerta.
—Tendré que llamar al mantenimiento, ellos deben encargarse de eso—Haruka estaba en el suelo, se estaba por morir si no se acostaba de una buena vez en su cama
—Ay al fin— Michiru abrió la puerta y se apresuró a levantar a Haruka, hasta dejarla recargada en la pared.
—Señora Michiru, ¿Cómo puedo agradecerle lo que ha hecho por mí el día de hoy?
—La mejor manera que puede hacerlo, es no agradeciendome.
—¿Aceptaría salir conmigo?— Haruka camino a duras penas hasta su cama, acostándose.
—No.
—¿Desayunar?
—No.
—¿Tomar un café?
—No.
—¿Un helado?
Michiru estuvo a punto de reírse, pero lo volvió a negar— Qué se mejore Haruka, ¿Estará bien sola?
—¿Podría llamar a Mina? Ella es una amiga, vendrá a cuidarme, porque no me atrevo a pedírselo a usted— Haruka le entregó su celular. Michiru abrió los ojos con sorpresa. Tal vez era la primera vez que tomaba un celular moderno. No tenía ni idea de cómo usarlo, y por lo visto, Haruka se dió cuenta.
—Aquí— Haruka le extendió la mano, enseñándole dónde estaban los contactos y el nombre de Mina, estaba empezando a sudar— Hable con ella, por favor, debe estar preocupada.
Michiru asintió y habló con la mujer, apenas diciendo que Haruka había enfermado y que la había llevado a su departamento. Había prometido no tardar.
—Dijo que no tardaría en llegar. Estará bien, me voy, Haruka. —Michiru se retiró antes que su mente la traicionara y deseara quedarse unos minutos más, solo para ver que en realidad Haruka estuviese bien.
—Michiru...— No pudo reaccionar, solo supo lanzarle un beso mientras la veía irse de su departamento. Estaba perdidamente enamorada.
—
—¿Michiru de Chiba estuvó aquí?— Haruka asintió, mientras Mina le cambiaba el paño de la cabeza para bajarle la temperatura— ¿Ella fue quién te trajo?
—Y estuvo a nada de quedarse hasta que llegaras— Contestó— Si no me muero esta noche Mina... recuerdame de marcarle en la mañana siguiente.
—Ay Haruka. No bromees así.
— ¿Quién dijo que estoy bromeando, Mina?— Haruka dejó salir un corta carcajada. —Estoy hablando en serio. Tu no lo entiendes, Setsuna no lo entiende, nadie lo entiende pero…— Haruka suspiró y cerró los ojos. Su cabeza daba vueltas sin cesar y mientras más pensaba más le dolía. —Yo a esa mujer la voy a conquistar.
—
La insistencia de Haruka ha logrado sus frutos, así fuera a costa de su salud. ¿No es así?
