A la noche, cuando Haruka despertó de una larga siesta y Mina ya se había ido de su departamento, lo primero que hizo fue llamar al número de Michiru. Su fiebre ya había bajado y se encontraba mucho mejor. Al tomar el celular en sus manos, se detuvo por varios minutos, observando el número de Michiru en la pantalla. No sabía que le iba a decir y no quería hacer el ridículo cuando la llamase.
De algo ella estaba segura, ella la iba a llamar e iba a tratar de darle las gracias por llevarla a su apartamento.
—Señora Michiru, quería agradecerle por todo lo que hizo el día de hoy por mí, de verdad que yo...— ¡No! Eso no es contundente, es forzado— Negó con la cabeza, y volvió a pensar en otra idea. — Michiru, ¡Me estoy muriendo! Necesito verla…—Haruka puso cara de asco y meneó la cabeza— Tampoco puedo hacer eso, demasiado dramático y trágico— Suspiró y se volvió a dejar caer sobre su almohada— Qué difícil es iniciar una relación con una mujer que no conoces...— Dejó su celular de lado y mejor prendió la televisión, de todas maneras, no se podía levantar de la cama, y tenía muchas series pendientes que ver a lo largo del año.
Series que quedaron en el olvido al notar que, apenas prender la televisión, lo que podía ser la mayor debilidad de Haruka apareció. Estaban pasando una telenovela de occidente. Y Haruka era una perdida enamorada de las telenovelas.
—Demonios, ¿Por qué rayos estoy pagando televisión de cable si nunca estoy aquí?— Se recriminó a sí misma, pero poco le importó, estaba demasiado fijada en ver su telenovela que no entendía ni la continuidad, pero parecía que la tal María Desamparada estaba por descubrir la verdad de su familia.
—Hola.
—Disculpe que llame a esta hora pero, no podía conciliar el sueño.
—Es muy tarde.
—Lo sé pero, he estado pensando en tí, es tan difícil el conquistar a una mujer como tú, que creo que la única manera es preguntándole cómo conquistarla. Dime ¿Cómo puedo conquistarte?
—Yo no puedo responder a esa pregunta, haría falta que hicieras un poco más de esfuerzo, ¿Qué es lo que más te gusta de mí?
Haruka tuvo una epifanía mientras escuchaba esa escena. Era justo lo que estaba buscando. No se lo pensó mucho más, y marcó a toda velocidad al teléfono de Michiru.
En la casa de los Chiba, Michiru se estaba arreglando para dormir. Michiru era consciente de que su marido no llegaría hasta demasiado entrada la noche, si no es que en realidad llegaría hasta mañana. Aquellas operaciones urgentes siempre eran muy largas.
Entonces, el teléfono empezó a sonar, Michiru suspiró. Años había durado ese teléfono siendo usado apenas una o dos veces al año, y ahora, no la dejaba de molestar ni en las noches.
—¿Si diga?— Preguntó por cortesía, ya se estaba imaginando quién era la que le estaba hablando.
—¿Señora Michiru? Es Haruka.
Michiru trató tanto que no se escuchara el suspiro de indignación que salió de su pecho. Mordió sus labios, cerró sus ojos y presionó sus dedos en frente antes de contestar. —Estoy dormida— Le respondió, aunque pudo imaginar la sonrisa que se le había robado a la persona detrás del teléfono.
—No, no, espere por favor, no me cuelgue—
—Mire, señorita Tenoh, ya no se como hacérselo entender, pero esta noche no me moleste, se lo pido por favor. Ya he tenido muchos problemas por un día, un día que empezó siendo tan hermoso.
—En ese caso, con más razón debo de disculparme. ¿Es que acaso soy tan miserable y despreciable que no merezco ni un poco de su compasión?— El haber alzado la voz en esas palabras le lastimó la voz, haciendo que tosiera.
—Usted sigue enferma, debería descansar— Aseveró Michiru— Buenas noches señorita Tenoh.
—¡Michiru!, espere— Haruka tomó aire, agarrando valor— Llamaba para agradecerle todo lo que ha hecho por mi.
Michiru inclinó la cabeza del otro lado del teléfono.—¿Se siente mejor? Preguntó, ya que por un pequeño segundo, realmente quería saber si Haruka se sentía mejor que cuando la dejó a cargo de Mina.
—Si— Contestó—Michiru... He estado pensando, bueno, es tan difícil conquistar a una mujer como usted, que creo que la única manera es preguntándole cómo conquistarla— Al oír la frase, Michiru quedó sorprendida, pero tuvo que contener la risa— Dígame Michiru, ¿Cómo puedo conquistarla?
Poco sabía Haruka en realidad, que Michiru también era una apasionada a las telenovelas occidentales— Señorita Tenoh, trate de no ver tantas telenovelas, le están haciendo mucho daño— Haruka cerró los ojos, maldita sea, debió haberlo imaginado.
Ni siquiera pudo protestar cuando Michiru le colgó.
Sin embargo, Michiru no pudo evitar soltar una carcajada. Esa chica estaba realmente loca.
—
—¿Bueno?— Michiru contestó el teléfono, dejando su libro de lado— ¿Otra vez usted?
Haruka rió ligeramente— Que bueno saber que extraña mi voz, señora Michiru.
—Deje adivinar, ¿Sus competencias empezaron de nuevo y ya se tiene que ir del continente? Ah, y justo a donde tiene que ir, no tiene recepción de celular, por lo que no me puede marcar en las noches— Ahora la risa de Haruka se hizo más fuerte.
—No, aún tengo dos semanas antes de que tenga que irme al medio oriente— Le contestó— Pero si no le molesta, yo estaría encantada de llamar a mis representantes y pedirles un boleto extra para que vengas a verme, Michiru.
— En primer lugar, si no es que se va, no son buenas noticias. En segundo lugar, ¿Cuando le he dado permiso yo de tutearme? Además de grosera, descarada.
—Es que, como me salvó la vida, pensé que me había dado él derecho de tutearte— Sonrió— Entonces, ¿Qué dice? ¿Acepta una invitación a comer? No quiero tener que irme del continente sin ese recuerdo. Y para que vea mis buenas intenciones con usted, puedo llevar a mi amiga Mina, la chica a la que le marcó la otra noche que acaba de llegar.
Y no era mentira, Mina estaba entrando al departamento de Haruka en ese momento.
—Ni lo sueñes Haruka, yo no voy a ser la tercera rueda en una cita loca que vas a tener con...— Mina no pudo terminar la frase, Haruka se le abalanzó encima, tapándole la boca.
—¡Esta que se muere de ganas de conocer a la mujer que me salvó la vida por mis imbecilidades!— Haruka dijo mientras apretaba fuertemente a Mina y le daba una mirada asesina que claramente le decía te callas o te callas.
—El lenguaje señorita Tenoh. Y alcance a oír lo que dijo su amiga, ¿No se cansa de manipular todas las situaciones?, deje de hablarme unos días, por favor. Lo siento, pero no. Me tengo que ir, adiós.— Y sin darle derecho a réplica, Michiru le colgó la llamada. Regresando a su libro, aunque con una mirada extraña y una sonrisa en sus labios ¿Qué era lo que se estaba proponiendo esa chica?
—Como te encanta meterme en problemas que no son míos, Haruka. — A pesar de la aparente frase recriminatoria de Mina, esta estaba por reírse al ver que nuevamente, habían dejado a su amiga con la llamada perdida.
Se dirigió al refrigerador de Haruka, tomando la única caja de leche que había, dispuesta a servirse un poco. Pero le fue imposible, esa leche se había echado a perder hacía mucho— Esta leche ya se fermentó, ¿Acaso lo único que conservas en buen estado en esta casa es el alcohol?
Haruka se encogió de hombros. —Apenas sé cocinar Mina, ¿Qué esperabas? Prefiero irme a un restaurante
Mina rodó los ojos. —Un día te vas a envenenar con esta porquería.
—Claro, lo harás a propósito, porque sabes que dejé un testamento donde toda mi fortuna pasará a estar a tu nombre— Le guiñó el ojo— No hay nada en esta casa para comer, ¿Por qué no mejor salimos a un restaurante?
—Haruka, no me vas a llevar hasta ese restaurante que está a dos cuadras de la casa de la señora Michiru, ¿Verdad?
Haruka se quedó en silencio, la habían descubierto
Mina suspiró y botó la leche. — Vámonos ya.
—¿Te he dicho que eres mi amiga favorita?
—Sí y también te he escuchado decírselo a Setsuna.
—¡Falacias!
—Ay, ya. Vámonos que me muero del hambre.
—
—Y eso fue lo que pasó, se desmayó a mitad de camino y tuve que llevarla hasta su departamento, la deje en su cama y me fuí— Le dió un sorbo a su café cuando terminó la historia.
Setsuna la miró incrédula. ¿Cómo había terminado ahí? Estaba entre dos amigas. Había terminado siendo la mediadora entre la relación de Haruka y Michiru. Relación que ella misma había provocado en gran parte. Ni siquiera sabía que responder, no sabía que tenía que hacer. —Y ¿Qué opinas?— Preguntó, aunque la duda estaba presente en su voz. Y más aún cuando Michiru la miró con cara de no entender— De Haruka, me refiero, ¿Qué es lo que opinas de ella? Pensé que después de lo que pasó en mi fiesta, que de verdad lo lamento, tú...
—Oh, eso. Ya no importa— La cara de Michiru se iluminó, parecía otra totalmente diferente— Darien y yo ya hablamos al respecto. Él... se ha portado tan lindo conmigo en estos días, parece que todo está yendo mucho mejor ahora. No puedo decir que es como había sido al inicio de mi vida matrimonial pero... parece que estamos dejando nuestros problemas de lado, que por fin hemos superado lo de...— La ilusión de Michiru desapareció— que nunca pude darle un hijo.
Setsuna tomó la mano de Michiru, dándole fuerza. Sabía que era un tema demasiado difícil dentro de la familia Chiba. Ella misma había estado ahí, ella había escuchado a sus amigos y sus tantas ilusiones por tener hijos, los había visto salir con lágrimas en los ojos y decepcionados del ginecólogo. Los había visto intentar hasta el cansancio, cada método que fuera posible, cada vez sin éxito.
—Lo siento Michiru, no debí…
Pero Michiru negó con la cabeza, limpiándose las lágrimas de los ojos.—No importa Setsuna, no importa— Su voz estaba algo entrecortada, pero intentó recuperar la compostura— Admito que Haruka no es el santo de mi devoción que uno esperaría, pero no es una mala chica, tal vez seríamos amigas si fuera de otra época.
—¿De qué hablas? Yo soy amiga de Haruka y no soy tan joven como ella— Cambió la conversación al ver que eso era lo que Michiru quería— Ella parece estar muy interesada en tí.
Michiru se sonrojó— Entre tú y yo Setsuna, sigue habiendo casi diez años de diferencia, pero aún así, ¿Y tú de dónde conoces a Haruka? No parece una chica con la cual te encontrarías muy fácilmente.
Setsuna asintió, divertida— La típica historia de un amigo que conoce a un amigo. Haruka es la mejor amiga de Mina Aino, que a su vez es amiga de Rei Hino, que es amiga de Makoto Kino. ¿La recuerdas? Es hija de los Kino, los magnates que tienen el grupo de arquitectos— Michiru asintió, no podía olvidarla. Aquella chica había sido comida de hienas cuando decidió irse a Brasil a abrir un restaurante a pesar de las amenazas de su familia. — Ella nos fue presentando a todas hace un tiempo.
—Por lo visto, son buenas amigas— Le respondió— Pero yo dudo que pueda entrar dentro de su grupo. ¡Hay demasiadas diferencias entre ellas y yo! Por favor, no conozco las intenciones de Haruka, pero por favor, si la ves, pídele que desista. Ella y yo no podemos tener ningún tipo de relación.
Setsuna lo vió. Michiru parecía dolida de tener que decir esas palabras. ¿Era en serio que Haruka estaba logrando su objetivo? ¿Cómo había logrado descifrar el enigma que era Michiru de Chiba como para poder entrar un poco en sus pensamientos?
—Michiru, nunca digas nunca. ¿Por qué no pueden ser amigas?— Michiru rió.
—Para empezar, porque hay veinte años o más de diferencia entre ella y yo. Dos generaciones nos separan— Setsuna no parecía convencida de esa explicación— Y para continuar, porque esa chica es tan rara, que pareciera que quiere coquetearme cada vez que puede.
Setsuna casi se ahoga con su café. Michiru no había caído en cuenta de las intenciones de Haruka.
—Yo creo que serían grandes amigas— Siguió la corriente, por mucho que una parte de ella quería delatar a su otra amiga para que esta dejara las tonterías.
Pero Michiru rió, negando— Ni loca.
—
—Señora Michiru, ¿Le sirvo más té?— Nakaru se ofreció al ver la taza de Michiru vacía.
—No gracias Nakaru, así estoy bien— Le respondió, concentrada en un bordaje que estaba haciendo. Sin embargo, la chica la siguió viendo— ¿Qué sucede Nakaru?
Nakaru suspiró. Las indicaciones del patrón habían sido claras. Debía incitar a su señora a salir— ¿Por qué no sale señora Michiru? Vaya a comprar ropa nueva, o al salón de belleza, tal vez al cine...— Michiru se le quedó viendo con un aire extrañada— A decir verdad señora Michiru... es que a usted no se le da muy bien bordar.
Michiru la miró incrédula, pero volteó a ver su trabajo y era cierto. El diseño era pésimo y no pudo aguantar las ganas de reír.
El teléfono empezó a sonar, Nakaru se disponía a ir a contestar. Pero Michiru la detuvo. La única persona que llamaba a esa casa en las últimas semanas había sido Haruka Tenoh.
—¿Bueno?
—¡Mi adorada señora Michiru!— Haruka respondió animadamente— Ya han pasado unos días desde nuestra última llamada como usted me lo pidió, ¿Será que ahora si puede aceptar mi invitación para salir a cenar?
—Señorita Tenoh...
—Le advierto que el máximo de negativas que acepto, son novecientos cincuenta y seis veces.
Michiru suspiró, pero a su mente llegaron los recuerdos de su plática con Setsuna. Además, tal parecía que en esos momentos, era una no deseada en su propia casa— Esta bien señorita Tenoh, iré a cenar con usted. ¿Dónde nos vemos?
Haruka casi se desmaya al oír la respuesta de Michiru. ¿Le había dicho que sí? Haruka titubeo, tratando de encontrar las palabras adecuadas y no sonar como una ingenua. — Hay un restaurante de mariscos que me gusta mucho... si.. justo ese... ¿Acepta entonces?
—Si, señorita Tenoh, acepto— Nakaru sonrió, al ver que su señora iba a salir, su patrón no se podía enojar con ella.
—Paso por usted en mi coche, ¡No tiene que preocuparse! Nos vemos en una hora— Apenas colgó la llamada, Haruka dejó salir un grito de alegría, lo había conseguido.
—
Cuando llegó a la casa de Michiru, esta todavía no había salido. Haruka se detuvo enfrente y se puso a pensar. ¿Qué era lo que iba a hacer? ¿Sería que debía esperar ahí adentro del carro hasta que Michiru le llamara? ¿Debía salir y tocar la puerta?
Pero no, ella mejor que todo eso. Debía de ser original. Y lo más original que se le ocurría, era tocar el claxon de su carro cual película americana donde el jovén llegaba a recoger a la protagonista para el baile de graduación.
—Señora Michiru, parece que ya han llegado por usted— Nakaru sonrió mientras se asomaba ligeramente por la ventana, viendo que un lujoso auto deportivo estaba estacionado enfrente de ellas— Humm, parece que la señorita Tenoh tiene buen gusto en coches.
—Es corredora de autos, ¿Qué podías esperar?— Michiru se sorprendió al oír el claxon de aquel carro, sonrojándose. Tomó su chamarra, recogió su bolso y se despidió de Nakaru— Vete a tu casa, no me esperes.
Al ver salir a Michiru de la puerta de su casa, el corazón de Haruka se detuvo. Aquella mujer deslumbraba en belleza. Su cabello estaba recogido y tenía un maquillaje notorio en las sombras de los ojos. Su vestido dejaba descubiertos sus hombros y llegaba a sus rodillas. Cubierta por una chamarra blanca abrigadora.
Haruka abrió torpemente la puerta del conductor, y casi tropieza al salir del auto. Su mirada estaba clavada en Michiru. No quería perderse un solo detalle de aquella mujer. Caminó hacia Michiru, y con una sonrisa perfecta, tomó de la mano de esta y la besó. — Señora Michiru, usted es un ángel. Pase por favor—
Michiru lo dudó un instante, pensando si era una buena idea lo que estaba haciendo. Darien andaba en el hospital y ella andaba de fiesta y citas con esta mujer que apenas conocía.
— Vamos, le prometo que de aquí sale viva. — Haruka le sonrió calidamente, rogando dentro de sí que Michiru no se arrepintiera a última hora.
—Permítame dudarlo señorita Tenoh, si es capaz de chocar en un auto a no sé cuantos kilómetros por hora, ¿Qué hará en un carro normal?
—Nunca chocaría teniendo a una mujer tan bella a mi lado, ¿Nos vamos?— Haruka preguntó dándole paso a su auto y abriéndole la puerta del pasajero.
Michiru tuvo que detenerse unos cuantos segundos. Ella observó el interior del lujoso carro, luego alzó la vista para mirar a Haruka. La sonrisa de la rubia era de oreja a oreja, y en ningún momento había desvanecido. Michiru respiró profundo, entró y se sentó en el lado del pasajero.
Los nervios de ambas mujeres eran tanto que la conversación se mantuvo en una plática mundana del diario. Hablaron del clima y lo llena que estaba la calle hasta que llegaron al restaurante,
Al entrar, Michiru fue la que pidió una mesa.
—A nombre de Chiba, Mi...— El mesero abrió los ojos con sorpresa, interrumpiendola.
— ¿Es usted acaso algo de Darien Chiba?—Preguntó.
—Si— Michiru sonrió al oír que la habían reconocido—Soy su esposa.
—Claro, el doctor Chiba me dijo que le pusiera en su cuenta todo si alguna vez llegaba a venir, ¿Usagi verdad?— La presión de Michiru cayó al suelo.
—
Impactante el final del capítulo ¿No lo creen?
