El ambiente se volvió tenso de golpe, y aquel joven mesero sintió al instante que había cometido un error. Michiru se desbalanceó, perdiendo el equilibrio. Haruka lo notó, y corrió a agarrarla.
—Michiru, ¿Estás bien? ¿Qué ha pasado?— Intentó preguntar, mientras Michiru se agarraba a su mano, intentando recuperarse y volver a ponerse de pie— ¿Quién es Usagi?
—No. Digas. Ese. Nombre— Musitó, volteando a ver al mesero una vez que se había recuperado, sus ojos reflejaban ira y coraje, eran sentimientos que nunca nadie imaginaría ver en alguien como Michiru, era el dolor y el despecho en su máxima expresión— Soy Michiru Kaioh de Chiba, esposa de Darien Chiba— Hizo especial énfasis en la palabra esposa. El pobre mesero supo que sería despedido al terminar el día.
—Claro, claro, aquí está su nombre— Intentó disimular— Leí mal, el otro nombre estaba debajo de usted, una reservación que nos cancelaron, pase por favor señora de Chiba. —
Michiru pasó al restaurante, tomada del brazo con Haruka, que parecía estar preocupada por el incidente. Si las miradas mataran, el mesero sabía que ya estaría dos metros bajo tierra.
Aunque, en realidad, la mirada de Michiru era extraña, era como estar entre la ira y la tristeza profunda. Ese maldito nombre, Usagi, la perseguía a todos lados. Ella era la tonta, la pobre esposa a la que todos le tenían lástima porque era la única que no sabía que su marido le era infiel.
Haruka no supo qué decir. ¿Quién era aquella tal Usagi que había puesto tan mal a Michiru? ¿Era posible acaso que el idiota de su marido pudiera serle infiel a Michiru? Por mucho que lo pensara, no podía ponerse feliz por eso. La última persona en el mundo que merecía algo así, era Michiru.
—Un café por favor, deslactosado, por favor— Respondió cuando el mesero fue a pedir la orden, el apetito de ambas había desaparecido— Es que, hay que mantener la figura ¿No?
Michiru intentó asentir o algo parecido a reír, pero fracasó. No tenía ánimos ya. Miró a Haruka con temor, y esta lo notó.
—Señora Michiru, podemos ir a cenar a otro lugar si no te sientes cómoda, podemos pedir los cafés para llevar y caminar por las calles...
—No, no te preocupes— Le respondió— No es usted señorita Tenoh, soy yo, que no estoy a gusto en ningún lado. Aunque trate de negarlo y creer que puedo ignorar todo esto, vivir de esta forma... no estoy tan segura— Michiru parecía estar al borde de un ataque de pánico.
—No es que yo quiera entrometerme, pero con todo esto, imagino que los ánimos están alterados.
Michiru solo bajó la mirada. —Debe pensar que estoy loca— Suspiró— Estoy muy apenada con usted, creo que lo mejor será que me retire.
—Esperé— Haruka tomó su mano, evitando que esta se pusiera de pie— No tiene porque apenarse de nada. Si usted pudiera verse con los ojos que yo la veo, se daría cuenta que lo menos que pienso es que usted está loca.
Michiru tuvo que desviar la mirada, para evitar que la viera sonrojarse. ¿Por qué se sentía tan cálida en ese momento tan difícil?
— Estoy muy preocupada por usted..
—¿Por qué?
—Por que no quiero que pierdas el control de la situación.— Los labios de Haruka formaron una línea fina mientras está pensaba en qué decir. —Lo que su marido le hace…— Meneó la cabeza. —Usted no se merece que le falten el respeto de esa manera.
Michiru le soltó la mano, el dolor de su corazón regresó.—No creo que usted tenga el derecho de decirme ese comentario, Haruka— Por mucho que intentara mantenerse firme, la voz de Michiru era parecida a querer llorar. Se estaba quebrando.
—Yo no quiero ofenderla— Haruka intentó volver a acercarse— Pero, a veces, es mucho más fácil ver las cosas desde afuera.
—No me juzgue por favor...— Lágrimas silenciosas empezaron a salir de los ojos de Michiru.
—Yo jamás la juzgaria, todo lo contrario, yo estoy de su lado señora Michiru, sea el que sea...—
Michiru solo pudo observala, unos instantes, escuchar un poco más de la voz de Haruka. Pero no podía, no podía hacerlo. —Lo siento, ¿Sabe qué? Me tengo que ir, si Darién llega a la casa y no me ve...— Se levantó rápidamente de la mesa y tomó su bolso, negando con la cabeza.
—Señora Michiru, espere...— Haruka también se levantó, queriendo detener a ella— No puedo permitir que usted se vaya en ese estado.
—¡No! Lo siento Haruka, pero no, me tengo que ir— Salió a toda velocidad del restaurante, dejando a la jovén ahí, seria, sin saber qué decir.
—
—Michiru, mi amor, ¿Qué es lo que tienes?— Darien intentó acariciar la cabeza de Michiru, a pesar de que esta lo había estado esquivando, y que, en lo más profundo de él, se le estaba acabando la paciencia.
Michiru quería gritar. Quería llevarlo a rastras hasta ese restaurante y aventarle la lista en la cara. Quería reclamarle por el nombre de Michiru, por humillarla de tal manera. Por hacerle creer que todo estaba bien, que él estaba regresando a ser el hombre que fue. Por jugar con ella, por hacerla amarlo una y otra vez. Por causarle ese dolor.
Pero no lo hizo, todo lo contrario en realidad. No le reclamó, no dejó que la viera llorar— Lo siento cariño, solo estoy cansada el día de hoy, salí y fue un día pesado.
Darien sonrió al oír eso, Nakaru había cumplido su misión.
— Vamos a dormir, por favor.
Darien asintió, antes de que ambos se dieran un corto beso y se fueran a dormir. Uno pensaba que vivía su segunda juventud. Y otra pensando en que estaba marchitándose lenta y dolorosamente.
Después de aquel día, Michiru estaba segura que Haruka nunca más la volvería a buscar. La pobre debió salir asustada.
No sabía en realidad, que aquella chica a quien pensó que nunca volvería a ver, estaría en su departamento a la mañana siguiente, sufriendo por no saber de ella, por no saber reaccionar. Por no saber qué era lo que debía hacer.
—No puedo seguir así, no lo puedo permitir. No voy a dejarla— Marcó al número que se había vuelto habitual en estos días, rezando por que esta le contestara. La angustia la estaba matando, apenas podía dormir. Necesitaba saber de Michiru.
Apenas sonó el teléfono, los ojos de Michiru se iluminaron. Al punto, que incluso dejó de desayunar al lado de Darien. Pero este la detuvo.
—No es tu obligación, que responda Nakaru, termina de desayunar—
Pero Michiru se negó. —Es un vendedor— Mintió, sin siquiera saber el porque— Lleva llamando a la casa una y otra vez, Nakaru está cansada de que no consigue que deje de llamar. Creo que debo ir y decirle un par de cosas
No estaba muy convencido, pero tampoco puso más opción, las cosas de la casa no eran asunto de Darién.
—Señorita Tenoh— Michiru parecía estar apresurada a decir esa frase— Pensé que no me volvería a hablar.
—¿Por qué no habría de hacerlo? Es su culpa, ¿sabe? Me ha acostumbrado a escucharle la voz todas las mañanas. Ahora no puedo funcionar sin antes oirla…
Michiru se sonrojó, sin embargo, no lo demostró— ¿Qué quiere Haruka? Es muy temprano, estaba desayunando con Darién y no puedo hacerlo esperar.
Oír el nombre de Darién hizo molestar inmediatamente a Haruka, ¿Cómo era posible que siguiera vivo ese hombre?
—Señora Michiru, ¿Qué hace a su lado?— Le dijo sin vacilaciones— ¿Cómo es que puede estar a su lado después de que ese mal nacido la haya...
—Haruka, el lenguaje— Mencionó, intentando calmarse— No se meta en ese asunto ¿Está bien? No quiero hablar de eso.
Haruka no estaba de acuerdo con esa decisión, pero no dijo mucho más— Señora Michiru, quiero verla, me debe una cena.
Michiru se quedó atónita, incrédula ¿De verdad quería verla?—¿Me está bromeando?
—No, no lo estoy haciendo. ¿Qué le parece si la veo en otro restaurante? Yo haré la reservación, usted solo tendrá que nombrarme. Por favor, no me queda mucho tiempo antes de que me tenga que ir, se lo suplico.
—¿No cree que nos estamos viendo muy seguido?— Intentó convencerla, insegura.
—Michiru, ¿Qué tanto haces? Solo era un mísero vendedor— La voz de Darién se escuchó al fondo, asustando a Michiru y molestando a Haruka, ¿Cómo era posible que...?
—No me iré sin verla una vez más, sin saber que puedo hablarle otra vez— Reclamó— Por favor, la veo ahí a las ocho— Ni siquiera la dejó protestar, Haruka le colgó. Estaba hecho.
Michiru miró el teléfono incrédula de lo que acababa de pasar. Esta mujer se estaba propasando. ¿Cómo así que la va a buscar a las ocho, sin saber si ella iba a aceptar la salida o no? Claro está, Michiru iba a aceptar pero… ¿Y si decía que no?. Michiru colgó la llamada un tanto molesta pero a la misma vez emocionada. Que Haruka quisiera verla otra vez, sin importar el mal rato del día anterior la hizo sentir… deseada, querida.
Regresando a la mesa, Michiru le regaló a Darien una sonrisa falsa. —¿Llegarás tarde a casa, cariño?
—
—Tengo que convencerla, Setsuna. Así la tenga que secuestrar, me llevaré a Michiru a Barcelona, de ahí nos iremos a Bahrein en medio oriente— Haruka le mencionó mientras esta le ayudaba a arreglarse— No puede seguir al lado de ese hombre.
Setsuna suspiró— Haruka, ella te pidió que no te metieras, ¿No crees que tenga razón? Lo de Darién con su amante...— No pudo continuar, Haruka la detuvo, parecía estar molesta.
—Espera, ¿Cómo sabes que Darién tiene una amante? No te mencioné que sucedió...— Ató cabos rápidamente— ¿Lo sabías? ¿Sabías que Darien tiene una amante?
Setsuna le desvió la mirada— No creo que haya una persona en el hospital de Darién que no lo sepa. Intentan parecer una pareja normal ante los amigos, pero en el trabajo se sabe todo.
Eso fue una sorpresa para Haruka, que se quedó en silencio, no sabía qué decir.
—Es un secreto a voces—Le explicó— Todos sabemos que el doctor Darién tiene otra mujer. Tampoco se esfuerza mucho en ocultarlo.
—¡Pero eso refuerza mis acciones! ¡Michiru no merece recibir tal humillación de ese desgraciado! la voy a llevar conmigo a Barcelona, viajará conmigo...
—¡Haruka! Michiru no es una niña, ella tiene sus razones para no reaccionar ante todo— Setsuna tuvo que regañar a Haruka, que parecía estar decidida—Ella no necesita a alguien que tome decisiones por ella, es una adulta, Haruka, tiene quince años de matrimonio en sus espaldas. ¿Crees que ella aceptara tan fácil dejar su país cuando nunca lo ha hecho e irse con una chica a la que hasta hace dos días odiaba, a recorrer todo el mundo en un automóvil? Lo que ella necesita, es una amiga, alguien que esté dispuesta a oírla siempre que lo necesite, que sea su paño de lágrimas y que le haga sonreír con una frase. Eso sí, es lo que necesita Michiru.
—Pero Setsuna…
—Nada de peros, Haruka, olvídate de lo que oíste si no quieres problemas. Si de verdad te importa tanto Michiru, has como que nunca oíste el nombre de Usagi y que sigues siendo ignorante de la situación. Prométemelo, o voy a hacer todo lo posible para que dejes de verte con Michiru. — Al ver la cara de Haruka, pensó que tenía que buscar otras palabras— Haruka, Michiru es una mujer adulta. No ha trabajado jamás, siempre se ha encargado de la casa, nunca ha salido del país. Tiene miedo, miedo que no vas a hacer desaparecer secuestrandola del país. Necesita tiempo, paciencia, sentir afecto verdadero. No le compliques más las cosas.
Lo menos que Haruka quería, era complicarle la vida a Michiru. Aunque, el ella meterse en la vida de Michiru de la manera que lo estaba haciendo era una complicación, Haruka nunca pensó en que le podía hacer tal daño. Sin embargo, ella no podía quedarse de brazos cruzados mientras veía como Michiru era maltratada y humillada. Nadie merece ser tratada de esa manera, y mucho menos Michiru. No había algo más asqueroso y repugnante que hacer la vista gorda a tal situación. Pero no tenía otra opción, no había más.
—Tu ganas, Setsuna. Tu ganas.
—
La mañana se le había hecho eterna. No entendía porque tenía tal necesidad de acercarse a Haruka.
Tal vez era tratar de aclarar la situación. Mentir, hacerle jurar que no volvería a hablar ese tema. Se sentía en la obligación de querer arreglar esa noche. Quería demostrarle que ella también valía la pena ¿Tal vez? Que no vivía a la sombra de la amante.
De todas maneras, Darien siempre trabajaba hasta muy tarde. Incluso si la "velada" se extendiera, Darien ni siquiera se daría cuenta que no estaba. Ya le había advertido que era posible que no llegara en la noche.
—¿Por qué será?— Se preguntó a sí misma— Seguro el respetado doctor Chiba tiene que tomar guardias nocturnas como cualquier interino. Pobre, como no es el dueño del hospital, no tiene ningún privilegio— Empezó a hacer una pequeña bola con la blusa que estaba en sus manos, apretandola— Y no tiene nada que ver que en realidad, va en las noches a verse con la tal... ¡Usagi!— Escupió ese nombre con todo el odio que tenía dentro de sí, incluso aventando aquella blusa hacía la nada, chocando contra la pared de su habitación.
El dolor, la impotencia que sentía. No podía reaccionar ante su situación, no podía cambiarla. Dejó que las lágrimas cayeran de sus ojos. Aquella mocosa entrometida aparecía siempre cuando su vida parecía estar devolviendo su rumbo. Justo cuando Darién parecía más interesado en ella, cuando estaba conociendo a una posible amiga como lo era Haruka Tenoh, ella se aparecía.
Quería patear algo, quería destruirlo todo. Quería desaparecer, así fuera que a nadie le interesara su partida. No soportaba más, no sabía cuánto tiempo iba a poder seguir así.
Tuvo que respirar y controlarse. No podía llegar en tal estado. Cerró los ojos y empezó a controlar su respiración. En unos minutos ya estaría bien.
Buscó otra blusa que ponerse y se maquilló. Antes de llamar a su chofer y despedirse de todos. Lo mejor que podía hacer era ir a ver a Haruka, dejarle las cosas en claro y luego irse.
Cuando se bajó del carro, disfrutó del paisaje. El restaurante era pequeño, pero era bastante elegante. Al entrar, siguió las indicaciones de Haruka, solo mencionó su nombre, está ya la estaba esperando. La vió ahí, con una copa de vino, no se había arreglado como el día anterior, pero se veía muy hermosa.
—Señora Michiru— Haruka se levantó con rapidez y la ayudó a sentarse. —Me alegra mucho el poder verla de nuevo, ¿algo de tomar?
—Solo un jugo, por favor— Haruka asintió, llamando a un mesero— Disculpeme de verdad, pero no me quedaré mucho tiempo... solo quiero hablar un momento con usted.
—Setsuna me exigió que no mencionara el tema de "ella" de nuevo— Tuvo especial cuidado en no mencionar el nombre de aquella mujer de nuevo— Pero no puedo dejarlo así. Usted...
—¿Alguna vez se ha enamorado, señorita Tenoh?— Michiru cerró los ojos, no quería verla.
—Creo que sí— Respondió, Michiru no sabía que hablaba de ella. El amor nunca había entrado en la mente de Haruka, solo las carreras de autos le daban esa libertad.
—¿No estaría dispuesta a soportar todo por ese amor? ¿A tener esperanzas de que este dure para siempre y que regrese a usted una y otra vez?
—No, si el amor se acabó— Lo dijo con franqueza, Michiru volteó a verla, sorprendida— No todas las parejas que están juntas se aman, lo cual es más triste todavía.
Michiru suspiró, lo que Haruka le decía era cierto— Pero aún así, yo no puedo...
—Señora Michiru—Haruka la tomó de la mano. — ¿Por qué vino a verme? No me mal entienda, estoy contenta de poderla ver de nuevo, pero sinceramente, si me sorprendió.
Pensó la pregunta por unos instantes, ella misma se lo había preguntado, ¿Por qué había aceptado?— Necesitaba hablar con usted— Terminó por admitir— Necesitaba verla, me sentía atrapada entre cuatro paredes, quería explicarle mis razones para que usted no me vea como una mujer... inferior.
—Yo nunca te veré como alguien inferior. Al contrario, me sorprende que me haya aceptado la salida la otra noche, me sorprende más aún que me pidiera verla.—Michiru desvió la mirada, no terminaba por creérselo— Yo no sé lo que le han metido en la cabeza la gente a su alrededor, o su marido, pero usted está por encima de muchas mujeres que yo he conocido. Lo sé desde el día que la vi tocando en el hospital y todo lo que ha pasado hasta ahora solo me confirma lo maravillosa que es usted.— Haruka sonrió y apretó la mano de Michiru. — El que usted esté aquí conmigo me deja saber que el destino se empeña en unirnos.
Michiru sonrió por primera vez en toda la cita— ¿El destino?
—Claro, es que el destino me llevó a mi profesión, las carreras de autos. Y gracias a mi profesión es que yo te conocí— Sonrió— Para este punto de la vida, el destino y yo somos íntimos amigos— Michiru no pudo evitar soltar una pequeña risa— Hablamos muy a menudo.
—¿Ah sí?
—¡Pero claro! ¿Y sabe que me llamó para decirme el otro día? Que usted y yo, habíamos nacido para estar juntas.
Michiru no dijo nada, solo se quedó viéndola. Por segunda vez desde que la llevó a su departamento, Michiru tomó en cuenta los rasgos de esta joven mujer. Su sonrisa perfecta era contagiosa, su piel blanca y tersa, sin manchas o arrugas y sin tener que usar una onza de maquillaje hacía que Michiru sintiera un poco de envidia. Pero sus ojos todavía brillaban con inocencia y emoción. Haruka le recordaba a ella misma en sus primeros años, cuando comenzó a salir con Darien. Haruka parecía llevar sus sentimientos en la mano, y por alguna razón, Michiru encontraba eso adorable…
No había duda en la mente de Michiru que esa mujer era hermosa a su manera. Haruka no dejaba que las reglas de moda la consumieran. Ella se vestía como quería, actuaba como quería. Haruka era libre y Michiru quería un poco de esa libertad que Haruka pavoneaba.
Con un suspiro, la mirada de Michiru bajó de los ojos de Haruka a sus labios. Esa sonrisa pegajosa seguía ahí pero poco a poco bajo a una sonrisa afectada, un poco nerviosa hasta que desapareció por completo.
Rápidamente, Mcihiru volvió a sus ojos color esmeralda los cuales la miraban con una adoración que Michiru había extrañado ya hace años de su marido…
Y sin embargo, Haruka, sin ser nada de ella, la hacía sentir tan deseada…
De repente, Haruka le apretó la mano, respiró profundo y se le acercó íntimamente. Michiru entendió que era lo que Haruka quería, y en estado de shock, Michiru se alejó estando Haruka a centímetros de besarla.
Michiru se paró rápidamente, safando su mano de agarre de Haruka.
—Espera— Haruka también se levantó, viendo que todo se había arruinado— ¿Qué hice mal?
—Mire, todo su cuento sobre el destino, y sobre usted y yo, es muy ridículo. El destino no existe. Lo que existe son las buenas y las malas decisiones en la vida. Y venir a verla, definitivamente, fue una mala decisión. Yo estoy casada con Darién y amo a mi marido, no pienso en traicionarlo— Se volteó y se dirigió a la salida, no quería despedirse.
—Señora Michiru— Haruka la tomó del brazo, impidiendo que se fuera— Está huyendo de sus sentimientos.
—No tengo sentimientos por usted más que coraje, no sea tan engreída— Le reclamó, ya le urgía el irse.
—¿Usted está segura de eso? Por que dejeme decirle que ahora mismo, y no se atreva a negarlo, usted quería que yo la besara.
—Déjeme ir, por favor, Darién me está esperando.
—¡Mentira!— Haruka intentó controlarse, lo último que quería era gritarle a Michiru. Lo menos que necesitaba esa mujer es tener a otra persona como su marido a su lado, alguien que la trate con desprecio e ira — Solo prométame, que la próxima vez que sienta que su mundo se viene encima, me llamará. Usted sabe que yo dejo lo que esté haciendo y llegó a donde me necesite.
—No—Le dijo con firmeza—Además, usted es una mujer muy ocupada, podría encontrarla en medio de la selva en tanzania corriendo, o acompañada de...
—No habrá ninguna acompañante, desde ayer, no existe, ni existirá, otra mujer que no sea usted—
Michiru la vió a los ojos, pero jaló su brazo, liberándose de su agarre y de ella
— Por favor escúcheme.
—¡No, no! Escúcheme usted a mí— Replicó por última vez— Soy una mujer que tiene que aprender a lidiar con su situación y aprender a vivirla sin angustias, sin sentimientos. Tengo quince años de casada con mi esposo, ¿No le parece que es mucho tiempo ya? Quiero que él me encuentre cada vez que me busque, por que yo se, que tarde o temprano, siempre regresará a mi.
—¿Se va a pasar toda la vida esperándolo? Rezando y esperando, y rogando; se le va la vida a usted, Señora Michiru. Y la vida no es para estar esperando que alguien que ya no la ama vuelva con usted. ¿Qué importa la cantidad de años juntos cuando de quince años, solo la hizo sentir querida menos de lo que usted se merece.— Haruka suspiró, su pecho expandiéndose con agitación. Sus manos temblaban, tenía que hacer algo con ellas, así que se las paso por sus cabellos rubios antes de tratar de controlarse. —Usted merece tanto, Señora Michiru, y que ira me da que no se de cuenta.
—Esa es su opinión. No quiero volver a verla Haruka— No la dejó protestar, no la dejó reclamar, ella se fue del restaurante, visiblemente molesta. Nada de lo que ella había planeado para ese día, había salido bien.
Pero Haruka no la iba a dejar ir tan fácil. Si tantas veces se había ganado problemas por ser tan terca, en ese momento, ella lo agradece.
Dejó un monto de billetes lo suficiente como para pagar la cuenta, y salió a toda velocidad. Tomó su carro y partió atrás del auto donde Michiru se había subido. Condujo detrás de ella pacientemente, esperando por un semáforo. Cuando este llegó, se las arregló para que su carro terminará al lado del de Michiru, y que esta pudiera hablar a través de la ventana.
Y Michiru, también lo notó.
—¿No le dije que no quería volver a verla?— Le preguntó sin voltear, estaba nerviosa, su chofer estaba al lado.
—Puede ser, pero soy toda una dama, y definitivamente, me preocuparé de que usted llegue sana y salva a su casa, aún si usted no lo quiere así.
Michiru no la volteó a ver, sin embargo, una pequeña sonrisa apareció en su rostro. No quería admitir que, bien dentro de ella, el hecho de que Haruka estuviese al lado de ella en su carro la llenaba de emoción.
—Por favor, piensa en lo que te dije.
—Y usted también piense en lo que yo le dije— Le replicó, aunque tenía una sonrisa burlesca.
—Duerma pensando en mi señora Michiru— El semáforo se puso en verde y la platica entre las dos no podía continuar por mucho más tiempo
—Eso sería una pesadilla.— Michiru dijo, en un tono burlón pero a la misma vez coqueto
Haruka se dio cuenta y ambas soltaron una pequeña risita.
—
Bueno, puede ser que en el capítulo pasado me excedí con ese final, pero admitan que era bastante más épico dejarlo ahí y no en el final de este.
Me encanta como ellas dos ya se están enamorando, por mucho Michiru se esté esforzando en negarlos. Be prepared, se vienen cosas que muchos anhelamos
