Entraron al departamento, Michiru sonrió al verlo de nuevo y el recordar lo mal que estaba Haruka la última vez que la vió aquí. — Es peor de lo que me acordaba, está vacío.— Miró al suelo y notó el polvo. — Y sucio.

—Después de un rato, uno se acostumbra a que no hay nada y el desorden— Haruka también sonrió, apurándose a traerle una de las dos únicas sillas que había en todo el departamento.

—¿Cómo puedes vivir con este eco? Pareciera que aquí vive un fantasma.

—¿Quién sabe?— Haruka guiñó un ojo, divertida.

Michiru no pudo evitar soltar una ligera risa.

— Voy a hacer el café.— Dijo Haruka, corriendo a la cocina.

Michiru asintió y se quitó su chamarra, pero ni siquiera tuvo tiempo de sentarse. Rió divertida al ver el intento banal de Haruka por hacer un café tradicional.

—¿Qué hace?

—Café— Respondió.

—¿Pero para cuantas personas?

La cara de Haruka preguntando si le había puesto mucho, hizo que no fueran necesarias las palabras

—Con dos cucharadas basta. — Michiru se paró de su silla y se acercó a una Haruka un tanto perdida. —Deja, yo lo hago.— Michiru abanicó la mano para que Haruka se saliera de su camino, lo cual Haruka hizo en segundos, sin embargo, Michiru podía sentir los ojos de Haruka mientras esta se movía por la cocina haciendo el café. En muchas ocasiones, no pudo evitar captar esos ojos verdes que la estudiaban silenciosamente y esa sonrisa pícara que no desaparecía de la boca de Haruka.

Una vez que estuvo todo listo, ambos se fueron a sentar en la barra de la cocina.

—¿Sabe? Me gusta esto, usted y yo, juntas, haciendo labores domésticas de la vida cotidiana.

Michiru encogió los hombros despreocupada. —¿En serio? Por qué parece que usted no es muy fanática de limpiar trastes—.

Haruka sonrió de oreja a oreja, le hacía feliz ver a una Michiru tan contenta.

—Es la primera vez que tomo un buen café en este departamento, el mejor café que he tomado ha sido el que nos dan en el paddock cuando corro, y es de una cafetera. Mis únicas tazas deben estar felices.

—Bueno, ya vió que no es tan difícil. Supongo que no le costará memorizar las medidas.

— Pero, si me memorizo los pasos para yo hacerlo sola, entonces no tendré una excusa para que usted venga y me haga café y hablemos un rato. — Haruka alzó las manos en defensa. —Café y tertulia es lo que le ofrezco, Señora Michiru. Al menos claro que usted me ofrezca otra cosa.

—Haruka… — Michiru la miró en forma de regaño. —Cuidado con sus palabras.

Después de unos segundos de silencio mientras las dos mujeres bebían el café,Haruka volvió a voltearse, mirarla fijamente y decir, —Señora Michiru, ¿Por qué vino? Usted me dijo que no quería volverme a ver, y se escapó de la casa de Setsuna solamente para no tener que encontrarse conmigo ¿Qué pasó?

Esa pregunta descolocó a Michiru, no quería decirle la verdadera razón por la que había terminado corriendo a su departamento. Le iba a mentir— Me pareció que debía explicarle mis razones personalmente para que no nos siguieramos viendo... Además, esa amenaza de que se aparecería por mi casa, no me gustó.

Haruka la miró, incrédula, sabía que le mentía— Lo siento por eso. ¿Cuál es la verdadera razón de que vino?

Michiru le desvió la mirada, intimidada— Voy por más café.

—Señora Michiru, solo hay dos razones por las que una persona va al departamento de otra en la noche. Por qué la necesita profundamente...

—No se haga ilusiones.

—O porque está buscando venganza

El rostro de Michiru cambió por completo, y la imagen de su marido regalandole esa sonrisa perfecta a aquella mujer invadió su mente. Haruka notó el cambio repentino. —¿Señora Michiru? Dígame la verdad.

—La tercera razón, es que se siente de salida, y necesita apoyo— La voz de Michiru se convirtió en un susurro tenue, completamente lo contrario a la mujer que apenas minutos estaba hablándole a Haruka con toda la confianza del mundo. Haruka pudo ver algo en los ojos de Michiru que le imploraba a la rubia acercarse y darle ese apoyo que necesitaba.

Insegura de qué hacer, Haruka agarró el codo de Michiru, y la jalo hacia sus abrazos, envolviendola en una abrazo fuerte y cálido. La rubia pensó que Michiru la iba a empujar, que iba a gritar, que le iba a pelear y que iba a salir corriendo de su departamento, pero no fue así. Haruka por poco se desmorona cuando Michiru le reciprocó ese abrazo con todas las fuerzas de su alma. Haruka sabía que Michiru lo que necesitaba ahora mismo era alguien que la sostuviera, y que de alguna manera le dejara saber que todo iba a estar bien.

Luego de unos minutos de silencio, Michiru fue la primera en soltarse del abrazo. Rápido secó sus mejillas para que Haruka no se diera cuenta, y si lo hizo, Michiru le agradeció que no comentará al respecto.

—¿Qué tal si dejamos el café?— Haruka preguntó, bajando su rostro para tratar de conectar su mirada con la de Michiru. —¿Le gustaría un poco de vino?

—¿Vino?— Preguntó Michiru y luego vio como Haruka asintió con su cabeza. —Bueno, pues, si ofreces, pues si…

Haruka sonrió y se levantó de su silla alejándose hacia la cocina nuevamente. —¿Domain Leroy?— Haruka preguntó, mencionando el nombre de una de las botellas de vino que tenía guardadas.

Los ojos de Michiru se abrieron como platos. —Imposible que tengas eso aquí

—¿Y cómo?— Haruka volvió hacia ella, agarrando la botella con una mano y dos copas en la otra.

—Ese es uno de los vinos más caros que existen. ¿Cómo es posible-

Haruka puso la botella frente a Michiru, mostrándole el año como hacían los mozos en los restaurantes caros. —¿Es de su agrado?

—Mil novecientos ochenta… ¡Haruka!

—No puedo tener ni siquiera un sofá en este departamento, ¡Pero eso si! El bar no se puede quedar vacío— Haruka dijo mientras le quitaba el corcho a la botella y se servía un poco a ella misma y luego a Michiru. Ambas chocaron sus copas, y guardaron un minuto de silencio mientras saboreaban su bebida.

Michiru fue la primera en hablar. Su única palabra fue un suave "Wow."

—La entiendo completamente— Haruka susurró.

—No puedo creer que estemos brindando con copas de cristal, en vez de vasos plásticos— Dijo Michiru mirando su copa y tomando otro sorbo.

—Agradezca a Mina por eso, ella sí tuvo que pasar por esa desgracia— Haruka volvió a rellenar las copas— Quedó tan molesta conmigo, que me regaló toda una vajilla de cumpleaños, ¿Puede creerlo?

Michiru parpadeó de sorpresa, ese era un regalo que ella hubiera aceptado gustosa, pero suponía que eran 'otros tiempos'.

—Pero ¿Quién puede culparme? Las copas que yo tenía se quedaron en la casa de mi antiguo compañero, ese traidor.

—¿Cómo dice?

—Era un buen amigo, tan buen amigo, que se obsesionó con superarme, no podía tolerar que una mujer le estuviera ganando el lugar como primer piloto. Intentó destruirme, y luego en la última carrera chocó intencionalmente conmigo para evitar que ganara y él se quedará con el campeonato.

—Debió dolerle mucho.

—¿Qué? ¿El choque? Si, son bastante feos, me dejó dolores de cabeza por meses.

Michiru puso los ojos en blanco.

— ¡Ah! ¿Emocionalmente? Bueno, perder un campeonato y a un amigo en una tarde no es sencillo, pero lo superé.

—¿En serio? ¿Volvieron a hablar o así?

Haruka movió la cabeza, como si estuviera vacilando— Algo así. Lo demandé ante la FIA, que es la organización que regula las carreras de carros. Volvimos a hablar el día que le quitaron el campeonato y su licencia para manejar en competiciones de alto rendimiento, para darme el título a mí. Solo me levanté y me fuí.

—Perdóneme, no debí preguntar...

—No se preocupe, ya es algo pasado, no tiene relevancia ahora. Tal vez debería buscarlo, creo que se descuidó mucho después de ello.

—No, el dolor de la traición nunca se borra— Los ojos de Michiru se volvieron a ensombrecer, Darién aparecía en su mente.

—Solo unos veinte o treinta años— Haruka dijo y Michiru rió por eso.

Las horas siguieron pasando, el vino se siguió acabando, tuvieron que abrir otra botella. La plática entre experiencias se hacía cada vez más larga, y parecía que ninguna estaba incómoda, por mucho que tuvieran que hacer grandes cosas al día siguiente.

—Mina me dejó una caja de spaghettis el otro día, creo que le empezaron a preocupar mis bolsillos al ver que solo iba a restaurantes

Michiru negó con la cabeza, caminando rumbo a la cocina. El hambre había llegado a ambas, y ninguna tenía ganas de ir a un restaurante. —Me voy a poner celosa de esa tal Mina, parece que ella se encarga de cuidarla— Tomó la caja de Spaghettis— Se ve que son buenas amigas.

—Si, lo somos— Haruka admitió— Pero lo mío con Mina no será nada, comparado con la relación que tendré con usted.

Michiru, ya un tanto tocada, volteó a mirar a Haruka y sacudió su cabeza como regañandola. —No diga tonterías, mejor espere en la barra, yo me encargo o causará un accidente.

Haruka asintió y se fue a la barra, dejando a Michiru sola. —No puedo esperar para probar los dotes culinarios que tiene.

Eso la sorprendió. Hacía mucho tiempo que nadie esperaba nada de ella. Incluso se quedó unos segundos inmovil, antes de reaccionar de nuevo. Hacía tanto tiempo que no cocinaba, que esperaba no haber perdido su técnica. Michiru cocinó en silencio, concentrada en lo que hacía. Era una receta sencilla. Con un poco de ajo y mantequilla podía crear una salsa exquisita para los fideos. No era mucho, Haruka no tenía ingredientes para hacer una comida increíble, pero tenía lo necesario para una cena de respeto.

En poco tiempo ya todo estaba preparado y mientras las dos mujeres comían, sus conversaciones brincaban de tema en tema. Las copas estaban continuamente llenándose y vaciándose, y las risas no se hicieron de esperar. Sin darse cuenta, habían terminado sentadas en el suelo de la sala vacía, con la tercera botella de otro vino caro.

De repente las risas se enmudecieron y lo que las rodeaba era un silencio incómodo. Haruka fue la primera en hablar.

—Entonces, usted terminó viendo arriba de un puente a su esposo con su amante.

Michiru asintió mientras tomaba de su copa.

— ¿Ya ve? Se lo dije, la gente solo viene a buscar a otra en la noche por necesidad, o por venganza.

—¡Ya le dije que no es por venganza que estoy aquí!— Michiru se apresuró a decir, no quería que Haruka se sintiera traicionada.

—Sea la razón que sea, me alegra que haya terminado aquí.

Michiru negó, no estaba segura si odiar o adorar el modo de vida de Haruka, sin tomarse nada relativamente en serio. —¿Sabe qué fue lo que más me dolió Haruka? Que ella es mejor que yo, y eso se ve a simple vista.

El rostro de Haruka se retorció al oír a Michiru. —Claro que no— Haruka fue contundente— A simple vista tal vez se note que es más joven que usted— Por la expresión de Michiru, Haruka confirmó su teoría sobre cómo era aquella chica— Y aún así, yo necesitaría verla para confirmar ese dato.

—No, es más joven, y se ve más joven que yo— Michiru también fue directa con ello— ¿Dónde quedó el tiempo donde la Amante era despreciable? Ese aunque sea, era el único consuelo de la esposa, ahora, las cambian por enfermeras, ayudantes de investigaciones, ingenieras. ¿Dónde quedamos nosotras? ¿Qué puede hacer una cena frente a una experta en neurología?— Michiru jamás hubiera dicho eso, si no fuera porque tenía bastantes copas encima.

Haruka tomó la mano de Michiru, intentando tranquilizarla— En mi caso, prefiero la cena. Y en todo caso, ¿Qué hubiera querido ser usted entonces?

Michiru cerró los ojos, y se puso a pensar, pensar en una época en donde se sintió la dueña del mundo— Me hubiera gustado ser artista. Tocar en una ópera en Viena, o dar conciertos con el violín. Pintar cuadros para venderlos, enseñar a niños instrumentos musicales.

—¿Ese era su sueño?

Michiru asintió— Pero no pasó de ser un sueño. Habían cosas más importantes que ponerme a hacer esas tonterías de música y arte. — Por un momento Michiru calló. Esas palabras que habían salido de su boca no eran de ella. Ella nunca diría que el arte y la música eran unas tonterías. Sin embargo, le habían metido tanto en la cabeza que sí lo era, que poco a poco esa mentira se volvió en su realidad. —No sé que le metió usted a este vino pero yo creo que ya debería parar. Estoy desahogándome, lo cual no creo que sea lo más inteligente que haga. Todo lo que yo diga puede ser usado en mi contra, ¿no?

—Para nada. Yo nunca le haría daño.— Respondió— Pero, eso de que la música es una bobada, yo no creo que eso es lo que usted piensa de verdad, o ¿si?

Michiru negó con la cabeza. —Haruka…

—Lo digo con toda honestidad. Lo que yo escuché aquel día en el hospital…— Haruka sonrió. —Yo pagaría dinero del bueno para escucharlo por horas.

—Sí claro.

—No miento… se lo juro.

—Bueno, ya lo dejó claro. Dígame, ¿Qué más quiere saber de mí?

—Todo. Quiero saberlo todo.

Michiru sonrió— No, lo demás no es importante, ni relevante.

—Eso déjeme decidirlo yo— Haruka la miró con inquisición.

—No, además, ya te dije mucho para ser la primera vez que hablo de mí con usted.

—¿Eso quiere decir que habrá una segunda vez?

Michiru se arrepintió de inmediato de sus palabras, que pésima elección.

— ¿O una tercera vez?

—Haruka, no quiero pensar en que voy a hacer en un futuro.

—Si usted lo desea, Señora Michiru, no tenemos que pensar en absolutamente nada…

La voz de Haruka era baja, y Michiru no estaba segura si era por estar tomando. Lo que ella sí sabía era que por alguna razón, Haruka estaba lo suficientemente cerca como para darle un beso.

Michiru frunció el ceño mientras sus ojos se aferraban a la mirada tierna pero un tanto brumosa. Era el vino… Tenía que ser el vino… Esa tenía que ser la única razón por la que Michriu no podía parar de mirarle el rostro a Haruka. ¿Cómo una chica joven y guapa estaba interesada en ella? Y ¿Cómo era posible que Michiru estuviese pensando y preguntándose cómo se sentiría besarla?

—Señora Michiru…— Haruka habló, su aliento tibio acariciaba el rostro de Michiru. —Tengo muchas ganas de darle un beso en este momento.

Michiru simplemente asintió. Sin pensarlo, sus manos se movieron para atrapar el rostro de Haruka. La piel de sus mejillas era suave, tersa y un poco sonrojada.

Tiene que ser el vino. Michiru se repetía en su mente. Sin embargo, no le dio ni un sí ni un no a lo que Haruka le había dicho. Entonces, cerró los ojos, tomó un suspiro y de repente los labios cálidos de Haruka se presionaron sobre los de ella.

Michiru pensó que había dejado de respirar, que su corazón había parado pero no fue así. Era Haruka, ella le había quitado el aliento. Michiru se echó para atrás, abrió su boca para hablar pero Haruka nuevamente estaba sobre ella. Las manos de la corredora la tomaron por la cintura, sujetándola firmemente mientras hacía el beso más profundo.

Michiru pudo saborear los diferentes sabores de los vinos que había compartido en la boca de Haruka, sintió como sus hombros se relajaban ante las atenciones de la otra mujer. ¿Desde hace cuanto ella no era besada así? ¿Desde cuando no la hacían sentir como si fuese el ser más perfecto en la faz de la tierra? ¿Desde cuando no era adorada con un solo beso?

Hace mucho… Demasiado tiempo.

Justo cuando estaba a punto de devolverle aquel beso con la misma pasión que lo hacía la rubia, pensó en él…

Michiru abrió los ojos de golpe y empujó a Haruka lejos de ella.

Ella no podía recibir ese beso, fue cuestión de segundos antes de que se diera cuenta de lo que estaba haciendo, ¡No sería mejor que Darién! Ella no podía, no podía engañarlo así, menos con una chiquilla como lo era Haruka.

Se separó rápidamente, con un poco de miedo en sus ojos. Sus manos temblaban, y no sabía qué hacer con ellas. — Me tengo que ir— Se apresuró a levantarse e ir por sus cosas.

—Señora Michiru, espere...— Haruka parecía que estaba a punto del delirio.

—Gracias por todo Haruka, fue... muy lindo— Aquellas palabras eran sinceras— Llamaré a mi chofer, no debería tardar en llegar. Gracias Haruka.

Sin mirar para atrás Michiru abrió la puerta del departamento y se marchó,dejando a Haruka sola. Lo que no vio fue como la rubia se tocó los labios, incrédula de lo que había pasado aquella noche. Aquella noche había sido su mejor última noche de la vida de Haruka. Y con una sensación, de que a Michiru no le había molestado tanto como pensó que lo haría.

Al día siguiente, Michiru dudó sobre lo que iba a hacer, pero no le quedó de otra más que agarrar aire y juntar valor. Estacionó su carro, se bajó de él, y entró al aeropuerto. Necesitaba hablar con Haruka antes de que se fuera. En persona.

Jugaba con sus manos mientras caminaba por el lugar. Rogando por que recordara bien la hora en que Haruka le había dicho que se iría la noche anterior. Era por culpa de esa noche que ella estaba ahí. Sin esa noche, nada hubiera pasado.

Y aún así, no podía sentir más que ternura y electricidad cuando recordaba esa noche. No podía evitar sonreír al...

¡Controlate, Michiru!

Estaba en sus pensamientos cuando la vió a lo lejos. Sin duda, esa era Haruka. Llevaba una gran maleta y ropa bastante "suave" considerando el frío que hacía.

Se hizo espacio entre las personas, preparada para llamar la atención de la rubia, pero cuando se acercó lo suficiente, se dió cuenta, que su amiga, no estaba sola. De hecho, estaba muy acompañada.

Haruka estaba ahí, si, pero rodeada de otras tres chicas más, que también parecían estar despidiéndose.

—Haruka— Susurró, tratando de llamar su atención, pero solo la de ella. No funcionó, volvió a intentar— Haruka.

No, no había caso, había demasiado ruido para que Haruka la oyera. —Haruka— Intentó levantar un poco la voz. No logró llamar la atención de la persona indicada, pero sí de alguien más.

—Haruka, creo que aquella señora de atrás te está intentando hablar— Rei señaló a Michiru, Haruka volteó, su rostro se iluminó inmediatamente y sus ojos brillaron.

—¡Señora Michiru!— Se acercó a Michiru, dándole un abrazo que sorprendió a la susodicha— Me alegra mucho verla por aquí, sabía que vendría a despedirse.

—Haruka ¿Podemos hablar?— Le pidió, pero esta le sonrió, atrayéndola hacía su grupo.

—Chicas, les presento a Michiru Kaioh, una... amiga— Guiño el ojo al decir eso— Creo que ya conoces a Setsuna— Setsuna le saludó, casi tan sorprendida de verla como ella— Ella es Mina Aino, la amiga que te mencioné, mi mejor amiga— Mina le extendió la mano con amabilidad.

—Un placer conocerla al fin, Haruka estaba como loca hablando todos los días sobre usted— Michiru le devolvió el saludo.

—¿En serio? Que interesante, soy Michiru Kaioh de Chiba.

—Mina, por favor—

Haruka carraspeó, avergonzada.

—Por casualidad ¿Usted no es la hija de los dueños del bufete de abogados de los Aino?

Mina asintió.

— Conozco a sus padres, es un verdadero placer. Para lo que necesite.

Viendo que esas dos podían hacer buena amistad, Haruka continuó— Y ella es Rei Hino, otra buena amiga mía.

—Un placer— Rei también le extendió la mano, aunque esta vez, el saludo parecía ser mucho más forzado y frío— Y antes de que pregunte, si, soy hija de los Hino, los políticos. Ya la había visto en un par de fiestas de mis padres.

—Un placer igual— Michiru se sintió un tanto intimidada— Haruka— Regresó su atención a ella— Necesito hablar contigo, a solas, por favor.

Haruka asintió, y se retiró amablemente, no sin antes despedirse como se debía de todas.

—No se que le vió a ella— Rei mencionó cuando ambas ya se habían alejado a una distancia prudente y no las iban a oír.

—A mi me pareció agradable, un tanto tímida, pero, parecía que se estaba esforzando— Mina habló, bastante feliz.

—¿Hablas enserio Mina? Es demasiado mayor para Haruka, ¿Acaso la oíste? Es amiga de nuestros padres.

—Ay Rei, ¿Y eso qué? Setsuna también es mayor y amiga de nuestros padres y no por eso es menos amiga nuestra.

—Es diferente, Setsuna no es tan mayor. Además, ella no tiene a Haruka completamente enamorada de ella

Mina y Setsuna miraron con extrañeza a Rei, era raro verla actuar así.

—Dudo seriamente que Haruka esté enamorada de Michiru, eso sería bastante raro, solamente está interesada…

—¿Celosa Rei?— Mina quisó jugar, forzando y orillando a su amiga, pero esta negó rápidamente.

—No— Respondió tajantemente— Solo creo que Haruka está cometiendo un error demasiado grande al estar con esa mujer. No me gusta.

Del otro lado y a tan solo un par de metros de distancia, Haruka y Michiru al fin tenían privacidad.

—¿Esas son sus amigas?— Michiru preguntó, intentando no ser tan directa— Se ve que son muy buenas chicas.

—Lo son, son geniales, las quiero muchísimo— Contestó— Pero no tanto como a usted...

Haruka intentó volver a besar a Michiru, sin embargo, esta vez, Michiru la detuvo.

—Haruka, de eso venía a hablarte, lo que pasó anoche... no puede volver a repetirse.

Los hombros de Haruka se bajaron y su brillo se perdió ligeramente, sin embargo, aún así escuchó atentamente. Y Michiru agradeció eternamente que Haruka estuviera dispuesta a escucharla.

—Yo te quiero Haruka, lo admito— La miró fijamente a los ojos— Pero entre tú y yo solo puede existir una amistad.

—Pero Michiru...— Michiru la tomó de la mano, en sus ojos existía la súplica.

—Yo estoy casada, Haruka. Hay quince años de matrimonio a mis espaldas y veinte me diferencian entre tu edad y la mía, además yo... yo aún amo a mi marido. ¿Quién sería yo si hago lo mismo que él me hace a mi?

—Michiru, a mi no me importa...

—No Haruka, no hay oportunidad. Entre tú y yo no puede existir nada más— Michiru tomó aire, no quería hacerlo, pero no le quedaba de otra— Yo, realmente creo que podemos ser amigas, te aprecio, pero si tu no estas dispuesta a ser solamente eso, yo...

—¡No!—Haruka se apresuró a decir— No Michiru, yo entiendo. Tu estas casada, tienes un esposo, estoy de acuerdo con ser solamente amigas.

Michiru volvió a sonreír, se relajó y su corazón se llenó de calidez. Instintivamente, abrazó a Haruka. Esta le devolvió el abrazo, aunque un tanto menos emocionada.

—Muchas gracias por entender, Haruka, era muy importante para mí— Haruka le sonrió, no podía romper sus ilusiones, y además de todo, ella tampoco iba a poder dejarla por una estúpida necesidad. Ella solo quería seguir al lado de Michiru, quería ayudarla.

—Regresemos con las demás, ¿Le parece?— Michiru asintió, sonriente. Era claro que también tendría que conocer a las amigas de Haruka, ahora era una más de ellas.

—Entonces, no le molestará que le hable en la madrugada ¿Verdad?— Michiru rió mientras acompañaba a Haruka y a las demás hasta la sala de espera, Haruka ya tenía que abordar.

—Intente evitarlo, se lo suplico— Haruka solo le guiño el ojo, antes de despedirse por última vez y caminar rumbo al avión.

Arriba de él, y antes de volar, Haruka lo pensó. Ella podría ser la amiga de Michiru, pero iba a conquistarla, más tarde que temprano, pero ella lo lograría.

Ya sé, les subí el capítulo el Jueves, pero es que mañana voy a estar muy ocupada y no iba a poder subirlo, y me estaba MURIENDO por publicarles esto.

Espero que este capítulo les haya gustado. Porque desde que empecé a publicar la historia, anhele el momento donde pudiera publicar mi tan ansiado beso.

Lamento mucho que tu sueño de ver la Miseria de Darien y Serena aún no se cumpla Elizabeth, y que de hecho… nos falta bastante, pero llegará… ¿O No?

And, the last one.

Dear James, thank you so much for your reviews. I don't know if you use Google Translate, but, if you don't want to continue using that, I have this story in english in Ao3. So, tell me if you would like to read in that place to share the link! It's a little late because I don't have too much time to translate, but I'm going to put that aware. Promise