La mañana en la que despertó, sintió algo muy diferente, algo que no se pudo explicar.
Pesadez. Esa sería la mejor palabra para poder describir lo que sintió en ese momento. Sintió una pesadez enorme, ante el hecho de tener que cumplir la misma rutina que había cumplido durante los últimos años. Esta vez, Michiru se sintió terriblemente molesta de despertar con su marido dándole la espalda. Siempre había comprendido, y hasta en cierto punto, le había gustado admirarla. Pero ahora, llevaba semanas en la que, simplemente, quería despertar con alguien viéndola cuando menos.
Despertarlo ya era prácticamente una tortura. Con cada día que pasaba, Michiru sentía la piel de Darien más extraña. Su piel era áspera para ella, fría, simplemente, sentía como si estuviera despertando a un desconocido.
Y se tenía que dar una bofetada mental, por el hecho de que mientras lo hacía, se estaba preguntando cómo sería amanecer todos los días al lado de Haruka.
Aquello hacía que su rostro se sonrojara de golpe, y que empezará a transpirar. Aquellos pensamientos ya no la habían abandonado desde aquel día en que la rubia la había vuelto a besar a la fuerza, ya un par de meses atrás. Y por más que lo intentara, por más que intentara evitar esos sentimientos y olvidarlos, día con día no paraban de crecer. Ni siquiera la había vuelto a ver desde ese momento, y estaba segura de que faltaría mucho para que pudiera hacerlo, pero ella ya se estaba muriendo por tenerla de frente nuevamente, y aquello no podía asustarla menos.
Mientras se vestía, ya no se preguntaba realmente qué era lo que a Darien le gustaría que se pusiera. Simplemente, agarraba un vestido más que supiera de memoria que Darien no reclamaría y que después terminaría cambiando, ya tenía apartado una pequeña parte de su vestidor, solamente para otro tipo de ropa. Más juvenil, menos formal. Y entraba en una crisis cada vez que caía en cuenta de que se la pasaba horas probando conjuntos y preguntándose qué opinaría Haruka de ellos.
Recordaba la vez en que se atrevió a mandarle una foto de un conjunto. Mina ya le había ayudado un montón a descubrir la tecnología, y le había dejado el número de Haruka. No podía pasar un día sin al menos escribirle un mensaje. Y aquel día, había empezado a tener sentimientos que no sabía cómo manejar.
Comer en la misma mesa que Darien se estaba volviendo insufrible. Por más esfuerzos que hacía Michiru por admirarlo, por verlo como lo hacía antes, sus suspiros habían dejado de ser por el anhelo de que Darien la volteara a ver y le sonriera, y ahora era para terminar lo antes posible el desayuno, porque simplemente no quería estar al lado de quien era su esposo. No podía verlo con esos ojos de amor que hasta hacía un tiempo aún le profesaba. Estaba dejando de sentir ese deseo de pelear día con día por recuperar su amor y cariño, y en él ya lo único que veía era a una persona que la estaba lastimando. Suspiros que ahora eran para ella, preguntándose qué estaría haciendo Haruka en esos momentos del día. Divertida de jugar con los cambios de horarios entre un país y el otro.
Y eso le daba casi tanto miedo como todo lo demás. ¡Ella no podía estar sintiendo eso! ¡Ella había jurado estar al lado de Darien en las buenas y las malas! ¿Por qué ahora estaba sintiendo tanta repulsión de esa promesa?
¿Qué era todo lo que estaba sintiendo? ¿Por qué justo a esas alturas de la vida es que se estaba volviendo loca? Michiru simplemente no lo podía entender. ¿Por qué ahora estaba enloqueciendo por una jovencita? ¡Era posible que el enamoramiento de ella ya hubiera desaparecido!
Y para empezar, ¿Por qué se estaba preocupando de que Haruka estuviera enamorada de ella o no? ¡Ella no podía tener nada con Haruka! ¿Por qué ahora estaba teniendo esas ilusiones y sueños? ¡Era inadmisible!
Pero no podía evitarlo. Aquella chica era tan adictiva como una droga. Se estaba volviendo dependiente a imaginarla, a soñarla. Todo el día estaba esperando a que Haruka le respondiera el teléfono. Sonreía cuál adolescente, siempre que veía a Haruka conectada, deseaba envolverse en su vida.
¿Por qué le había pasado esto?
—Disculpe, señora, pero ¿ese libro es nuevo? No había visto que usted estuviera interesada en las carreras de autos— Michiru se sorprendió cuando Nakaru le mencionó aquello. Pero era verdad, había comprado un libro que hablaba de toda la historia de la Fórmula 1. Ella podía entender poco de mecánica, pero quería tener cada día más temas en común con Haruka. Era lo que su corazón más anhelaba.
¿Por qué no podía existir un punto gris? Michiru suspiró. Ya lo recordaba, si existía, estaba justo en él, y se estaba muriendo por estar en él. Si ese era el caso, ¿Por qué se estaba muriendo bajo el terrible deseo de querer volver a admirar ese fuego que había dentro de los ojos de Haruka?
Pero que estuviera teniendo sentimientos que pensó que estaban dedicados únicamente a Darien no era el único de sus problemas. Ella estaba confundida, y cada vez que reflexionaba en ello, tenía que huir para que nadie la viera llorar con la desesperación con la que lo hacía.
Porque Michiru entraba en pánico siempre que caía en cuenta, de que Haruka era una mujer.
Cuando hacía una recapitulación de todo lo que había pasado en su vida. Nunca, jamás, había pensado que ella podría tener otras preferencias. Ella siempre había salido con hombres, aunque había sido la pareja predestinada de Darien desde prácticamente toda su vida. Se habían conocido desde pequeños, y sus familias siempre parecían estar contentas ante esa unión entre ellos dos.
Nunca había tenido la oportunidad de descubrir otras cosas, pero jamás se había puesto a cuestionarse aquello. Jamás había sentido la crisis que sentía en esos momentos. ¿Cómo explicar a todos que se estaba enamorando de una mujer?
Nunca había creído que podría ser extraño el admirar los cuerpos de las mujeres. Quedarse horas mirando sus expresiones, admirando cada parte de su cara, de sus facciones. La sonrisa que hacían cuando reían, la determinación que había en sus ojos cuando se proponían un objetivo. Siempre había supuesto que era una actitud completamente normal y que todo el mundo hacía.
Ahora empezaba a pensar que eso no era así. Y simplemente, no tenía a quien contarle sus problemas. ¿Quién rayos podría entenderla? Necesitaba decírselo a alguien, pero no estaba segura de querer decírselo a alguien. No quería ser juzgada, no quería que la vieran con incredulidad y desconcierto. Tal vez, lo que más necesitaba era un abrazo sin ninguna opinión. Solo un simple abrazo que la reconforta, y que le hiciera sentir que todo estaría bien, incluso aunque llegará el apocalipsis y el mundo se estuviera cayendo encima de ella.
—Con esta carrera, ¿Haruka aún puede quedar en tercer lugar?— Michiru preguntó una vez que el último carro pasó la línea de meta, la carrera había terminado. Aunque realmente, Michiru no le había puesto especial interés como lo había hecho en carreras anteriores. Su cabeza estaba atosigada ante la idea de que había pasado más del 90% de la carrera, deseando que hicieran una toma de Haruka dentro de su monoplaza, y sin obviar que se había puesto a admirar cada detalle de ella cuando se había subido por segunda vez en la temporada al podio.
El sudor cayendo de la cara de Haruka, su sonrisa y excitación por haberlo logrado, como intentaba arreglar su cabello para salir bien en la foto del podio. Como estaba nerviosa mientras sonaba a todo volumen el himno de Japón por su meritorio tercer puesto. Y más aún, que cuando volteó a ver a Mina, esta realmente no hacía lo mismo que ella. Y, por el contrario, parecía estar más concentrada en el compañero de parrilla de Haruka.
—¿No te parece que es guapísimo? Si yo estuviera en el lugar de Haruka... Definitivamente, ya hubiera hecho hasta lo imposible para que mínimo saliéramos a una cita. — Michiru vio a Mina con una cara que reflejaba la incredulidad y asco que tenía. Aquel piloto ni siquiera merecía su asiento de Fórmula 1. Nada más estaba ahí por apellidos... y esas opiniones no estaban nada influenciadas ante el hecho de que él si pudiera abrazar a Haruka y estar a su lado y no ella.
—No creo que sea la gran cosa— Mina la vio como si acabara de decir el peor de los sacrilegios. Aunque para la enamoradiza chica, estaba casi segura de que lo era.— Y de todas maneras, ¿Cuál es la siguiente carrera?— Preguntó de nuevo después de que Mina apagará el televisor.
Aunque, Mina se puso nerviosa demasiado rápido.
—¿Mina?
—Haruka quería que fuera una sorpresa, sabía que no tenías ni idea del calendario...
Michiru se levantó rápidamente, mirando a su amiga a los ojos, por más que esta estaba intentando evitarlo— ¿Minako Aino? ¿Qué es lo que me oculta?
Mina luchó contra todas sus fuerzas, ¡Ella lo juraría si se lo preguntaban! Pero su fuerza de voluntad no pudo resistir— La siguiente carrera...— Parecía que aún se debatía entre una pelea interna de hablar o callar— Es... Suzuka.
Michiru sintió que su corazón volvía a latir a toda velocidad.
—
Con el pasar de las semanas, aquella ilusión que había tenido por ver a Haruka, se había desvanecido. Aunque realmente, no era un viaje largo hasta Suzuka, era prácticamente imposible que ella pudiera llegar a ver la carrera, y estar todo el tiempo que quería dedicarle a Haruka. Sin hablar del detalle de que era bastante probable que Darien volviera a ir a la carrera.
Y después del desastre que había sucedido el año pasado, estaba bastante segura de que Darien no la llevaría jamás de regreso a una carrera. No podía ni soñar con quedarse en el paddock aunque sea.
Pero, ¿Por qué se estaba preocupando tanto tiempo por ello? ¿Por qué se estaba tan triste de pensar que tendría a Haruka a una hora de ella y simplemente no podría ir a verla? ¡Ya no más! Era suficiente con esos sentimientos.
Haruka no era el tipo de persona a la que Michiru le agradara. Era prepotente, era grosera, era altanera. No le importaba guardar las apariencias, y hacía las cosas sin realmente pensarlo mucho. Michiru siempre se había cuidado de esa clase de gente, ¿Cómo había dejado que Haruka se metiera de esa forma en su vida? ¡Solamente de pensar en su nombre hacía que todo su cuerpo empezara a reaccionar!
Ella ya no tenía edad para estar sintiendo todas esas cosas. Ella ya era toda una señora. Pero era verdad, ¿No? Tal vez, ella había encontrado un lado dulce que vio de ella. Ese lado testarudo, que no le importaba llegar hasta el fin del mundo por cumplir su objetivo, reía de solo pensar en cuántas veces Haruka la había perseguido, sin pensar en ninguna que debía de rendirse. Ese lado, que siempre le hablaba con frases tiernas, que le hacían creer que ella era la mejor persona que pudiera existir en el mundo. Aquel tacto, suave, que le daba seguridad, que la reconfortaba.
—Mi amor, ¿Qué es lo que tienes? Tu corazón está latiendo muy rápido— Michiru despertó de sus pensamientos, cuando sintió como Darien se acercaba por su espalda, y sus manos empezaban a bajar por su pecho, tocándolo. Acercándose a ella tal y como si fuera un abrazo. Michiru simplemente se dejaba tocar, mientras los labios de Darien se acercaban lentamente hasta su cuello.
Darien nunca hacía eso. Seguramente se hubiera peleado con la otra. En cuanto se reconciliaran, Darien volvería a despreciarla. Dejaría de tocarla, dejaría de disfrutarla, volvería a ser un mueble y no una mujer.
Antes, Michiru sentía escalofríos cada vez que sentía las manos de su marido en su cuerpo. Quería besarlo, quería que él se contagiara del fuego que ella sentía dentro de todo su cuerpo. Quería volver a demostrarle que era única y exclusivamente de ella, y que no estaba dispuesta a seguirlo compartiendo. Pero en esos momentos, las manos de Darien le incomodaban, y sentía un enorme impulso de apartarlo de su lado.
Aun así no lo hizo. Tal vez solo debía recordar lo que era estar en los brazos de su marido. Estar al lado de Darien, sentir su piel rozando con la suya, envolverse dentro de la lujuria, justo como en esos momentos. Solamente así podría eliminar de una buena vez esos estúpidos sentimientos que estaban floreciendo por Haruka. Aquellos sentimientos que tanto quería negar, y que no podía permitir por ningún motivo. Aquellos sentimientos que intentaba día con día mentalizarse, que no existían, y fracasa en ignorarlos.
Nada más tenía que reconfirmar sus sentimientos con Darien y todo regresaría a la normalidad. Ella dejaría de tener esos sentimientos de culpa. Culpa por haberse dejado besar dos veces por alguien que no era su esposo, por soñar que estaba en los brazos de alguien más, deseando que fuera otra persona la que la tocara en esos momentos, que la incitará a dejarse llevar por sus pasiones, por sus deseos. Que hiciera que se excitara cada vez que sentía como sus manos recorrían su cuerpo, que los besos subieran lentamente su intensidad, que sintiera emoción mientras lentamente se iban quitando sus prendas. La culpa que la atosigaba cuando pensaba que, tal vez en una parte de su vida, Darien estaba sintiendo exactamente lo mismo que sentía ella. Tal vez, él también había luchado contra esos sentimientos y había fracasado en contenerlos.
Pero mientras Darien la besaba, mientras este sonreía y empezaba a bajar lentamente el broche de su vestido, tirándola sobre la cama, Michiru simplemente no pudo soportarlo más. No toleraba los labios de Darien, estaba sintiendo repulsión y asco de estar a su lado, o tal vez, la mejor palabra para decirlo era miedo, incomodidad. Los recuerdos de cada decepción que había recibido de su esposo llegaban unos tras otros. Los olvidos, el maltrato, la traición. No quería estar al lado de Darien y en su mente solo existía una palabra, un nombre.
'Haruka, Haruka, Haruka'.
Quería estar al lado de Haruka. Su mente, su corazón y sus sentimientos, suplicaban que fuera Haruka la que le diera aquellos besos, que fuera ella quien la tocara. Que fuera ella la que ahora la tirara y estuviera encima de ella, mientras le sostenía las muñecas, la que con sus ojos penetraban el alma, que fuera con ella con la que estuviera al borde de hacer el amor.
Alejó con algo de rudeza a Darien, tratando de recuperar la respiración. Darien se vio sorprendido de aquella acción de Michiru, viendo que ya tenía la mitad de su camisa desabrochada.
—¿Qué pasa?— Darien preguntó con un toque de molestia, los ojos de Michiru estaban confundidos, había incertidumbre en ellos.
—Lo siento amor, pero hoy no, por favor— Realmente no tenía una excusa para negarse al deseo de Darien, pero no era capaz— Estoy cansada. Vamos a dormir, ¿Está bien?
Darien la miró extrañado. No era porque se estuviera muriendo de ganas de tener relaciones con Michiru, después de todo, era su consuelo para después intentar darle celos a Usagi al día siguiente. Pero sin duda, no esperaba que su esposa lo rechazara de esa manera. Ni siquiera había tenido tiempo de volverlo a intentar. Michiru se había acostado lo más rápido que había podido, y en una actuación digna de una actriz profesional, había logrado convencer a Darien de que se había quedado dormida. Por mucho que realmente estaba al borde de un ataque de pánico al no entender qué rayos era lo que estaba haciendo.
Pero el hombre no pudo pegar el ojo en toda la noche. Aquella escena con Michiru era bastante extraña, y algo no andaba bien con su esposa. Pero no tenía ni la menor idea de que podría ser.
Michiru solo tenía una cosa clara. Ir a Suzuka, era prácticamente imposible ahora.
—
"Por favor, señora Michiru, no me diga eso..."
—Haruka, los dioses saben que esto no es mi voluntad, pero es la verdad, no puedo ir a verte a Suzuka. Mi marido acabará conmigo si me desaparezco todo un fin de semana...— Michiru intentaba convencer a Haruka. Aunque realmente, no estaba segura de a quién le dolía más.
"́Para lo mucho que su opinión debería de importar. ¡Vaya sin él! Le prometo unos excelentes asientos en las libres, clasificación y carrera. Sé que se está muriendo por sentir como los autos pasan a toda velocidad"
Michiru sonrió. Aunque esa sonrisa también estaba cargada con un toque de nostalgia, ella de verdad se estaba muriendo por ir. No tenía idea de cómo iba a hacer para no enloquecer por la idea de que tendría a Haruka tan cerca de ella, y no podría correr a sus brazos— Pero a mí si me importa su opinión, señorita Tenoh. Él no quiere escándalos y yo no quiero preocuparme.
"Ese desgraciado no debería controlar su vida de esa manera y lo sabe ¿verdad?"
Michiru quería decirle que sí, pero su moral se lo impedía, quería seguir negando que Darien era tan mala persona— Haruka...
"Ya, no diré nada. Pero sí verá la carrera ¿Cierto? Vengo a correr tan lejos solo para usted, mi gran amiga. Competiré, y después tendré un par de días libres, ¿Qué le parece si salimos en ellos?"
Que Haruka se refiriera a ella como una 'amiga' hacía que tuviera un pinchazo en el corazón, y que al mismo tiempo, le estuviera ofreciendo salir a cualquier lugar, hacía que empezara a transpirar. Otra vez estaban ahí esos sentimientos que no hacían más que confundirla.
—Si Haruka, te lo prometo. No me perdería para nada esa carrera. — Y más que nada, era porque, si no podía ver a Haruka en persona, entonces no se iba a perder por nada del mundo que las cámaras de televisión al fin se iban a dedicar a enfocar a ella por ser piloto local. — Y estaría más que encantada de salir con usted después de eso.
Cuando colgó la llamada, Michiru no pudo evitar dejar salir un gemido de desesperación. ¿Qué rayos era lo que estaba haciendo? ¿Por qué se estaba dejando ir de esa manera?
—
Había sido una odisea total encontrar un solo restaurante que tuviera la carrera todo el tiempo. En momentos como esos, era cuando apreciaba más que nunca el enorme favor que había hecho Mina al invitarla a su casa cada fin de semana. De otra manera, seguramente se hubiera cansado de tener que buscar un lugar que no cambiará de canal a mitad de la carrera. ¿Era en serio que a la gente le importaba tan poco las carreras de autos? ¡Ni porque tuvieran a un compatriota!
Si encontraba uno donde pasaban los libres y entrenamientos ¡Lo quitaban a la mitad! Vale, era probable que los entrenamientos fueran lo menos interesante, pero… ella quería verlos…
No importaba. Al día siguiente, fue a otro restaurante, no iban a quitar la carrera justo en las clasificatorias ¿Verdad? ¡Era únicamente media hora!
Que equivocada estaba, había hecho un ridículo tremendo, cuando estaba emocionada viendo cómo Haruka estaba mejorando los tiempos de clasificación, metiéndose en la última Qualy… y a algún mesero se le había ocurrido apagar la televisión.
—¡No! ¡¿Cómo puedes…!?— Michiru había dado un golpe a la mesa y gritado tan fuerte, que todo el restaurante había volteado a verla. Avergonzada, simplemente se volvió a sentar y evitó la mirada de todos, pidiendo la cuenta lo más rápido posible.
Se había perdido las libres, se había perdido la clasificación. Pero ya era domingo, y no tenía ninguna intención de perderse la carrera. Y si para eso debía de ir a cobrar favores, que así fuera.
—Señora, no cree que es un atuendo bastante... ¿Extravagante? Solo va al restaurante de aquí al lado, todo el mundo la conoce ahí— Nakaru se atrevió a preguntar, viendo como Michiru se terminaba de arreglar con un enorme sombrero negro y se ponía unas gafas de sol.
—No volveré a hacer el ridículo de ayer, y es probable que hoy tenga que tomar medidas extremas— Nakaru no sabía bien si estaba más confundida antes, o después de la respuesta a la pregunta.
Cuando llegó al restaurante, Michiru se sentó en una de las mesas que tenían mejores vistas a la televisión. Pidió un refresco bajo otro nombre, y se dispuso perfectamente a disfrutar de la carrera. A pesar de que la paranoia la estaba empezando a carcomer. Mirando para todos lados, temerosa de la primera persona a la que viera con un control remoto.
—Que pésima arrancada, perdió posiciones que costará demasiado recuperar, en especial en un circuito tan cerrado como lo es Suzuka — Murmuró para sí misma, viendo que Haruka había empezado mal la carrera y que varias personas que estaban viendo la carrera, volteaban la cabeza, negando y dejaban de verla.
Y tanto fue el rápido desinterés de la gente al ver que la carrera se había puesto cuesta arriba para Haruka, que todavía tuvo que sufrir una repentina parada en los pits después de un choque provocado por otro piloto; que fue cuestión de dos o tres vueltas, antes de que se diera cuenta de que había un mesero a su lado, a punto de cambiarle de canal.
—Ni se te ocurra cambiarle de canal, o sufrirás las consecuencias— El mesero la observó extrañada. A Michiru no le quedó de otra más que quitarse las gafas de sol para que este la reconociera. Además, así podía ver mejor la televisión.
—¡Señora de Chiba! No la había reconocido— El pobre mesero se vio asustado, realmente Michiru se había escondido bien, ni siquiera había dejado que su cabello no estuviera suelto para que no la reconocieran— No pensé que a alguien como usted le interesaran esos deportes.
—Me interesan, y también recuerdo perfectamente que les dejó bastantes propinas a todos, como para pedir un favor tan básico como lo es que no le cambien de canal.
Michiru no quería tener que llegar a la parte de sobornar a alguien, solo para que esté obedeciera. Y por eso se vio tan aliviada, cuando el chico solamente asintió y guardó el control.
El chico nada más le daba una sonrisa falsa, y el ambiente era casi tan incómodo como esa sonrisa, pero a Michiru no le podía importar menos. Lo único que le interesaba era ver cómo Haruka era tan espectacular que estaba remontando posiciones en uno de los circuitos más imposibles del mundo.
¿Qué tenía Haruka para que la desgracia la persiguiera siempre en Suzuka?
—Disculpe, señora de Chiba— El mismo mesero sacó a Michiru de sus ensoñaciones, aunque este parecía estar muerto de miedo— ¿Le molestaría si me siento con usted a ver la carrera? Tengo mi turno de descanso, y la verdad es que...
—Siéntate, no pasa nada. Tráenos algo y disfruta de la carrera— Michiru también tenía un enorme don para conocer gente nueva en esa carrera.
El chico se sintió emocionado, rápidamente, trajo uno de los pasteles favoritos de Michiru y se sentó a su lado, admirando la carrera.
—¡Pero enfoca el adelantamiento! Ya todos nos dimos cuenta de quienes van a ganar la carrera...— Michiru exclamó en algún punto, y el chico la miró extrañado— Mira, en el tablero, Haruka Tenoh subió una posición más.
El chico asintió— Haruka es muy buena, ¿No es así? Al inicio de este año, soñaba con que pudiera pelear por buenas posiciones, pero no podemos contar con su equipo. Y aun así, es sorprendente que lleve tantas carreras puntuando — Michiru simplemente asintió, ella también se había ilusionado en las primeras carreras— ¿La conoce?
—Digamos que sí...— Michiru no iba a decir que era su amiga. Eso le estaba quemando el alma, como para dejarlo salir de su boca. Pero tampoco podía decir que eran algo más.
—Que genial...
Aquel mesero se dio cuenta de algo bastante extraño. Cada vez que la cámara se enfocaba dentro del auto de Haruka, o esta aparecía en pantalla, los ojos de Michiru brillaban con una intensidad que él nunca había visto. Parecía quererse meter dentro de la transmisión. Era como si quisiera admirar a Haruka hasta en el más mínimo detalle. Se daba cuenta de que la señora Michiru suspiraba y sonreía inconscientemente, como si estuviera batallando con ella misma, para no reír y gritar cada vez que Haruka hacía algo bien.
—¿Sabe algo, señora Michiru?— Michiru no lo volteó a ver, pero asintió, demostrando que escuchaba al joven— Si yo no supiera que usted está felizmente casada, y que Haruka es mucho menor que usted, además de mujer, juraría que a usted le gusta. O más bien, que usted está enamorada.
La sonrisa que tenía Michiru de oreja a oreja desapareció en un santiamén. Asustando incluso al mesero por el repentino cambio de actitud de la misma.
—¿Dije algo malo?
Michiru no le contestó. Estaba siendo demasiado obvia. Aquello era ya imposible de negar.
—
¡Al fin! Después de Miles de pasos para adelante y para atrás, las cosas se están alineando. Michiru por fin admitió que está perdidamente enamorada de Haruka.
¿Positivo o negativo? Hummm, ya lo averiguaremos ¡Hasta la próxima semana!
