La fiesta que había armado con todas sus amigas había durado hasta buena entrada de la madrugada. Después de un inicio tan desastroso de la carrera, Haruka estaba segura de que había hecho una de las mayores remontadas de adelantamientos en Suzuka. La posición podría ser lamentable comparada con sus otras carreras, pero ella definitivamente se había robado el show.
Cuando Mina le ayudó a regresar hasta el hotel, ella traía una sonrisa total. Todo había salido a pedir de boca. Por mucho que mañana le doliera la cabeza por la resaca, iría a Kyoto, y sorprendería a la señora Michiru en la puerta de su casa. A pesar de que esta le había hablado casi apenas terminar la carrera, Michiru se había dado cuenta de que iba a ser casi imposible hablar con Haruka como a ambas les hubiera gustado. Había demasiadas personas detrás de ella.
Apenas y había logrado escabullirse con todas sus amigas a uno de sus bares favoritos. Esos eran los momentos que ella más disfrutaba. Además, se había puesto al corriente de tantas cosas que no se podían explicar en una sola y simple llamada o en mensajes de texto.
Y cuando en la mañana, se disponía a llamar a Setsuna para que fuera a recogerla con dirección a Kyoto, el representante de su equipo apareció en la puerta.
—¿Cómo que nos tenemos que ir?— Haruka estaba incrédula ante las palabras del manager— Todavía quedan días suficientes antes de los siguientes libres, es cierto, no hay tanto tiempo entre carreras, pero…
—¿Y qué nos vuelvas a hacer lo mismo del año pasado, Haruka? ¡Ni hablar! Empaca tus cosas, que el vuelo sale en tres horas.
Aunque el manager quería irse, Haruka lo detuvo sosteniéndolo del brazo— Yo tengo planes aquí, este es mi país. No voy a irme sin hacerlo— Haruka esperaba que la mirada que le había dado a aquel hombre lo intimidara un poco, pero este se puso al mismo nivel de ella, dándole la misma mirada.
—¿Acaso quieres perder tu asiento en la Fórmula 1, querida?— El manager habló entre dientes.
—No serías capaz, yo soy quien le doy alma a este equipo.
—Aquí ya no está Guenther, Haruka. Créeme que no me costaría mucho encontrar a un piloto de pago que nos dé el doble de dinero que nos das tú ganando carreras. Y buena suerte encontrando otro equipo que se quiera arriesgar con una joven corredora. Esta categoría no es para mujeres.
Haruka tuvo que tragarse su orgullo y dejar ir a su manager. Ella sabía bien que era un milagro, que su equipo tuviera la suficiente confianza en ella. Que la estuvieran dejando evolucionar. Aquello era de las cosas que más podía odiar, pero ella misma tenía que saber jugar aquella encrucijada, y no podía estar siempre tan al límite.
—Así me gusta. Nos vemos en cuatro horas, Haruka. Directo a Estados Unidos.
Haruka nunca se enteraría de que, después de colgar la llamada donde tenía que decirle con el corazón lastimado que no la vería, Michiru lloró por todo lo que quedaba de esa tarde. Pues Michiru se estaba muriendo por ver a Haruka.
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La celebración del quinto puesto fue bastante más amarga que la del año pasado. A Haruka poco le habían importado los dos podios que había sacado en las cuatro carreras que quedaban y mucho menos sus meritorios puntos. Las palabras de su manager habían quedado grabadas en su cabeza. Poco les importaba cuánto les diera Haruka en lo deportivo, el equipo la suplantará ante un mínimo fallo con cualquier piloto de pago que encontraran.
Además, la sombra del mercado de fichajes de pilotos empezaba a cernir sobre la cabeza del equipo. Ambos pilotos empezaban a sonar dentro de las redes sociales y los periodistas empezaban a decir sobre los intereses de otros equipos en Haruka y su compañero.
Aquella celebración, más que un festejo entre personas que se habían visto durante todo un año entero, trabajando hombro a hombro, parecía una entrada a una fiesta de la mafia. Todos intrigando contra todos, todos desconfiando del otro.
—Tenso, ¿No?— Su compañero se le acercó, entregándole una cerveza.
—Solo quiero irme a mi casa. — Suspiró. —No tuve ni tiempo de estar en Japón cuando fuimos a Suzuka, tengo cosas que hacer— Su compañero ni siquiera se atrevió a bromear, sabía de sobra que desde que le habían prohibido a Haruka pasar un día más en Japón, estaba de pésimo humor. Estaba seguro de que estaba al borde de matar a alguien.
—Dudo que tu novia no entienda la situación, y si no lo hace, por ahí no es el camino.
—No es mi novia— Haruka decía cada palabra con más rencor que el anterior— En eso estaba trabajando, cuando me prohibieron ir a verla— Haruka presionó tan fuerte la lata de cerveza, que prácticamente estaba por explotar.
Y tras ver que su compañera estaba por contar los segundos para al fin poder irse de aquella fiesta, el joven corredor de parrilla se alejó lentamente de Haruka. Dudaba que cualquier palabra de ánimo o burla que le pudiera dar a la rubia, no fueran realmente las últimas palabras que diría por el resto de su vida. Y su madre ya tenía suficiente con cuidar a su padre para que tenga que lidiar con otro herido de guerra. Simplemente, le dio unas palabras de suerte, y un comentario burlesco de que ya debería de presentársela.
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Michiru estaba dando vueltas de un lado a otro. Estaba nerviosa, avergonzada, a un par de minutos de arrepentirse de estar en ese lugar, y salir corriendo.
—¿Por qué tarda tanto? El avión aterrizó hace diez minutos.
—Tranquila, Michiru. Seguro la están reteniendo por tanto equipaje, siempre pasa lo mismo. Haruka no debería tardar en llegar— Setsuna intentó calmar a su amiga en vano, ya que esta solo daba vueltas y vueltas. ¿Por qué había aceptado ir con todas al encuentro de Haruka?
Era totalmente estúpido, si lo que más deseaba era hacer desaparecer esos sentimientos, entonces no debía...
No pudo continuar hablando. Cuando vio a Haruka, con aquella belleza y porte que tanto la caracterizaba, bajó por las escaleras eléctricas. No cuando se había quedado sin respiración de nada más admirar su ropa, su piel, su cabello brillando como la seda.
Fue entonces que todo encajó. Esto que sentía ella lo había sentido antes. Claro que era con otra persona, pero el sentimiento era igual… No, mentiras, Este sentimiento no era igual. El corazón se le quería salir de la ropa, podía sentir como las manos le comenzaban a sudar y como la respiración se le acortaba con cada segundo que pasaba mirándola… a ella— a Haruka. Michiru no podía ocultarlo más. Ya no podía negarse a sí misma. Estaba enamorada de Haruka.
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Todas las chicas habían ido a parar hasta el departamento de Setsuna, todas querían ponerse al corriente con Haruka, que prácticamente había desaparecido a raíz de Suzuka sin darles ninguna explicación. Si le mandaban mensajes, Haruka los respondía como si se tratara de un telegrama, y las llamadas directamente iban a buzón.
La única que mínimamente había podido hablar con Haruka, esa había sido Michiru. Y aun así, la pobre mujer no tenía ni idea de que rayos era lo que había sucedido en la noche después de esa carrera, que cada vez que tenía la oportunidad de hablar con Haruka, lo único que escuchaba eran insultos e improperios contra su equipo y que nada de lo que hacía valía la pena.
Pero, por mucho que ahora, si estuvieran por saber la verdad, Michiru se sentía incómoda. Quería estar al lado de Haruka, pero no podía estarlo, enfrente de todas sus amigas.
—¡¿Qué ese patán te dijo que?!
Michiru le dio un calmado sorbo a su té, mientras escuchaba como si algo se hubiera roto en la parte de atrás, después de que Mina escuchará todo lo que Haruka acababa de decir.
Sin embargo, Haruka asintió, como si estuviera disfrutando de que todas sus amigas estuvieran al borde de un colapso nervioso, y que estuvieran prendiendo antorchas solo para ir a quemar la fábrica de su equipo.
—Tienes que salir de ahí— Setsuna, que estaba intentando mantener la calma, contestó— Si ellos valoran más cuántos "patrocinadores" pueden llegar a acumular en la pintura del carro que realmente estés logrando títulos deportivos en el tractor que haces conducir semana tras semana... ¡Mándalos directo a la mierda!
Michiru permanecía en silencio, pero escuchar a Setsuna decir groserías era realmente un milagro. Estaba ardiendo en ira también.
—¿Y a dónde voy? Ellos tienen razón, no hay otro equipo que esté dispuesto a aceptar una mujer en su equipo. En ningún otro lado me darán la oportunidad...
Ahora era el turno de Michiru de intervenir. No podía tolerar ver la decepción y la frustración en los ojos de su amada. Era una decepción personal ver como los hombros de Haruka bajaban y escondía la cabeza. Esa no era la Haruka que ella conocía, aquella mujer parecía querer luchar con todas sus fuerzas, pero con la conciencia total de que era una batalla perdida.
—Pues yo creo que tienes muchos equipos que estarían más que dispuestos a ir detrás de ti— Todas voltearon a ver a Michiru rápidamente— ¿Qué? Es lo que he leído por ahí. Muchos periodistas confiables están mencionando que Haruka podría ser centro de interés en cambios de pilotos. Tal vez aún no vayan por ti los grandes, pero sin duda alguna, considero que podrías empezar a aspirar a un Alpi...
—¿Desde cuándo usted lee a periodistas del medio, señora Michiru?— Michiru soltó un pequeño suspiro de sorpresa, que era casi como una risa. Haruka tenía su mirada puesta en ella con total interés, y eso hacía que Michiru se sonrojara.
—Si, ¿Desde cuándo usted los conoce? No son noticias que salgan normalmente en el periódico— Los comentarios de Rei se llevaron la mirada acusadora de Haruka. No entendía por qué siempre tenía que estar atacando a Michiru.
—Bueno...— Ahora Michiru estaba nerviosa de seguir hablando, todas habían puesto su atención sobre ella— Yo también tengo derecho a preocuparme por Haruka ¿No?
Haruka le dio una sonrisa que indicaba que se estaba muriendo por decir algo más, pero se estaba conteniendo para no avergonzar a Michiru. Por otra parte, Rei le daba una mirada de hastío e incredulidad, que demostraba lo poco que toleraba a la susodicha.
—Claro...— Rei simplemente contestó, acabando con la polémica— ¿Su punto?
—Haruka, ¿Por qué no te dejas querer un tiempo por otros equipos? Seguro que viendo amenazada tu continuidad, empiezan a pensar si realmente te pueden sustituir tan fácil como ellos dicen.
Haruka reflexionó por un instante. Su plan dentro de las carreras de autos solo tenía un nombre hasta que prácticamente se retirara. Y aquel nombre era el equipo más prestigioso de toda la historia de la Fórmula 1. Ferrari. Sus planes no pasaban por otros equipos intermedios para no complicar las cosas cuando los de Maranello la fueran a buscar, porque ella sabía que lo harían, y lo último que quería era saber que se decantaron por otro piloto, únicamente porque ella estaba en un equipo muy difícil de sacar.
Sin embargo... No estaría nada mal darles un pequeño susto a su equipo. Lo suficiente como para que aprendieran a respetarla, y asegurar su renovación para un año más. Solamente había un pequeño detalle.
—Eso es imposible, Michiru. Haruka se sigue negando a tener representantes, ¿Recuerdas? Despidió al último el año pasado después de...— Mina, que había regresado de destruir el departamento de Setsuna, guardó silenció ante la mirada de Haruka. Era claro que no tenían que mencionar que todo había pasado por el hecho de que se había perdido una carrera en su necedad de conocer a la misteriosa violinista de cabellos aguamarina del hospital— Después de ciertos accidentes.
—Mina tiene razón. Simplemente, no confío en que una persona quiera lo mejor para mí, los agentes siempre están buscando el bien de su bolsillo, no el de su cliente, que tiene que seguirlos como perrito faldero, porque si no hacen lo que el cliente quiere, entonces te meten unas multas que no pagaras en toda tu existencia— Haruka suspiró, mientras seguía pensando en una idea.
—¿Sabes? Podría ayudarte a buscar una persona para ello— Mina reflexionó— Digo, sabes que con mucho gusto me encargaría de ello. Pero la universidad y las prácticas me están respirando en la cara. Mis padres quieren que tome lo más rápido posible el control del bufete, y eso me deja con apenas tiempo para poder respirar.
Haruka estaba por rechazar la oferta de Mina, por el simple hecho de que era casi seguro que buscaría a un abogado de su empresa para ser su representante, cuando Rei volvió a intervenir.
—Yo podría hacerlo— Rei se encogió de hombros— Mis padres estarían más que encantados de ver que no me meto en sus asuntos y no trabajo dependiendo de ellos, además, no tengo ninguna empresa que manejar. Puedo hacerlo si quieres.
La expresión de Haruka se suavizó, aunque lo pensó por unos segundos. No era partidaria de que los amigos se metieran en las relaciones entre ellas de trabajo, pero también entendía que su amiga estaba buscando algo que la sacará de la sombra de sus padres.
Después de todo, estaba segura de que Rei sería menos severa que cualquier otra persona que encontrará, y tampoco aspiraba a qué Rei se quedará eternamente siendo su representante, así que terminó por aceptar. Rei sería su nueva representante.
La conversación se fue por temas mucho más casuales después de aquello. Haruka al fin se había relajado y desahogado de aquella conversación que había tenido, y más aún, estaba emocionada de la idea que Michiru había planeado para ella.
Y cuando la noche había caído y todas se acercaban a despedirse para irse a sus respectivas casas, Haruka al fin tuvo la oportunidad de ponerse en las espaldas de Michiru.
—No crea que no me di cuenta, de que no dejó de mirarme en todo el día, señora Michiru. Usted también se ve hermosa el día de hoy— Michiru sintió una corriente de electricidad cuando Haruka la tomó de la cintura y le susurró al oído. Pudo haber sido un segundo, pero para Michiru era la vida— Nos vemos mañana.
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No habían pasado ni diez minutos desde que Darien había salido por la puerta de la casa, cuando Michiru volvió a escuchar el timbre de esta. Ya no era una sorpresa que fuera Haruka la que la estuviera esperando. Un año era más que suficiente como para saber que la única persona que tocaría con tanta insistencia, debía de ser Haruka.
—Sabía que eras tú—Le mencionó cuando al abrir la puerta, era ella.
—Además de tener un esposo que tarda años en irse de su casa, ser la mujer más bella que mis ojos hayan tenido el placer de admirar, ¿Usted también es una vidente?— Michiru no pudo evitar desviar la mirada y reír. No quería disfrutar de su amor imposible, pero al mismo tiempo, no podía evitarlo.
—Es la única que toca con tanta insistencia, por no decir que si mal no recuerdo, usted me prometió que nos veríamos al día siguiente— A pesar de que Michiru intentaba tener una actitud orgullosa, Haruka sonrió, viendo que Michiru se estaba sonrojando.
—Usted lo ha dicho, entonces ¿Nos vamos?
Pero Michiru negó con la cabeza— No me he arreglado, ¿No estará esperando que salga con esta ropa, verdad?
Haruka la miró de pies a cabeza, admirando cada centímetro del cuerpo de Michiru, mordiéndose el labio intencionalmente para ver qué tan lejos podía llegar. — Yo no veo que de malo hay en ella— Sin embargo, Michiru le dio una mirada incrédula, ella también quería darle una sorpresa— Está bien, la espero...
Pero cuando Haruka se dirigía de regreso a su automóvil, Michiru volvió a detenerla.
—¿Qué haces? Pasa, adelante— Haruka palideció un poco, ¿Era de verdad que la estaba invitando a entrar a su casa?— Solo voy a cambiarme y retocarme un poco, no tardaré. Si quieres algo, solo avísale a Nakaru.
Para ser sincera, Haruka no había visto la casa en donde Michiru vivía con tanta atención como en ese momento. Aunque en parte era porque nunca había podido entrar más allá del portón. Aquella casa era simplemente espectacular. A pesar de que era un tanto sobria y tradicionalista para su gusto, era espaciosa para un lugar como Japón. Sin hablar de que la sala de estar era toda una maravilla, que se podía apreciar desde todos los espacios de la casa. Todos los muebles parecían de la más alta calidad, y sorprendentemente, el sol entraba por cada una de las ventanas, siendo extremadamente iluminada. Ahora entendía por qué siempre Michiru se quejaba de su departamento. Aquel sitio parecía más una bodega con una ventana que rara vez abría.
—Siéntate, por favor, ya regresó— Michiru dejó a Haruka en su sala, antes de subir las escaleras con emoción, sin notar que en el fondo, su leal empleada observaba a Haruka con interés.
Aquella chica era la misma que invitaba a salir a su jefa de vez en vez, aquella por la que su jefa se había comprado ropa nueva que le había ayudado a esconder, que le marcaba todo el tiempo y por la que podían pasar horas en las que nadie podía molestar a su señora.
Claro que la conocía ¿Cuántas veces no había llegado en su lujoso auto deportivo buscando a su señora para llevarla a quien sabe dónde? Siempre, desde hacía más de un año, su patrona parecía suspirar por los pasillos, anhelando por el día en que esa misteriosa chica "regresara".
Definitivamente, no le gustaba nada.
—¿Gusta tomar algo?— Se acercó con relativa naturalidad hasta aquella misteriosa rubia. Definitivamente, era muy atractiva. De no ser porque ella sabía parte de la historia, cualquiera juraría que era un joven rubio y guapo, un rebelde sin causa, pues su chaqueta negra de cuero, y su ropa tan poco formal, delataban su poco interés por tratar de ocultar algo de todos sus atractivos.
—Solo un vaso con agua— Haruka le guiño el ojo, y Nakaru sintió incomodidad. ¿Acaso eso era un coqueteo?
Pero todo eso quedó en nada, cuando se fijó en la extraña escena que estaba pasando enfrente de sus ojos. Su señora bajaba con un atuendo que nunca le había visto. Atrás habían quedado los vestidos recatados y elegantes que solía usar, y ahora usaba una blusa bastante veraniega para la época de color naranja. Unos pantalones de mezclilla ajustados, resaltando sus curvas. Y una chamarra de mezclilla abrigadora para complementar.
—¿Le gusta, señorita Tenoh?— Michiru empezó a posar para Haruka, que la miraba con admiración. Una sonrisa se formaba en los labios de la rubia, y sus ojos se iluminaban.
—¿Compró eso para mí?
—Admito que le copié un poco el estilo a Mina, pero pensé que... bueno, que podría gustarte un poco un cambio de look. Estaba esperando a que vinieras, solo para probarlo— Haruka se levantó del sillón, para tomarla de las manos, besándolas. Causando la indignación total de Nakaru.
¿Cómo dejaba su señora que alguien hiciera eso? Tenía que intervenir.
—¿Piensa salir con ese atuendo, señora Chiba?— Quiso interrumpir la conversación, pero la empleada fue totalmente ignorada. Dudaba que siquiera la hubieran escuchado.
Porque además de todo, no solo eran los ojos de Haruka los que brillaban con una enorme intensidad. Nakaru nunca había visto sonrisa tan radiante en la cara de Michiru, y el brillo de esos ojos... nunca había estado presente entre la relación de Darien y su señora. Aquello era simplemente anormal. Veía como Haruka entrelazaba su mano con la de Michiru, y la llevaba a quien sabe donde, entre risas y caricias.
No le podía gustar menos.
—
¡Hey! Lamento un tanto la tardanza, pero espero que este capítulo sea de su agrado,
Querida Asher, no tienen ni idea de cuanto disfrute escribir esa escena. Y si, Darien no es tonto, pero no cree que su esposa sea tan siquiera capaz de engañarlo, ja, ja, ja, sin embargo, las verdades siempre salen a la luz…
Ahora, tell me. ¿Qué tal el equipo de Haruka? ¿Qué tan detestables son? Debo decir, que deberíamos tomar más atención a esas escenas… podrían ser importantes (?
Aunque, ahora, les diré. Sé que a la mayoría de ustedes, no conozcan mucho de F1. Me disculpo si a veces me excedo con tecnicismos al respecto de ello, siempre pueden decirme cuando eso se vuelva confuso. Intentaré dejar alguna explicación por aquí, o directamente, tratar de modificarlos. ¡Hasta el próximo viernes!
