No me gusta mucho esto de poner notas arriba del todo, pero... Creo que este capítulo les va a gustar, el título da un buen spoiler jsjsj
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—¿Y a dónde me piensas llevar esta vez, Haruka?— Una vez que estaba dentro del carro de esta, Michiru volteó a verla con una sonrisa.
—Humm, yo pensaba que podríamos irnos de nuevo a un centro comercial, pero la verdad, tengo miedo por mis mejillas…— Michiru hizo una mueca falsa de indignación y le dio un pequeño golpecito en el hombro— ¿Ve?
—No seas exagerada, ya me disculpé por ello— Michiru sonreía mientras decía aquellas palabras. Su rostro se iluminaba mientras volteaba a ver a Haruka, había esperado demasiado por ese momento. Y si ya no tenía nada que hacer más que admitir que gustaba de Haruka, ¿Por qué no disfrutar de su amor platónico? —Pero me gusta la idea de ir al centro comercial, tengo una idea de lo que podríamos hacer.
—¿Ah, sí?— Haruka también sonrió, alzando una ceja— Entonces, vamos para allá.
Ambas sentían un extraño hormigueo durante todo el viaje. Haruka se tuvo que recordarse a sí misma que iba manejando y no podía voltear todo el tiempo a ver a Michiru, que no había dejado que su sonrojo desapareciera. A su vez, Michiru, por mucho que se estuviera conteniendo, no podía dejar de ser obvio que estaba todo el tiempo volteando a ver a Haruka, y de que se estaba muriendo lentamente por sentirse a su lado.
No eran necesarias las palabras durante el viaje, Haruka estaba disfrutando de sentir el aire golpeando en su cara, y Michiru sentía que aquello era único, momentos que no regresarían.
Y cuando por fin llegaron al estacionamiento del centro comercial, ambas sentían que podrían vivir aquello por el resto de su vida.
—Ya estamos aquí, ¿Qué es lo que piensa que hagamos aquí? Porque si deja eso a mi elección…— Haruka preguntó mientras abría la puerta, y tomaba la delicada mano de Michiru para ayudarla a bajar.
—No gracias, no tengo ganas de saber que es lo que usted puede planificar.
Haruka rio, porque sabía perfectamente que eso era una mentira.
—¿Y entonces?
—Cierre los ojos, y déjese llevar.
—Eso tiene muchas formas de interpretarse, señora Michiru— Haruka recibió otro golpecito en el brazo.
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—¿En serio su sorpresa es traerme hasta una mueblería?— Cuando Haruka por fin pudo abrir los ojos, no pudo ocultar su decepción.
—Claro que sí, voy a comprarte una sala para tu departamento— Michiru parecía estar muy satisfecha de lo que decía.
—Señora Michiru, de verdad que no es necesario, usted misma se ha dado cuenta de que prácticamente yo no ocupo ese lugar y…— Haruka intentó dar el mismo monólogo que había dado durante toda su vida, pero Michiru no se lo permitió.
—¿Piensa acaso que la próxima vez que vaya a su departamento vuelva a sentarme en sillas de plástico o directamente en el suelo? — Su cara lo decía todo. El solo hecho de suponer que la próxima vez que visitara a Haruka tendría que sentarse en el suelo, hizo que su cara se torciera en disgusto.
A pesar de que las intenciones de Michiru eran hacer un típico reclamo a la vida de Haruka, esta levantó las cejas, sorprendida.
—¿Y para qué usted quiere tanto mueble? ¿Acaso es una declaración de intenciones? ¿Dónde han dejado a la señora Michiru que yo tanto conozco y que no se atrevería a decir tal cosa? No han pasado ni dos horas y usted ya dijo varias cosas que…
—¡Haruka!— Michiru se sonrojó al caer en cuenta de lo que Haruka le estaba diciendo. Se estaba arrepintiendo de sus palabras— ¡No me refiero a eso! Hablo de que es la primera vez en mucho tiempo que vas a quedarte aquí por más de tres días, y aunque yo no quiera, sé que vas a convencerme de que pasemos un tiempo en tu departamento, ¿O me equivoco?
Haruka negó con la cabeza y con una sonrisa traviesa. Iba a molestar a Michiru con esas frases por el resto del día. Ya lo tenía decidido.
Michiru alzó las manos, dándose la razón a ella misma— Entonces, no puedo permitir que usted me vuelva a llevar a un departamento prácticamente abandonado. Considérelo un regalo decembrino ¿Quiere?
Haruka suspiró. Si aquello era por pasar tiempo con Michiru, tampoco podía decir que le desagrada, ya encontraría la forma de vengarse después— Usted ha pasado demasiado tiempo al lado de Mina, esto es justamente algo que ella haría.
—Es el precio a pagar a cambio de que pueda ver todas sus carreras, a menos que a usted le moleste, claro está— Haruka rio, aquella Michiru era muy diferente a la que había dejado en verano.
Y eso le encantaba.
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—Listo, dicen en la tienda que los muebles no deberían tardar más de unos días en llegar— Michiru se acercó a Haruka, que estaba viendo un par de relojes y adornos con desinterés, mientras la mayor de las dos terminaba de firmar y llenar formularios.
—¿Tan rápido? Después de tantas modificaciones y especificaciones que hicimos, pensé que se tardarían bastante más.
Y aquello no era mentira, Haruka y Michiru habían pasado horas discutiendo sobre "lo que quedaría mejor". Michiru apostaba por una sala entera con una mesa y tres conjuntos de sillones. Mientras que Haruka iba más por la idea de una sala modular.
Habían pasado horas discutiendo los pros y contras de las opciones, y cada una tan aferrada a sus propias ideas, y sin el valor de debatir a la otra, que no fue hasta que una de las empleadas se cansó y sugirió otra opción, que pudieron ponerse de acuerdo.
La sala había terminado siendo una linda mezcla de las dos ideas de las chicas. Era moderno, pero no a un nivel excesivo. Era tradicional, pero sin llegar a lo aburrido. Haruka estaba más que contenta de tener un sillón de terciopelo extra que perfectamente podría emular a uno dentro de una sala de cine, y Michiru estaba feliz de que Haruka aceptara un amplio sofá donde todas se pudieran sentar sin tener que chocar una con la otra. Sin quejas.
—Este lugar tiene fama de ser bastante eficiente. Yo propongo que les demos el voto de confianza— Haruka asintió, y ambas terminaron por salir del sitio.
—Con tanta caminata y en ese lugar donde parecía que estaba en una de mis carreras por el calor que hacía, ya me ha dado hambre, ¿Por qué no vamos a una al área de comidas? Seguro que ahí encontraremos algo.
—¿Comida rápida? No lo sé, Haruka, la verdad es que yo no…— Michiru quiso protestar, pero así como ella lo había hecho, ahora Haruka no la dejó continuar.
—Usted me llevó a rastras a comprar una sala por la que tendré que prácticamente hacer una mudanza en unos días, me merezco llevarla a comer a donde yo quiera, ¿No lo cree?
Michiru hizo un puchero, pero siguió caminando hasta donde Haruka la llevara. Se estaba desatando una pequeña guerra interna entre ellas. Una divertida pelea.
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—Ay, qué cansada estoy— Michiru suspiró cuando por fin se pudo sentar en una de las sillas que había en las mesas del área de comidas del centro comercial.
—Si, la tienda aquella era bastante grande, y la recorrimos bastantes. Aunque, le diré, señora Michiru, yo no me encuentro nada cansada— La mirada traviesa de Haruka hacía que Michiru quisiera reír.
—Puede que usted no, pero yo sí. A mi edad, ya no se puede andar de un lado al otro sin sentir que vas a morir— Michiru sabía de sobra lo mucho que a Haruka le molestara que su edad entrará en juego. Pero Haruka se dio cuenta rápido de eso.
—Eso es solo una excusa. Conozco pilotos de su edad que siguen en activo y para eso se necesita un gran estado de forma.
—Humm, ¿Es así?— Michiru siguió con el juego— Tal vez deberías de presentarlos, seguro que tenemos muchísimos temas en común y…
—¿Y arriesgarme a que se encante con uno de esos idiotas? Ni soñando— Ambas chicas rieron, hasta que el estómago de Haruka las interrumpió— Pero parece ser que lo que sí tengo es hambre. ¿En dónde le gustaría pedir? Le seré sincera, hay un restaurante occidental que acabo de ver, y que es toda una maravilla…
—Pues, no sé…— Michiru volteó a ver a su alrededor, buscando algún lugar que le resultara medianamente familiar, pero no había nada— Usted me trajo a este lugar, lo que tú decidas está bien.
Haruka alzó una ceja—¿Lo que yo decida?
—Si…
—¿Y si yo decido que no quiero elegir por ti?— Tomó las manos de Michiru con delicadeza, al ver la sorpresa de esta— Vamos, hay demasiada variedad en este lugar.
Michiru no supo qué decir, siempre que estaba con alguien, había dejado que todos los demás tomaran las decisiones por ella, incluso si estas no eran de su agrado.
—Haruka, yo no conozco ninguno de estos lugares, hablo en serio, mejor elige…
Pero Haruka volvió a negar con la cabeza.
—Mire, vamos al restaurante que le mencioné y revise el menú, pero usted va a decidir si quiere comer ahí, y si no, pasaremos de cabina en cabina hasta que encuentre algo que le llame la atención, ¿Entendido?
Michiru apenas hizo un movimiento con la cabeza para que Haruka supiera que la había escuchado. Su cuerpo entero estaba temblando, y el dulce tacto de Haruka con sus manos no ayudaba. Adoraba esa determinación, incluso para las cosas que ella no quería hacer. Haruka siempre estaba ahí, empujándola. ¿Cómo quería que se la sacara de la cabeza de esa forma?
Ambas terminaron por levantarse e ir al negocio que Haruka había mencionado, y a pesar de las reticencias de Michiru, esta se había decantado por pedir una hamburguesa, Haruka pidió lo mismo, y un rato después, Haruka regresó con los pedidos en la mano.
Sin embargo, al abrir la caja, Michiru tuvo una expresión bastante extraña. Haruka notó esto, a pesar de que ella ya se había adelantado a darle un gran mordisco a su comida.
—¿Sucede algo?— Preguntó, intentando pasar lo más rápido posible la comida y que Michiru no le reclamara su extravagante falta de modales.
—No hay cubiertos— A pesar de que para Michiru era una respuesta bastante seria, Haruka tuvo que contener la risa.
—¿Por qué tendría que haberlos?
—¿Por qué tendría que no haber?— Haruka simplemente no pudo contener más la risa. Avergonzando a Michiru, que no entendía.
—Señora Michiru, usted puede venderme todo lo que quiera que tenemos una enorme diferencia de edad, pero simplemente es ilógico que en su época, se comieran las hamburguesas con cubiertos. He visto suficientes películas americanas como para saber que eso es una mentira.
Michiru parpadeó ante la respuesta de Haruka, aquello no era mentira, solo era que ella nunca lo había hecho. Ella había crecido en el seno de una familia muy rica y con un nivel excesivo de reglas y modales, y era un sacrilegio que cualquiera de la gente en la alta sociedad, usará sus manos para comer algo.
—No es eso...— Michiru desvió la mirada, y es ahí cuando Haruka se dio cuenta de que la cosa iba más en serio de lo que había pensado.
—Usted... ¿Usted realmente no ha comido nunca una hamburguesa como se debe?— Michiru negó ligeramente con la cabeza, aún sin voltear a verla— ¡Pues eso tiene que cambiar! ¡Y no hay mejor momento que este!
—Haruka, no— Michiru negó con rapidez, preocupada— ¡Yo no debo hacer eso! Es totalmente incorrecto, la comida siempre se debe de comer con cubiertos.
—Usted no ha probado una hamburguesa hasta que lo haga con sus manos, ¡Es una experiencia totalmente diferente!— Haruka se chupó los dedos, con toda la intención de causar más indignación en Michiru, cosa que sucedió. — Una mordida, solo una, si le sigue pareciendo tan horripilante, entonces preguntaré donde puedo conseguir aunque sea unos cubiertos de plástico, ¿Le parece?
Michiru desvió la mirada, como si estuviera teniendo una batalla por aceptar o no. Incluso si estaba tan reticente, se tuvo que mentalizar una y otra vez que no era nada malo, y con un tanto de esfuerzo, por fin tomó la hamburguesa con sus manos.
—¿Así?— Haruka asintió— Bueno...
Michiru cerró los ojos y le dio una mordida a la hamburguesa... Era una total y absoluta delicia. Ya ni siquiera recordaba esas combinaciones de sabores. Hacía años, por no decir que prácticamente una década, que no probaba la comida rápida, aquello era un manjar de dioses, era una sensación de éxtasis, el crujido del pan de la hamburguesa, la dulzura y la salinidad de la salsa, el cálido sabor de la carne en el medio. Michiru había probado todo eso en un milisegundo y su cerebro le gritaba que repitiera la experiencia.
—¿Le gustó?— Michiru gimió de delicia, suficiente respuesta era para Haruka. — Consideraré eso como un sí.
—Hacía años que no probaba algo de este estilo, ¡Es terriblemente maravilloso!
Haruka sonrió— Entonces, disfrútelo. Después de esto, ya me di una idea de a donde es que podríamos ir.
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—Haruka, en serio que no es necesario. Yo no necesito nada de aquí y dudo que a ti te interese...
—Nada de eso, señora Michiru, me di cuenta mientras íbamos por al área de comidas, usted se estaba muriendo por entrar y comprar la colección entera, ¿O me equivoco?
Michiru cerró los puños con fuerza, presionando los dientes con fuerza. Lo último que quería era que Haruka la considerara una mujer superficial y fashionista como lo hacían ya la mitad del mundo, gracias a sus enormes gustos por las compras... pero era tan tentador...
—¡Está bien! ¡Tú ganas! ¿Okay? Si, me encantaría entrar y arrasar con toda la ropa que encuentre. Me encanta meterme en los vestidores y probar combinaciones tan locas que simplemente son estúpidas por aunque sea, de esa manera puedo sentir que puedo ocultar el paso del tiempo, y si, me estoy muriendo por entrar y volverlo a hacer, ¿Oír eso te hace feliz?
Pero Haruka no tuvo reacción ante los gritos de exasperación de Michiru.
—Solo me hará feliz oír eso de una sola forma— Michiru hizo una expresión de "Ahora que es lo que quiere" —Solo me hará feliz, si usted se deja de preocupar por si a la demás gente le gusta o no lo que usted ama hacer… y me deja entrar a ver cada conjunto que se pruebe.
Michiru tardó unos segundos en reaccionar, mientras sentía que sus piernas se debilitaban— ¿No piensas que aquello roza con la extravagancia? Yo no lo necesito y aun así…
—Señora Michiru, aun si fuera extravagante, eso la hace feliz a usted.
—Pero son excesos, yo lo tengo prácticamente todo y aun así siempre termino…
—El día que usted crea que no necesita de esto, entonces dejará de venir— Haruka tomó a Michiru del hombro, intentando reconfortarla— Por mientras, Channel y Prada nos están esperando ¿No cree?
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Las horas se habían pasado demasiado rápido, ambas se habían olvidado del cansancio o del aburrimiento, ninguna tenía cabeza más que para la otra. Las risas y constantes miradas, hacían que todo fuera divertido.
Ni siquiera se habían dado cuenta de en qué momento fue que habían salido al fin de tanta tienda, entre ropa nueva y maquillajes, Haruka cargaba más bolsas de las que había cargado en toda su vida.
Y Michiru tampoco se quedará atrás, ya que, aunque había insistido en que ella podía cargar todas sus cosas sola, simplemente no había podido convencer a Haruka de no ayudarla.
Y mientras la rubia caminaba un par de pasos atrás de esta, admirando su espalda, su hermoso cabello, no pudo evitar suspirar. Haruka no quería que ese momento terminará, quería sentirse así toda la vida.
—¿Qué sucede, Haruka?— Michiru escuchó el suspiro de Haruka, y se detuvo, volteando a verla.
—Señora Michiru, antes de que nos vayamos, dígame ¿De qué se lamenta esta vez?
Michiru alzó una ceja— ¿A qué te refieres?
—Es que, siempre que salimos usted y yo, usted termina por arrepentirse de algo— La expresión de Michiru cambió al escuchar eso, Haruka estaba realmente triste de pensar en eso— Así que dígame ¿De qué se lamenta esta vez? ¿Haberme conocido? ¿Haber aceptado venir? ¿Haber pasado momentos tan lindos juntas?
Michiru miró a Haruka directamente. La rubia tenía súplica en sus ojos, había resignación, como si ya supiera que aquello le iba a doler.
Algo dentro de su mente se activó, algo que le decía que aquello era el momento, aquello que ella tanto había esperado.
¿Cuál era ese pensamiento? ¿Por qué parecía que estaba conteniendo el impulso de decir algo? Ella no lo sabía. Pero se dejó llevar por ese sentimiento.
—No ser joven para ti.
Haruka dejó caer las bolsas de compras al suelo.
—En un mes, tú cumplirás veintidós años, y yo, en tres meses, cumpliré cuarenta y tres…
—¡No me llevas veintiún años! Solo me llevas veinte años y diez meses.
Haruka se acercó a abrazar a Michiru, pero esta la alejó, tenía que terminar.
—No, Haruka, esto es en serio…— Michiru se volteó, mientras Haruka intentaba entender qué sucedía— No quiero amarte, ¿Entiendes? Mi vida estaba bien, pero tú te metiste a la fuerza en ella, y despertaste sentimientos en mí que no sé cómo manejar.
Michiru negaba con la cabeza, y no se daba cuenta cuando sus ojos se empezaban a humedecer, y Haruka intentaba procesar todo rápidamente.
—Me haces dudar de todo lo que yo conocía, de todo lo que yo pensé que era, me haces pensar en quién soy, ¡En mi sexualidad! Haruka, desde que te conocí, ya no sé quién soy. Ahora vivo pendiente del teléfono, quiero saber a cada hora de ti… Me angustia suponer que algún día… algún día ya no me volverás a llamar. Me he obsesionado con tus bromas, tus locuras, saber de tus viajes, tu pésimo sentido del humor, en tus guiñadas… Me he obsesionado contigo...
Michiru no notó en qué momento Haruka se le había acercado tanto y había tomado sus manos.
Haruka solo estaba sonriendo, tenía una sonrisa deslumbrante, sus ojos habían vuelto a brillar. Y únicamente una pequeña risita salía de su boca.
—¿Le resulta gracioso? ¿Le resulta gracioso meterse así en mi vida y llevársela por delante?
—¿Usted me ama?— Michiru desvió la mirada, pero Haruka se acercó más— Señora Michiru, no tiene idea de cuánto tiempo esperé para escuchar esas palabras.
Haruka abrazó a Michiru, tomándola con fuerza entre sus brazos, aquello no era un sueño, necesitaba confirmarlo. Michiru le estaba confesando su amor, no era una mentira. Michiru de verdad la amaba, la quería.
Michiru no se soltó del abrazo de Haruka, pero se apartó lo suficiente para poder verla —Usted no tiene ni idea de que es lo que ha hecho conmigo. Haruka, yo nunca he visto a una mujer con los ojos con los que la miro, amar es una palabra que se queda corta con lo que yo siento por usted. Hay cosas que yo ya no tendría que sentir a mi edad, pero al mismo tiempo…— Michiru se presionaba más sobre Haruka— Aquí ando desesperada por tenerla a mi lado en cada segundo que pueda; ignorando el miedo que tengo de que nos descubran, pero a la vez… Dios, cómo disfruto estar con usted. Ya no puedo alejarme, no quiero, no creo que pueda y eso le pone muy mal.
—Señora Michiru— Haruka suspiró, cerca de su oído. —Se ve divina cuando me ama.
Antes que Michiru pudiera contestarle, los labios de Haruka se volvieron a unir con los de Michiru.
Michiru sintió como si su cuerpo perdiera todas las fuerzas. Sus brazos se posaron en los hombros de la rubia, aferrándose a ella como si de soltarla desapareciera. No quería admitirlo, pero había extrañado los labios cálidos y suaves de la corredora. Y sin pensarlo dos veces, Michiru haló a Haruka sobre ella, profundizando el beso.
Esta vez, Michiru no puso resistencia alguna. Michiru le devolvió el beso con la misma pasión que Haruka le demostraba. Ese simple beso la hacía sentir deseada, le hacía sentir el amor en toda su expresión. No había motivos escondidos en ese beso, solo el de hacerla sentir querida y que era la cosa más preciada para Haruka. No fue hasta ese momento que Michiru se dio cuenta de lo mucho que extrañaba sentirse de la manera que se sentía y que la única persona que podía hacerla sentir apreciada era Haruka.
Solamente se separaron de aquel beso para intentar recuperar la respiración, aquello era realmente maravilloso, un momento que recordarían para siempre.
—Haruka, ¿Qué es lo que somos?— Michiru volvió a preguntar, viendo que Haruka quería volver a besarla, y si lo hacía, Michiru sabía que se iba a rendir.
—Somos dos enamoradas, que están felices.
Michiru se sonrojó, pero volvió a negar.
—Es en serio, escucha, veme a los ojos. No me gusta nada ser tu amante, no quiero cometer el mismo error del que yo he sufrido tanto tiempo.
Haruka se puso seria, separándose de Michiru, pero tomándola de la mano, y después de unos segundos, sonrió— Pero usted no es mi amante, yo no estoy casada.
—Pero yo sí, yo soy una mujer casada… y después de hoy ¿Qué somos? Amantes— Michiru estaba dolida de ese hecho, quería dejar todo en claro.
—Y supongo que con el relampagueante y comprensivo de su marido, pedirle el divorcio es como una sentencia de muerte, ¿O me equivoco?
Michiru desvió la mirada, de solo imaginar de que era capaz Darien al tantearle la idea de un posible divorcio… le daba escalofríos, su marido podía ser un completo psicópata cuando las cosas se salían de su control. Lo sabía por experiencia.
—Yo me siento culpable, Haruka. A pesar de que sé que él me hizo lo mismo o peor, y que yo ya no lo amo, él es mi esposo, tuvimos algo… y yo me sigo negando a creer que, simplemente, me abandonó.
—Perdone que se lo diga, pero si él no sabe valorar lo que tiene enfrente; A una mujer tan única como lo es usted, y la ha menospreciado y subestimado durante toda su vida, ese hombre no merece sentir su remordimiento, usted no le debe nada. —Haruka cerró los ojos, tomando las manos de Michiru con aún más fuerza, dándole todo su apoyo— Mire, yo la esperaré toda la vida, y la que sigue también lo haré. Yo haré todo lo que usted me diga y mande. Si usted quiere que yo sea su amante, lo soy; y si usted quiere escaparse conmigo, ahí está el carro, nos vamos ahorita mismo rumbo a Europa, a América, o a dónde usted quiera. Usted mande y yo obedezco, a lo que sea, dónde sea y como sea.
Michiru sonrió, sonrojándose. Cuando Haruka se lo decía, ella realmente creía que podía ser cierto, que llegaría el día en dónde se pudiera alejar para siempre de Darien y huir al lado de Haruka. Realmente creía en su amor, que ella podía ser feliz.
Estaba por morder el fruto prohibido. Estaba por caer en las tentaciones del pecado, aquello que representaría la infinita felicidad, y su perdición. Pero no le importó ya.
—Haruka, bésame de nuevo, por favor, vuelve a hacerlo— Michiru suplicó.
—Será un placer, señora Michiru.
Pero, cuando esta se acercaba, la detuvo, poniendo su dedo en sus labios.
—Michiru, solo dime Michiru. Quiero que esto empiece bien.
La sonrisa de Haruka se ensanchó. Ella era feliz con tan poco, y Michiru le había dado una alegría inmensa con esas simples palabras, era algo que le demostraba cuánto había cambiado todo.
—Claro que sí, Michiru.
Haruka tomó a Michiru de la mejilla, para darle un nuevo beso, y cuando iban a volver a besarse, algo las detuvo, el teléfono de Haruka volvió a sonar.
—¿No vas a contestar?— Michiru preguntó al ver que Haruka no se detenía, aunque tampoco era que no quisiera.
—Me pueden llamar después…
Pero Michiru negó con la cabeza— Puedes besarme todas las veces que quieras más tarde, anda, contesta.
Aun así, Haruka le dio un fugaz beso, antes de buscar en su bolsillo su celular y ver el número.
—Es Rei, no debe ser nada importante— Haruka contestó la llamada— Rei, ¿Qué pasa? Estoy… muy ocupada en este momento.
Michiru se sonrojó al ver que Haruka le guiñaba el ojo.
"Haruka, McLaren te está buscando."
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McLaren: Equipo histórico de F1, probablemente el segundo tras Ferrari. Forma parte de los grandes equipos, junto con Willliams y Mercedes.
A lo largo de los años ha obtenido 8 Campeonatos de Constructores, 12 Campeonatos de Pilotos, 183 victorias, 155 poles y 489 podios. Ha tenido en sus filas a pilotos de alto nombre, como Alain Prost, Ayrton Senna, Alonso, Lewis Hamilton, Kimi Raikkonen, etc.
En 2007 tuvieron un escándalo por robar los planos del auto de Ferrari y cayeron bastante. En 2015 formaron McLaren-Honda y fueron el peor equipo hasta 2018, actualmente son un equipo irregular que no domina la media-tabla.
Escribo todo esto porque es importante que lo sepan, y por eso que McLaren esté buscando a Haruka es tan importante jaja
Soooo... Al fin son pareja, dios mio al fin, ¿Opiniones?
