Michiru intentaba recuperar la respiración. No tenía ni idea de donde estaba, pero tampoco le importaba especialmente, solo había salido corriendo sin realmente preocuparse de a dónde iba.
No quería que Haruka la siguiera, no quería que Haruka la viera en ese estado… Aunque en general, no quería que Haruka la viera. De solamente admirar sus manos, no podía evitar sentir horror y asco de lo que estaba viviendo.
En esos momentos, no quedaba rastro alguno de una de la mujer segura de sí misma y confiada que había sido y que aparentaba ser. Quedaba un ser destruido, un ser destrozado, que el tiempo había acabado.
Ella deseaba que sus recuerdos fueran olvidados, deseaba que todo no fuera real. Que ella se olvidara para siempre de quien había sido, de las palabras que viajaban siempre en su cabeza.
"No eres lo suficientemente linda"
"Él te cambio por alguien más joven"
"¿Qué estás haciendo? Solo el ridículo"
Negaba con la cabeza, no quería seguir escuchándolos, no quería seguir creyendo que eran reales, por más que fuera que ella misma se estuviera negando.
Ella ya no era linda, y nunca más iba a serlo. No importaban los gritos de su corazón, suplicando para que entrara en razón, esto era una pesadilla. Haruka se merecía alguien mucho mejor de lo que ella era.
Haruka merecía a alguien mucho más joven y linda que ella. Alguien que realmente se mereciera el amor y admiración de la rubia, y ella no era esa persona. Alguien que no tuviera miedo de pasar la noche a su lado porque se sentía insuficiente.
Ella se merecía a una persona que pudiera seguirla a todos lados, porque no estaba atada a un compromiso.
Michiru tenía dos opciones, pero ambas opciones eran de ella misma. Solo tenía que tomar la decisión.
La noche empezaba a caer, tendría que llegar a su casa o Darien se molestaría de nuevo. Aunque ella se tenía merecido cada grito y regaño que este le pudiera dar, o eso es lo que pensaba.
—
—¿Ni siquiera te contesta a ti, Mina?— La susodicha negó con la cabeza, decepcionada de que nuevamente fuera enviada a buzón.
—¿Pues qué le dijiste anoche? ¿Ya intentaste ir hasta su casa?— Mina recibió el suspiro de frustración de Haruka como respuesta.
—Ya, pero se me está negando. Esperaba que te contestara a ti y que pudieras ayudarme, pero… Es que soy una estúpida— Haruka tenía los ojos llorosos, la rabia y el coraje hacia ella misma se estaba conteniendo— No sé en qué momento se me ocurrió intentarlo.
—¿Intentar qué?— Mina preguntó con inocencia, pero veía que Haruka estaba realmente mal, ansiosa, podía ver en su rostro que la culpa aparecía una y otra vez.
—Quería que pasáramos la noche juntas— Mina se ruborizó y los recuerdos de lo que le había dicho a Michiru aparecieron en su mente.
Genial, ahora la que tenía culpa era ella.
—Era obvio que ella no estaba lista para eso, apenas llevamos un par de semanas siendo amantes, ella aún tiene el recuerdo de su esposo en la mente y…
—No creo que eso sea, Haruka— El tono de voz de Mina era bajo, e incluso había retrocedido un par de pasos. Si Haruka no la mataba, Mina confirmaría que era la amiga del alma de Haruka— Puede que yo, haya hecho un par de comentarios al respecto de eso… y puede que hubiera mencionado que Michiru debía estar a la altura porque tú tenías un largo historial como casanova…
A Haruka se le fue el alma al suelo y eso no tardó nada en que Mina se diera cuenta de ello.
—¡Lo siento! ¡Yo estaba jugando! Nunca pensé que Michiru se lo tomaría tan en serio como para pensar que ella podría ser una conquista más…
—O que no es lo suficiente como mujer…— Era claro que Haruka conocía mejor a Michiru que Mina.
Michiru sabía perfectamente que Haruka la respetaba, que la amaba a ella y a nadie más. Pero Haruka también sabía que Michiru estaba batallando con ella misma para tratar de considerarse que se merecía un poco de afecto.
—Voy a ayudarte a que Michiru te hable de nuevo, lo siento muchísimo— Mina estaba al borde de ponerse a llorar, Haruka ni siquiera le había reclamado, apenas había reaccionado, pero la cara de tristeza, de dolor que sentía su amiga… No se lo podía perdonar.
—No te preocupes… Creo que es algo que yo sola debo de hacer, pero tengo el tiempo encima, me voy en tres días.
—
—Señora Michiru, ¿Está todo bien? No escucho ruido— Nakaru tocó a la puerta del baño, su señora había entrado desde hacía horas y era tiempo que no había salido.
—Estoy bien— La voz de Michiru era apenas un susurró— Vete, por favor.
Nakaru sabía que algo no estaba bien, juraría que la voz de Michiru estaba rota y ronca, como si hubiera llorado tendidamente durante horas. Pero ella se limitaba únicamente a acatar órdenes.
Aun así, sus suposiciones no eran mentira, adentro, Michiru estaba sollozando. Las lágrimas se habían terminado hacía tiempo, pero eso no evitaba que ella siguiera.
No tenía ninguna prenda encima, apenas una toalla mal apretada evitaba que ella pudiera ver a lo que tanto miedo le tenía. Su desnudez.
Ella estaba ahí, sollozando, enfrente del espejo, tenía miedo de verse completa, tenía miedo de sentirse. La tina estaba lista, estaba esperando a que ella se metiera, pero eso no iba a pasar.
Si fuera cosa de Michiru, ella ya hubiera destrozado aquel espejo, aquel que en su reflejo le demostraba la realidad de su vida. Aquella que estaba desesperada por ocultar. Ella no quería volver a ese mundo de eterna oscuridad. Pero no podía hacerlo, no podía esconderse más.
Luchando con ella misma, Michiru volvió a abrir los ojos. Tenía que hacerlo, o su mente se volvería loca, distorsionando una y otra vez la imagen que tenía de ella misma, y no podría controlarlo.
Y más aún, porque su celular empezó a sonar. Y el instinto y la subconsciencia eran demasiado traicioneras consigo misma, y Michiru sonreía y se movía con desesperación para contestar. El número siempre era el mismo, Haruka.
Quiso responderle, pero no fue capaz de hacerlo. Haruka no… Ella no podía saberlo por ningún motivo. Ella tenía que encontrar el valor, la fuerza necesaria, Haruka había hecho tantas cosas por ella, ¿No merecía acaso que se esforzara un poco?
Por primera vez en su vida, ella estaba enamorada. Lo que alguna vez había tenido con Darien había sido costumbre, había sido seguir un plan perfectamente planificado para ella desde muy joven, seguir lo que ella siempre había pensado que sería su destino, y nada más que eso.
Nunca había sentido lo que sentía de Haruka, nunca había sentido ese deseo, esa felicidad, esa alegría. Ella amaba a Haruka, y no soportaría ser la causa de sus tristezas. Mientras más la amaba, más doloroso era. Más doloroso por lo complicada que era su vida, por lo complicado que todo se ponía para estar a su lado.
Ella nunca había pensado en que pasaría la noche al lado de una mujer, ella nunca creyó que sería mientras estuviera casada, cuando había pasado tantos años buscando tener un hijo. Ni siquiera podía excusarse como si aquello fueran las vueltas de la vida, porque no lo era.
Se limpió las lágrimas de los ojos, y apagó el celular. No sería capaz de hacer lo que iba a hacer, si Haruka le estaba llamando una y otra vez durante todo el día.
Dio un suspiro largo y tendido, y se atrevió nuevamente a verse al espejo. Se quitó la toalla, tenía que verse completa, desnuda, para convencerse a sí misma de que sería capaz. Ella era más que capaz de hacerlo.
A pesar de que el corazón le pedía a gritos que la llamara, que le contestara el celular, Michiru no lo hizo; y antes de apagarlo, solo escuchó el mensaje de voz que había ahí adentro.
"Michiru es Haruka. Por favor, cuando escuches este mensaje, llámame. Me hace falta, la extraño y quiero saber como está. Únicamente quiero escucharte y hablarte. No pido nada más."
—
—¿Va a volver a salir, señora?— El chofer del carro preguntó, al ver que Michiru se le acercaba.
—Así es, y de hecho, hoy tenemos muchas cosas que hacer, así que prepárate para un largo día— Michiru respondió, mientras se subía al carro.
—Y estas salidas tan continuas y misteriosas, ¿Tienen algo que ver con un rubio de nombre Haruka Tenoh?
Michiru sintió un escalofrío al escuchar el nombre de su amada en boca de otro. Y el chofer se dio cuenta de eso, Michiru parecía estar consternada.
—¿Y usted de dónde sabe eso?— Michiru preguntó con relativa rudeza.
El empleado tragó saliva— Bueno, es lo que comentan las empleadas de servicio, y como yo la he llevado tantas veces a verse con él, se me hizo prudente… advertirle, que se puede prestar para malas interpretaciones y…
Michiru tuvo que reprimir todos los impulsos de coraje e ira que sentía en esos momentos. El impulso de correr y decir que cualquier cosa que pensaran, era casi totalmente cierto.
Solo rio con un poco de sarcasmo— ¿Está hablando de Haruka? Despreocúpese, ella es exclusivamente una muy buena amiga, pero no vive en el país…— Volvió a sonreír, al ver la cara de vergüenza y sorpresa de su chofer.
—¿Una mujer?— Michiru asintió con la cabeza. —Mis más sinceras disculpas, no sabíamos que era…
—¿Me va a llevar al salón de belleza o tendré que irme yo sola?
Los comentarios terminaron en ese momento.
—
—¿Qué le parecería un tinte, señora de Chiba? Sé que nunca lo hemos usado y a usted no le es partidaria, pero las raíces se empiezan a notar.
Michiru no dejó que terminara la frase, ella misma sabía que era lo que estaba pasando, y no necesitaba que se lo mencionaran de nuevo.
—Sí, vendré la siguiente semana para eso— Fue lo único que le contestó, su estilista asintió con la cabeza.
—¿Y cuánto le duró la operación, Yuriko?— Michiru alcanzaba a escuchar la conversación al lado suyo, después de todo, para eso era un salón de belleza, todo se sabía.
—Dos horas, y ni siquiera se necesita anestesia general, en dos días estás estrenando párpados nuevos.
—¿Saben quien se la hizo y quedó divina? La señora Miyake— Michiru intentaba parecer desinteresada ante la conversación que se estaba desatando entre su estilista y las otras dos clientas.
—¿Cómo? Pero si ella no tiene ni cuarenta.
—Querida, tiene cuarenta y cuatro y con todas las cirugías que lleva.
—Y yo que estoy loca por hacerme la liposucción, ya me da pena con mi marido que me vea en este estado.
—¿Pero y eso? Si él está mucho más gordo.
—Si, pero tú sabes que eso en los hombres no importa mucho.
La conversación no siguió, de momento. El estilista se detuvo por fin.
—Listo, ya ha quedado lista, ¿Por qué no regresa en unas horas a que le dé un retoque final y esté lista?
Michiru asintió, y agradeciendo, se dirigió a donde estaba la caja, a pagar.
—Michiru, quedaste preciosa— Michiru suspiró, sabía que nada bueno podía llegar de esa halago lleno de falsedad.
—Muchas gracias— Contestó rápidamente, esperando que no siguiera.
Y aun así, fue capaz de escuchar, como entre murmullos, las dos mujeres a su lado la comían viva.
—Cómo se ha envejecido desde la última vez que la vi, y engordado.
—Bueno, pero es que ella ya es mayor.
—Nada de eso, si tiene prácticamente mi edad.
—¿Cómo dices? ¡Pareciera que te lleva más de una década!
Aquellos comentarios no le ayudaban en lo absoluto. Por todo lo contrario, la estaban matando, ¿Qué podía ver Haruka de atractiva en ella? Todas esas señoras tenían razón. No había nada ya.
No, tenía que despejar la cabeza, no podía dejarse vencer por esos comentarios mal hirientes. Ella tenía que seguir con su plan, y eso iba a hacer.
—
—No, ni en mis mejores sueños— Siendo totalmente francos, Michiru no tenía la menor idea de que rayos estaba haciendo en esos momentos.
Todo de ella, le estaba suplicando en todos los idiomas que conocía, que saliera volando de ahí. Que corriera a la salida, y no volviera a mirar para atrás.
De solo ver la clase de ropa interior que vendían en ese lugar, ya estaba consciente de que era demasiado extrema para ella. Ella jamás se había puesto ese tipo de ropa.
"Pero a Haruka seguro que le encantarían…"
Luchando contra ella misma, se acercó a tomar otro conjunto de ropa interior. Roja, demasiado sexy…
—¡No! Solo me pondría esto estando muerta… ¡Y ni eso! Me vuelvo a morir de la vergüenza.
Vergüenza, eso era la señorita que estaba a su lado sentía, siguiéndola a todos lados, y viendo como dejaba un conjunto tras otro.
Pero Michiru era la que necesitaba tomar la iniciativa. Fuera como fuera. Incluso si sentía que no iba a poder con eso.
—Disculpe, pero ¿Por qué no?— Al parecer, la vendedora al fin se animó a hablar— Creo que se vería muy bien en usted.
—No, no. Yo hace mucho tiempo que no sé de estas cosas.
Pero la vendedora negó con la cabeza, sonriéndole— No diga nada de eso, se ve que usted tiene un gusto magistral. Porque no va a los vestidores y… — Empezó a buscar entre los diferentes conjuntos— ¿Se prueba este? Incluso por encima de la ropa, se puede dar una idea, ¿No?
Cuando estaba adentro del vestidor, Michiru simplemente no podía más.
Se imaginaba a ella misma, con ese conjunto, bailando para Haruka, las luces poco a poco empezaban a ser más y más tenues, hasta que prácticamente la distancia entre ellas era de unos pocos milímetros. Y con mucho cuidado, Haruka empezaría a quitarle la ropa que traía…
—¡No!— Gritó, ya no podía más.
Lo había intentado, ella se juraría a sí misma que lo había intentado con todo lo que podía, pero ya era suficiente.
Salió del vestidor a toda velocidad, dejando el conjunto en las manos de una vendedora que estaba bastante extrañada, no entendía qué era lo que estaba pasando.
De solo imaginarse que podía estar en los brazos de Haruka, que ella la pudiera ver desnuda, y que sintiera que no era suficiente, a pesar de todos los esfuerzos que había hecho…
Michiru estaba ignorando a su corazón, ya no lo estaba oyendo. Sus dudas la estaban sacudiendo, mientras estaba corriendo. Sus buenos sentimientos, sus malos sentimientos, ser débil la lastimaba, y mucho más el tener que confirmarlo. ¿Por qué tenía que haber conocido a Haruka? Su pecho estaba inquieto, le dolía.
Ya no le importaba si estaba llorando en la calle, o cuánta gente la estuviera mirando con diferentes reacciones, ya le daba todo exactamente igual. Ella no era suficiente, nunca lo sería. No lo fue para Darien, que tan pronto pudo se fue con una más joven. ¿Cómo lo iba a ser para Haruka? Ya le daba igual si se recargaba en una pared en medio de la calle, solo para sentarse y ponerse a llorar. Eso era lo que más necesitaba. Era despreciable, nunca sería una mujer suficiente para Haruka.
Nunca volvería a ser la mujer por la que media escuela suspiraba por un saludo. Ahora era la burla de todas las personas, estaba acabada, estaba vieja, cuál mueble que debe ser reemplazado. Todo aquello ya no era más que recuerdos y sueños. Los sueños, solo sueños, pueden ser. En cuanto terminara todo ese dolor, su amor perdido no se iba a mover.
Haruka no merecía tener una carga de ese nivel. Su deseo nunca se volvería realidad, ella estaba condenada a tener que volver a estar en la soledad.
Sonreía de la ironía, aquellas palabras eran más que crueles. Incluso si quería seguir siendo hostil consigo misma, con Haruka, no evitaba la tristeza que le ocasionaba pensar en todo el amor que sentía por su Haruka. Haruka le atraía, no podía evitar no pensar en ella todo el tiempo. Esto era una pesadilla.
La ilusión se había destruido, ya se había ido. Era la persona más miserable de todo el mundo.
—
—Setsuna, no me atosigues más— Mina se estaba quejando con su amiga— Haruka no me contesta y Michiru tiene el celular apagado, ¿Cómo se supone que voy a hacer algo? ¡Todo esto es mi culpa! Si yo no hubiera empezado con mis tonterías de siempre… ¡Y justo cuando Haruka está por irse! Sé que está desesperada, está angustiada, ¡Ni siquiera en su primera carrera en F1 la vi en ese estado!
—Si, lo es— Mina tenía una expresión incrédula ante la falta de empatía de su amiga— Pero no creo que encuentres nada que hacer, eso lo deben resolver entre ellas dos. Por eso son pareja, de dos.
—Mi conciencia no estará tranquila hasta que vuelva a ver que ellas dos están felizmente juntas y…
No terminó su frase, algo la estaba molestando. Era como un sollozo, o algo parecido.
—Mina, lamento romper todas tus ilusiones, pero a mí no me interesa, y dudo que a ellas también, contarte con todo lujo de detalles, que es lo que hacen…— Setsuna tampoco completó su frase, Mina la silenció.
—¿No escuchas eso?— Mina volteó para todos lados, como si estuviera agudizando sus sentidos para tratar de averiguar de dónde venía el ruido— Alguien está llorando.
—No escucho nada…
Pero fue en vano, Mina ya había salido a toda velocidad hacia donde ella suponía que llegaba aquel ruido. Y claro, a Setsuna no le quedaba de otra más que seguirla, como siempre, siendo arrastrada a cosas que no tenían nada que ver.
Pero la intuición de Mina no falló en ese momento. Después de caminar un poco, el sollozo se había hecho cada vez más fuerte.
—¡Michiru!— Setsuna apresuró el paso, cuando escuchó el grito de Mina al doblar la esquina.
¿Cómo que Michiru?
Pero aquello tampoco era mentira. A mitad de la calle, ahí estaba Michiru. Con el maquillaje corrido, y una mirada perdida. ¿Qué hacía en ese estado?
—
Lo admito y no me escondo. Una escena de aquí la saque de Victoria, pero es que desde hace meses tenía atravesada esa escena del coraje, y aquí me pude desquitar.
Parece que a Michiru nada le puede salir bien, una tragedia tras otra, un idiota tras otro. Ah, es una lastima… jaja, pero todo tendrá su recompensa, los momentos felices ya vienen, ya verán…
Por cierto! Les tengo una excelente noticia. Pero en este caso, se los dejó a su elección. Pueden tener un capítulo doble la siguiente semana, o pueden tenerla dentro de dos. Como pista, solo les puedo dar que si eligen dentro de dos, será la calma antes de la tormenta, y si eligen dentro de una, tendrán un capítulo muy corto en un momento, ¿Qué prefieren?
¿Opiniones?
