No le quiero cambiar el rated a esta historia. Asi que, lo siento mucho, pero a ustedes les tocó una versión censurada de este capítulo. Si quieren leerlo un tanto más explícito, les dejó el link a mi wattpad y a mi Ao3. Solo quiten los puntos.

. story/30. -de-nadie

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Cualquier vecino que las hubiera visto pensaría que eran amantes. Las risas, los murmullos de afectos y de alabanzas se filtraban entre las dos mujeres y solo pausó al momento en que Haruka abría la puerta del departamento. Al entrar, Michiru sintió como cada célula en su cuerpo renacía. Sí, era el departamento de Haruka. Si, ella lo había visto ya varias veces y siempre le dejaba saber lo mucho que no le gustaba que estuviese tan regado. Ahora con todo y que tenía muebles nuevos, se suponía que Michiru dijera un comentario negativo, pero tan pronto escuchó la puerta cerrarse detrás de ella, no pudo contener los nervios que corrían a través de ella.

Sigilosamente, Haruka tomó de su mano, y Michiru estaba segura de que esta podía ver el estado en el que estaba. Temblorosa, las manos sudorosas.

— Estás pensando mucho las cosas.

La voz baja de Haruka, cortó la ansiedad y los nervios de Michiru. La rubia la tomó de las manos y suavemente la jaló hasta tenerla de frente, cara a cara. Y ahí Michiru pudo ver que ella no era la única que estaba nerviosa en ese momento. Haruka no estaba del todo bien… acaso, ¿Estaba pensándolo dos veces? ¿Acaso ya no la quería?

¡Por Dios, Michiru! Ya deja de pensar en eso. Si no te quisiera no estarías aquí con ella…

— Sí. Bueno... No es que… —

— En que piensas. Y sé honesta. — Haruka murmuró, sus manos se movieron a la espalda de Michiru, dibujando pequeños círculos de afecto.

Michiru suspiró tratando de calmarse a ella misma. Sin embargo, volteó la mirada al suelo antes de contestar. — Yo nunca he hecho esto con alguien que no fuese mi marido… —

Haruka asintió. — ¿Y tienes miedo por eso?

Michiru rio nerviosa. —Tengo miedo de no poder satisfacerte…

Haruka le devolvió una carcajada antes de presionar sus labios con los de ella. La caricia fue corta pero llena de cariño. — Tenemos toda la noche para saber qué nos gusta y que no nos gusta. Créeme, que con solo saber que está dispuesta a querer satisfacerme, es suficiente para complacerme.

—Bueno…— Michiru no podía parar de sonreír, sin embargo, ella tenía constancia que esa risa no era porque algo le daba gracia, sino que estaba nerviosa y con un terror de hacer algo que no fuese del agrado de Haruka.

Sin mediar una sola palabra, Haruka apretó la mano a Michiru y la llevó al cuarto. Por un momento Michiru sentía que se ahogaba y que las paredes se achican, pero nuevamente Haruka hizo que se relajara, dejando caer besos suaves sobre su hombro. Michiru cerró los ojos y dejó que la rubia poco a poco le quitara la chaqueta. Michiru estaba tensa, y ella estaba segura de que Haruka se había dado cuenta.

—Mírame, Michiru. — Las palabras salieron en forma de una orden, y con todo y que estaba temblando, Michiru se dio la vuelta y alzó la vista hacia su amada. Fue entonces que Haruka tomó de sus manos temblorosas y las colocó encima de los botones de su blusa. — Vamos a ocupar esa mente con una tarea, ¿si?

Michiru asintió con los labios entre partidos, y su respiración cortada. — Sí.

—Bien. Quítame la ropa.

Al principio Michiru se frisó, pero Haruka le rozo los antebrazos y tomó un paso más cerca hacia ella. Claro. Quitar la ropa no era nada del otro mundo. Ella lo había hecho en muchas ocasiones. No era nada complicado, solo tenía que deslizar los botones por la hendidura, uno a la vez. No era un problema…

Si no es un problema porque mis manos no paran de temblar. ¡Enfócate, Michiru! ¡Vamos tú puedes!

Frunciendo el ceño, Michiru deshizo el primer botón, y sus ojos recorrieron la piel recién expuesta. Piel suave, tersa y blanca y bella.

Respirando de nuevo, Michiru se concentró en quitarle el segundo botón y luego el tercero, y luego el cuarto… Y luego él… Ya que más daba. Había perdido la cuenta y estaba empujando la tela de la blusa por encima de los hombros de la rubia hasta que esta cayera olvidada a sus pies…

Haruka no se movió, y Michiru le agradeció enormemente que simplemente estuviese quieta para ella observar cada detalle de su torso. Haruka estaba usando un sujetador deportivo color negro. Sin embargo, las manos de Michiru por alguna razón ardían con la necesidad de tocarla.

— ¿Me lo quitas tú o yo? — Haruka preguntó, lo cual hizo que Michiru regresara la vista a sus ojos.

— Tú. Quítatelo tú.

Haruka asintió y agarró los bordes del sujetador y lo jaló por encima de su cabeza, tirándolo junto a la blusa.

Los ojos de Michiru se mantuvieron en los de Haruka en todo momento. Ni se atrevía a voltear la vista, a mirarla. Claro Haruka no pudo contenerse y tuvo que dejar salir esa sonrisa coqueta que hacía que Michiru perdiera la razón.

— Michiru… —

— Lo sé. Dame un momento…

— Te doy todos los momentos que quieras.

Michiru suspiró y lentamente bajó la vista al torso de su amada. Haruka era perfecta.

Michiru pestañeó como si hubiese despertado de un sueño. Miró al rostro de Haruka. — Quiero verte completa.

—Como usted desee. — Haruka movió sus manos para la correa de sus pantalones, pero Michiru la detuvo agarrando el antebrazo. La rubia levantó una ceja y sonrió. — Adelante.

Con un poco más de seguridad, Michiru deshizo la correa y la jaló hasta tirarla al suelo. Luego deshizo el botón de los pantalones. Ella quería quitarlos, poder ver cada centímetro de las piernas de Haruka, pero antes de que lo hiciera, Haruka enganchó su pulgar en los bordes del pantalón y ropa interior y los jaló hasta quedar completamente desnuda frente a Michiru.

Michiru estaba segura de que su cara había cambiado completamente de color y aunque quisiera, no podía parar de mirar a la rubia. No fue hasta que Haruka la tomó por la quijada que se dio cuenta de que Haruka la estaba besando. Sus labios acariciaban los de ellas con una combinación de ternura y deseo que la dejaba jadeando. Sus manos se entrelazaron en los cabellos rubios de Haruka, acercando hasta que su cuerpo estaba presionado con el de ella. Michiru podía sentir el calor emanando del cuerpo de la corredora, pero la capa de ropa que todavía tenía puesta no la dejaba disfrutarla por completo.

Alejándose un poco, Michiru mordió su labio inferior y miró a su propio cuerpo todavía vestido. Era ahora o nunca…

—¿Quieres que yo lo haga? — Haruka pregunto, rozando sus labios sobre la curva de la oreja de Michiru.

—Haruka… yo—

—Por favor…— la súplica le vino como sorpresa a Michiru. Aunque ya estaba acostumbrada a las súplicas de la rubia desde el primer momento en que se conocieron, esta súplica en específica sonaba como si la vida de Haruka dependiera de la contestación que Michiru le fuese a dar. Más que nunca Michiru se sentía deseada.

Michiru asintió y de repente Haruka envolvió los brazos alrededor de su cintura y la levantó del suelo. Antes que Michiru pudiera pelearle, La rubia la cayó con otro beso feroz antes de tirarla a la cama.

—Es como si fueras un regalo. — Haruka gimió, sus manos expertas se movieron sin temblar sobre la blusa de Michiru, sus ojos pegados al cuerpo de ella.

Michiru sentía que el corazón se le iba a salir por la boca. Nunca había escuchado a Haruka hablar así y con lo mucho que le asustase, no podía negar que le encantaba.

Las manos de Haruka se movieron a agarrar el rostro de Michiru, su blusa olvidada por un momento mientras Haruka la consumía sin ningún tipo de pudor. No fue hasta que Michiru se alejó lo suficiente para respirar que Haruka observó lo que le esperaba debajo de la ropa de Michiru.

Michiru escuchó una risita escapar de Haruka y cuando abrió los ojos vio como la rubia se sentaba en sus talones y lentamente movía la blusa de Michiru hacia un lado para por fin ver lo que esta llevaba debajo.

— ¿Y esto? — Haruka preguntó, con una curva juguetona en sus labios.

Por un momento, Michiru pensó que esta se iba a burlar de ella, que le iba a decir palabras groseras, decirle que se creía una niña de veinte en vez de cuarenta y que era una ridícula por tratar de parecer de la edad que no era. Que no volviera a hacer una estupidez como esa, pero, en cambio, Haruka la observaba como si fuese la cosa más hermosa que hubiese visto en toda su existencia. Como si tuviera problemas controlándose y que lo único que quería en ese momento era consumirla como un fuego voraz.

Michiru tenía que meterse en la cabeza, que la persona con la que estaba se asemejaba en nada al hombre que juró alguna vez amarla hasta que la muerte los separara. Haruka no tenía ni una onza de semejanza con Darien, y mientras él la hacía sentir menos, Haruka la hacía sentir más… mucho más.

— ¿Te gusta? — Michiru preguntó, y de alguna manera se sorprendió que la pregunta se escuchó más como un coqueteo que una pregunta de inseguridad. La pregunta estaba de más, ya que Haruka le había demostrado con solo su mirada que le encantaba.

Haruka asintió con la cabeza, antes de continuar desvistiéndola, deshaciendo los botones de su blusa y luego la de los pantalones. Después de un rato, Haruka tiró la blusa y los mahones junto a su ropa descartada en algún lado del cuarto. Michiru notó como la respiración de esta se volvía agitada, y pesada.

— Dios, Michiru— Haruka suspiró, cerró los ojos y presionó su rostro al cuello de Michiru. — Si solo te pudieras ver con los ojos que yo te veo. — Sus manos se posaron sobre sus caderas, apretando, adorando…

Adorando… así era como Michiru se sentía. Adorada, querida, deseada. ¿Hace cuanto ella no se sentía así? ¿Hace cuánto deseaba besar a alguien hasta que lo único que quedará en su mente era su existencia?

Suspirando suavemente, Haruka se apartó de su cuello, y cubrió el cuerpo de Michiru con el de ella, así como manto sagrado. Y Michiru no tuvo de otra que tocarle los hombros, los brazos, su cuello, su cara, Michiru sonrió y jalándola por la nuca, nuevamente tocó los labios con los de Haruka, y por primera vez sintió como la rubia temblaba en sus brazos. Haruka, su Haruka, la que siempre actuaba como si supiera qué hacer en su vida, la que parecía tener total control de todo lo que hacía, estaba temblando, abrumada y no era por alguna niña de veinte ...no, no. Estaba abrumada por ella, por Michiru.

Haruka cortó el beso y comenzó una exploración exhaustiva de la piel de Michiru y fue ahí cuando Michiru suspiró. Los ojos de Haruka se levantaron para mirarla, y Michiru solo podía encajar la mirada, sus manos entrelazadas con cabellos rubios.

— ¿Qué sucede? — Michiru preguntó, mientras una brizna de nervios se la comía por dentro

— Escúchame bien. — Haruka respiro por encima de la barriga de Michiru, su aliento cálido le ponía la piel de gallina. — Si no te gusta lo que estoy haciendo, no quiero que te mantengas callada. Yo quiero que tú disfrutes cada caricia y cada toque…

Dios… Sus palabras sonaban más como una promesa que como una instrucción… Michiru estaba segura de que si le contestaba con la boca iba a hacer el ridículo, así que simplemente asintió con la cabeza.

Sin más que decir, Haruka enganchó sus dedos a la ropa interior de Michiru y suavemente, como desenvolviendo un regalo, jaló el pedazo de tela por sus piernas largas hasta tirarla al suelo. Michiru rápidamente movió sus manos para taparse, pero Haruka no se lo permitió. Sus manos agarraron las muñecas de Michiru antes que esta pudiera esconderse de la mirada de Haruka.

— Yo quiero que tú entiendas, que yo estoy tratando de controlarme en estos momentos. Que lo único que quiero es quitarte todo y comerte entera.

Michiru sintió que su cara ardía en fuego. Trago hondo y luego separó sus labios en un suave jadeo. Haruka ya se la estaba comiendo con la mirada, y ella solo podía quedarse acostada en su cama y dejar que el fuego que era Haruka la consumiera completa.

— Tu timidez me está sacando de mis cabales…

—¡H- Haruka! — Honestamente, el color de la cara de Michiru podía ser comparada con el rojo de su ropa interior, y al parecer esto le causó gracia a Haruka. La rubia comenzó a reír, ahogando el nerviosismo de Michiru hasta que lo único que quedaba era una sensación liviana, como si estuviese flotando.

Las dos mujeres se besaron, y por unos segundos, Michiru se relajó bajo el peso del cuerpo de la corredora, cerró los ojos y permitió que las manos sorprendentemente suaves de la rubia corrieran por su cuerpo. La yema de los dedos de Haruka encontraron las correas de los hombros del brasier para luego empujarlos de los hombros de Michiru y deshacer el broche en la espalda. En segundos, Michiru pudo sentir las sábanas suaves de la cama presionadas a su espalda desnuda.

Mentiría a ella misma si negaba que quería taparse. Antes que pudiera decir o pensar un comentario negativo de su torso, los labios de Haruka comenzaban unos trazos de alabanza sobre su piel, haciéndola olvidarlo todo.

Poco a poco, Michiru podía sentir como comenzaba a derretirse en los brazos de Haruka, bajo sus dedos, bajo su boca. El beso, más bien, la caricia cosquillosa la hizo estremecerse de nuevo y replantearse todo nuevamente.

¿Estaba segura de que esto era lo que ella quería? Estaba a punto de hacer exactamente lo que hizo que odiara a Darien…

— ¿Estás bien? — La voz baja de Haruka hizo que volviera en sí. Sus ojos azules se voltearon a mirarla y dentro los ojos de Haruka, ella podía ver todo el amor, toda la ternura y pasión que ardía dentro de la rubia. ¿Cómo era posible que estuviese dudando si estaba haciendo lo correcto o no cuando Haruka la estaba mirando de esa manera?

Asintió con la cabeza, sus manos temblorosas peinaron los cabellos rubios de Haruka antes de cerrar el puño y jalaba suavemente de estos. — Sí.

— ¿Segura?

Michiru corrió su lengua por su labio inferior y sintió de nuevo. — Sí, estoy bien, te lo prometo.

El placer no era algo nuevo para Michiru. Recién casada, tenía sus momentos de intimidad con su marido. Sus relaciones casi siempre terminaban cuando él había alcanzado el punto más alto, mientras que ella, en varias ocasiones, nunca llegaba a la cima como Darien lo hacía. Nunca se atrevió a decirle que aunque él si encontraba su satisfacción, muchas veces ella no. Claro la vergüenza y el pensar en que Darien le echara la culpa a ella por sus cosas le molestaba, pero Haruka… Haruka estaba enfocada en Michiru, solo ella y en que ella fuera complacida. Y si eso no era amor, entonces Michiru no sabía nada de estar enamorada.

Esta sensación no era de este mundo. Su cuerpo entero había explotado en miles de estrellas. Como si el universo entero se hubiese creado en un instante. Su cuerpo estaba deshecho y lo único que existía era ella y la mujer entre sus piernas, la misma mujer que poco a poco la traía de vuelta a la tierra regando dulces besos en la piel del interior de sus muslos.

Luego de que recobrara la visión, Michiru vio a la rubia acercarse lo suficiente para besarla. Estaba mintiendo si decía que no quería más.

Haruka le regaló una de sus sonrisas coquetas, sus ojos estudiando el rostro de Michiru, como sí quisiera estar segura de que la podría satisfacer. — Perfección, ¿No crees? — Michiru frunció el ceño por un momento antes que Haruka la besara de nuevo. — Que usted, Michiru, es perfecta…— Haruka susurró.

Perfecta. Michiru era perfecta antes los ojos de Haruka; sin embargo, para Michiru la única perfección en ese cuarto era el de tener a Haruka en sus brazos, con esa sonrisa juguetona. Michiru acomodó a Haruka en la cama justo en la misma posición en la que ella estaba. — La única perfecta aquí eres tú—

Haruka rio. — Debatible. —

— Pues entonces, debatamos.

La diferencia de despertar al lado de Haruka comparada con Darien era del cielo a la tierra. Al abrir los ojos, Michiru pensó que iba a ser normal ver a Haruka dándole la espalda, alejada de ella como lo hacía Darien, sin embargo, al Michiru abrir los ojos vio a la rubia, completamente dormida, labios entreabiertos, pelo deshecho y una leve sonrisa en su boca.

Michiru no pudo contenerse al peinar sutilmente el pelo de Haruka, para por lo menos apartarlo de su frente. La leve caricia hizo que esta despertara y al abrir los ojos y ver a Michiru a su lado, la sonrisa de Haruka se estiró aún más.

–Buenos días.

Michiru sonrió, y apoyándose de sus codos, besó de forma lánguida y sutil a la rubia. — Buenos días, Haruka.

— ¿Qué hora es? — Haruka preguntó, alzando su mano y tocando la mesa de noche a su lado, agarró el reloj y dejó salir un pequeño quejido.

— ¿Estás tarde para el vuelo?

— Si, pero realmente no me importa. — dijo soltando el reloj y envolviendo a Michiru en sus brazos. — No me importa llegar tarde a ningún lado si es por estar contigo. — susurró al oído antes de besarle su hombro desnudo. — Dios, daría lo que fuera por poder quedarme justo aquí. No tienes idea cuánto estoy amando esto.

— Estás loca.

— ¿Por qué quiero que el tiempo se paralice contigo aquí? ¿Puedes culparme? Luego de comerte todita anoche y que tú me hicieras lo mismo, claro que quiero quedarme, es más, creo que tenemos tiempo para un rapidito.

— Haruka…— Michiru intentó lo más que pudo de parecer molesta con las palabras groseras de Haruka, pero no podía mentir. Le encantaba escucharla decir esas cosas.

— ¿Muy vulgar?

Michiru asintió. — Me gustaría escuchar otras cosas.

Haruka sonrió, la apretó firmemente y le plantó un beso antes de suspirar y presionar sus frentes juntas. — Te amo… te amo, te amo y te amé anoche, y…. — Suspiró nuevamente. — Anoche fue maravilloso… —

Michiru asintió, sus manos jugando con los cabellos de la nuca de Haruka. — Lo fue… Y me molesta que existe el tiempo y que te tienes que ir. Yo quisiera quedarme aquí contigo en la cama para siempre…— Michiru tocó con la yema de sus dedos los cachetes de Haruka antes de besarlos. — Yo también te amo…

Haruka inhalo y apretó las caderas de Michiru nuevamente. — Si sigues hablándome así realmente va a ser tarde para alcanzar mi vuelo…

— Lo siento, prometo comportarme. — Michiru dijo, arqueando una ceja.

Haruka la imito y por un segundo mordió su labio inferior antes de presionar su rostro al hombro de Michiru. — Te dejo ir si me contestas una pregunta.

— No veo cómo eso nos beneficie a las dos, pero bueno. ¿Cuál es la pregunta?

Haruka volteó a mirarla y regalarle su sonrisa burlona antes de decir. —¿Hace cuanto su marido no la ponía a gritar como yo anoche? — Michiru se sonrojó, y golpeó suavemente el hombro de Haruka antes que esta continuará. — Le dije que sería mucho mejor amante que Darien, ¿o me equivoqué?