Tal vez, debió recordar por mucho más tiempo lo que era la realidad. Nunca debió haber vivido en ese mundo de fantasía por tanto tiempo, creyendo que existiría para siempre.

Había sido descuidada, se había dejado llevar, pensando que únicamente existían ellas dos. Que las apariencias no eran más que un inventó, que todo el mundo entendería sus motivos, sin chistar.

Había sido muy ingenua, al pensar que la gente la entendería. En el mundo, cuando se sabe que un marido tiene relaciones con otra, la gente normalmente cierra los ojos. Pero si tan siquiera se empieza a rumorear que la mujer es quien empieza a salir con alguien más… se convierte inmediatamente en Maria Magdalena, sin derecho al perdón.

La primera en descubrirlo, había sido Nakaru. ¿Cómo podía imaginar que ella los estaría espiando cuando estaba en el coche con Haruka? ¿Por qué tenía que haberla visto besándola?

Ella era tan feliz, había sido tan feliz, anhelando cada segundo, cada minuto que tenía al lado de Haruka. Había pasado casi un mes desde que Haruka se había ido, y la había extrañado con una intensidad que nunca había pensado que podía extrañar a alguien. ¿Por qué tenía que ser arruinado?

Dios, lo único que agradecía, es que Nakaru no había causado un escándalo en la calle, y tampoco enfrente de Haruka. Esta seguramente no hubiera tolerado tal escena.

—¡No! No me diga nada, señora, ¡No se atreva! ¿Cómo pudo? ¿Cómo pudo hacerle eso al doctor Darien? — Nakaru estaba exasperada, dando vueltas por todos lados.

Lo bueno, es que era de noche, porque entonces también hubieran llegado el resto de empleados a saber cuál era la razón de esos gritos.

—Nakaru, no tienes nada que reprocharme, no eres nadie para decirme eso— Michiru intentaba mantener la compostura, pero también quería dejar en claro su posición de poder.

—¡El doctor Darien la va a matar! Yo sé que él es una bestia en muchas cosas, pero también es tierno, ¡Él la ama! Ustedes…

—Él no me ama— Michiru fue directa— Tal vez nunca me ha amado. Él tiene a otra, él también me está engañando, ¿Acaso tengo que quedarme para siempre esperándolo?

Nakaru dio unos pasos para atrás. La noticia de que Darien tenía otra mujer era demasiado para su mente llena de ilusiones y sueños. Negaba con la cabeza, aquello no podía ser real.

—Yo lo sabía, yo sabía que algo pasaba entre ustedes. Aquellas salidas eran tan misteriosas, desde que usted la conoció, cambió. El día que la invitó a entrar a esta casa, fue entonces que lo note.

Michiru se apresuró a tomar las manos de Nakaru, pensando que eso la reconfortaría. Necesitaba explicarse con ella.

—Yo amo a Haruka, y ella me ama a mí— Empezó— Creo que somos algo más que una simple relación de empleada, y quiero que me cubras con esto. ¡Haruka es una buena mujer!

Nakaru parecía estar un tanto más tranquila, pero siguió cuestionándola.

—Eso es otra cosa, ¡Ella es una mujer! Usted nunca ha demostrado esas preferencias, ¡Está casada con un hombre, por el amor a Dios!

Michiru bajó la cabeza, no tenía una explicación coherente para ese hecho. Ella amaba a Haruka, y ya no le importaba que ella fuera una mujer. Una mujer la había hecho sentir mejor, de como nunca se había sentido con su marido.

—Además, ¿Cuánto tiempo se llevan de diferencia? ¿Diez años?

—Veinte…— Murmuró, aquello también le era incómodo.

—¡Peor aún! Señora, usted está jugando con fuego, puede cometer un error del que se va a arrepentir toda la vida, no haga esto. Por favor. Se lo digo como su confidente, no juegue con ello.

Los ojos de Michiru se nublaban, ella era consiente, era consiente de todos los riesgos. Sabía de memoria que aquello era prohibido, que estaba mal. Pero ella había cambiado por el bien del amor, incluso si temblaba como una frágil mariposa a cada paso.

Su corazón latía tan rápido siempre que estaba al lado de Haruka, que ninguno de los tantos problemas que podría llegar a tener le importaban ya. Había caído en un profundo sueño, ahora era una romántica.

Estaba confundida, sabía que aquello estaba mal, pero por más vergonzoso que fuera, sentía que podía volar al lado de Haruka. No iba a dejarla.

—Yo la amo, Nakaru. Y ella me ama a mí— Nakaru bajó los hombros al ver estado de su jefa— No me importa lo que pueda pasar, quiero estar a su lado, no dirás nada, ¿Verdad?

Para ser honesta. Nakaru si quería hacerlo, quería revelarlo todo, quería que todo eso se terminara. Pero ver a Michiru así, temblando, palideciendo, sollozando. No era capaz.

—¿Usted verdaderamente la ama?— Michiru apenas y pudo asentir— No dire nada, pero no estoy de acuerdo.

Nakaru se soltó de las manos de Michiru, y se fue, la noche había caído.

Y esa solo había sido la primera vez que algo no había salido bien.

El tiempo era como una flor. Apenas estaba brotando, y era dulce con su olor. Michiru y Haruka no podían pensar en nadie que no fueran ellas mismas.

Michiru pasaba las semanas esperando por el regreso de su amada, el departamento de Mina se había vuelto el lugar oficial de convivencia de todas. Ya se había vuelto una costumbre ir cada fin de semana, alentando al equipo de Haruka.

Y eso era otra sorpresa. Misteriosamente, el equipo de Haruka había cumplido su promesa, a pesar de que tenían a su piloto lejos después de una carrera. Y que, claro, se había olvidado por completo del término "mejorar el monoplaza", confiando en sus mecánicos. Por más raro que eso pareciera.

Haruka realmente tenía uno de los mejores coches de toda la parrilla, y estaba luchando por ganar. Tenía una motivación extra, Michiru eran sus ganas, sus deseos de ganar, de superarse.

Las alas de ese amor eran débiles, apenas se podían mover. Pero juntas estaban dispuestas a seguir creciendo, a impulsarse, porque estaban cayendo a una dulce trampa, en la que no se podían resistir.

Debieron ser mucho más cuidadosas, eso es lo que tenían claro. Habían olvidado un elemento fundamental, la discreción, que todo ello no era nada más que un secreto, que debían esconderse.

Nunca habían pensado que en los restaurantes se empezarían a murmurar entre los meseros. Ni que las vendedoras serían suspicaces al notar que su compradora habitual empezaba a llegar de la mano de otra persona.

O, tal vez, Michiru si lo noto, pero nunca quiso hacerle caso. Nunca quiso creer que ese malestar que le revolvía el estómago podría ser una señal de alerta. Nunca quiso pensar que esa ansiedad al ver a Haruka, era algo más que una emoción.

Jamás se le pasó por la cabeza, que los comentarios de Darien pudieran ser porque sospechaba de algo, que él se pudiera notar un poco de su cambio. De aquella felicidad que la llenaba de pies a cabeza.

Pero todo eso tenía un fin, la verdad siempre salía a la luz, y cuando el verano llegó, no había nada que hacer.

Por alguna extraña razón, ese día, Michiru tenía un mal presentimiento. O algo muy parecido a eso. Era como una pequeña y mínima sensación de que algo iba a pasar, y se debatía entre sí, sería malo o bueno.

Ese sentimiento extraño, ese retortijón en el estómago, y esa ansiedad, la estaban atosigando el día de hoy.

Sin embargo, no hizo nada por detenerlo, y lo ignoró igual que como lo había hecho tantas veces ya. Haruka y ella habían planificado ese día por bastante tiempo, y no lo iba a arruinar por unos miseros malos pensamientos. Eso ya había quedado atrás.

Esperó pacientemente a que Darien se fuera a trabajar, luchando por dedicarle la mejor de sus sonrisas. Llevaba semanas diciéndole que su actitud era extraña, pero no pasaba de ahí. Claro, Michiru podía entenderlo, no se levantaba de la cama al mismo tiempo que él ya, y si era posible, ni siquiera se arreglaba con el mismo esmero que antes.

Haruka amaba verla tan natural, ella decía que su sonrisa era más que suficiente como para hacerla ver divina. No necesitaba maquillaje, porque tampoco tenía nada que esconder. Y los ostentosos y caros maquillajes que antes usaba para llamar la atención de Darien, lentamente los estaba dejando atrás. Aunque sea, mientras no saliera a la calle.

Inmediatamente, escuchó cerrarse la puerta, y oír como Darien prendía el motor de su automóvil, soltó una risita. Todo estaba saliendo perfectamente bien, por lo que le mando un mensaje a Haruka.

"Darien ya se fue a trabajar, no regresará hasta muy noche. Una pena que hayas tenido que mandar tu carro a reparación, pero no importa. Paso por ti en una hora" Y lo envió.

—Rápido, Nakaru, ayúdame a encontrar el vestido rojo que te mencioné el otro día— Michiru subió rápidamente las escaleras, seguida de la pobre empleada que, muy a su pesar, había terminado vuelta su cómplice.

—¿Aquel de Channel que le regaló el doctor Darien en su aniversario?

Michiru ni siquiera recordaba que se lo había regalado Darien, y más en esas fechas, pero le daba exactamente igual, simplemente, asintió con la cabeza y corrió a encerrarse en la ducha.

Tampoco podía entender por qué estaba tan emocionada por ese día. No era la primera vez que hacía algo así con Haruka. Y tampoco esperaba que fuera la última vez. La verdad es que sus citas vez con vez sé estaban volviendo más emocionantes. Ellas dos querían disfrutar el tiempo al máximo.

Aunque, tal vez, esa era la primera salida que habían planificado durante mucho tiempo. Michiru nunca podría salir a un fin de semana romántico como si lo hacía Darien en muchas ocasiones. Por lo que, había planificado esa cita con Haruka prácticamente para el mejor día de verano.

Al salir del vestidor, Nakaru ya la estaba esperando. La joven la ayudó a abrocharse el vestido, peinarse y arreglarse.

—Señora, ¿No cree que esto es demasiado peligroso?— Nakaru mencionó mientras le terminaba de arreglar el cabello— Si el señor Darien se llega a enterar…

—Él no tiene por qué enterarse de nada, si nadie abre la boca, él nunca lo sabrá.

Michiru era directa y eso le daba escalofríos a su empleada. Había entendido bastante bien la indirecta.

Sin embargo, Michiru volvió a sentir una pinchazón en su estómago, pero, nuevamente, volvió a ignorarlo. Se levantó y le pidió a Nakaru que guardara silencio— No lo menciones, no lo hagas, por favor. Me voy, voy a llevarme el BMW, por lo que, no me esperes temprano— Le guiño el ojo, antes de tomar las llaves del auto, ponerse unas gafas de sol bastante oscuras, y caminar hacia las escaleras.

Seiya no podía decir que se quejaba de su trabajo. Todo lo contrario, de hecho, era el trabajo de sus sueños. Era parte de una junta directiva muy importante, ganaba millones por delegar sus obligaciones a otros, podía levantarse tarde, viajar, y solo necesitaba presentarse una vez al mes por esos lares.

Aunque claro, en ocasiones, esos lugares se podían volver francamente insufribles. Un ejemplo de ello, había sido toda la noche anterior.

Los hospitales Mizuno estaban ganando bastante terreno por toda la isla japonesa, y las investigaciones de la heredera a estos eran francamente buenos. Esa pequeña mocosa era un prodigio de la medicina, y las operaciones que hacía, pocos tenían el valor de hacerlas. Estaba robando los mejores casos, y eso no les gustaba nada. Lo bueno, es que ellos tenían la suficiente fama internacional, como para decir que los Mizuno no eran nada a su lado, pecaban de ser tan pobremente reconocidos.

Pero eso podía cambiar en cualquier momento. Y esa había sido la razón principal, por la que todos en la junta directiva habían pasado analizando toda la noche anterior como destruir a los Mizuno.

Había terminado tan exhausto de esa junta, que después de unas largas y tendidas cuatro horas de sueño, había salido a correr como lo solía hacer cada mañana. Necesitaba despejar su mente, y eso era justo lo que iba a hacer.

Mientras iba corriendo, noto algo inusual… ¿Sus ojos no le estaban fallando? No, claro que no, sin duda alguna, el carro que acababa de pasar al lado suyo, era el BMW de Darien, su gran amigo.

Giró su cabeza, tratando de ver si alcanzaba al carro. Definitivamente, ese era el BMW de su amigo, ¿Qué estaba haciendo a esas horas tan lejos del hospital? El hombre era un obsesivo por el trabajo, y después de esa última junta, hubiera apostado lo que fuera a que se iba a encerrar a su oficina hasta sentirse lo suficientemente superior de nuevo.

Además, el coche iba bastante lento. Darien no era ningún fanático de la velocidad, pero prácticamente parecía que iba dando un paseo. Si apretaba un poco el paso, estaba seguro de que lo alcanzaría.

Tonterías, no perdía nada por estarlo siguiendo. En el peor de los casos, Darien de seguro había salido a desayunar, y lo obligaría a que le invitara también.

Pero cuando dio vuelta en la esquina y vio que el auto prácticamente se estacionaba a las puertas de un hotel, se dio cuenta de que eran otras intenciones.

¡Ah! Ese Darien, era todo un don Juan, nunca aprendía. Ahora entendía por qué estaba tan lejos. El pobre hombre necesitaba que alguien lo consolara y le diera cariños, como si no lo conociera.

Ahora, si apresuró el paso, quería agarrarlos a Usagi y a él antes de que salieran del carro, pues, adoraba hacerles bromas a esos dos. Y no iba a dejar pasar ese momento, por el que los iba a estar molestando por un buen tiempo.

Lo bueno es que la cabeza de bombón, llamada Usagi, siempre lo defendería de que Darien intentara matarlo. Aunque claro, ese nerd obsesivo jamás podría con él.

Sin embargo, se detuvo en seco ante lo que sus ojos estaban viendo, no podía darle crédito a lo que estaba observando. Nunca, ni siquiera usando su gran y enorme imaginación, mezclándose con la creatividad de todos los artistas que habían existido en la historia, se hubiera imaginado ver aquello.

De donde esperaban que bajaran Darien y Usagi, había sido todo lo contrario. Un guapo y atractivo chico rubio, bajaba del asiento del conductor. Sonriente, caminaba hasta abrir la puerta contigua, y una delicada mano correspondía a la suya. Esa mano la conocía muy bien, ese cuerpo le era familiar, y aquel cabello aguamarina lo reconocería hasta en el fin del mundo.

Era Michiru, la misma esposa de Darien, ella ¿Le estaba coqueteando? Reía de incredulidad, no podía ser cierto.

Aquel chico le daba un beso en la mano, ella lo miraba con una sonrisa seductora. Este le daba las llaves al valet parking, y luego caminaban hacia la entrada al hotel.

—Así que la pérfida tiene un amante… y uno que la ve tan tranquila, es una sucia— A pesar de todo, Seiya tenía mucha curiosidad por seguir viendo que era todo ello.

No le iba a decir a Darien nada, hasta que tuviera la premisa completa. Sin mencionar, que él mismo iba a sacar una buena tajada de ello.

—¿Sabes? Me encantaría conocer aquella casa de campo de la que tanto me has hablado— Haruka mencionó, mientras terminaba de firmar los últimos papeles para el check-in

—A mí también me gustaría, pero hace tanto tiempo que no voy, que seguramente está muy descuidada. Además, incluso si nos fuéramos un fin de semana donde él se vaya de nuevo, es posible que nos encontremos con ellos ahí. No me extrañaría nada que la llevara siempre que puede.

A pesar de que esas palabras seguían cargadas de rabia, Haruka sabía de memoria que ya no eran celos, o despecho los que hablaban. Michiru ya solo estaba molesta porque le robaban el lugar donde ella quisiera pasar el fin de semana.

—Y es por eso, que ahora nosotros nos daremos el lujo de venir a este lugar. ¿No le parece fascinante? —Empezaron a recorrer toda la recepción con destino a los elevadores, sin duda, era extremadamente lujosa— He visto hoteles así en Italia, en playas de México, en Mónaco, pero nunca pensé que construirían uno así aquí, la falta de espacio apremia.

—¿Sabes? Me encantaría conocer esos lugares, siempre que hablas de ellos, creo que son como todo un paraíso.

—No lo son tanto, en muchos nada más pasó casi de ida y vuelta, no los conozco a la perfección— Haruka intentó restarle importancia, pero no lo logró.

—Me gustaría conocerlos contigo, entonces— Michiru suspiró, sabía que esos estaba muy lejos de ser posible— Algún día… Algún día me gustaría poder ir contigo.

—Eso se resuelve bien fácil. Un día de estos te rapto, nos vamos y nunca volvemos.— Michiru se mordió el labio inferior, el deseo de Haruka la contagiaba.

No había nada más que deseara, que huir al lado de ella. Pero no podía hacerlo, no lo soportaría.

—¿Por qué no vamos a la alberca primero?— Mencionó cuando subieron al elevador— Siento que, si vamos a la habitación… No saldremos de ahí, ¿O me equivoco?

Haruka rio, le había hecho mucho daño a Michiru. No quedaba rastro de aquella mujer recatada que no se atrevía a mencionar una palabra al respecto. Pero la adoraba.

—Tiene usted mucha razón. Vamos a ver que es lo que están haciendo por allá.

Y es que, Haruka y Michiru, no habían elegido ese día solo porque si para sus planes. Aquel lujoso y enorme hotel había planificado un gran evento, la gente se estaba aglutinando una y otra vez dentro de todos los servicios del hotel.

Después de todo, las inauguraciones solamente eran una vez ¿Cierto? Y si habían dado unos precios tan irrisorios para el nivel del hotel, únicamente para celebrarlo, ¿Quién no querría estar ahí?

En la alberca, estaban todo tipo de personas, jugando, divirtiéndose. Era prácticamente imposible, que alguien las reconociera.

—Lo único que lamento, es que tenga que quitarse ese vestido rojo, la hace ver… tan bien.

Haruka escuchó la risa coqueta de Michiru desde detrás del vestidor.

—No sigas, podemos arreglar eso después. Por el momento— Abrió la puerta del vestidor, luciendo su traje de baño— ¿Qué tal? ¿Te gusta?

—Mi amor, todo lo que te pongas, a mí me encanta— Michiru dio una sonrisa, caminado hacia la salida— Aunque… Me gustas mucho más cuando no tienes nada puesto.

—¡Haruka!

Claro, Michiru no era ninguna tonta. Eso debió suponerlo desde el primer instante. Aquella estúpida, seguro lo tenía todo perfectamente planeado.

Y es que claro, ¿Cómo no lo pensó? Michiru no iba a ir a encontrarse con su amante, en un lugar donde la reconocieran, que manejara cualquiera de sus conocidos, porque, claro, este hubiera salido corriendo a contárselo a Darien.

Oh, el pobre de su amigo, lo destrozado que estaría cuando le contara aquella cruda verdad… ¡Bah! ¡Pamplinas! Seguramente lo celebraría a lo grande, estaría más que aliviado de por fin encontrar una excusa para separarse de su mujer.

Aunque… eso sí, pagaría toda su fortuna si fuera necesario, solo para ver el momento en donde esos dos se enfrentarían cara a cara. Darien jamás le perdonaría haberle cometido esa infidelidad, por mucho que él estuviera haciendo lo mismo o peor. Estaba seguro de que su amigo iba a hacer pagar a Michiru por el resto de sus días.

Oh, esa pobre mujer, se iba a arrepentir enormemente de lo que hizo, estaba seguro de que iba a desear nunca haber nacido, su amigo era la persona más intransigente del mundo, la menos tolerable, él nunca perdonaría un solo error. Tal vez, esa era la razón por la que era tan buen médico.

Sin embargo, se estaba desesperando, estaba tardando años en poder entrar al hotel, y él lo que más deseaba, era seguirlos, ver a esos dos, saber que era lo que estaban haciendo. Estaba seguro de que Darien creería sus palabras en cuanto le contara todo, pero… él quería pruebas, quería que su amigo tuviera todas las armas para destrozar a su esposa.

—¡¿Por qué tardan tanto en un miserable check-in? ¿No se puede ser más inútil acaso? — Seiya estaba insultando a la pobre chica en la recepción, y le daba exactamente igual— ¿Acaso sabe quien soy? Escucha niña, soy amigo del dueño y…

Para ser honestos, Seiya no era amigo del dueño. Había marcado a todos sus contactos, pero ninguno le había dado razón de a quien pertenecía ese lugar. Por lo que había entendido, una inversora estadounidense, era la que había construido y dado publicidad a todo.

Y por eso, era que estaba tan impresionado de las habilidades de Michiru, estaba seguro de que ella sabía eso, y por eso había elegido ese lugar. Todo era un plan para complicar a cualquiera que intentara descubrirla.

Pero no contaba con las únicas y magnificas habilidades de Seiya Kou.

Habían tardado tanto en, por fin, atenderlo, que Seiya estaba seguro de que esos dos ya estaban en alguna habitación, disfrutando de los placeres de la vida. Así iba a ser imposible encontrarlos y desenmascararla.

Por lo que, ya que estaba en un lugar tan agradable, ¿Por qué no ir a relajarse en la piscina un rato y dentro de unas horas regresar a la recepción?

Si había algo que Seiya detestaba, era ver a la gente como si estuviera en una lata de sardinas. Una encima de la otra. Esa era la razón principal por la que, ni soñando, pisaba jamás la sala de emergencias. Estar en una aglomeración de gente, hacía que le doliera la cabeza instantáneamente.

Y para su desgracia, las albercas estaban a reventar. Apenas cabía un alfiler en todo el lugar, simplemente, era demasiado.

Gruñendo de la frustración, Seiya mejor se levantó para irse. Pero, al girar su cabeza, parecía que una fuerza superior allá arriba, lo estaba iluminando.

Entre un millar de gente, pudo reconocerla, era Michiru, su cabello aguamarina estaba mojado, y parecía que apenas estaba saliendo de la alberca. El idiota de su amante… ¡Dios! ¡Era una mujer!

—¿Caíste tan bajo como para salir con una mujer? Ja, ja, ja, eso, nunca lo esperé de ti, Michiru… Eres tan miserable…— Murmuró para sí mismo— Necesito una foto de esto, ¿Dónde está mi celular?

Buscó entre sus bolsillos, hasta encontrar por fin su celular. La prueba que tanto quería, estaba ahí, al alcance de su mano.

Solo dos fotos le salieron como él quería. En la primera, Michiru estaba ahí, besándose cálidamente junto a aquella mujer. En la segunda, esta la estaba tirando de regreso a la alberca, sonriendo.

Darien iba a estar muy satisfecho con todo lo que estaba haciendo para él, claro que si… Aunque, ahora que lo veía bien… Michiru no estaba nada mal, seguía siendo una mujer muy hermosa y atractiva, a pesar de los años que tenía.

Sonrió, aunque era una sonrisa malévola, igual que su mirada. En un inicio, había pensado en sacarle una buena tajada de dinero a Darien a cambio de la información, pero ahora… ahora tenía un mejor plan para todo ello, un plan que lo iba a satisfacer a él, y a nadie más que a él.

¡Oh si! Me estaba muriendo lentamente por públicar este capítulo. No tienen idea de cuanto anhelaba este momento.

¡Si! Todo se fue al demonio, todo desapareció. Y esta es solo la primera parte, que tuve que dividirlo en tres capítulos jaja

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