—Lo bueno de todo esto, es que el bufé es tan caro, que no todos nos podemos dar el lujo de estar aquí. Me estaba molestando de estar rodeada de tanta gente al final.

—Tú fuiste la de la idea, yo te advertí que sería complicado disfrutar, pero insististe— Michiru le volvía a dar otro bocado a su comida, y Haruka negaba con la cabeza.

—Bueno, no pensé que sería tan agobiante.

A pesar de todo, Haruka estaba divertida, disfrutando, al igual que Michiru, de las deliciosas frutas que había en ese lugar.

—Claro, y no tiene nada que ver con que pedimos la reservación desde prácticamente un mes— Haruka reía ante la mirada de Michiru, aquello era verdad— Evidentemente, es la buena suerte la que nos permitió que justo nos tocará la mejor mesa, con las vistas espectaculares que tenemos.

Y aquello no era mentira, ambas mujeres estaban en el balcón del restaurante, disfrutando de un enorme ventanal, que tenía unas magníficas vistas hacia toda la ciudad. A pesar de que el día se había nublado, después de estar tan soleado en la mañana, seguía siendo hermoso.

—¿Sabes, Haruka? Creo que tenía años, que no venía a un bufé, es normal que lo inviten a él a estas cosas todo el tiempo, pero no le gusta mucho que yo esté a su lado, por lo que, simplemente, deje de venir.

—Y yo que quisiera que no se separara un instante de mi lado— Haruka tomó la mano libre de Michiru, acariciándola— Estoy segura de que amarías todos los festejos que hay después de la carrera… cuando vamos todos.

Michiru soltó una carcajada involuntaria. Ya le resultaba raro que los pilotos que tuvieran malas carreras, quisieran ir a festejar.

Su diversión se vio interrumpida ante un potente trueno que, seguramente, sé había escuchado por toda la ciudad. La lluvia se estaba avecinando, y parecía que iba a ser fuerte.

—Tal vez deberíamos irnos. —Haruka alzó las cejas, sorprendida de las palabras de Michiru. Al notarlo, esta negó con la cabeza, corrigiéndose. — Me refiero a que deberíamos irnos ya al cuarto, la lluvia se acerca, no quisiera llegar tan tarde, porque prácticamente estemos atrapadas en una inundación.

Aquellas palabras tenían mucho más sentido para la rubia— Terminemos este plato y vámonos, entonces. No sabía que estabas tan desesperada como yo.

Michiru se sonrojó ante las provocaciones de Haruka. Esa chica nunca, ni aunque su vida dependiera de ello, iba a cambiar.

Pero, tampoco era como que le disgustara. Ella amaba a Haruka tal y como era, así era como se había enamorado.

"Seiya, ¿Dónde demonios estás? No viniste en todo el día al trabajo, te marqué miles de veces y no llegas, ¿Me quieres explicar que es lo que estás haciendo?"

Seiya suspiró, esa era la razón por la que no le había contestado, pero ya estaba cansado de que su celular estuviera vibrando a cada rato, y por mucho que anhelara apagarlo, no podía hacerlo. Necesitaba seguir investigando, y las pruebas eran fundamentales, como para que se bloqueara en cuanto lo volviera a prender, porque le llegarían mil y una notificaciones de que lo habían llamado y no había contestado.

—Cálmate, Yaten, estoy en una misión muy importante, haciendo un trabajo exhaustivo de investigación, ¡No pude ir a trabajar!

Seiya decía todo esto, recostado cómodamente en un sofá de la recepción, con la vista expectante de las empleadas de la recepción, su única compañía desde hacía horas. No le habían podido encontrar una habitación, y tampoco era como que la hubiera pedido, después de todo, en una habitación, Michiru y su amante se le iban a perder. Pero hacía horas que esos dos tortolos se le habían perdido, y ya estaba cansado de esperar.

Desde aquellas dos fotos que había tomado, las había estado persiguiendo desde la lejanía. Había terminado empalagado de ver a lo lejos como se trataban esas dos. Dios, era bastante repugnante. Michiru era una estúpida realmente, ¡Aquella no era nada más que una jovencita! Seguramente estaba jugando con ella… O tal vez, Michiru la estaba manipulando.

En todos los escenarios que podía pensar, aquello era simplemente despreciable. Aquella relación debía ser sucia y turbia, no había ningún tipo de probabilidad de que no fuera así.

Oh, seguramente la había conocido, y Michiru, estando tan desesperada por un poco de amor, en vista de que su gran amigo no se lo daba, había terminado de convencer para tener esa especie de… relación prohibida.

En algún momento, se había dado cuenta de que la chica de cabello rubio no estaba muy cómoda en la piscina por culpa de la enorme cantidad de gente que había, y estaba casi seguro de que se iban a salir, ese era el momento ideal para atraparlas.

Y estaba tan divertido imaginando posibles escenarios dentro de su cabeza, en donde él era un absoluto héroe por descubrir toda esa serie de intrigas y marañas, que ni siquiera cayó en cuenta, de que se le habían escapado.

Solo había sido un instante, Seiya había cerrado los ojos por un momento, y Michiru había escapado de la mano de su amante. Se las iban a pagar.

Ahora, mientras estaba recostado en uno de los sofás de la recepción, gruñía de la frustración ante la idea de que había dejado escapar a ellas dos. Estaba seguro de que seguían en el hotel, pero si no se le hubieran fugado, ya las hubiera atrapado, y no estaría sufriendo de esas insufribles llamadas.

"¿No poder venir? ¿Trabajo de investigación? ¿¡Qué demonios estás haciendo!? Escúchame bien Seiya, Darien esta que arde en ira por tu culpa. No podemos tomar ni una jodida decisión con respecto a los Mizuno, porque ¡Tú no estás aquí!"

Seiya tragó hondo, si Darien ya estaba enojado, iba a matar a alguien en cuanto le dijera lo que le tenía. Pero no se iba a rendir. Ya había pasado horas y horas aburriéndose, solo esperando a esas dos, como para tirarlo todo a la basura y dejarlo pasar. Su amigo se lo agradecería, tarde o temprano.

—Dile a Darien que le estoy haciendo un favor, no voy a ir, si necesitan tomar una decisión, tómenla sin mí…

"Seiya, como estés en otra de tus locuras, y salgas con que no pudiste venir solo porque estabas con una mujer, te juro que…"

Seiya quiso reír. Siendo muy específicos, si estaba faltando por una mujer, solamente que no era de la manera en la que Yaten esperaba.

—Claro Yaten, no te preocupes, mañana de todas maneras voy a estar ahí, así que relájate. No estoy yendo de viaje— Casi se mordió la lengua al decir eso, ese hotel era tan lujoso, que podría decirse que era para unas vacaciones.

Y cuando volteó la cabeza, no dudo ni un segundo en colgarle a Yaten, sin importarle en lo más mínimo que este le seguía hablando, o que no se había despedido. Su objetivo al fin había salido.

Estar al lado de Haruka era simplemente una maravilla. Era un regalo que el cielo le había dado para que atesorara por el resto de su vida.

Sentir sus manos abrazando su espalda desnuda, tocándola, era como estar en el paraíso. Sentir su respiración, sonreír a su lado, era como estar en las estrellas.

Nunca, ni siquiera en sus mejores sueños, había pensado que el amor podía ser de esa manera. Tanto tiempo había pasado, y apenas estaba descubriendo que era el amor, que era lo que ella tanto sentía, que era lo que tanto había buscado.

Siempre se había acostumbrado a la forma de ser de Darien. Toda su vida, pensó que así sería el amor, frío, una rutina, donde los momentos para estar juntos solo debían ser ocasionales.

¿Alguna vez había estado enamorada de Darien realmente? No paraba de pensar en eso en ocasiones. Pensaba en aquellos lejanos días, donde su único sueño había sido tener un hijo con él, formar una bella familia a su lado. ¿Había sido amor?

Nunca podría asegurarlo o negarlo, tal vez jamás lo sabría, pero ya no le importaba, ese amor que tal vez, en algún momento había sentido, ahora no era ni siquiera un recuerdo. Todo lo que alguna vez había sentido por Darien, no se acercaba en lo más mínimo a lo que ahora sentía por Haruka.

Haruka. No podía evitar suspirar al pensar en su nombre. Haruka era todo lo que ella alguna vez había anhelado, Haruka era la persona por la que ella había soñado noches y días. Ella la respetaba, le había devuelto a la vida. Haruka la había hecho sentir una mujer de nuevo, hacía tanto tiempo que nadie la besada, que nadie se desvivía diciendo cuando le gustaba, que no la hacía sentir como un mueble, como un trapo viejo…

Se levantó de la cama, admirando al ventanal que separaba como puerta para el balcón. Cubriéndose únicamente con la ligera sabana de la desnudez total. Admirando. La noche ya había caído, y parecía que el cielo estaba por caerse de la lluvia torrencial que pasaba en esos momentos por la ciudad. Estaba segura de que no se detendría por horas.

Pero, el ver las gotas de agua caer, escuchando el sonido de la lluvia, le ayudaba a pensar. Haruka la hacía sentir bien cuando estaba mal, no importaba cuan profunda era la noche, ella le cubriría la espalda siempre que salieran, ella estaría siempre a su lado.

Su vida con Darien era aburrida, monótona, sabía que siempre que regresara. Los insultos, el ser menospreciada, estarían ahí, y nunca iba a salir de ello. Sentía asco cada vez que despertaba al lado de Darien, sentía que estaba traicionando a Haruka al despertar a su lado. Incluso si, en realidad, debía ser al revés.

La vida con Haruka era salvaje, ella lo hacía así. Gritaban por las calles llenas de gente, sentía la adrenalina corriendo por sus venas, ella quería dejar que el mundo se cayera a sus pies.

Les encantaba estar una al lado de la otra, todos esos momentos donde los sueños eran reales, donde ellas hacían lo que querían, eso era lo que Michiru anhelaba más que nada. Sentía una terrible opresión, de solo pensar que lo perdía al separarse.

No, ya no quería sentir esa culpa. Ya no quería saber de ese sentimiento tan molesto, si estaba al lado de Haruka, no le importaba que la señalaran y se rieran de ella. Lo deseaba, realmente, quería elegir un mundo que fuera de destrucción. Quería que llegara el apocalipsis, prefería sufrir eso, ver que todo lo que conocía se desmoronaba, se acababa, desaparecía, a estar un minuto más sin Haruka.

—¿En qué estás pensando?— Michiru se sobresaltó al escuchar la voz de Haruka en su espalda, al sentir sus manos tomándolas por detrás, abrazándola— Vamos, no me dejes fuera de tu mundo.

Michiru se volteó rápidamente, mirándola fijamente a los ojos— ¡No! Eso jamás.

Y fue ahí donde se dio cuenta, de que Haruka estaba completamente desnuda. Y no pudo evitar sonrojarse al respecto.

—Vamos, no es la primera vez que me ves así, ¿Qué te sonroja aún?— Haruka se acercó para darle un beso.

—Sigue sorprendiéndome, eres una descarada— Respondió Michiru— Aunque, no me disgusta.

—Humm— Haruka le dio otro beso— En ese caso, ¿Por qué no me dices que piensas, mientras vamos de regreso a la cama?

Michiru sabía que Haruka le sacaría la verdad de alguna forma. Podía verlo en aquella mirada que penetraba hasta su corazón. Haruka la atraparía cada vez que fuera necesario, y estaba segura de que esa no sería la excepción.

Haruka la hacía sentir débil, quería hacerla pedazos, pero solo le daba un poco de paz a su mente. Aquella libertad que anhelaba con la vida, eso era lo que le daba las ganas de vivir.

—Haruka, no quiero alejarme de nuevo de ti, ya no más— Ambas mujeres se sentaron en la cama, y Michiru acarició la mejilla de la rubia, que no parecía entender por completo las palabras de su amada.

—¿De qué hablas?— Preguntó, y Michiru sonrió.

—Esta noche, voy y le pido el divorcio a Darien, ya no me importa que pueda pasar. Solo quiero estar contigo, quiero vivir a tu lado, quiero viajar contigo a todos esos lugares, sonreír cada mañana tal y como lo hago ahora.

Haruka sintió que su cuerpo perdía energías de golpe. Sentía un hormigueo recorriendo todo su cuerpo, como si estuviera a punto de volar.

—¿Estás segura?

Michiru asintió con la cabeza, mirándola fijamente a los ojos, quería que viera hasta en lo más profundo de su alma, que sintiera su sinceridad.

—No he estado más segura de algo en mi vida— Michiru se acercó para besar a Haruka— Te amo, y ya no quiero ocultarlo, ya no quiero que esto sea prohibido, sentir que esto está mal. Quiero amanecer a tu lado, quiero sentir tu calor en cada instante, quiero apoyarte, aunque al final intenten separarnos, quiero buscarte, sin importar lo que cueste.

Haruka correspondió al beso como nunca antes lo había hecho. Amaba a Michiru, como nunca antes había amado a alguien.

—Esta noche es la última, Haruka. Mañana, tú y yo nos vamos muy lejos de aquí, para siempre.

Bajaron del elevador, era realmente de noche cuando ambas por fin estaban dejando el hotel. Haruka ya había firmado en recepción la salida, y estaban esperando en la entrada, a que trajeran el carro del estacionamiento. Ninguna de las dos quería perder el tiempo ya.

Ambas sonrieron cuando vieron las luces del auto llegar en el horizonte. Solo tendrían que correr un poco, para evitar lo máximo posible la lluvia, que no se detenía.

Pero no acababan de cruzar la puerta del hotel, cuando alguien los detuvo. Alguien con una sonrisa descarada.

Michiru se sintió palidecer, y un escalofrío recorrió todo su cuerpo, pero no era por el frío de la lluvia, era por la persona que tenía en frente suya.

—¿Van a algún lado, preciosas?— Aquella persona miraba fijamente a Michiru, que quería esconderse detrás de Haruka, en aquellos ojos no había ningún sentimiento positivo.

Al notar que Michiru la tomaba con fuerza, y ver que sé ponía tensa de golpe, Haruka reaccionó.

—¿Disculpe? ¿Nos conocemos de algún lado?— Pero no pudo terminar lo que decía, Michiru habló.

—Seiya, ¿Qué haces aquí?— A pesar de la reacción principal, Michiru intentaba mostrarse seria y decidida, no iba a dejar que él la viera débil, o iba a tener la batalla ganada.

—Oh, nada en particular, solo paseaba por aquí, cuando me pareció ver el auto de mi amigo— Empezó a caminar de un lado a otro, para el estrés de Michiru, Haruka ya estaba hilando todo en su cabeza. Las habían descubierto— Mucha fue mi sorpresa, al notar que… había dos mujeres dentro del coche.

—Estuviste siguiéndonos, ¿No es cierto?— Michiru estaba molesta, estaba temblando, el miedo, el enojo, la rabia, se estaban mezclando dentro de ella.

—Realmente me hiciste sufrir Michiru, esperarte en esa recepción, sin nada mejor que hacer, fue realmente insoportable. Pero todo eso valió la pena… ¿No crees que se ven hermosas?

Seiya sacó el celular, y rápidamente les mostró las fotos que les había tomado a las dos.

Haruka tomó con fuerza la mano de Michiru, estaba molesta, aquello era inadmisible, le habían perseguido, ¡Le estaban arruinando su momento!

Pero Michiru volteó a verla rápidamente a los ojos. Era como si supiera que estuviera por hacer una estupidez, correspondió con más fuerza a su agarre. Ella quería actuar, pero Michiru le pedía que no lo hiciera.

Michiru parecía conocer a ese hombre mejor de lo que ella pensaba.

—¿Qué es lo que quieres, Seiya? ¿Dinero? ¿Qué quieres a cambio de tu silencio?— Michiru era directa, Seiya era casi tan despreciable cómo Darien, porque era demasiado interesado.

Seiya sonrió, riendo, era hora de actuar— No, eso tengo mucho. Dinero es algo que me sobra— Tenía una mirada cargada de malicia, de deseo.

El de cabello azabache empezó a caminar más cerca de la pareja, queriendo intimidar, sabiendo que la lluvia estaba empeorando.

—Primero, pensé que podría sacarle un par de favores a mi amigo con esta información— Golpeó un poco su celular con su palma— Pero, al admirar un poco más estas fotos, mi objetivo cambió. Te quiero a ti, Michiru.

—¿Qué?

—Oh vamos, creo que sabes de sobra que sigues siendo de muy buen ver, y ya que tienes tan poca dignidad como para meterte con esta mocosa, estoy seguro de que disfrutaras mucho acostándote conmigo también…

Michiru estaba incrédula ante lo que acababa de escuchar, lo que Seiya le estaba pidiendo, ¿Quién creía que era? ¿Una cualquiera? Se había quedado sin palabras, aquello era mucho más de lo que pensó que podría tolerar.

Estaba por responderle, por darle una cucharada de su propia medicina, una cachetada con guante blanco, pero Haruka se le adelantó. Tomándola del hombro con calma y dedicándole una sonrisa encantadora, Haruka hizo un tanto para atrás a Michiru, antes de voltear a ver a Seiya, y darle un golpe con el puño en toda la cara.

—¡Haruka!— Michiru gritó al ver las acciones de la misma, nunca hubiera esperado eso.

—¡No vuelvas a insultar de esa manera a Michiru! ¡Jamás!

Seiya, que tampoco lo había esperado, estaba en el suelo, se había resbalado para colmo, por culpa de la lluvia. Eso le había dolido.

Pero Haruka también cometió un error, uno muy grave. Volteó a ver a Michiru, pensando que Seiya no se levantaría, y este, con todas las fuerzas que tenía, le propinó un certero golpe en el estómago, tirándola al suelo, pero quedando arriba de ella.

—¿Quién te crees que eres? ¡No te atrevas a golpearme de nuevo! No eres nadie contra mí.

Haruka esquivó el golpe que venía directo hacia su cara, y, haciendo fuerzas con sus piernas, le dio un golpe a Seiya, saliendo de su agarre.

—No me conoces, no sabes de lo que soy capaz.

—Haruka, ¡Espera!— Michiru quería detener lo que posiblemente sería una masacre, pero era imposible, y que estuviera lloviendo tan fuerte, no ayudaba en lo absoluto.

Ambos eran excelentes en la pelea. Ninguno estaba dispuesto a ceder, Haruka iba a dejar en claro que defendería el honor de Michiru, y que ella tampoco iba a ser pisoteada por nadie, mientras que Seiya iba a recuperar su ego herido.

Haruka le había propinado un golpe en la mandíbula a Seiya, estaba segura de que casi se la descoloca, pero Seiya le había golpeado tan duro en el abdomen, que no estaba segura de cuanto tiempo podría seguir de pie.

Un golpe en el ojo, otro en el labio, la sangre empezaba a correr. Aquello no podía seguir por mucho más tiempo.

—Haruka, espera por favor— Michiru gritaba, intentaba tocar a Haruka, hacerla reaccionar, pero la misma se lo impedía, abalanzándose otra vez tras Seiya. —No sigas esto, basta.

No le quedo de otra, más que regresar al hotel y llamar por ayuda, tenía que detenerlo, a como diera lugar. Yo no soportaba ver a Haruka así de herida.

Pero la misma Haruka, estaba enloquecida, completamente fuera de sí. Quería matarlo, a ese idiota. Se estaba dejando llevar por la rabia, por la ira, por la adrenalina que estaba en su cuerpo. Iba a matarlo, iba a dejarle bien en claro, quien era Haruka Tenoh.

—¡Suéltame, Michiru! ¡Déjame seguirle dando su merecido a ese desgraciado! ¡No tiene ningún derecho de hablarte de esa manera!— Haruka reclamó, al ver que Michiru había regresado con varios empleados, que no dudaron ni un segundo en tomarla de los brazos.

Y a Seiya, que estaba en el suelo, al borde de la inconsciencia, con la sangre brotando de su labio, heridas por toda la cabeza, y agotado, también lo detuvieron.

—¡Déjenme!— Seiya hacía más fuerza para que lo soltaran— ¡Ya me voy! ¡Déjenme ir!— Los empleados lo soltaron, pero siguieron cerca de él.

—Haruka, mírame, ¡Mírame por el amor a Dios! ¡Deja esto!— Michiru miraba fijamente a los ojos de Haruka, sabiendo que estos estaban cargados de ira, esperando que se fuera tranquilizando poco a poco, como estaba sucediendo.

La lluvia había empapado a todos los presentes. El suelo estaba lleno de gotas de sangre que se mezclaban con la corriente de agua, que se la llevaba a gran velocidad. El ruido de la lluvia, hacía que todos terminaran gritando.

—¡Me las van a pagar! Ustedes dos, ¡Van a pagar muy caro todo esto! ¡De mi cuenta corre! Prepárate Michiru, lo que le hice a tu amante, ¡Se quedara en nada contra la ira de Darien!

Si, yo también fui la persona más feliz del mundo, cuando Haruka le dio de golpes a Seiya.

En este capítulo, puse una referencia a una canción que me gusta mucho. Como pista, les digo que tiene que ver con ciertas monitas chinas que cantan y bailan, que tengo como foto de perfil. Si logras adivinar la canción, te ganas un spoiler y un chocolate (? Y si no, te dejaré la canción el próximo capítulo, tal vez te puedas dar una idea de a donde va esta historia.

¡El próximo capítulo! jaskdhkadhjioewkla