—Eres una idiota, Haruka— Michiru le volvía a reclamar, por enésima vez— Ve como quedaste, tengo que curarte esas heridas. Aunque no quería admitirlo, el curarle las heridas no era lo que le molestaba, lo que le molestaba era que el estúpido de Seiya se atreviera a ponerle las manos encima a Haruka.
—Ese idiota quedo peor— A Haruka le dolía el siquiera hablar, su abdomen estaba lleno de golpes, ni siquiera sabía como aguantaba estar sentada en el asiento del carro— Además, tenemos que llegar antes que él con Darien, vamos.
Pero Michiru negó con la cabeza, avanzando por las calles con el carro, habían tardado un buen tiempo, en lo que ella agradecía a los empleados, y estos le ayudaban a controlar a Haruka, y apenas parecía empezar a ceder la lluvia.
—Mejor márcale a Setsuna y dile que vamos para su departamento, necesitamos su carro, no vamos a huir en el de Darien, y ni siquiera sueñes en que te voy a dejar conducir. Además, Seiya ya debe estar llegando a la casa, no tenemos oportunidad.
Haruka gruñó, era cierto que había terminado malherida, pero tenía otras prioridades, a pesar de que el plan de Michiru no estaba mal— Ayúdeme a sacar el celular, por favor.
Sin desviar la vista del camino, Michiru tanteo un poco en los alrededores de los asientos antes de entregar el celular a Haruka, que apenas y podía moverse del dolor.
—¿Setsuna? Sí, soy yo, Haruka. Necesito que nos prestes tu carro y un botiquín, por favor— Probablemente, Michiru hubiera hecho algún comentario respecto a lo directa que había sido en ese momento, pero estaba tan estresada ante lo que acababa de ocurrir, que no tenía ganas de eso.
Un par de segundos de silencio, y luego Haruka volvía a hablar.
—Sí, estoy bien— Michiru quería gritar que no lo estaba— Si, ella es quien está conmigo, ella está conduciendo. Por favor, te lo pido, lo necesitamos.
Más segundos de silencio, y con algo de esfuerzo, Haruka al fin logró colgar la llamada.
—Vamos para allá. Pero primero, ¿Quién demonios era ese tipo?— Haruka se recargó sobre el asiento, cerrando los ojos, imaginando un mundo donde no sintiera su cuerpo romperse en miles de pedazos por el ardor de las heridas que no estaban bien curadas.
Michiru suspiró— Seiya Kou, es el mejor amigo de Darien. Un patán igual que él, también lo conozco de toda la vida, su familia lleva años siendo accionista de los hospitales Chiba, y él tiene una vida de rey sin mover apenas un dedo. Está acostumbrado a conseguir todo lo que quiere.
—Ese idiota…
—Y por eso no debiste golpearlo, incluso si hubieras barrido el suelo con él, su orgullo quedó herido y seguro va a querer venganza.
—Me alegra haber herido su orgullo— Haruka dijo eso con suficiencia— Espero que no fuera lo único que le rompí.
Intentó reírse, pero aquello le dolía bastante.
Cuando llegaron al lujoso departamento, Haruka apenas y era capaz de ponerse de pie. Todo el tiempo tenía que estar recargada de Michiru, que a duras penas y podía ayudarla, hasta llegar al elevador.
Y cuando Setsuna abrió la puerta, no esperaba ver tal situación.
—Dios, ¿Quién demonios te hizo todo esto? Perfectamente, podrías ir al hospital, podrías tener alguna hemorragia interna….
Michiru asintió, pensando que esa sería una excelente idea y que deberían de implementarla, pero Haruka, como había sucedido, se volvió a negar.
—Estoy bien, maldita sea, estoy bien, solo fue una pelea, nada del otro mundo.— Aun así, Haruka caminó lo más rápido que podía, para poder acostarse en unos de los sillones de su amiga, el dolor del abdomen la estaba matando.
Al ver el carácter de Haruka, Setsuna volteó a ver a Michiru en busca de respuestas. Ella tampoco parecía estar en una gran estado, su cabello estaba completamente mojado, su ropa igual, y parecía estar exhausta.
Michiru nada más negó con la cabeza, y suspiró, caminando hasta donde estaba Haruka y ayudándole a quitarse la blusa. Había un enorme moretón por todo su abdomen, siendo probablemente el más grave de todos, y el que más le dolía.
—Seiya nos descubrió—
Setsuna sintió un escalofrío y palideció, era, posiblemente, la última cosa que esperaba escuchar y mucho menos viniendo de Michiru.
Al ver la reacción de Setsuna, que apenas era capaz de pasarle las vendas a Michiru, Haruka habló.
—¿También lo conoces?
Setsuna asintió— Trabajo con él. Aunque eso es un decir, porque va al hospital dos veces cada año. En teoría, trabaja en mi área. Podría decir que es mi jefe, ¿Cómo fue que…?
—Nos vio por casualidad en la calle, y luego nos siguió por todo el día, tomando fotos— Setsuna asintió, sin duda, era algo que Seiya haría— Luego, pensó que sería una gran idea ir a enfrentarnos, sabes como es él, hizo una propuesta…
—Eso no era una propuesta, era una humillación— Haruka corrigió, pero Michiru apretó las vendas con más fuerza para que se callara, seguía molesta con ella por pelearse.
—Ya sabes como es él, quería acostarse conmigo a cambio de silencio— A pesar de la propuesta, Setsuna tampoco estaba tan sorprendida como esperaba Haruka— Y entonces, esta persona pensó que era una excelente idea darle un golpe en la cara.
Setsuna no necesito que le dieran más detalles, ahora entendía completamente el estado de Haruka.
—Pero ese no es el punto, yo estoy bien, tenemos que llegar con Darien antes que ese tipo o…
Setsuna negó con la cabeza— Para empezar, no estás bien, si no quieres que te llevemos al hospital, lo mejor será que te quedes ahí, reposando.
Haruka refunfuñó, no le gustaba nada la idea.
—Además, es probable que Seiya ya esté hablando con Darien en este momento, incluso si nos fuéramos ahora, sería demasiado tarde.
—Él terminó casi o tan malherido como yo…
Pero Michiru negó con la cabeza—Setsuna tiene razón, podrías haberle disparado a Seiya, que a él no le importaría, estoy casi segura de que, incluso chocando un par de coches, ya está en las puertas de mi casa, hablando con Darien.
—¿Por qué no tomas un baño?— Setsuna cambió la conversación— Yo termino de revisar que Haruka no tenga absolutamente nada, y nos damos un tiempo para pensar en algo, supongo que no piensas regresar a ese lugar.
Michiru hizo un gesto de no querer estar de acuerdo con ello, y Haruka sonrió ante ello. La promesa que le había hecho en la tarde seguía presente en su cabeza, y no pensaba faltar a ello, aunque el mundo de destrucción que había soñado se estuviese volviendo realidad.
—Voy a enfrentarlo, iba a pedirle el divorcio esta noche, y pienso hacerlo.
Setsuna empezaba a pensar que eran demasiadas emociones como para una noche.— Michiru…
—Es una decisión, Setsuna. Voy a separarme de Darien, y si ya lo sabe todo, me da exactamente igual, de todas formas, hoy se iba a enterar.
—Voy a llamar a Mina, ella necesita estar aquí.
—
—Entonces, ¿Esa zorra me ha estado engañando?— La voz de Darien era tétrica, parecía tan calmada mientras prendía ese cigarrillo, mirando para la nada.
Seiya, que apenas era capaz de seguir de pie, asintió— Mira, las pruebas por ti mismo, ahí están. Iba con ese vestido rojo que le diste para su aniversario, la muy descarada. La montó en tu propio BMW y se fue con ella, le tomé dos fotos para prueba de que es infiel.
Sentándose al fin del otro lado de la mesa, Seiya sacó su celular, y lo lanzó hasta el otro lado de la mesa, mostrándole las fotos que se había esmerado en tomar.
Darien no sonreía, no expresaba nada, solo las analizaba con detalle. Era claro que la de la foto era Michiru, pero la persona que la estaba besando, le era tan familiar…
"Viajo bastante, esa es la razón. ¿Qué acaso tengo prohibido cruzar estas calles?"
Aquella conversación, unos meses atrás, había llegado de golpe a su cabeza. ¡Era la misma chica! Aquella rubia impertinente, grosera, prepotente ¿Cómo era que se llamaba?
—Haruka Tenoh— Darien volteó a ver a Seiya tras esas palabras— Eso querías saber ¿No? Es corredora de Fórmula 1, es una tonta, hablan bien de ella, pero no creo que sea de las mejores en un deporte así. La investigué mientras la seguía, tenía tiempo.
Darien soltó un suspiro, que más parecía una ligera risa. Ya la recordaba, la insolente de la fiesta, la chica del pasillo del hospital, la del saludo afuera de su casa.
Ahora todo tenía sentido. Todo había empezado a cambiar desde que esa niña se había aparecido en sus vidas. Claro, ahora era más claro que había pasado, el repentino desprecio de Michiru por estar a su lado, sus misteriosas salidas nocturnas, que terminaban con ella llegando tan de madrugada. Esa forma de desobedecerlo, ese cambio tan grande de actitud… Todo era culpa de esa chica.
Esas dos habían estado jugando con él. Se habían estado riendo en su cara de todo ello, todo en frente de sus narices, burlándose de que él no fuera capaz de darse cuenta. Se las iban a pagar. Se lo iban a pagar muy caro.
¿Ellas habían querido jugar? En ese juego, el único que tenía derechos era él. Él era quien ponía las cartas sobre la mesa, era él el que quitaba y ponía reglas. Y no estaba en sus planes que alguien le arrebatara ese derecho.
Michiru iba a saber lo que era estar muerta en vida, había pisado el infierno, y no iba a dejar por nada del mundo que se fuera de él. Había pecado, había tentado sus redes, se había creído la reina del mundo, y ya era tiempo de que la llevara hasta el suelo. Que la arrastrara, era hora de que aprendiera su lugar en mundo. Suplicándole clemencia.
—Gracias por la información, Seiya. Ten por seguro que sabré hacer buen uso de ella. Puedes retirarte, no quiero que estés aquí cuando Michiru llegue.
—¿Piensas que ella vendrá?— Seiya se levantó de la silla, pero apenas y era capaz, no había parte de él que no le doliera. Además, tenía el ojo tan inflamado que estaba empezando a ver todo borroso— Yo la vi muy dispuesta a escapar esta misma noche junto a ella.
—¡Que te vayas!— Darien golpeó con fuerza en la mesa con su puño— Ella vendrá, seguro, con una excusa para llegar tarde. Quiero que estemos solos.
—Darien, somos amigos, déjame quedarme, no los molestaré, estaré en un cuarto, no me siento muy bien…
—¡Vete ahora si no quieres que te termine por reventar ese ojo!
Que estuviera cayendo una tormenta eléctrica en esos momentos, no ayudaba en nada a que Darien se viera menos intimidante.
Seiya solamente asintió con la cabeza, cojeando hasta la salida— Como quieras, ya me dirás como salió todo.
Cuando Darien escuchó el sonido de la puerta cerrándose, no dudo ni un segundo en tirar al suelo, con todas sus fuerzas, la copa de vino que tenía en la mano.
Era gracioso. No estaba dolido, no se sentía traicionado. Es más, en cierta parte, le daba felicidad, ya podía imaginar cuál sería la cara de Usagi cuando le contara todo. Ella era la mayor beneficiada de la estupidez de Michiru.
Hablando de ella, de su bella Usagi… oh, tenía tantos planes para ella ahora. Definitivamente, iba a estar muy contenta con todo lo que estaba planeando. Michiru iba a saber lo que era la humillación.
Y tenía que empezar, destruyendo su círculo.
—¡Nakaru! ¡Nakaru ven para acá!— Gritó lo más alto que podía, se estaba desesperando. Quería venganza.
Quería que Michiru ya llegara, quería volver a sentirse poderoso, quería que todos supieran, que nadie se mete con Darien Chiba. Nadie.
—Señor… ¿Qué es lo que pasa?— Nakaru no había tardado mucho en llegar, los gritos de su jefe se habían extendido por toda la casa, que ni siquiera el ruido de la lluvia podía acallarlos.
Ella solo lo veía de espaldas, parecía estar mirando a la ventana, admirando aquel paisaje tan turbio que tenían. Pero, al voltear, Nakaru sintió miedo, terror, sintió que todo su cuerpo se paralizaba, por mucho que quisiera salir corriendo. Aquel hombre al que tanto admiraba, aquel que había sido su jefe por tantos años, parecía un desquiciado, un demente, parecía que la quería matar.
—Tú lo sabías, ¿No es así?— Esa voz, era tan tétrica, tan lenta, no parecía la de él— ¡Contesta! Sabías que Michiru me estaba engañando con esa corredora de autos ¿No es cierto?
Todo su cuerpo temblaba. Tenía miedo, tenía miedo de ese agarre tan duro y fuerte que su jefe estaba poniendo sobre sus brazos. Tenía miedo de como la miraba, con ese odio, con esa rudeza, con esa maldad.
—Si…— Las lágrimas amenazaban con caer de sus ojos, no sabía de donde estaba sacando las fuerzas para hablar. Tal vez, era porque sabía que todo sería peor si guardaba silencio, silencio sobre un secreto que nunca estuvo de acuerdo en esconder.
Darien la soltó por un instante, sus hombros se relajaron instantáneamente, más cuando este le desvió la mirada.— Yo lo sabía todo, ¡Pero ella me amenazó para callar! ¡Ella fue quien me obligó a no decirle nada! Yo nunca estuve de acuerdo…
Siempre pensó que su jefe era una persona extraña. Era raro por naturaleza, atractivo, pero misterioso. Parecía que tenía el ego muy alto, pero nunca pensó que él llegaría a lastimarla, a golpearla.
En un inicio, no entendió qué había pasado. Se había quedado en shock por unos instantes. Ella estaba hablando, pidiendo perdón… Y luego, Darien Chiba, su jefe, no había dudado ni un instante en darle una cachetada, una tan fuerte que la había tirado al suelo, que estaba haciendo que su boca sangrará.
—¡Empleada inútil! ¡Eres una traidora! Una buena para nada, eres peor que la basura, ¡¿Cómo te atreves a traicionarme así!? Y peor aún… Traicionaste a Michiru, diciéndome toda la verdad en este momento, realmente no tienes honor, ni lealtad— Darien la había jalado del suelo, tomándola de la ropa, zarandeándola— ¡Tú me debías lealtad absoluta a mí! ¡No a ella!
No pudo contener más las lágrimas— ¡Señor! Le juro que esa no era mi intención, yo nunca apoye esa absurda idea de que la señora…
Otro golpe, Nakaru volvía a caer al suelo.
—¿Quién más lo sabía? ¡Responde! ¿Quién más sabía de los juegos de mi esposa con esa niña?
Nakaru, a pesar de todo, no dudo en responder— El chofer, él también sabe todo, él era quien la llevaba siempre, ¡Él debe saberlo desde antes que yo!
Intentó levantarse, pero Darien no la dejó, empujándola de nuevo.
—¡Vete de aquí! ¡Vete y no regreses más! Eres la peor de las empleadas, estás despedida ¡No quiero verte de nuevo en mi vida! ¡Lárgate!
Nakaru siempre había pensado, que a pesar de lo frío y duro que podía ser su jefe, era una buena persona. Con sentimientos, que se preocupaba por sus seres queridos.
Pero, al estar en esa sala, sintiendo con su propio cuerpo todo ese dolor, todo ese terrible sentimiento, sabiendo que para él, no le importaba pasar sobre nadie, a cambio de salir victorioso, pudo entender al fin, porque la señora Michiru se había enamorado de alguien más. Aquella chica amable, nunca la había visto insultar de esa manera a su jefa. No era como Darien, jamás.
—
—Haruka, mi amor, yo te quiero mucho, pero ni siquiera sueñes con acompañarme. No te voy a dejar hacer eso por ningún motivo.
—No puedes impedírmelo, voy a estar a tu lado, y luego tú y yo nos vamos juntas— Haruka intentó insistir otra vez, pero al intentar levantarse, el dolor de sus heridas la tiro de nuevo al sofá.
Y Mina, que había llegado en tiempo récord considerando el clima, le ayudo a volverse a acostar.
Michiru rodó los ojos— Ni siquiera estás en condiciones para conducir. Lo mejor será que me vaya yo sola, y después tomo un taxi de regreso hasta aquí.
—No vas a ir sola, no lo permitiré…
—¿Por qué no la acompañamos? Tomamos el carro de Setsuna, tú y yo nos quedamos atrás, y que Michiru vaya sola en el carro de Darien, cuando salga, solo tiene que subirse con todas nosotras— Mina sugirió una buena idea.
Pero Michiru volvió a negar— No quiero meter a Setsuna en problemas, seguro que Darien reconocería el carro al instante.
—¡Entonces vamos en el mío! Tu exmarido no va a reconocerlo. —Mina insistió— Tampoco estoy de acuerdo en que te vayas tu sola, es demasiado peligroso, y en vistas que esta… —Volteó a ver a Haruka, pero ella parecía tan malherida, que pensó que ya había tenido suficiente por un día— Bueno, no está en las mejores condiciones. Nos vamos, las tres.
Michiru terminó por aceptar. Siendo honesta con ella misma, solo estaba siendo orgullosa cuando hablaba de ir sola, en realidad, se estaba muriendo de miedo. Sabía que era momento de enfrentar a Darien, su propia felicidad estaba en juego, aquello era lo que más anhelaba.
Pero no podía dejar de sentir escalofríos, ese terror inconmensurable de cuál sería la reacción de Darien. Él ya debía saberlo todo, de eso estaba segura. Seguramente, le gritaría, le insultaría, intentaría menospreciarla… Pero era lo mejor para los dos, ¿No es así? Él por fin podría presentar a su amante como su pareja, y ella sería feliz al lado de Haruka…
—¿Estás bien?— Michiru dio un pequeño brinco al sentir la mano de Haruka sobre su hombro— Te quedaste quieta, sin decir nada. No tenemos por qué hacer esto ahora, podemos esperar a mañana e irnos…
—¡No!— Tomó la mano de Haruka con fuerza, buscando su consuelo— Tengo que hacer esto ahora, mañana todo será peor. ¿Nos vamos?
—Solo ayúdame a llegar al elevador— La sonrisa de Haruka, que estaba intacta a pesar de todo, era la mayor satisfacción de Michiru.
—
Tomó una gran bocanada de aire, repasando mentalmente todas las cosas que había planeado dentro de su cabeza. De reojo, podía ver el carro de Mina, perfectamente estacionado en una esquina. Le habían hecho prometer, que si no salía en una hora, ellas derrumbarían la puerta hasta dar con ella. Sabía que ellas estaban ahí, mirando fijamente.
Repasaba una y otra vez las primeras palabras que diría cuando cruzara esa puerta. Había estacionado el auto, y había encontrado al carro de Seiya prácticamente al lado. El pobre hombre temblaba y se retorcía, intentando descansar un poco para recuperarse. En otro momento, tal vez hubiera sentido un poco de lástima por él, pero, no estaba segura de que lo mereciera.
Sonrió, estaba a punto de cometer un error. Era muy tarde ya, ningún empleado estaba dentro de la casa, de eso estaba segura. Nadie le iba a abrir, Darien no se iba a mover para eso. Busco sus llaves dentro de su bolso, y giró la manija de la puerta.
Todo estaba oscuro, no había ni una luz prendida dentro de la casa. Ninguna, excepto una, la del estudio de Darien. Caminó hasta él, abriendo ligeramente la puerta.
—Vaya, hasta que por fin llegas, es un poco tarde, ¿No lo crees?— Tal y como lo esperaba, Darien estaba ahí, sentado en la mesa de su escritorio, con una mirada amenazadora. Creía tener todo bajo su control.
Pero Michiru ya estaba cansada de eso, estaba cansada de tener que soportar los juegos de Darien, sus manipulaciones, sus engaños, sus farsas, su hipocresía. Él no merecía tener el control de su vida, no le iba a permitir que volviera a tenerla entre sus manos, mucho menos en ese momento.
—¿Con quién estabas?— Preguntó, sonriendo, él sabía perfectamente esa respuesta.
—Déjate de juegos y máscaras, sé perfectamente que lo sabes todo— Michiru también era seria, no le iba a despegar la mirada ni un solo segundo. Quería que él lo sintiera, que supiera cuanto lo despreciaba, cuanto quería odiarlo.
Darien solo rio, acercándose a ella, quedando a centímetros de su cara, queriendo arrinconarla en una pared— ¿Juegos? ¿Quieres deshacerte de todo esto? ¡Perfecto! Hablemos sin mentiras entonces, ¿Quién te crees como para engañarme? No eres más que una mala mujer, una mala esposa…
Pero Michiru no iba a dejar que le hablaran de esa manera, rápidamente, le dio una cachetada, alejándolo— Y tú eras el marido perfecto, ¿No es así? ¿Piensas que no lo sabía? Llevas años engañándome con esa chica, Usagi, ¿Acaso ahí si está bien?
—¡Ni te atrevas a pronunciar su nombre!— Gritó, tocándose la mejilla, no había sido fuerte, pero le había dolido ese golpe— Ella es mucho mejor mujer de lo que tú nunca serás, ¡De lo que nunca fuiste! Ella jamás se iría a acostar con la primera chica que se le pusiera en…
—¡Cállate! No tienes ni idea de lo que estás hablando, ¡No tienes derecho a hablarme de esa manera!
—¡Claro que lo tengo! Yo soy tu esposo…— Darien no estaba dispuesto a ceder, apretaba su mandíbula con todas las fuerzas que tenía, conteniendo el impulso, la rabia, el coraje, las ansias.
—¡No por mucho tiempo!— Michiru alzó los brazos y se volteó, dándole la espalda— Solo vine a decirte esto, quiero el divorcio Darien, esa es la única verdad, tú y yo nos vamos a separar.
No quería verlo, no quería seguir escuchándolo, iba a irse lo más rápido que pudiera de ese lugar, pero Darien la tomó del brazo con fuerza, obligándola a verlo de nuevo.
—¡A donde crees que vas! Tú no vas a ir a ningún lado, no vas a correr a los brazos de esa niña, ¡Por qué tú eres mía! Tú me perteneces, ¿Te queda claro?
—¡Yo no te pertenezco! ¡No soy nada tuyo ya! Perdiste ese derecho hace mucho tiempo, ¡Cuando la preferiste a ella sobre mí! Yo tengo derecho a rehacer mi vida, ¡Y eso es lo que he decidido! Yo te amaba Darien, ¡Y tú te fuiste como si nada! ¡De un lugar donde te adoraba como a un dios!
—El matrimonio es mucho más que eso y lo entiendes, ¿Verdad?
—Por supuesto que lo entiendo, Darien, mi matrimonio siempre fue… ¡Michiru! ¡Deja esa cosa ahí! Eres tan desordenada, ¿Cuándo entenderás que no tienes que hacer nada en esta casa? ¡Michiru! ¡Deja de holgazanear!
Michiru caminaba de un lado a otro, dando gritos iguales a los que daba Darien todo el tiempo, imitándolo, haciendo que este se llenara de rabia, ¿Cómo se atrevía a hacer eso?
—Discúlpame Darien, tienes toda la razón, le diré a los empleados que lo hagan, iré a otro lado para no molestar— Su voz era más suave, imitándose a ella misma un tiempo atrás— ¡Michiru! ¿Te has dado cuenta de la hora que es? ¿¡Dónde demonios está el desayuno de esta casa?!; Tienes razón Darien, ya le digo a Nakaru que lo traiga, no desesperes.
—No sigas…
—¡Michiru! ¿Acaso piensas salir con esa ropa? ¿Qué dirán nuestras amistades?; Tienes razón, ahorita mismo voy a cambiarme; ¡Michiru! Ni se te ocurra llegar tarde, ¡Te quiero solo en esta casa! ¡Deja de ver a tus amigas!; Tranquilo Darien, te prometo que es la última vez…
—Cállate…
—¡Michiru! ¡Ya te dije mil veces cuanto detesto la música! ¿Qué no puedes bajarle el volumen a esa cosa?; Voy a bajarle el volumen, dame un instante; ¡Michiru! ¡Deja de tocar ese maldito violín! ¡Lo detesto! ¡Deja de hacer música! ¿No te das cuenta de que me molesta?; Tienes razón, ya no voy a volver a tocar, lo siento mucho; Michiru, ya no te amo… No pudiste darme lo que más anhelaba, un hijo, no eres nadie, no eres una mujer.
—¡Cállate ya!— Darien exigía, todo lo había hecho con una razón, era Michiru quien lo quería manipular, no se iba a dejar— ¿Crees que todo eso te da derecho a traicionarme? ¡¿A engañarme con una mujer!?
—¡No! Claro que no, yo también me equivoqué, pero dejo claro, que ella es mucho mejor de lo que tú nunca has sido, y si tú decidiste irte de mi vida, entonces, ¡Yo tengo derecho a irme de la tuya! Son mis últimas palabras Darien, me voy, nos vamos a divorciar. Adiós.
No dejó que le dijera nada más, no dejó que se le volviera a acercar, corrió lo más rápido que podía, cerrándole la puerta del estudio en la cara, saliendo de la que había sido su casa por quince años. En ese momento, dejaba todo atrás, iba a empezar una nueva vida, iba a olvidar todo su pasado. No iba nunca, a volver a escuchar a Darien, no iba a arrastrarse de nuevo, suplicar por su atención. Aquello se había terminado.
—¡Michiru! ¡Regresa en este mismo instante!— Darien también se apresuró para alcanzarla, pero había sido tarde, solo alcanzó a verla subiéndose a otro coche desconocido— ¡Vas a saber de mí! ¡Te arrepentirás de todo esto!
Michiru se subió rápidamente al coche de Mina, viendo que Darien se acercaba, habló— Arranca.
—¿Qué es lo que pasó?— Intentó preguntar la rubia, pero Michiru no respondió.
—Arranca Mina, ¡Ahora!
—
Esta escena quedará en risas, la próxima vez que Darien y Michiru se vean. Se los juro por dios. Y eso que esta ya fue totalmente épica.
Tres capítulos más tarde, pero al fin termine de publicar algo que anhelaba. Los capítulos de la infidelidad. Creo que hemos puesto demasiada tensión por ahora en esta novela, y llegó el momento de relajarnos. Eso sí, les recomiendo tener papel y pluma a la mano, porque van a tener muchas cosas que aprender, ja, ja, ja
Por cierto. Tienen que saber que Darien es un desgraciado. Desgraciado con todas sus letras. Recuérdenlo siempre, y a que limites puede llegar cuando está molesto, porque entonces verán que sus acciones futuras no son tan descabelladas. *Guiño, Guiño*
